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10 de febrero del 2016 - 12:54

La Orquesta del Festival de Budapest dirigida por el maestro Ivan Fischer clausura el Festival 2016

El 10 y 11 de enero en el Auditorio Alfredo Kraus y el Auditorio de Tenerife, respectivamente, interpretando a Von Weber, Brahms y Prokofiev

La Orquesta del Festival de Budapest (BFO) dirigida por Iván Fischer,  con la participación como solista del pianista Dimitris Sgouros, clausura la 32 edición del Festival de Música de Canarias, los días 10 y 11 de febrero, en los auditorios Alfredo Kraus y de Tenerife, respectivamente. Para la ocasión ofrecerán al público, en la primera parte, la obertura del  El cazador furtivo, de Von Weber; y el Concierto para piano y orquesta núm. 1, en re menor, opus 15, de Brahms. Con  los compases de la Sinfonía núm. 5, en si bemol mayor, opus 100, de Prokofiev, que ocuparán el segundo tramo de la velada, se pondrá punto y final a este 32 Festival.

Un trinomio perfecto para este cierre: Fischer, Sgouros y la BFO, que ya han tocado juntos en numerosas ocasiones y que se recuerdan por la excelente sintonía artística entre ellos. Las entradas para Gran Canaria se pueden adquirir en www.entradas.com y para Tenerife en www.auditoriodetenerife.com. En ambos casos también estará abierta la taquilla del los auditorios, donde también está disponible la oferta last minute: entradas a 7 euros para desempleados, así como para menores de 30 años -en este último caso 40 minutos antes del inicio del concierto-.

La Orquesta del Festival de Budapest fue fundada en 1983 por Iván Fischer y Zoltán Kocsis, con la elite de los jóvenes músicos húngaros y el propósito inicial de realizar tres o cuatro conciertos al año en importantes eventos musicales de la vida musical húngara y dar a Budapest una nueva orquesta sinfónica de nivel internacional. Hoy en día, la agrupación no sólo es una parte fundamental de la vida musical de Budapest, sino que además es una invitada frecuente y admirada en muchos de los centros de excelencia musical más importantes del mundo.

Numerosas figuras internacionales han actuado con la orquesta, entre otras, Sir G. Solti (director invitado honorario de la orquesta hasta su fallecimiento), Y. Menuhin, K. Sanderling, C. Dutoit, G. Kremer, A. Schiff, H. Holliger, M. Argerich, K. Te Kanawa y R. Lupu. Tras haber realizado grabaciones pera Hungaroton, Quintana, Teldec, Decca, Ponty y Berlin Classics, la orquesta tiene un contrato de exclusividad con el sello Philips Classics desde 1996.

Sus producciones de opera han recibido grandes críticas, así como el ciclo de obras en conmemoración del 50 aniversario de la muerte de Bartok, el ciclo de sinfonías de Mahler, el de representaciones por el centenario de la muerte de Brahms, y los de Bartók-Stravinsky y Liszt-Wagner. En 2005 la orquesta fundó el Budapest Mahlerfest, de carácter anual, y en 2008 su "maratón" anual, dedicado a un compositor diferente cada año.

Por su parte, Ivan Fischer es considerado uno de los directores de orquesta más visionarios y con más éxito a nivel mundial, lo que ha contribuido a sus intensas giras y grabaciones de éxito para Philips Classics y Channel Classics.

Dimitris Sgouros

Ha sido denominado "fenómeno musical" y "El mito griego" y ha sido hasta comparado con Mozart. Yevgeni Svetlanov, el gran director ruso,  dijo: "Cada uno de nosotros desearía tener a un Sgouros cerca". Es altamente aclamado por su arte y virtuosidad superlativos. Desde niño ha actuado en  las principales ciudades y países de todos continentes y hoy se ha establecido como uno de los pianistas más destacados de las últimas generaciones.

Nacido en Atenas, Grecia, en 1969, Sgouros comenzó su carrera como niño prodigio a los 8 años en el Conservatorio de Atenas, donde completó sus estudios y recibió todos los Premios concedidos.

Posteriormente, continuó sus estudios en la Universidad de Maryland y la Royal Music Of Academy de Londres. Debutó a los 12 años en el Carnegie Hall junto la Sinfónica Nacional de Washington DC, bajo la batuta de Rostropovich. Ha grabado más de una docena de discos con interpretaciones de chumann, Brahms, Beethoven, Chopin, Liszt y Mozart, entre otros.

