El parque nacional, paraíso para cualquier aficionado a la botánica, alberga uno de los mejores ejemplos de monteverde de la Macaronesia (Canarias, Madeira, Azores y Cabo Verde, y un sector de la costa africana). El monteverde engloba a la laurisilva y al fayal-brezal, un bosque más seco y pobre en especies arbóreas. La laurisilva de la Macaronesia es un “fósil viviente” que tiene su origen en la antigua flora que existía en la región mediterránea durante el Terciario, y que los cambios climáticos relacionados con las eras glaciales han hecho desaparecer de casi toda su área de distribución. 

Los grandes protagonistas de la selva que ocupa el parque son los árboles. Árboles que son el soporte de la Laurisilva, bosque formado por unas 20 especies arbóreas, algunas muy abundantes y otras tremendamente escasas. Como su nombre indica la laurisilva es un bosque (silva) de laureles. 

Pero a diferencia de un pinar, donde el pino predomina abrumadoramente, en la laurisilva no sólo hay laureles sino que habitan muchos árboles que se le parecen: gigantes con hojas por lo general de color verde oscuro, lisas y perennes. Laureles (Laurus novocanariensis), viñátigos (Persea indica), tiles (Ocotea foetens), acebiños (Ilex canariensis),  palos blancos (Picconia excelsa) o follaos (Viburnum rigidum) son algunos de los habitantes de las partes más húmedas del monte. 

Hayas (Morella faya) y brezos (Erica arborea) son los componentes principales del fayal-brezal, un ecosistema forestal más seco y pobre en especies, pero no de menor belleza y valor conservacionista.

Otras especies arbóreas son menos abundantes pero igual de importantes: el barbusano (Apollonias barbujana), el mocán (Visnea mocanera), el sanguino (Rhamnus glandulosa),  el aderno (Heberdenia excelsa),  el bojo (Ilex perado ssp.platyphylla) o el Sauce (Salix canariensis).

Mucho más raras y escasas son el peralillo (Gymnosporia cryptopetala), el cedro (Juniperus cedrus), el sángano (Prunus lusitanica ssp.hixa) la tabaiba de monte (Euphorbia mellifera) o el saúco (Sambucus nigra ssp.palmensis)  

Por supuesto, no podemos olvidar que Garajonay es un importante refugio de la flora canaria con más de 700 especies vegetales, de los cuales aproximadamente la mitad son líquenes, y más de 1000 especies de hongos. Sin todas ellas no estaría completo el puzle. Helechos, herbáceas, arbustos, musgos, líquenes, hongos... ¡un reino vegetal con 2.000 especies conviviendo en las 3.984 hectáreas del parque nacional!

De esas 2.000 especies, un gran porcentaje son autóctonas, y de estas, muchas son endémicas (exclusivas) de Canarias y de La Gomera. Algunas son tan escasas que el parque nacional lleva años trabajando en un programa de “Rescate Genético” para evitar su desaparición. Otras son muy raras en otros lugares del Estado pero relativamente abundantes en los montes gomeros. El cuadro recoge las principales, y sus categorías de protección como “vulnerables” (VU) o en “peligro de extinción” (EX) según aparecen recogidas, bien en el Catálogo Español de Especies Amenazadas, o bien en el Catálogo Canario de Especies Protegidas.

 

Especie

Categoría

Nombre común

Pteris incompleta

VU

helecha de monte o rasgundo dentado

Hymenophyllum wilsonii

EX

helechilla

Christella dentata

EX

helecha

Diplazium caudatum

VU

helecho de monte

Juniperus cedrus

VU

cedro

Morella rivas-martinezii

EX

faya herreña

Ruta microcarpa

EX

ruda gomera

Euphorbia mellifera

EX

tabaiba de monte

Cistus chinamadensis ssp. gomerae

VU

jara blanca

Crambe wildpretiiEE

EX

mostaza salvaje

Salix canariensis

VU

sauce, sao

Ilex perado ssp. lopezlilloi

EX

bojo

Sambucus nigra ssp. palmensis

EX

saúco 

Echium acanthocarpum.

EX

tajinaste de monte

Asparagus fallax

EX

espárrago


Estas especies son plantas extremadamente escasas, localizadas en áreas muy concretas de la isla. La administración del parque ha redactado para muchas de ellas planes de recuperación con los que conseguir mejorar sus poblaciones.  

Dentro del monte gomero se distinguen una serie de formaciones vegetales influenciadas por la altitud, exposición, pendiente, etc.

