Revista de Medio Ambiente



José Manuel Febles García
Pedro Luis Rodríguez Real

Biólogo. GESPLAN.
Economista. GESPLAN.




Revista 4 / Año 1997




Los campos de golf en Canarias

La ampliación de la oferta debería someterse a la elaboración de un Plan Sectorial de Ordenación




El golf es una actividad que ha experimentado un gran auge en los últimos tiempos: según la Federación Canaria de Golf, anualmente surgen 600.000 nuevos practicantes europeos (1). Sin embargo, las condiciones climáticas de sus países de origen limitan la posibilidad de practicar este deporte gran parte del año.

Como consecuencia, se ha detectado una demanda de nuevos campos de golf, volcada especialmente hacia destinos turísticos que, de materializarse, permitiría cubrir parte de las necesidades de esos golfistas que en la actualidad se ven obligados a realizar una "parada estacional".

El Gobierno de Canarias no ha permanecido ajeno a estas tendencias. A través de su Consejería de Turismo y Transportes ha protagonizado diversas actuaciones, campañas publicitarias incluidas, en las que se ha puesto de manifiesto su voluntad de potenciar este segmento turístico. Además, está en marcha una iniciativa para alumbrar la Ley de Campos de Golf de Canarias, instrumento normativo que agilizará sobremanera la implantación de nuevas instalaciones golfísticas en nuestra Comunidad Autónoma.


Aspecto general del campo de golf de Bandama, en Gran Canaria.
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Turismo de golf y turismo de "sol y playa"


Aún a sabiendas de que resulta ampliamente conocido, no nos resistimos a poner nuevamente de manifiesto que el turismo en Canarias gira, casi monopolísticamente, en torno a la denominada "oferta de sol y playa", de la que acostumbramos a oír que no goza de la necesaria calidad. De este modo, si tomamos como indicador sintético de la calidad turística el gasto medio diario "per cápita" tenemos que, según datos del Cabildo Insular de Tenerife, un turista del golf gasta unas 31.000 pesetas al día, cuatro veces más que un visitante convencional de "sol y playa" (2). Este dato, que no es el único que define la calidad turística, aunque sí es de los más importantes, permitiría hablar del golf como una oferta turística de calidad frente al turismo convencional al que nos hemos referido.

Planificar y evaluar la actividad


Por lo tanto, si realmente se abren nuevas oportunidades de diversificación de la actividad turística en Canarias, éstas deberían ser convenientemente aprovechadas. Y cuando utilizamos el término convenientemente no es por casualidad. Según se desprende de un rápido recorrido por las últimas tres décadas de turismo en Canarias, la tónica dominante ha sido su escasa planificación. De hecho, es habitual escuchar que no se ha apostado por una estructura acorde con la capacidad de carga (3) de nuestros territorios insulares, sobre todo, debido a que siempre hemos caído en la tentación de favorecer una fuerte actividad creadora de oferta turística -fundamentalmente inmobiliaria-, cuando se producía cualquier presión más o menos coyuntural de la demanda.

Así, si hemos aprendido la lección (¿?), debe tenerse en cuenta que es imprescindible la planificación global de esta actividad previamente a la ampliación de la actual oferta de campos de golf en Canarias que, no debe olvidarse, está dotada de una gran capacidad de transformación del territorio. Esta planificación podría realizarse, por ejemplo, a través de un Plan Sectorial de Ordenación de los Campos de Golf para Canarias, que debería ir seguida de una adecuada evaluación ambiental con el objetivo de determinar qué número de campos de golf somos capaces de soportar en Canarias y en qué condiciones.

Evidentemente, este esquema de planificación y evaluación estratégica, previo a cualquier ampliación de la actual oferta de campos de golf, ha de estar presidido fundamentalmente por criterios de sustentabilidad de la actividad, y por un enfoque solidario que permita la generación de beneficios, privados y sociales, a corto y a largo plazo.

Plan Sectorial de Ordenación


Consideramos oportuno que el citado Plan entre en consideraciones tales como: qué modificaciones se producirían en el balance contable de los recursos naturales en Canarias con el establecimiento de un mayor número de campos de golf; qué clases de suelo, de las previstas en la Ley del Suelo, deben destinarse prioritariamente para acogerlos; qué cantidades y calidades de agua podemos destinar a esta actividad sin perjudicar otras cuya conservación interesa como atractivo turístico; qué número de puestos de trabajo y de qué tipo se crearán; la ubicación de los campos de golf debería propiciar una mejor distribución de las rentas turísticas entre un mayor numero de municipios, favoreciendo su localización en municipios no turísticos; qué volumen de camas turísticas complementarias a los campos de golf pueden introducirse sin que ello incida en la generación de un exceso de oferta alojativa crónica...

El suelo y el agua


Muchos son los impactos ambientales derivados de la ejecución y funcionamiento de un campo de golf si bien los más significativos son el consumo de considerables cantidades de suelo y agua, dos recursos muy escasos en Canarias.

