| Salud y mujer |
La salud es uno de los principales factores para determinar el grado de bienestar y calidad de vida de la población. Sobre esta base, la Consejería de Sanidad y Consumo, a través del Servicio Canario de Salud, ha impulsado el Plan de Salud de Canarias - instrumento encargado de articular las políticas sanitarias institucionales hasta el año 2.001 - que tiene entre sus retos más importantes la búsqueda de la implicación de la sociedad en el cuidado y vigilancia de su propia salud. La educación sanitaria, la adopción de hábitos de vida sanos y la detección precoz como vía primordial para prevenir enfermedades y, por tanto, conseguir que la salud del conjunto de la población alcance unos niveles óptimos, adquieren, en este marco, su máximo protagonismo. Porque cuando se trata de salud, la responsabilidad es siempre una responsabilidad compartida.
La mujer desempeña un destacado papel como educadora en la adopción de hábitos saludables dentro de la familia, marcando, desde la infancia, unas costumbres que pueden llegar a mantenerse a lo largo de toda la vida. Por esta razón, su conocimiento acerca de cuestiones como la repercusión de una dieta equilibrada y la realización de ejercicio en la prevención de enfermedades alcanza una especial importancia. Por otra parte, por sus características fisiológicas y sociales, la mujer está expuesta a una serie de enfermedades, algunas de ellas exclusivas de su sexo (cáncer de mama y cuello de útero), así como alteraciones frecuentes en determinados momentos o etapas de su vida, en los que el organismo se ve sometido a cambios hormonales (embarazo y menopausia). Reconocer los síntomas y tomar las debidas precauciones constituyen también el mejor camino para preservar su propia salud.
Tu salud depende, en gran medida, de un conjunto de decisiones personales que tomas día tras día y definen tu comportamiento. Está comprobado que un elevado número de enfermedades y dolencias se pueden prevenir mediante la simple adquisición y mantenimiento de unos hábitos saludables, que prolongan y mejoran tu calidad de vida y evitan muertes prematuras. Estos son algunos de ellos: La realización de ejercicio con regularidad, que genera múltiples beneficios tanto físicos (puesto que permite controlar el peso, evitando la obesidad y sus consecuencias) como psicológicos (al incrementar la sensación de bienestar). La actividad física ayuda a prevenir o retrasar la aparición de diabetes, enfermedades circulatorias y del corazón (angina de pecho e infarto) y trastornos de las grasas (colesterol, triglicéridos...). El seguimiento de una dieta sana, que asegure el aporte equilibrado de todas las sustancias nutritivas esenciales. La alimentación inadecuada está en el origen de las enfermedades del corazón (que aumentan con la hipertensión y un elevado nivel de colesterol, asociados a comidas ricas en grasas y sal), cáncer (cuyo riesgo aumenta con dietas pobres en frutas y verduras), y diabetes y caries dental (relacionadas con el consumo excesivo de azúcares, dulces y harinas), por citar sólo algunas. Aunque las características de una dieta sana varían según la edad, sexo, peso y estado de salud de cada persona, existen unas recomendaciones útiles para todo:
Cuidar la higiene, tanto personal como de los alimentos. Una higiene insuficiente favorece la caries, enfermedades de transminsión sexual, gripe, tuberculosis y otros problemas de salud. Controlar el exceso de estrés. El estrés en sí mismo no es perjudicial, puesto que es una reacción de adaptación ante las situaciones que se producen en la vida. Sin embargo, el exceso de estrés genera un estado que, con el tiempo, puede dar lugar a enfermedades, como el infarto o la angina de pecho, hipertensión, depresión, úlcera de estómago, trombosis cerebral, alergias, etc. Para combatir el estrés es necesario aprender a dosificar las obligaciones y valorar el tiempo libre. Desarrollar comportamientos de auto-observación. La mejor manera de prevenir algunas enfermedades es la detección precoz, mediante la auto-observación y la realización de pruebas o chequeos médicos periódicos, cuando existen factores de riesgo.