Monteverde seco.- Corresponde al límite inferior del monte (entre los 500 y los 800 m.) y, por tanto, a zonas menos afectadas por las nieblas donde domina un clima mediterráneo, con temperaturas algo más elevadas y menor humedad que  en las  cumbres. Sus árboles característicos son el barbusano (Apollonias barbujana), el mocán (Visnea mocanera), el peralillo (Gymnosporia cassinoides) y el marmolán (Sideroxylon canariense), que se mezclan con el brezo (Erica arborea) y el haya (Morella faya), muy ampliamente distribuidos. El granadillo (Hypericum canariense), un matorral que puede superar los 5 m. de altura, es el arbusto más característico.

Monteverde húmedo de fondo de barranco o de cuenca.- Es la laurisilva más exuberante y de aspecto selvático. Se encuentra en cuencas y barrancos afectados por el alisio y por los que corre el agua de forma habitual, bien en superficie o en el subsuelo. En este bosque, propio también de zonas con suelos ricos en materia orgánica, los árboles alcanzan las mayores alturas, pudiendo superar los 30 m. Los árboles más representativos son el viñátigo (Persea indica) y el til (Ocotea foetens). El suelo del bosque permanece casi en penumbra bajo el denso dosel; el entorno de los cauces son lugares propicios para helechos como el pirguan (Woodwardia radicans), el penco macho (Diplazium caudatum) y la helechilla  (Vandenboschia speciosa). Las mejores muestras de este tipo de monte las encontramos en los amplios barrancos del norte del Parque: El Cedro, Los Acebiños y Meriga así como en la Meseta de Vallehermoso y la Meseta de Hermigua. 

Monteverde húmedo de ladera.- Este tipo de ecosistema se caracteriza por asentarse en las laderas. Las especies más representativas son el laurel (Laurus novocanariensis), el follao (Viburnum rigidum), el haya (Morella faya), el acebiño (Ilex canariensis) y el brezo (Erica arborea). En esta parte del bosque, correspondiente a las laderas de barlovento, abundan en el sotobosque las plantas trepadoras como la hiedra canaria (Hedera canariensis) y el tambaruche (Tamus edulis), y algunas especies de helechos: el penco de estrella (Polystichum setiferum), el penco (Dryopteris oligodonta), la pata de gallina (Polypodium macaronesicum) y la bechochina (Davallia canariensis). 

 

Brezal de crestería.- Se trata de uno de los bosques más especiales y fascinantes del parque que se localizan a lo largo de las cresterías, en su vertiente norte, formando una estrecha banda. Son bosques de escasa estatura con troncos retorcidos y cubiertos de musgos que nos indican la elevada humedad reinante. En las altitudes mayores, por encima de 1200 metros,  donde la niebla incide muchos meses al año, domina el brezo (Erica arborea) que puede llegar a alcanzar los 20 metros (¡quizás los brezos más grandes del mundo!) mientras que a altitudes inferiores donde las nieblas inciden todo el año el protagonismo lo tiene el tejo o flejo (Erica platycodon). Más escasos pero también presentes en este tipo de ecosistema encontramos hayas, acebiños, laureles y, ocasionalmente, cedros canarios (Juniperus cedrus spp.cedrus). Este último árbol es un escaso endemismo compartido con Madeira que en el parque se encuentra en formaciones rocosas y en contadas cumbres. 

Fayal-brezal.- De forma natural se ubica principalmente en las vertientes sur del parque (más secas), sobre todo las correspondientes a las cumbres más elevadas, y en lugares rocosos de escaso suelo. Al ser especies más resistentes y menos exigentes, también se encuentra en aquellos lugares donde las laurisilvas más exigentes fueron explotadas por el hombre. Merece una mensión especial el haya herreña (Morella rivas-martinezii), un árbol escasísimo descubierto en los años setenta  y compartido con El Hierro y La Palma. En bordes de pistas y allí donde el arbolado no es muy denso, diversas plantas embellecen el monte con bonitos colores durante la primavera: el morgallón (Ranunculus cortusifolius), la siempreviva (Myosotis latifolia) y el patacuervo (Geranium canariense). En lugares como La Laguna Grande o Las Creces, esta última planta forma en el suelo del monte una bella alfombra de flores violeta-rosada a comienzos de la primavera, uno de los paisajes más hermosos que ofrece el monte gomero. 

Comunidades rupícolas.- Probablemente sean las plantas que crecen en fisuras y grietas de las rocas las que más llamen la atención a las personas que visitan el parque nacional. Sin apenas donde “agarrarse”, beas (Aeonium sp.), melosillas (Aychrison sp.), cerrajones (Sonchus sp.) y melosas (Monanthes sp.) desafían la ley de la gravedad y la falta de suelo, conformando un ecosistema único y sorprendente. La flora de estos ambientes se caracteriza por tener tejidos gruesos y carnosos en los que es posible retener una gran cantidad de agua,por ello son llamadas plantas suculentas o crasas.