Empecemos por estimar el consumo que hacen estas instalaciones de dichos recursos, advirtiendo que no se incluye en estas cifras el derivado de las urbanizaciones que acostumbran a desarrollarse junto a los campos de golf. (Cuadro 1).

A partir de estos datos y, a modo de ejemplo, es posible aportar unos órdenes de magnitud del consumo de suelo y agua de los campos de golf operativos (en cursiva) y los previstos a corto plazo, solamente en la isla de Tenerife. (Cuadro 2).

Para poder interpretar adecuadamente las cifras del Cuadro 2, se aportan las siguientes equivalencias:

- Si tenemos en cuenta que un campo de fútbol ocupa una superficie aproximada de una hectárea, los campos de golf ejecutados y los previstos en Tenerife, consumirían el suelo necesario para unos 475 campos de fútbol.

- Por lo que respecta al agua, si aceptamos que el habitante de una ciudad en una isla como las nuestras consume diariamente una media de 250 litros de agua (6), los campos de golf ejecutados y previstos en Tenerife demandarían, si sólo se regasen con agua potable, el mismo consumo diario que demanda una población de unos 63.000 habitantes.


Cuadro 1: Campos de golf: consumo medio de los recursos suelo y agua
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Cuadro 2: Consumo medio de suelo y agua por campos de golf de Tenerife
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Impactos más significativos


Si bien el suelo requerido para la implantación de los campos de golf en Tenerife consumiría una superficie casi desestimable en comparación con la extensión total de la Isla, esta afirmación se relativiza si se tiene en cuenta que los suelos más apreciados para este tipo de instalaciones suelen ser aquellos que ofrecen unas excelentes condiciones orográficas y se sitúan a cotas bajas, precisamente los suelo más útiles y de mayor valor para los usos agrícolas, pero también, para los turístico-residenciales. En esta pugna de usos, es el suelo agrícola el que ha perdido habitualmente sus superficies tradicionales.

La utilización exclusiva de aguas depuradas para regar campos de golf constituye una alternativa que compensaría el impacto derivado del consumo de aguas de calidad. Sin embargo, nos inclinamos a pensar que, si bien a corto plazo puede ser una alternativa válida y viable, parece poco probable que lo sea a medio plazo de un modo generalizado. Su uso comporta no pocos inconvenientes, fundamentalmente los relacionados con los altos costes de inversión y mantenimiento de las instalaciones depuradoras y/o desaladoras, sin olvidar la salinización de los suelos y los riesgos de aparición de vectores infecciosos.

A ello se suma que el sector turístico puede competir en los mercados del agua con ciertas ventajas, lo que repercutiría en una inflación de los precios del agua. Si tenemos en cuenta que los precios actúan como un mecanismo asignador de recursos, resulta que el sector turístico puede detraer aguas de calidad de unos sectores (p.e. la agricultura) y asignarla a otros (p.e. campos de golf). En definitiva, siguiendo esta lógica del mercado, el agua irá, sencillamente, a aquel que mejor la pague.

Conclusión


El debate sobre turismo y sustentabilidad no ha encontrado todavía un espacio común de pacífica y necesaria convivencia, y los campos de golf no pueden quedar excluidos de este debate, de marcado carácter territorial y ambiental. De hecho, los dos aspectos claves que se han querido plasmar como aportaciones para este debate son:

- El consumo de suelo y agua, dos recursos tan importantes como escasos en Canarias, pueden convertirse en un impacto muy significativo de no planificarse y evaluarse globalmente la implantación de nuevos campos de golf en Canarias.

- Evidentemente, los órdenes de magnitud estimados para la isla de Tenerife sobre el consumo de estos recursos, son una invitación a la reflexión sobre cómo, cuándo y dónde se deberían implantar las instalaciones golfísticas que se proponen, sobre todo, si se tiene en cuenta su elevado poder transformador.


(1) Diario La Provincia, 17 de agosto de 1996.

(2) El Día, 9 de junio de 1996.

(3) Por capacidad de carga de un territorio se entenderá la posibilidad de un territorio para acoger y soportar un nivel o intensidad de uso determinado sin que ello suponga una amenaza para mantener en un futuro la dotación y/o la calidad de sus recursos ambientales.

(4) "Guía Metodológica para la realización de Estudios de Impacto de campos de golf en Canarias". Viceconsejería de Medio Ambiente del Gobierno de Canarias, 1995.

(5) Selección de campos de golf a partir de las "Propuestas de campos de golf presentadas en la Consejería de Turismo en 1993", El Día, 9 de junio de 1996. Datos medios obtenidos a partir de la "Guía Metodológica para la realización de Estudios de Impacto de campos de golf en Canarias". Viceconsejería de Medio Ambiente del Gobierno de Canarias, 1995.

(6) "Ecología, Medio Ambiente y desarrollo turístico en Canarias", Machado Carrillo, A. Consejería de Presidencia del Gobierno de Canarias 1990.