Revista de Medio Ambiente



Ángel Palomares Martínez

Director-Conservador del Parque Nacional de Taburiente




Revista 14 / Año 1999




El arruí en La Palma, breve reseña histórica, problemática y perspectivas




El arruí (Ammotragus lervia) es una especie natural de las montañas saharianas y de la cordillera del Atlas. En 1972 se introdujo una población de unos 15 ejemplares en la isla de La Palma para potenciar la caza mayor. Durante varios años, oficialmente se mantuvo la veda de esta especie, aunque al parecer existió una cierta presión cinegética por medio de la caza furtiva, De hecho si se compara la evolución de la población en La Palma y Sierra Espuña (Murcia), donde se introdujo cierto grupo similar simultáneamente, en este último lugar el crecimiento ha sido mucho mayor.

Tal vez la afición a la caza de las cabras salvajes de La Caldera, que debían ser especímenes cimarrones descendientes de animales pastoreados por los benahoaries, hizo que este deporte se continuase de forma furtiva con el arruí recién llegado.

A principios de los años ochenta, por un lado salió publicada la Ley del Parque Nacional de La Caldera de Taburiente que consagra la conservación de los ecosistemas primigenios. El Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG) que la desarrolla, es más preciso con las actividades prohibidas y permitirlas y la gestión en relación con animales , plantas introducidas. La caza deportiva se prohibe en el Parque y a los arruíes hay que desalojarlos. Al mismo tiempo, la población había crecido lo suficiente, por lo que el ICONA, y con posterioridad la Dirección General de Medio Ambiente del Gobierno de Canarias, empezaron a gestionar la caza mayor de arruí de una forma tímida Se exigía estar en posesión del permiso de armas correspondiente, la licencia de caza y pagar una cantidad del orden de 2.000 pesetas./persona, por día de cacería, en concepto de dietas para la guardería. No se pagaba por el trofeo obtenido.

Esta forma de aprovecha miento favoreció un ligero crecimiento del colectivo de cazadores de la isla de La Palma. El pago de la dieta retraía la afluencia masiva de cazadores al no existir garantía de éxito en cada día de cacería.

A mediados de los ochenta se producen las transferencias en conservación de la naturaleza a Canarias. El Estado por medio del ICONA, era competente en el Parque Nacional de La Caldera de Taburiente y la Consejería de Política Territorial, del resto de la isla.

En 1987, el Parque empieza a estudiar la incidencia de este animal en el recinto, realizando los primeros inventarios en colaboración con los biólogos D. Juan Luís Rodriquez Luengo y D. José Rodríguez Piñero, se recogieron estómagos para análisis de la alimentación.

Desde 1988, la gestión del Parque se dirigió a tratar de controlar el crecimiento de la población, primero con medios propios a través de la guardería, a la que se dotó de dos rifles Remington, luego en colaboración con las fuerzas de seguridad del estado y más tarde contratando a antiguos cabreros que conociesen mejor el territorio. Durante varios años, se abatieron entre 25 y 40 ejemplares, siendo la última batida de control a finales de 1991. A principios de los noventa las competencias en materia de caza en la isla pasan a depender del Excmo. Cabildo Insular de La Palma. Esta Corporación dejó de cobrar las dietas, por tener problemas en la justificación de ese tipo de ingresos, lo que ha provocado un crecimiento imparable en el número de cazadores de caza mayor y en el número de rifles. A finales de los noventa hay casi 500 aficionados a la caza mayor en la isla de La Palma. La labor de control de la población que realizó el Parque, siempre tuvo en contra, como es natural, al colectivo de cazadores, con escritos en prensa, denuncias ante los juzgados y amenazas personales a responsables del Parque y a los contratados para esta misión.

Por otro lado, la presencia del arruí en el Parque es motivo de quejas de la comunidad universitaria y conservacionista ya sea en publicaciones como en las reuniones del Patronato.

Durante 1994, 1995 y 1996 se abatieron aproximadamente cien ejemplares cada año, entro los que morían en la época de caza y los que se controlaban en el Parque.

La población que se estimaba para la isla a principios de los noventa era de unos 200 a 250 ejemplares con tasas de reproducción de un 30%.

Con ese nivel de captura, la población tendría que ir disminuyendo. Por eso, desde entonces la asociación APACA, que ha tornado el control del colectivo de cazadores, busca como fin último que el arruí no desaparezca de La Palma.

El Parque, trató en vano de conseguir que el Cabildo Insular adoptase una postura para la isla similar a la que proponía P.R.U.G., para el Parque, es decir, su erradicación.

Los diferentes responsables del Cabildo, consideraron que no se debía erradicar el arruí, pues en general servía como deporte a un colectivo importante y por otro los daños no eran excesivos en el territorio que ellos gestionaban.

En el Parque Nacional al estar prohibida la caza deportiva y disponer de amplios territorios con comida, agua y refugio, se ha producido el efecto contrario al que proponía el PRUG, es decir se están alojando en el Parque y está sirviendo de criadero para su posterior caza en el exterior o caza furtiva en el interior. La población de arruíes se concentra habitualmente, entre los 400 y 1.500 m de altitud, en lugares donde domina el pinar con sotobosque de arragantes, gacias, tagasastes, algunas zonas rupícolas y otras de ribera. Durante 1998, se realizó un conteo de la población de arruíes en la isla y en especial en el Parque donde se avistaron en unos 20 recorridos, unos 135 animales y la mayor parte entre los barrancos de Verduras de Alfonso y Hoyo Verde.

Es patente la concentración de arruíes en esta área si se observan el aspecto y tamaño de matorrales como tagasastes, gacias, vinagreras, pinos pequeños o sauces. La gestión del arruí en el Parque no puede ser independiente del resto de la isla, a menos que se valle el perímetro. Esta medida tendría tal impacto visual que sería más perjudicial que la presencia de una población baja de arruíes.

Esta cabaña habría que controlarla al igual que ocurre con los otros herbívoros introducidos: cabra, conejo, rata y ratón. Todos estos animales suman una biomasa total, que habrá que controlar. Pero los hábitos alimenticios de esta especie hace que la presión no sea homogénea sobre las plantas del Parque, por lo que el control se tendrá que realizar en función de los datos que se manifiesten en parcelas testigo que se van a instalar.

El arruí, al ser el animal de mayor peso unitario es el que se puede regular con más facilidad, por lo que periódicamente se tendrán que realizar campañas de control de población. Pero esta presión se debe realizar también sobre cada uno de los restantes herbívoros, en especial conejos y cabras.

En 1999 se han iniciado las gestiones para controlar la población de arruíes en La Caldera con ayuda de la asociación APACA Se quiere, por un lado, abatir un número de 30 a 35 ejemplares de las zonas con mayor densidad y realizar batidas periódicas para hostigar a los animales y que busquen refugio fuera del Parque.


Vista parcial de la Caldera de Taburiente
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