Otro episodio llamativo en la trayectoria de Sgouros tiene que ver con el gran Arthur Rubinstein, que al escucharle exclamó: "Agradezco a Dios por mantenerme vivo para tener la oportunidad de escuchar con mis propios oídos a Sgouros. Es el mejor pianista que he escuchado en mi vida, incluyéndome a mí mismo." Entonces se quitó el reloj de oro y se lo puso a Sgouros en su muñeca como quien pasa la antorcha. Dos meses más tarde falleció.

El programa

Carl Von Weber (1734-1812) El cazador furtivo, obertura

Contemporáneo de Beethoven y Schubert, Carl Maria von Weberfue un virtuoso pianista y magnífico director de orquesta, cuya fama lo llevó a realizar numerosas giras por toda Europa. Sin embargo, la reputación de este compositor alemán se debe en su gran partea su ópera Der Freischütz (El cazador furtivo), considerada como la primera gran ópera romántica de la historia por su identidad nacional y fuerte emocionalidad. Su triunfal estreno le llevó a convertirse en una de las principales figuras del primer romanticismo alemán Hoy en día, El cazador furtivo sigue siendo una de las óperas más populares entre los alemanes.

Una magistral y completa obertura, entretejida con base en los motivos musicales que se irán desarrollando en la partitura, prepara al público y lo introduce en la acción. El libreto, de Johann  Friedrich Kind, está inspirado por uno de los cuentos tradicionales del romanticismo gótico alemán recopilados en Das Gespenstersbuch (El libro de los fantasmas

Nace de un encargo del conde Brühl, intendente de los teatros reales de Prusia, con el fin de contrarrestar la corriente italianizante predominante en la época. Para ello, el compositor combina todos los elementos típicos que, posteriormente, engrosarán los fundamentos del Romanticismo: naturaleza, lengua vernácula, la superstición, exaltación del amor y la tradición y cultura populares. Con su estreno el 18 de junio de 1821 en la Schauspielhaus de Berlín (hoy, Konzerthaus) bajo la dirección musical del propio compositor, la obra cumplió y superó totalmente el propósito para la que fue encargada sino que conoció un éxito que perdura hoy en día. Resulta difícil imaginar que sin ella, existiera después Wagner, aunque no se deben olvidar los precedentes del Fidelio de Beethhoven y La flauta mágica de Mozart.

Johannes Brahms (1833-1897) Concierto para piano y orquesta núm. 1

La primera versión del Concierto para piano núm. 1 fue una sonata para dos pianos en re menor. Habiendo avanzado bastante en la composición llegó a la conclusión de que sus ideas no se dejaban trasladar por completo al formato de dos pianos y decidió abordarla desde la perspectiva sinfónica. El conjunto de la obra sufrirá todavía varios retoques hasta 1858.

Sin embargo, cuatro años de ardua tarea y búsqueda se desmoronaron tras su presentación el 27 de enero de1859 en el Gewandhaus de Leipzig. «El público reaccionó con un silencio mortal y unos silbidos que fueron demasiado»– escribía Brahms a su gran amigo, el violinista Joachim.

A pesar de estas frías acogidas este concierto es, sin duda alguna, una obra plena en todos los sentidos, y no sólo desde el punto de vista de la forma y trabajo temático. El Concierto para piano núm. 1 conoció por fin su reconocimiento en una nueva presentación en el Gewandhaus de Leipzig en 1874, en esta ocasión interpretado por Clara Schumann. Era el anuncio de un gran futuro creativo. El segundo concierto para piano no lo abordará hasta veinte años después y ya le habrán precedido dos sinfonías y un concierto para violín.

Sergei Prokofiev (1891-1953) Sinfonía núm. 5, en si bemol mayor, opus 100

Sin ninguna duda, uno de los grandes compositores rusos del siglo XX es Serguei Prokofiev. La Quinta, también sin titubear, una de las partituras más populares e interpretadas de la música soviética y también una de las mejores creaciones del compositor.  Las siete sinfonías que conforman su corpus sinfónico cubren un lapso de 36 años, desde su muy apreciada Primera, «Clásica», compuesta en 1916-17, hasta la Séptima, escrita en 1951-52.

La Quinta hace honor a ese número mítico que coronan otras «tocayas» de grandes maestros, pues lleva implícito algunos hitos de la vida personal y musical de Prokofiev,  así como su reencuentro con la forma sinfónica tras una larga pausa de 16 años. Significaba su primera sinfonía soviética desde que regresara a Moscú en la década de los 30 tras quince años de exilio voluntario. El propio compositor la consideraba como un trabajo que «culminaba hasta cierto punto un periodo de su creación». Prokofiev  afirmaba que era «una sinfonía sobre la grandeza del espíritu  humano y un canto de alabanza de la humanidad libre y feliz».

 
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