Es el cáncer más frecuente y el que más muertes produce actualmente entre las mujeres canarias. Sin embargo, su porcentaje de curación total es muy elevado, siempre que se detecte en las primeras fases de la enfermedad. Por ello, es muy importante que aprendas a reconocer los primeros síntomas mediante la realización de autoexploraciones periódicas. Al principio, conviene practicarlas cada 2 o 3 días, hasta que te familiarices con las características de tus propios senos, que varían de volumen y textura a lo largo del ciclo menstrual. Luego, basta con hacer la autoexploración una vez al mes, aproximadamente una semana después de la regla, que es cuando los senos tienen un tamaño menor, por lo que resulta más fácil descubrir cualquier anormalidad. Para realizar la autoexploración, hay que seguir dos pasos (observar y explorar) Observa los senos delante del espejo, con buena luz:
Explora los senos con la mano plana y los dedos estirados, presionando lentamente contra el plano duro del tórax. A continuación, tumbada, imaginando que la mama está dividida en cuatro cuadrantes cuyo centro es el pezón:
Además de las autoexploraciónes periódicas, es conveniente que, a partir de los 50 años, las mujeres acudan al centro sanitario para realizarse una mamografía. En caso de antecedentes familiares (madre, abuela, tía o hermana que hayan padecido cáncer de mama) esta prueba debe realizarse mucho antes, puesto que el riesgo de desarrollar este tipo de tumor aumenta considerablemente. Aunque el 95 % de los bultos hallados en el pecho no son cáncer, sólo analizándolos se puede determinar si son benignos o malignos. Hay que tener en cuenta que la curación total depende de la rapidez del diagnóstico y del tratamiento. Por eso, cuando se detecte un bulto o anormalidad o se tenga cualquier sospecha, se debe acudir inmediatamente al médico.
Aunque en las Islas Canarias, en la actualidad, el cáncer de mama es el que más muertes ocasiona entre las mujeres, de mantenerse los mismos niveles de consumo de tabaco, será superado por el cáncer de pulmón en un plazo de diez años. La tendencia experimentada en otros países avanzados se ha convertido en un importante aviso y ha encendido la luz de alarma. En 1990, como consecuencia de la adopción del hábito generalizado del consumo de tabaco por las mujeres, las muertes pon cáncer de pulmón ya han superado a las muertes por cáncer de mama en países como Estados Unidos, Reino Unido, Suecia o Noruega. La clara relación causa-efecto entre el tabaco y este tipo de cáncer indica que si en España, donde las mujeres han intensificado su consumo 15 o 20 años más tarde, no se adopta ninguna medida al respecto, se seguirá la misma tendencia. En el caso de Canarias la situación es especialmente grave, puesto que cada vez son más las mujeres que fuman.
El cáncer de cuello de útero se supera con éxito cuando se interviene a tiempo, puesto que, al tratarse de un tumor muy localizado, se puede extirpar en su totalidad. La única forma efectiva de prevenir este cáncer es mediante la realización de la citología cérvico-vaginal, que consiste en tomar una muestra de secreciones y células del fondo de la vagina y del cuello del útero y estudiarlas a través del microscopio. Esta prueba, que se suele realizar en la misma consulta del centro de salud, es indolora, rápida, sin riesgos para el paciente y muy precisa. Todas las mujeres a partir de los 20 años, o antes, si mantiene relaciones sexuales, deben realizarse una citología vaginal con una frecuencia que debe ser, inicialmente, anual. Posteriormente, en caso de que los resultados sean normales, puede pasar a ser cada tres años. Ésta es la única manera, en la actualidad, de detectar a tiempo un posible tumor.
Existen algunas enfermedades frecuentes en la mujer que tienen en común unas mismas medidas preventivas, basadas en la adopción de hábitos de vida saludables.
