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Señor presidente, señoras y señores diputados. Esta legislatura sólo acaba de comenzar.
Y lo ha hecho en un contexto nacional e internacional especialmente difícil, al que me referiré a continuación. Pero les puedo asegurar que eso no nos ha detenido.
Desde el primer día, desde el primer minuto, estamos trabajando para lograr la Canarias en la que creemos. Y creer en Canarias, lo dije en mi discurso de investidura, es trabajar por el equilibrio social y también por los equilibrios interinsulares. Apostando por el futuro. Trabajando por nuestra gente y con nuestra gente, con quienes viven aquí porque aquí quieren desarrollar su proyecto de vida.
Creemos en la capacidad y el talento de las mujeres y hombres de las Islas. No caeré, ni de cerca, en el triunfalismo. Tampoco incurriré en el absurdo de decir que en ocho meses hemos cumplido con todos nuestros objetivos. No diré que Canarias es un lugar idílico donde todos los problemas han sido resueltos. No lo diré porque no es verdad. Tenemos problemas, claro que sí. Hay situaciones que no logramos resolver a la velocidad que quisiéramos, es cierto. Aunque nos estamos esforzando muchísimo, todo es mejorable, ¿quién lo duda?
Pero, dicho esto, no es menos cierto que estamos avanzando. Que este Gobierno está trabajando mucho. Que este gobierno gobierna. Que no elude los problemas. Que los afronta y mira de frente. Que estamos con los cinco sentidos cerca de las cosas de la gente. De la sanidad. De la vivienda. Del empleo. De la formación. De la seguridad. De las dificultades que están atravesando las economías familiares.
No todo está resuelto, eso es evidente. Pero estamos en condiciones de garantizarles que, con los datos en la mano, ocho meses después estamos más cerca de los objetivos y compromisos que planteábamos en la sesión de investidura.
Nuestro trabajo no habrá acabado, y no descansaremos, mientras no alcancemos la cohesión social que nos debe acercar a una realidad más justa. Nuestros mayores esfuerzos son para los asuntos que realmente preocupan a la gente -asuntos que, curiosamente, rara vez están en el debate político que asoma en los medios de comunicación-. Nuestros mayores esfuerzos son para los que menos tienen.
Por eso hemos sido también los primeros de todo el Estado en poner en marcha una ley de Prestación: la Ley de Prestación Canaria de Inserción.
Con ella hemos roto por completo con sistemas meramente asistencialistas -sistemas que son pan para hoy y hambre para mañana-. Y hemos creado un servicio moderno y eficaz, capaz de ayudar a las personas -pero, de verdad- a encontrar una nueva oportunidad.
Gobierno de Canarias y ayuntamientos de las Islas hemos llegado a un acuerdo para mejorar los equipos multidisciplinares de las áreas sociales, mejorando su dotación, estabilidad y formación. El Gobierno financiará estos equipos en un 100% para los municipios de menos de 20.000 habitantes y en un 80% en los de más de 20.000 habitantes.
En definitiva, la Ley significa un compromiso mutuo, un esfuerzo de todos.
Por eso, el Gobierno se compromete a incrementar las ayudas económicas en un 35%, superando los 600 euros. A su vez, los municipios -apoyados por el Gobierno- asumen el reto de trabajar en un itinerario individualizado de inserción que contemple el acceso al empleo y la vivienda. Y, por último, las personas se comprometen a llevarlo a cabo, a intentarlo de nuevo para incorporarse definitivamente a la sociedad en la que viven. Pero no de cualquier manera. Con dignidad. Como merecen.
Por tanto, la Ley de Prestación Canaria de Inserción no sólo significa una oportunidad para las familias, sino también para Canarias. Porque reforzando la autoestima de las personas reforzamos la autoestima de este pueblo. El orgullo de pertenecer a un pueblo equilibrado socialmente, con igualdad de oportunidades para todos.
Señorías, este Gobierno ni cierra los ojos ni mira hacia otro lado ante una realidad que nos aleja de esa sociedad justa y equilibrada que estamos buscando; una realidad que nos coloca ante las enormes dificultades -importantes desigualdades- en las que siguen atrapados muchas mujeres y hombres de estas Islas. Hablo, efectivamente, de la pobreza.
No eludo el problema. No paso de puntillas.
Lejos de esto, quiero detenerme en una situación -la que viven decenas de miles de canarios- que nos distancia de la sociedad a la que aspiramos.
Hablemos, pues, de la pobreza. Y, en esa dirección, entiendo que es oportuno hacerlo sin obviar el problema, pero con todo el rigor, la seriedad y la responsabilidad que la situación merece.
