Química
del flúor
El
metabolismo
Fuentes
alimentarias
Toxicidad
Efectos
beneficiosos
Mecanismo
de acción
El flúor es un gas amarillo verdoso de olor característico
que recuerda una mezcla de cloro y ozono. Es el más electronegativo
de todos los elementos, lo que le confiere una gran reactividad
que hace que no se encuentre libre en la naturaleza. Así,
como fluoruro, la forma más frecuente, supone entre el 0,06
y el 0,09 % de la corteza terrestre (Martín Delgado et
al, 1990; OMS, 1972).
Se encuentra de forma natural en rocas y suelos formando
parte de numerosos minerales como son el espatoflúor (utilizado
para la obtención de flúor elemental), la criolita (empleada
en la producción de aluminio), las apatitas, la mica, la horbienda,
las pegmatitas (como el topacio y la turmalina), y en las
rocas de origen volcánico. Desde el punto de vista toxicológico,
los compuestos inorgánicos más importantes son el fluoruro
cálcico (fluorita o espatoflúor), el fluoruro sódico alumínico
(criolita) y los orgánicos como el flúor acetato sódico y
los grupos de fluoroalcanos y fluoropolímeros (BelcourtA.,
1988; Martín Delgado, 1991; Ophaug R.H., 1991).
La transferencia del flúor (en la forma aniónica o fluoruro)
a través de las membranas biológicas, se efectúa mediante
procesos pH dependientes, hecho que se relaciona con la mayor
facilidad del ácido no disociado (ácido fluorhídrico, HF)
para atravesar la pared celular, lo que condiciona los mecanismos
de absorción, distribución y excreción (Ophaug R.H., 1991).
Absorción
La absorción del flúor se produce a lo largo del tubo digestivo,
caracterizándose por una rápida difusión hacia la sangre.
En general, el fluoruro libre, la forma en la que se encuentra
en el agua, es mejor absorbido que el combinado con proteínas
o presente en los alimentos, estimándose una absorción del
1 00%. Si existe ingestión simultánea de alimentos, este porcentaje
de absorción varía, situándose entre el 50 y el 80%. Se absorbe
en el estómago mediante un proceso pasivo, facilitado por
la acidez gástrica y en el intestino mediante procesos pH
dependientes (Belcourt A., 1988; Ophaug R.H., 1991; Martín
Delgado et al, 1991; Trautner K., 1989; Trautner K.
y Siebert G., 1986; Trautner K. y Einwag J., 1986; Trautner
K. y Einwag J., 1989).
Distribución
La concentración plasmática de flúor varía dependiendo del
equilibrio entre la cantidad ingerida y absorbida y la excretada,
y generalmente está en función de la ingesta total del elemento,
aunque de modo general se sitúa entre 0,14 a 0,19 mg/I, suponiendo
el 75% del flúor en la sangre. El restante 25% se localiza
en los hematíes (Trautner K. y Einwag J., 1988; Ophaug R.H.,
1991; Martín Delgado et al, 1991).
La placenta, al menos en el hombre, se comporta como una
barrera limitante para la difusión de los iones fluoruro hacia
el embrión o el feto. De hecho sólo un 20% del flúor en el
plasma de la madre es capaz de atravesarla (Belcourt A., 1988).
El fluoruro absorbido tiene una gran afinidad por los tejidos
calcificados, de tal manera que el 95% de la cantidad total
de flúor presente en el cuerpo humano se encuentra en huesos
y dientes. Su concentración en el hueso aumenta con la edad
y es proporcional a la cantidad de flúor ingerida, a pesar
de que determinadas investigaciones experimentales han puesto
de manifiesto que el hueso presenta una capacidad cada vez
menor de incorporar flúor con o sin exposición al mismo, hipótesis
apoyada por la observación de que las personas de 50 a 60
años de edad excretan más flúor en la orina, lo que parece
afianzar la idea de un descenso de la captación ósea de flúor
con la edad, que además es inferior cuando ha existido una
exposición previa alta y prolongada. Asimismo, el diente incorpora
flúor a lo largo de su maduración, de tal manera que el único
aporte de flúor que puede recibir una vez concluida su formación
proviene de los depósitos superficiales del elemento, con
intervención del de origen exógeno. La distribución del flúor
en los distintos tejidos dentales no es uniforme, de tal manera
que la dentina presenta concentraciones de flúor 2 a 4 veces
superiores a las del esmalte. Cerca de la pulpa, los niveles
de concentración del elemento se elevan debido a la posibilidad
de intercambio iónico con el plasma sanguíneo. A su vez, el
cemento es más rico en flúor que la dentina (BelcourtA., 1988;
Ophaug R.H., 1991; Martín Delgado et al, 1991; Font
A.(25), 1992).
