Roque de Ojila  

La Gomera, con sus 370 kilómetros cuadrados y sus 1487 metros de altitud máxima en el Alto de Garajonay, es la segunda isla más pequeña del archipiélago y la tercera más baja. Surgió hace unos 10-12 millones de años cuando enormes bloques de la corteza oceánica emergieron del fondo oceánico y diferentes episodios volcánicos la fueron acrecentando. Prolongados períodos de reposo permitieron la acción de la erosión. El paisaje de la isla está íntimamente relacionado con la erosión de las aguas que han surcado una amplia red de barrancos, entre los que destacan los de Vallehermoso, Hermigua o el espectacular Valle Gran Rey. La erosión marina ha provocado un gran retroceso de su línea de costa, tallando acantilados de alturas considerables (La Mérica), o desnudando la roca para mostrarnos fabulosas formaciones geológicas (Los Órganos).

Las selvas que tapizan las cumbres gomeras han protegido de la erosión a los basaltos horizontales, material geológico sobre el que se asienta la mayor parte del parque, desde donde parten los barrancos de forma radial hasta llegar al mar, como si fuera un exprimidor de naranjas gigantes. La erosión durante millones de años y el manto verde de las cumbres gomeras, hacen casi imposible descubrir rasgos volcánicos de los períodos eruptivos. Una interminable maya de taparuchas (fisuras por donde manaba la lava como si fuesen grandes cicatrices) y los roques (lava solidificada en la chimenea volcánica expuesta a nuestros ojos al erosionarse el cono volcánico con el paso del tiempo), son dos de los rasgos geológicos más característicos de la isla. Los Roques de Agando, Carmona, Ojila y la Zarcita nos regalan una estampa inigualable.