La osteoporosis, o descalcificación de los huesos, es una enfermedad que afecta a todo el esqueleto, al producirse una disminución de la masa y resistencia de los huesos. Aunque pueden padecerla ambos sexos, es mucho más común en la mujer, especialmente a partir de la menopausia. La osteoporosis en sí misma no tiene síntomas. Sin embargo, puede generar complicaciones, puesto que favorece las fracturas. Las más habituales son:
Esta enfermedad puede y debe prevenirse mediante:
Es el aumento de presión arterial de la sangre de forma permanente. Su importancia se debe a los daños que puede producir sobre la retina del ojo, el corazón, los riñones, el cerebro y las arterias en general. La tensión alta es, además, uno de los principales factores de riesgo de infarto de miocardio y trombosis y hemorragias cerebrales. La mejor manera de prevenirla es llevar una vida sana: cuidar la alimentación (tomar verduras y frutas frescas y evitar las grasas animales), realizar ejercicio físico, controlar el peso, descansar y combatir el estrés.
Se considera que existe obesidad cuando el peso supera en un 25% el peso ideal. Aunque puede tener su origen en problemas hormonales, normalmente se produce simplemente porque se consumen más calorías de las necesarias y, al no quemarse, se acumulan en forma de grasa. La obesidad aumenta el riesgo de enfermedades como diabetes, cáncer o infarto. Se puede prevenir con una dieta ajustada a la actividad física y la realización frecuente de ejercicio.
Es una enfermedad caracterizada por el aumento de azúcar (glucosa) en la sangre. Si no se sigue un tratamiento y no se controla adecuadamente la glucemia (nivel de glucosa en la sangre) se pueden producir lesiones irreversibles en ojos, corazón, riñones, nervios, etc. La obesidad es el factor de riesgo más importante para el padecimiento de diabetes, sobre todo en el tipo que aparece en adultos, normalmente después de los 40 años.
Son más frecuentes en las mujeres que en los hombres, a excepción del infarto de miocardio y la embolia pulmonar. Los trastornos más habituales son la arteriosclerosis, angina de pecho, tromboflebitis y varices. Su prevención se basa en evitar el consumo de tabaco, seguir una dieta equilibrada (con pocas grasas animales), evitar la obesidad, realizar ejercicio físico moderado con regularidad, no permanecer durante mucho tiempo de pie y controlar la hipertensión.
En nuestra sociedad, la depresión afecta con mayor frecuencia a las mujeres que a los hombres. Las posibles razones son, principalmente, las diferencias genéticas, las presiones sociales a las que está sometida la mujer occidental y el choque entre los patrones educativos tradicionales (basados en el mantenimiento de unas funciones específicas para su sexo) y sus propias aspiraciones. La depresión presenta ciertos síntomas característicos que indican la necesidad de solicitar ayuda profesional:
La mayoría de los pacientes pueden y deben ser tratados por su médico de cabecera, quien, dependiendo de sus síntomas, de la gravedad de la depresión y de las circunstancias de cada caso, sugerirá un tratamiento basado en alguna forma de ayuda para exteriorizar los problemas (psicoterapia), en fármacos antidepresivos o en combinación de ambos. También corresponde al médico recomendar la visita al psiquiatra de la Unidad de Salud Mental correspondiente cuando se precise recibir ayuda más especializada.
En la actualidad, las mujeres llevan mejor su embarazo y tienen bebés más sanos que en otras épocas. Esto se debe al desarrollo de los conocimientos médicos y a la mejora de los equipos de atención sanitaria, pero el factor clave está en unos buenos cuidados durante el embarazo:
La menopausia es el cese de la menstruación por efectos de la edad. Se considera que se ha producido cuando transcurren entre 6 y 12 meses sin menstruaciones. La menopausia se produce durante el climaterio, etapa de la vida de la mujer en que su organismo se adapta a la falta de hormonas sexuales, que suele producirse entre los 45 y los 55 años. La menopausia es un proceso natural y no se puede curar, porque no es una enfermedad. Sin embargo, sí se pueden prevenir los trastornos menopáusicos o tratarlos, una vez hayan aparecido. Sus efectos más frecuentes son sudoraciones, hormigueos, depresión, irritabilidad, insomnio, dolores de cabeza y osteoporosis. Para combatirlos es conveniente:
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