Es un documento que se solicita y formaliza
en vida. En él se declara la voluntad de que se proceda a la donación
de órganos y tejidos tras la muerte. Este documento no es imprescindible
en España para ser donante, si bien algunas personas lo consideran
útil y desean levarlo como un compromiso adicional a su decidida
voluntad e donación. No obstante, la posesión de un carnet de donante
no obvia que la familia conozca nuestro firme deseo de donación.
Ellos siempre serán informados y consultados respecto a la donación
por los médicos del hospital que atendieron al fallecido tras la
enfermedad o accidente y podrán refrendar esa voluntad de donación
expresada formalmente tiempo atrás.
La
tarjeta de donante se puede conseguir en diferentes sitios. Siempre
es gratuita y tenerla no implica un compromiso definitivo. Puede
anularse siempre que el donante lo desee. Se expide en instituciones
públicas como Consejerías de Sanidad, Coordinaciones Hospitalarias
de Trasplante, Servicio de Información al Usuario de hospitales
y centros de salud, Organización Nacional de Trasplantes; y ONGs
como asociaciones de enfermos renales y de trasplantados de hígado,
corazón o riñón.
En España la legislación sobre la materia
comprende la Ley 30/1979 y los Reales Decretos 411/1996 y 2070/1999
en los cuales se regulan los centros donde se pueden realizar extracciones
y trasplantes de órganos y tejidos, la gratuidad de los procedimientos,
el consentimiento presunto, el anonimato y los criterios diagnósticos
de muerte.
Este
es un tema trascendental, porque en algunas ocasiones los familiares
de los fallecidos no tienen conocimiento de la opinión en vida sobre
la donación y por ese motivo, tienen dificultades para autorizar
la donación. Todos aseguran en estas circunstancias, que sería bueno
conocer en vida cuál era la opinión del fallecido sobre la donación
porque les ayudaría mucho a tomar esa decisión tan importante y
urgente.
El desconocimiento por los familiares de los deseos de donación
del fallecido, es el principal argumento de las negativas familiares
a la donación. De ahí el interés de que al hilo de alguna noticia
sobre la donación-trasplante en los medios de comunicación, se inicie
un comentario en voz alta con las personas más queridas y cercanas
para que conozcan el deseo de donación.
La mayoría de las religiones se han manifestado a favor de la donación
de órganos. La Iglesia Católica ha expresado de forma clara y contundente
que la donación de órganos es el acto supremo de caridad, generosidad
y amor que una persona puede hacer por otra en esta vida. Los últimos
Papas en diferentes encíclicas y en otros documentos animan a todos
los católicos a que se expresen en vida a favor de la donación.
Obispos y sacerdotes predican en sus diócesis y parroquias, predican
la necesidad de la donación de órganos para salvar vidas y evitar
sufrimientos de personas que sufren graves problemas de salud.
Anglicanos y protestantes no plantean ningún problema en la donación-trasplante.
En general, abogan porque cada cual elija en conciencia la decisión
de ser donante.
La religión judía es favorable a la donación de órganos. Incluso
se puede leer en el Talmud "Quien salva una vida salva el mundo"
y las jerarquías religiosas interpretan que la donación de órganos
para trasplante es la mejor actitud para ayudar a otro a salvar
su vida.
Entre los evangélicos no cabe ningún prejuicio religioso frente
a la donación de órganos.
La religión musulmana tampoco pone ningún obstáculo a la donación
y así ha quedado expresado en diversos documentos que sus autoridades
religiosas han difundido. No obstante, la donación de órganos es
muy baja en países donde el Islam está muy arraigado. Sin embargo,
el factor religioso no parece tan fundamental como otros elementos
socio-culturales que impiden la donación y el trasplante de órganos
en países con escasos recursos para realizar incluso tratamientos
alternativos como la diálisis.
Los testigos de Jehová que manifiestan con rotundidad su oposición
a las transfusiones de sangre no tienen, por el contrario, ninguna
oposición a la donación de órganos ni tampoco hacia el trasplante;
siempre que se les asegure que no van a recibir durante la operación
ninguna transfusión. En el momento actual ésta condición se puede
asumir perfectamente en una mayoría de trasplantes de riñón.
Otras religiones más minoritarias en nuestro entorno occidental
como el budismo y sintoismo, no favorecen la donación de órganos
porque en sus creencias, el proceso de muerte sucede de forma gradual
completándose a lo largo de tres días tras la muerte clínica. Durante
este tiempo el cuerpo del difunto budista no debe ser manipulado
para evitar interferencias con futuras reencarnaciones. |