En los tejidos blandos y células, las concentraciones de
flúor son relativamente constantes y se asemejan a las plasmáticas.
Sin embargo, los líquidos intersticiales son más ricos en
flúor que los intracelulares (Belcourt A., 1988; Martín Delgado
et al, 1991; Ophaug R.H., 1991).
Por último, la saliva es pobre en flúor, con un contenido
medio de 0,02 mg/I, contenido que no parece ser modificado
por el consumo de agua fluorada (Belcourt A., 1988).
Excreción
La excreción renal es la vía principal de eliminación del
flúor ingerido, excreción que se produce también mediante
procesos que son modificados por el pH. La excreción renal
consta de filtración glomerular seguida de distintos grados
de reabsorción tubular. Los pH bajos, es decir, la acidificación
de la orina, aumentan la reabsorción y reducen la eliminación
y pH altos o la alcalinización de la orina, reducen la reabsorción
e incrementan la eliminación (Ophaug R.H., 1991; Withford
G.M., 1976; Martín Delgado et al, 1991; Shannonn I.L. y Sanders
D.M., 1979).
Como ya se indicó, la excreción está en función de la ingesta,
de tal manera que cuando la exposición al flúor es regular,
las concentraciones del elemento en la orina tienden a alcanzar
las concentraciones presentes en el agua de consumo habitual.
También se excreta flúor a través del sudor y las heces,
aunque ambas vías están muy limitadas por numerosos factores,
suponiendo un 10% del total del flúor ingerido (Belcourt A.,
1988; Martín Delgado et al, 1991).
Como ya hemos comentado, aunque el flúor puede estar presente
en prácticamente todos los alimentos, es el agua de consumo
habitual la fuente principal de este elemento. Sin embargo,
la extensa utilización de compuestos conteniendo flúor en
la lucha contra la caries dental, hace que los niños pequeños
puedan llegar a ingerir cantidades considerables de flúor
de origen no alimentario.
La ingesta total de flúor, como la del resto de los minerales,
depende de numerosos factores como los patrones dietéticos
predominantes, la práctica de la fluoración del agua, el uso
de compuestos fluorados, alimentos, bebidas, etc... Sin embargo,
las grandes diferencias en las ingestas valoradas en distintas
comunidades se deben al agua y a las bebidas, ya que los alimentos
no aportan cantidades significativas a no ser que en el proceso
de elaboración se empleen aguas ricas en flúor. En este sentido,
se ha demostrado que los alimentos cocinados con agua conteniendo
1 mg/i de flúor aumentan su contenido en flúor de 3 a 5 veces.
La cantidad de flúor se ve aumentada de esta manera cuando
el agua fluorada, bien de forma natural o bien adicionada,
interviene en la preparación de los alimentos tanto a nivel
industrial como doméstico. Asimismo, los recipientes y utensilios
utilizados pueden intervenir para incrementar las concentraciones
de flúor, como los recubiertos de teflon (tetrafluoruro de
polietileno), o para disminuirla como los de aluminio (Ophaug,
1991; Font (25), 1992; T¿5th K. y Sugar E., 1980; Schamschula
etal, 1988; López H. y NaviaJ.M., 1988; Farkas C.S. y Farkas
E.J., 1974; Marier J.R., 1980).
Las fuentes alimentarias de mayor aporte natural de flúor
son el té y el pescado de mar consumido con espinas. El té
tiene contenidos de entre 50 y 700 mg/kg de peso en diversas
hojas, siendo más ricos los tés verdes que los negros o fermentados.