Saben, señorías, que en la Unión Europea pobreza significa desigualdad, no ausencia de recursos. Según esta estimación, el umbral de la pobreza Canarias se situaría en 457 euros por persona/mes -que, extrapolando a una familia de cuatro miembros, sería 1.828 euros al mes-.
Hay un dato que no podemos desdeñar: mientras que en el Estado las prestaciones no contributivas representan sólo el 6%, en Canarias llegan al 17%. Varios son los motivos.
En primer lugar, uno de los rasgos de la pobreza está asociado a personas mayores de 60 años -principalmente a las mujeres, ya que sólo el 30% de ellas cobran una pensión de jubilación-.
En segundo lugar, otro rasgo de la pobreza viene definido por personas que estando en edad de trabajar se encuentran inactivas, dándose el caso de que los parámetros de pobreza en Lanzarote, Fuerteventura, los sures turísticos y las áreas metropolitanas -zonas donde el aumento de la población se nota especialmente- hablan en muchos casos de situaciones que tienen que ver con familias venidas de fuera, con menores a su cargo y que han perdido el empleo.
Como ustedes conocen, Canarias se encuentra entre las comunidades con mayor tasa de actividad, pero también entre las comunidades con mayor tasa de paro -consecuencia, esto último, del notable incremento de la población en nuestro Archipiélago-. Mientras que el crecimiento vegetativo de la población prevé un aumento de 7.000 personas al año en Canarias, lo cierto es que 50.000 llegan anualmente a las Islas -el doble de la población de La Gomera-.
Para que se hagan una idea: si España tuviera la misma densidad que Canarias, contaría con una población de 135 millones de habitantes, que haría insostenible cualquier tipo de política presupuestaria.
Pero, además, estas personas llegan, como no puede ser de otra manera, con expectativas laborales. De forma que, cuando éstas se ven frustradas, pasan a engrosar las estadísticas de pobreza. Entre otras cosas, porque muchos no pueden acogerse a las prestaciones sociales porque o no tienen residencia, o llevan menos de tres años.
Señorías, aunque no resulta cómodo retratar estas situaciones apoyándonos en simples cifras -y recordando, por lo tanto, que hablamos de personas con proyectos de vida frustrados- los números nos indican que el perfil de la pobreza en Canarias viene definido como el de una persona, principalmente mujer, mayor de 60 años, el de una familia inmigrante o el de una familia con varios parados.
El Instituto Canario de Estadística establece que el 3% de la población canaria se encuentra en situación de pobreza severa -que no llega siquiera al 50% de la media de ingresos de la población-.
A ellos, sobre todo, se dirigen nuestros esfuerzos. Y se canalizan de varias maneras, entre otras, por la Ley de Prestación Canaria de Inserción. En primer término, cabe recordar que somos de las pocas comunidades que construimos vivienda protegida en alquiler -a lo que se destinan más de 10 millones de euros-. En segundo lugar, fomentando el empleo para la integración de colectivos en exclusión. Y, en tercer lugar, incrementando en un 35% la prestación que ya de por sí financia en un 100% el Gobierno canario.
Por último, me gustaría incidir en la necesidad de implicación de las corporaciones locales para trabajar por el grupo concreto de personas denominadas sin techo, porque éstas no acuden a las instituciones. Precisamente por ello, la cercanía del ayuntamiento al ciudadano lo convierte en el organismo idóneo para canalizar la ayuda. De ahí que este Gobierno financie equipos municipales multidisciplinares, en un 100% para los ayuntamientos con menos de 20.000 habitantes y en un 80% para los de más habitantes.
Señorías, este Gobierno no elude una realidad que nos aleja del siglo XXI, una realidad que habla de decenas de miles de canarios sin oportunidades.
No bajamos la mirada. No agachamos la cabeza. Es nuestra obligación volcarnos con los que menos tienen, y es la obligación de todos -Gobierno y oposición- no caer en la demagogia ni en simplificaciones interesadas cuando tratamos este asunto. La pobreza se combate trabajando, no hablando.
Por eso, el Gobierno evalúa periódicamente las condiciones de vida en las Islas y sus indicadores de pobreza. En este sentido, sepan que Canarias se mueve en los parámetros medios europeos y muy similares a los del resto del Estado.
Pero no nos limitamos a evaluar. Multiplicamos las políticas de empleo -con especial atención a las mujeres-. Nos volcamos en acciones sociosanitarias -tenemos 5.000 plazas, 1.500 en construcción y otras 1.500 programadas junto a los cabildos-. Estamos trabajando con la ley de Inserción. Estamos revisando los planes. Trabajamos y pedimos al Estado que multiplique también sus esfuerzos aumentando las pensiones no contributivas e incrementando las pensiones por viudedad, los recursos para la ley de dependencia y los planes concertados
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