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20 de agosto del 2018 - 09:35

Sanidad recuerda la importancia de usar una protección solar adecuada todo el año

Nunca deben exponerse directamente al sol niños menores de 3 años, porque su piel aún no tiene desarrollados los mecanismos de defensa necesarios para protegerse de la radiación solar
Quemadura por el sol.
Quemadura por el sol.

La consejería de Sanidad, a través de la Dirección General de Salud Pública, recuerda que la exposición al sol sin protección puede provocar la aparición de enfermedades graves como el cáncer de piel, por lo que la prevención adquiere importancia fundamental entre los consejos para un verano saludable.

El cáncer de piel en general y el melanoma en particular, que es uno de los más agresivos, unido al aumento de patologías menores como la intolerancia o las alergias solares, hacen imprescindible el uso de una adecuada protección solar.

La actividad de los rayos UVA y UVB es la responsable de un aumento de la pigmentación cutánea (piel morena) muchas veces buscada, pero que no debemos confundir con estar más sano, ni parecer más delgado, ni aparentar tener una piel más tersa: el bronceado es una situación pasajera que podemos pagar con un gran daño para la piel.

La radiación solar ataca las membranas de las células de la piel y acelera el envejecimiento cutáneo, ataca la inmunidad, y propicia la aparición de tumores benignos e incluso malignos como el melanoma. El bronceado de la piel es un mecanismo de defensa de nuestro cuerpo ante esa radiación.

El daño solar es acumulativo (la piel tiene memoria) por lo que es muy importante estar fotoprotegido desde los primeros años de vida. Las quemaduras solares de segundo grado, especialmente en la infancia, multiplican por dos las posibilidades de desarrollar un melanoma, tumor de la piel que tiene una incidencia de entre ocho y nueve casos anuales por 100.000 habitantes y que, aunque en un 85 por ciento de los casos se cura, en el 15 por ciento restante tiene un mal pronóstico.

Así pues, los fotoprotectores no deben considerarse como un producto cosmético sino como un elemento necesario para retrasar el envejecimiento y las manchas cutáneas, y para prevenir las intolerancias, quemaduras e intoxicaciones solares.

Los fotoprotectores o filtros solares son unas sustancias que aplicadas sobre la piel atenúan (no la evitan totalmente) la acción perjudicial de los rayos solares, especialmente los Ultravioletas (UVA), que penetran profundamente.

El factor de protección solar o FPS es el índice que mide la capacidad protectora de un filtro frente a los efectos nocivos de la radiación solar sobre la piel. Lo que nos indica el índice es el tiempo que la piel puede estar al sol sin que aparezca enrojecimiento o se produzca una quemadura.

Por ejemplo, un producto solar que ofrezca un factor de protección FPS 15, nos indica que la piel así protegida puede estar expuesta 15 veces más tiempo al sol sin quemarse que la misma piel sin esa protección.

Los fotoprotectores por sí solos no protegen absolutamente del daño solar, por lo que su acción debe complementarse con el uso de sombreros o gorras, gafas de sol con nivel de filtro 3 ó 4, y evitando siempre la exposición al sol en las horas de mayor incidencia de sus rayos, entre las 11 y las 16 horas.

Las sombrillas no protegen adecuadamente del sol, que las atraviesa con facilidad, y su uso no exime por tanto de utilizar una fotoprotección acorde con nuestro tipo de piel.

En territorios como Canarias, en los que el nivel de radiación solar es elevado a lo largo de todo el año, debe utilizarse fotoprotección adecuada a nuestra piel en las zonas expuestas todos los días, no únicamente cuando vamos a la playa, a la piscina o a la montaña.

Recuerde también que a mayor altitud, más radiación solar recibimos, y más debemos protegernos. Extreme las precauciones si hace senderismo en zonas de montaña.

Cuanto más elevado sea el factor de protección, más tiempo de protección presenta, pero debe tenerse la precaución de no sentirse falsamente seguro por el uso de un protector solar.

Ese efecto protector variará en función del tipo de filtros que incorpore en su composición (físicos, químicos o biológicos), de su capacidad de penetración en la piel, de su resistencia al agua y al sudor y del modo de aplicación en capa sobre la piel.

El uso de un buen fotoprotector con un Factor de Protección Solar (FPS) mínimo de 30 debe formar parte de nuestros hábitos de higiene y salud diarios. Debe extenderse media hora antes de exponernos al sol (o de salir a la calle, en el caso de Canarias, donde estamos expuestos a su radiación todos los días).

Debe extenderse sobre las zonas expuestas de la piel en una capa uniforme, sin olvidar zonas especialmente frágiles de nuestro cuerpo como labios, nuca, orejas, nariz y hombros, que son las que con más frecuencia se queman. Tampoco debemos olvidar las piernas, y cualquier parte del cuerpo libre de vestimenta.

Además, debemos renovar la aplicación del protector solar cada dos horas o después de cada baño y complementar la protección con sombreros y gorras, en especial en los niños.

Fototipos cutáneos

Fototipo I: Piel muy clara (nordica). Ojos azules. Cabello rubio muy claro. Pecas. Reacciona al sol con eritema intenso, y descamación. No se broncea.

Fototipo II: Piel clara. Ojos Azules o claros. Cabello rubio o pelirrojo. Reacciona al sol con eritema y descamación. Ligera pigmentación.

Fototipo III: Piel blanca (caucasiana). Ojos y pelo castaño claro. Reacciona al sol con eritema moderado y pigmentación suave.

Fototipo IV: Piel blanca (mediterránea). Ojos y Cabello oscuros. Reacciona al sol con ligero eritema. Se broncea con facilidad.

Fototipo V: Piel morena ojos y Cabello oscuros. Reacciona al sol con pigmentación fácil e intensa. Eritema imperceptible.

Fototipo VI: Piel negra. Ojos y Cabello muy oscuros. Reacción al sol: no hay eritema pero sí bronceado.

La elección del fotoprotector debe hacerse teniendo en cuenta nuestro fototipo cutáneo, que en nuestro medio suele ser el Mediterráneo o Fototipo IV. Para la piel de este grupo, el Factor de Protección Solar mínimo debe ser el 15 salvo en el caso de los niños, en que deberemos elegir un fotoprotector de FPS más elevado (mínimo 30), y resistente al agua y al roce de la arena.

Nunca deben exponerse directamente al sol niños menores de 3 años, porque su piel aún no tiene desarrollados los mecanismos de defensa necesarios para protegerse de la radiación solar.