En la infusión de esta bebida se libera del 40 al 70% del
flúor en aproximadamente tres minutos, de tal manera que el
contenido medio en el producto final es de 1,5 mg/i (Belcourt
A., 1988; Jackson D. et al, 1974; Soevik T. y Braekkan O.R.,
1981).
Las carnes y pescados presentan contenidos de 1 a 1 0 mg/kg
y los huevos 1,2 mg/kg. Siempre teniendo en cuenta que el
secado o deshidratación de los alimentos conlleva una concentración
del flúor presente en los mismos.
Las frutas, verduras y cereales poseen flúor en concentraciones
que oscilan entre los 0,2 y los 2 mg/kg, en áreas con aguas
de bajos contenidos en este elemento. El empleo de aguas ricas
en flúor para el riego o la irrigación de los vegetales puede
incrementar su nivel de flúor.
Las bebidas, por su parte, presentan contenidos de flúor que
son reflejo directo de las concentraciones que posea el agua
utilizada en su fabricación (Schuiz E.M., 1 976; Clovis J.
y Harg reaves J.A., 1 988).
Las aguas envasadas presentan contenidos
variables dependiendo del origen de las mismas y las características
de éste. Armijo et al (1 976), en el análisis de aguas mineromedicinales
de uso frecuente como aguas de mesa, encontraron valores de
0,04 a 11,34 mg/I. Martín et al (1 990), en un trabajo realizado
sobre determinación de flúor en aguas envasadas consumidas
en la Comunidad Autónoma de Canarias, detectaron niveles de
0,17 a 14,94 mg/ l, estando el 70% de las muestras en el intervalo
de concentraciones de 0,1 a 0,8 mg/I. Por lo tanto, es fundamental
que a la hora de consumir un agua envasada se consulte el
análisis físicoquímico que debe figurar en el etiquetado,
en especial cuando las aguas vayan a ser utilizadas directa
o indirectamente en la alimentación infantil.
Por lo que respecta a las bebidas, se tienen algunos datos
sobre contenidos de flúor en cervezas, vinos y bebidas refrescantes
existentes en el mercado canario, tal como se observa en la
Tabla 1 (Pérez Olmos et al, 1990; Martín Delgado et al, 1991;
Martín Delgado et al, 1992).
A pesar de los datos presentados en la tabla anterior, el
vino puede llegar a tener cantidades nada despreciables de
flúor (de 0,5 a 2 mg/I), que pueden provenir del absorbido
por la viña a partir del suelo de cultivo, del abono o de
una contaminación por los productos de conservación de las
cubas de fermentación o de almacenamiento (Belcourt A., 1988;
Pérez Olmos R. et al, 1991).
Los estudios realizados sitúan las ingestas de flúor procedente
de alimentos, bebidas y agua tal como se indican en la Tabla
2 (BelcourtA., 1988; Ophaug R.H., 1991; Food and Nutrition
Board, 1980; Dabeka R.W. et al, 1982; US Department of Health
and Human Services, 1988; Wiatrowski E. et al, 1975; Walters
C.D. et al, 1983; Schamschula et al, 1988; Ophaug R.H. et
al, 1985).
Para la población española, la ingesta media de flúor se sitúa
en 0,72 mg/día (Comas Font et al, 1990).
La leche materna, en función de la
ingesta de flúor de la mujer, y la leche de vaca tienen contenidos
de flúor inferiores a los 0,10 mg/I, por lo que dado el aumento
que, afortunadamente, se ha producido durante los últimos
años en el porcentaje de lactantes amamantados por las madres,
los niños que reciben una ingesta de flúor elevada asociada
con la administración de fórmulas reconstituídas con agua
de altas concentraciones de flúor son cada vez menos.
Para los niños de 2 años, el 70% del flúor de la dieta procede
de la ingesta de agua potable y bebidas.
