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15 de octubre del 2015 - 09:31
15/10/15

Apertura del curso 2015-2016 de Formación Profesional

Intervención del presidente del Gobierno de Canarias

La definición de un modelo de Formación Profesional que se adapte a la evolución de la economía y que suponga una salida para aquellos que necesitan una segunda oportunidad para retornar al mercado laboral es uno de los principales retos del Gobierno de Canarias para los próximos cuatro años.

Es un compromiso que asumo personalmente como presidente. Estas mismas palabras que acabo de pronunciar las he oído muchísimas veces, aunque seguro que no tantas como ustedes. Palabras que, en la mayoría de las ocasiones, no se transforman en hechos o se traducen en medidas que siempre quedan lejos de la meta que todos compartimos.

No será un proceso sencillo. Tendremos que gestionar una realidad que parte de un modelo con muchas carencias. Y asumiendo toda la comunidad educativa que se trata de un reto colectivo. Un desafío que, en el caso del País Vasco, ha supuesto un largo e intenso trabajo que suma ya casi veinte años. En nuestro caso, no tendremos que esperar tanto para comenzar a obtener resultados. Conocemos los caminos que otros han recorrido sin acierto y los que han transitado con éxito.

La realidad social y económica avanza más deprisa que las instituciones. Una evidencia que provoca un serio desajuste en la oferta educativa de la FP. Ese desfase, que se manifiesta en cada curso, es una de las medidas que debemos corregir, pero existen otras cuestiones que tendremos que reformar. Y este es el momento de hacerlo.

Convocaremos al Consejo Canario de Formación Profesional el próximo mes de noviembre para definir, entre todos, cuál es el modelo que queremos. Y lo haremos manteniendo un diálogo constante, intercambiando información, contrastando proyectos que se puedan implantar en las Islas, analizando detenidamente cada uno de los pros y los contras del sistema que necesita Canarias.

Estoy plenamente convencido de que la Formación Profesional debe aportar mucho más a la economía y al bienestar social de Canarias. No solo estoy pensando en los jóvenes que inician sus estudios sino en aquellos que necesitan reciclarse para retornar al mercado laboral. Aquellos que suplican una nueva oportunidad para recuperar la esperanza.

Coincidimos en el diagnóstico, pero también en el remedio. Queremos que la FP se adapte al mercado laboral; que su oferta no sea tan rígida sino que se actualice para que sus estudiantes tengan más oportunidades de encontrar un empleo tras finalizar su formación.

Para ello, debe existir una alianza estratégica entre la comunidad educativa, las instituciones y los sistemas productivos. Debemos trazar caminos diferentes, priorizando la colaboración permanente entre los centros de Formación Profesional y las empresas. Y, sobre todo, tenemos que crear sistemas más dinámicos que prosperen en entornos cambiantes, que nos garanticen formación, cualificación y un equilibrio entre la oferta educativa y el mercado de trabajo.

¿Por qué no explorar en Canarias nuevas vías relacionadas con segmentos emergentes como las energías renovables, el comercio exterior, la gestión cultural, las nuevas tecnologías o, por ejemplo, el estudio de las nuevas técnicas que ya se utilizan en otros países para garantizar la sostenibilidad y la productividad de sectores como la agricultura, la ganadería o la pesca? ¿Por qué no realizar un giro en el amplio abanico que permite la FP, más flexible que el sistema universitario, para que los jóvenes se especialicen en el estudio de nuevos modelos de gestión del sector turístico?

Queremos que los centros de Formación Profesional sean foros de debate sobre la evolución de nuestro modelo productivo; que sean los propios alumnos los que, como futuros trabajadores, planteen alternativas e ideas que aporten un valor añadido a su propia educación y a nuestro sistema productivo. Centros en los que, además, se profundice en la creatividad y la innovación.

No podemos desaprovechar la oportunidad que ahora se abre para afrontar definitivamente un proceso que hasta ahora no se ha acometido con la valentía y el compromiso necesario. Tenemos que ser capaces de hacerlo. Sin excusas. Se trata del futuro de los estudiantes del presente, pero también de aquellos que seguirán sus pasos.

El reto es reforzar la Formación Profesional Dual, combinando la formación en el centro educativo y la presencia en la empresa, como opción de aprendizaje atractiva y ocupación cualificada. Existen muchas vías que se deben activar para alcanzar ese objetivo. Y no vamos a desaprovechar ninguna.

Necesitamos impulsar acciones de difusión de la Formación Profesional Dual como forma de aprender, removiendo los obstáculos que nos ayuden a incrementar su participación y oferta. Es necesario identificar las nuevas ocupaciones y perfiles profesionales para responder a las necesidades de los sectores emergentes y a los cambios tecnológicos y organizativos. Debemos desarrollar la coordinación entre administraciones y el sector empresarial en los niveles de calidad de la formación, y el intercambio de buenas prácticas desarrolladas en FP Dual en los países que lo han implementado en Europa y en otras Comunidades Autónomas.

En este sentido, les puedo avanzar que en el viaje que realizamos el pasado mes de septiembre a Euskadi, donde la consejera de Educación y yo nos reunimos con el equipo directivo de la Consejería vasca, acordamos trazar un proyecto de colaboración para que nos asesoren en el desarrollo de un modelo en las Islas que, al menos, sea capaz de avanzar en la dirección que tan buenos resultados está cosechando en dicha Comunidad Autónoma.

La FP ha sido durante muchos años la hermana pobre del sistema educativo. Era el destino en el que finalizaban sus días como estudiante aquellos alumnos a los que se consideraba desde otros ámbitos sin la capacidad o la motivación necesaria para afrontar el Bachiller. Hoy, en cambio, si ponemos el empeño necesario y nos despojamos viejos estigmas, podríamos lograr que la FP se convierta en una salida para combatir el desempleo, consolidar la prolongación de la vida laboral, la difusión del conocimiento tecnológico, la integración o la cualificación para reducir la pobreza.

El reto es tan necesario y apasionante, que nadie, especialmente los estudiantes y las personas sin empleo, nos perdonarían que perdiésemos una nueva oportunidad de seguir los pasos de aquellos países en los que la Formación Profesional goza de un importante prestigio social.

Los ciudadanos nos reclaman hechos, no solo palabras. Y estoy plenamente convencido que la próxima reunión del Consejo Canario de Formación Profesional será el punto de partida de un cambio que todos deseamos.

 
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