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Gobierno de Canarias  
Documento 1 - Líneas estratégicas: programas para grupos de riesgo

Resulta obvio que la demanda de Atención Psiquiátrica y de Salud Mental puede llegar a ser ilimitada, por lo que es necesario racionalizar el uso de nuestros dispositivos asistenciales públicos, que deberán garantizar ante todo la atención a las patologías graves, así como la asistencia preferencial a los grupos de mayor riesgo, sin que ello suponga la renuncia al desarrollo de actuaciones preventivas orientadas preferentemente a estos colectivos.

La atención, en un primer nivel, pasa por los Centros de Salud, concretamente por los médicos de cabecera y los pediatras, interviniendo también otros sectores sanitarios (otras especialidades) y no estrictamente sanitarios (como los maestros, educadores, equipos específicos de la Consejería de Educación, Servicios Sociales, etc.). Se hace ineludible pues el desarrollo de estrategias conjuntas que permitan una complementariedad de las acciones, evitando duplicidades y/o carencias. Este principio de complementariedad, sólo es posible desde una coordinación de las acciones, y ello nos conduce inevitablemente a una protocolización de las mismas, en síntesis al trabajo por programas.

Estos programas deberán ajustarse a las necesidades de la población, satisfacer en lo posible la demanda existente y poder ser evaluados, permitiendo así su reajuste y su reedición. A tal fin, en las USMC debe ir desarrollándose un estilo de trabajo basado en Programas sobre grupos de mayor riesgo en la población asignada (enfermos crónicos, psicosis agudas, población infanto-juvenil, personas mayores). Igualmente, las Unidades de Internamiento Breve y las de Rehabilitación, deberán tener protocolizadas sus intervenciones y tender a su progresiva estandarización en toda la Comunidad Autónoma, garantizando una similitud en las prestaciones recibidas por los usuarios con independencia del centro o dispositivo en el que sean atendidos.

Así pues, para la población infanto-juvenil resulta fundamental trabajar con los restantes dispositivos implicados en la atención del niño y del adolescente, en la elaboración de programas conjuntos, fundamentalmente con los pediatras y con los Equipos Específicos de la Consejería de Educación. Sería recomendable comenzar actividades concretas en este sentido que se vean reflejadas en documentos o guías, básicamente centradas en aquellas patologías de mayor prevalencia (trastornos emocionales) y de mayor gravedad (trastornos profundos del desarrollo, trastornos de la alimentación, etc.).

En cuanto a la población de enfermos crónicos, fundamentalmente los pacientes esquizofrénicos, las USMC deberán censar e identificar a este tipo de pacientes en su sector para pasar a su posible inclusión en las líneas programáticas de los respectivos PIRP. Asimismo, deberán quedar garantizados, a través de protocolos comunes de intervención, la atención psicofarmacológica y psicoeducativa de este grupo de pacientes según la disponibilidad de los recursos en cada sector de población.

La coordinación con los médicos de Atención Primaria estará dirigida hacia el diagnóstico precoz y tratamiento de la morbilidad psiquiátrica menor, haciendo especial énfasis en los trastornos adaptativos y los trastornos por somatización, por ser los que tienen una mayor prevalencia a nivel primario y los que más se benefician de intervenciones precoces y adecuadas. También es necesario desarrollar protocolos de intervención para el seguimiento de conductas suicidas, o para pacientes crónicos, por ser el nivel asistencial más cercano al usuario y, por tanto, el que mejor accesibilidad y conocimiento del entorno posee.

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