Actualmente, la Academia Norteamericana de Pediatría y la
Asociación Dental Norteamericana recomiendan la adición de
suplementos de flúor a razón de 0,25 mg/día para los niños
menores de 2 años, sólo si el agua potable contiene menos
de 0,3 mg/i de flúor. Para niños de 2 a 3 años, se aconsejan
suplementos de 0,50 y 0,25 mg/día para zonas con aguas con
concentraciones de flúor de menos de 0,3 y entre 0,3 y 0,7
mg/I, respectivamente, recomendaciones que se elevan a 1,0
y 0,5 mg/día para niños de 3 a 16 años. No se recomiendan
administraciones de suplementos de flúor a ninguna edad si
las aguas de consumo presentan contenidos de flúor superiores
a los 0,7 mg/l (US Department of Health and Human Services,
1988).
Los dentífricos fluorados son también
una fuente de flúor de especial importancia en los niños pequeños,
debido a que no realizan de forma adecuada el cepillado dental
y a su relativa incapacidad para controlar la deglución. Así,
se ha indicado que los niños menores de 5 años ingieren entre
un 26 y un 35% del dentífrico empleado y los de 2 a 4 años
ingieren un promedio de 0,30 mg de flúor cada vez que se cepillan
los dientes. Es decir, la ingesta media diaria de un niño
de 2 años que consume agua con más de 0,7 mg/l de flúor será
el doble aproximadamente si se cepilla los dientes con pasta
dental que contenga flúor (generalmente en un 0, 1 %) dos
veces al día, por lo que, dado que actualmente se tiende a
iniciar el cepillado a los 18 meses, la ingesta de flúor procedente
de los dentífricos afecta a un número importante de niños
de corta edad (Ophaug, 1991; Trautner K. y Einwag J., 1988;
Beitran E.D. y Szpunar S.M., 1988; Bruun C. y Thylstrup A.,
1988).
El Comité de Aportes Dietéticos de la Junta de Alimentación
y Nutrición del Consejo Nacional de Investigaciones de los
Estados Unidos de América (Food and Nutrition Board, 1980)
ha expuesto que no existen suficientes datos para establecer
recomendaciones dietéticas para el flúor. No obstante, a modo
indicativo, se dan las que se indican en la Tabla 3, ya que
las diferencias en la magnitud de la absorción crean dificultades
a la hora de establecer recomendaciones en función de los
contenidos de flúor de aguas y alimentos.
Intoxicación aguda
Aunque ingestiones de flúor de 32 a 64 mg/Kg de peso pueden
llegar a provocar la muerte, los casos de intoxicación aguda
son bastante raros y los únicos descritos en la bibliografía
consultada se han relacionado con la adición accidental de
cantidades excesivas al agua potable en las plantas de fluoración,
el uso inadecuado en clínicas dentales o la ingestión masiva
casual. Quizá el mayor problema en este sentido lo constituyen
los hemodializados en hospitales ubicados en zonas donde se
lleva a cabo la fluoración del agua de suministro.
La dosis letal de fluoruro sódico está en 5 g. y varía entre
2 a 1 0 g. para otros compuestos de flúor, dependiendo de
la solubilidad del producto (Belcourl A., 1988; Ophaug R.H.,
1991; Martín Delgado et al, 1991).
La transferencia del flúor (en la forma aniónica o fluoruro)
a través de las membranas biológicas, se efectúa mediante
procesos pH dependientes, hecho que se relaciona con la mayor
facilidad del ácido no disociado (ácido fluorhídrico, HF)
para atravesar la pared celular, lo que condiciona los mecanismos
de absorción, distribución y excreción (Ophaug R.H., 1991).
Intoxicación crónica
La intoxicación crónica o fluorosis es mucho más frecuente.
Actualmente se cree que la toxicidad crónica puede llegar
a involucrar otras funciones orgánicas como la función renal
y posiblemente las funciones muscular y nerviosa, y aunque
han aparecido en prensa presuntas relaciones entre el flúor
y la incidencia de cáncer, ninguno de los estudios epidemiológicos
realizados han encontrado evidencia alguna que sustente esta
hipótesis (Ophaug, 1991; OMS, 1972; Griffith, 1985). No obstante,
se ha sugerido que las amidas pueden formar junto con el ion
fluoruro un enlace de hidrógeno tan potente que puede provocar
la ruptura del típico enlace entre los compuestos que contienen
este grupo funcional tan abundante en las células vivas, lo
que explicaría la alteración de numerosas funciones en la
intoxicación por flúor (Pérez Olmos R., 1986).
La fluorosis dental endémica se caracteriza como enfermedad
por una hipomineralización del esmalte, con distintos grados
de gravedad, manifestándose desde pequeñas manchas opacas
blanco pergamino que cubren una mínima superficie del diente,
hasta la tinción marrón negruzca y la formación de poros que
dan al diente aspecto de deterioro y corrosión. Las cifras
a partir de las que el flúor pasa de ser beneficioso a ser
tóxico oscilan, según los textos consultados, entre los 20
y los 80 mg/día
A dosis de 2 a 8 mg/kg., las alteraciones que se observan
son la fluorosis más o menos leve, caracterizada por pequeñas
manchas blancas en el esmalte. Dosis mayores dan lugar a la
fluorosis moderada, en las que el esmalte conserva su continuidad
pero pierde su brillo y presenta zonas amarillas marcadas.
En las formas más severas, ocasionadas por las dosis consideradas
como tóxicas desde el punto de vista crónico, la superficie
dental está atravesada por múltiples depresiones y el esmalte
se deteriora. Estas lesiones se localizan en el tercio externo
del esmalte.
De todos es conocido que en el hombre, el desarrollo de fluorosis
en la dentición permanente está asociado al consumo habitual
de agua con cantidades excesivas de flúor durante los primeros
cinco a ocho años de vida, cuando las coronas de las piezas
dentarias están en plena calcificación. Son varios los estudios
epidemiológicos que indican que la fluorosis dental pasa a
ser un problema de salud pública cuando el contenido en flúor
del agua potable supera los 2 mg/I. En este sentido, indicaremos
que determinados autores han establecido que de forma general,
la concentración de flúor en el agua de abastecimiento a no
sobrepasar si se quieren evitar los efectos adversos del flúor
sobre la salud dental, es de tres veces el contenido considerado
como óptimo en función de la media de las temperaturas máximas
anuales, para cada área geográfica (Murray, 1986; Belcourt
A., 1988; Beltran E.D. y Burt B.A., 1988; Jiménez y Berna¡,
1986; Driscoli W.S. et al, 1986; Pendrys D.G. y Katz
R.V., 1989; Schamschula et al, 1985; Baeza M.M. y Carbajo
A., 1990).
La fluorosis esquelético anquilosante o incapacitante es un
estadio avanzado de la intoxicación crónica por flúor, debida
a ingestiones de 10 a 25 mg/día de flúor durante 1 0 a 20
años. Esta fluorosis se caracteriza por una hipermineralización
progresiva de los huesos, especialmente de la columna vertebral
y pelvis, calcificación de los tendones y ligamentos y formación
de exóstosis, con dolores articulares y fracturas espontáneas,
y se ha observado únicamente en trabajadores en contacto directo
con espatoflúor o criolita y en zonas con aguas de consumo
público con niveles de concentración de flúor de más de 20
mg/i (Belcourt A., 1988; US Department of Health and Human
Services, 1988; Sowers M.R. et al,1991; Martín Delgado
et al, 1991; Cooper C.et al, 1990).
Por último, dentro de otros efectos tóxicos del flúor podemos
señalar los siguientes: agravamiento de una nefropatía ya
existente; hiperactividad de la paratiroides con la consiguiente
repercusión sobre el metabolismo del calcio; y, a dosis extremadamente
altas, inhibición de numerosas enzimas de tal manera que puede
ocasionar perturbaciones importantes en diversos sistemas
metabólicos. La aparición de osteosclerosis en poblaciones
con ingestas excesivas de flúor no ha sido demostrada, si
bien sí se ha detectado un incremento de la densidad ósea
(US Department of Heaith and Human Services, 1988; Sowers
M.R. et al, 1991).
El flúor en forma de iones fluoruro o combinado con otros
compuestos se emplea con fines terapéuticos y profilácticos,
de los que el más importante y más conocido es, sin duda,
la prevención de la caries dental. La aplicación con este
fin puede ser sistémica, a través del agua de abastecimiento
público, o tópica. De cualquier manera debe iniciarse en los
primeros años de vida, siempre que esté indicado según el
contenido en flúor del agua de consumo, y continuarse hasta
al menos los 16 años.
La utilización tópica se basa fundamentalmente en el empleo
de pastas dentales o colutorios fluorados, o en la utilización
de geles con altos contenidos en flúor en las consultas de
odontología. Los compuestos de flúor más usados son el fluoruro
de sodio,'estaño o el monofluorofosfato de sodio, en concentraciones
del 0,1% en las pastas dentales; del 0,004 al 0,5% en los
colutorios; y al 2% en los geles (Beitran E.D. y Szpunar S.M.,
1988; Heifezt S.B., 1979).
El hecho de si la ingestión de flúor o el consumo de agua
fluorada puede ejercer efectos beneficiosos para la salud
de los adultos está sometido a discusión, y aunque se ha citado
el empleo del flúor en el tratamiento farmacológico de mujeres
afectas de osteoporosis y comoactivador del metabolismo esquelético
en individuos privados de todo tipo de ejercicio físico, las
dosis son lo suficientemente altas como para implicar riesgo
de toxicidad y necesitan vigilancia facultativa (Belcourt
A., 1988; US Department of Heaith and Human Services, 1988;
Ophaug R.H., 1991).
Por lo que respecta al mecanismo de acción del flúor, aunque
se han propuesto varios para explicar la actividad anticaries
de este elemento, dentro de los que podemos citar: a) A nivel
de la fase mineral del diente: la inhibición de la desmineralización
y la activación de la remineralización del esmalte dental;
b) A nivel de la placa bacteriana: inhibición de determinadas
enzimas bloqueando la glucólisis, el efecto bactericida del
ácido HF y reducción de la base proteica de asentamiento de
las bacterias y por lo tanto disminuyendo la placa; c) A nivel
de la morfología del diente, condicionando la estructura de
las piezas dentales; no existe ninguna teoría globalmente
aceptada. No obstante, desde los primeros estudios se supuso
que el flúor ingerido debía intervenir activamente en la composición
del esmalte dental. De hecho se sabe que los iones fluoruro
sustituyen a los iones hidróxilo de la molécula de hidroxiapatita
(componente principal del esmalte), sustitución que tiene
lugar principalmente durante el período de formación preeruptivo,
dando lugar a la fluorapatita, caracterizada por una mayor
dureza presentando más resistencia a la acción de los ácidos
y por lo tanto al ataque carioso. Debido a lo expuesto, se
considera que el mayor efecto protector del flúor se da, por
tanto, durante el período de formación completa de los dientes,
es decir, durante aproximadamente los primeros 7 a 8 años
de vida (Pérez Olmos R., 1986; Beitran Ed. y Burt B.A., 1988;
Brown W.E. y Konig K.G., 1977; Font A., 1992; Food and Nutrition
Board, 1988).
Asimismo, el flúor utilizado en las aplicaciones tópicas
es captado parcialmente de la misma manera que el flúor sistémico.
La reacción propuesta para la sustitución indicada anteriormente
es la siguiente:
Ca10 (PO4)6 (OH)2+
2F <--------------> Ca10 (PO4
) 6 F2+ 2 OH-
No obstante, las dificultades existentes para demostrar una
relación clara entre las concentraciones de flúor en la superficie
del esmalte y la caries dental (OMS 1972; Murray, 1986; Ophaug,
1991) han hecho que actualmente se atribuya más valor a los
efectos tópicos del ion sobre la colonización de la placa,
su composición y su actividad metabólica, que a las reacciones
de desmineralización-remineralización del esmalte.
Por lo que respecta a la relación del flúor con la fluorosis
dental, cuando la ingesta total de este elemento supera ciertos
valores, se producen en el esmalte dental reacciones adicionales
que dan lugar a la formación de fluoruro cálcico:
Ca10 (PO4 )6(OH) 2
+ 20 F- <----------->10 CaF2 +
6 PO43- + 2 OH-
lo que precede a la descomposición de la fase mineral de
los dientes que se relaciona con las alteraciones asociadas
a la fluorosis dental.
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