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Programa
Canario para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, 2002-2006
El compromiso del Gobierno de Canarias con el desarrollo
de una sociedad democrática, libre, justa, igualitaria y solidaria
se concreta en la planificación y ejecución de políticas
públicas que previenen o intervienen sobre todas aquellas situaciones
y condiciones que impiden el pleno ejercicio de los derechos fundamentales
por las mujeres, su acceso y disfrute del Estado Social y Democrático
de Derecho y de una digna calidad de vida.
En ese sentido, el documento que en estos momentos tiene
entre sus manos, el Programa Canario para Prevenir y Erradicar la Violencia
contra las Mujeres (2002-2006), parte del convencimiento por parte del
Gobierno de Canarias de que la violencia contra las mujeres, en sus múltiples
formas, es hoy y en nuestro territorio una terrible lacra social cuya
dimensión real prácticamente desconocemos y que debilita
los pilares básicos de nuestro sistema político social.
La violencia de género es una realidad dramáticamente compartida
por mujeres de todas las islas, de las más diversas edades y situaciones
socioeconómicas y culturales. Se trata de un problema social de
gran envergadura, que no entiende de fronteras y que nos afecta a todas
y a todos.
La decisión de elaborar y aprobar este documento,
por tanto, surge de la convicción firme del Gobierno de Canarias
de la necesidad de priorizar la lucha contra la violencia de género
en los programas políticos y en la ejecución de las competencias
de sus departamentos. Esta violencia, de carácter estructural,
responde a creencias profundamente discriminatorias y sexistas que atentan
contra los derechos humanos universales y las libertades fundamentales.
La defensa del derecho a la vida y a la integridad física y psíquica
es una responsabilidad que los poderes públicos debemos asumir
con la máxima eficacia, y, para ello, se considera imprescindible
la planificación y ejecución de políticas públicas
específicas que, de manera coordinada entre las diferentes instituciones,
respondan a la complejidad del fenómeno en nuestra comunidad y
territorio.
El Programa Canario para Prevenir y Erradicar la Violencia
contra las Mujeres tiene como objetivo desarrollar las directrices que
orienten la respuesta de las instituciones a todas las manifestaciones
del fenómeno de la violencia de género en Canarias en los
próximos cinco años, y sentar las bases para las decisiones
políticas y sociales que se tomen a este respecto. En este sentido,
no sólo pretende crear, dotar adecuadamente y consolidar los mecanismos
de asistencia y abordaje de un fenómeno que ya existe, sino desarrollar
estrategias preventivas para la modificación de las estructuras
y creencias que sostienen y legitiman la violencia de género en
nuestra Comunidad Autónoma. La complejidad de este fenómeno
requiere soluciones que no se limiten a paliar las consecuencias sino
que aborden las causas y lo que subyace a los actos de violencia, es decir,
el modelo dominante que impone la subordinación de las mujeres
a los hombres y perpetúa la discriminación de aquéllas.
Si nuestros esquemas de pensamiento tuvieran interiorizada la concepción
de las mujeres como iguales, se habría dado el primer paso para
la erradicación de la violencia de género.
Es por ello por lo que este Programa no sólo pretende
prevenir y erradicar la violencia que se ejerce contra las mujeres en
el ámbito doméstico (física, psíquica, sexual,
económica) o las agresiones sexuales, sino que, realizando un esfuerzo
de identificación y definición, aborda otras formas de violencia
de género, no identificadas o tradicionalmente más desconocidas.
La concepción de abordaje integral de la violencia de género
es uno de los principios rectores de este documento, así como el
de ofrecer un modelo de referencia para la atención a las mujeres
víctimas de violencia en nuestra Comunidad Autónoma.
Conforme a todo lo expuesto, la estructura de este documento
incluye un estado de la cuestión cuantitativo (denuncias; consultas
y demandas de asistencia de los servicios públicos; activaciones
de servicios de emergencia) y cualitativo (percepción de las y
los profesionales de los sistemas públicos -Sanidad, Educación,
Justicia, Servicios Sociales- y de mujeres víctimas) acerca de
la situación visible de la violencia de género en Canarias.
Asimismo, se describe el contexto normativo y declarativo que ampara las
políticas de intervención en esta materia, el marco conceptual
de referencia a lo largo de todo el documento y el marco competencial
que vincula al sector de los servicios sociales.
En su estructura se ha optado por la organización
de las medidas de intervención conforme a cinco proyectos transversales,
relativos a los distintos aspectos de la acción pública
en relación con la violencia de género: concienciación
social; sistemas de registro y documentación; creación de
servicios estables; estrategias de prevención y estructuras de
coordinación, y a otros trece proyectos específicos en función
de los diferentes tipos de violencia identificados en el Programa: violencia
en el ámbito doméstico (que incluye cualquiera de ellas);
agresión sexual; acoso sexual; acoso moral; hostigamiento en los
espacios públicos; tráfico de mujeres; mutilación
genital femenina; violencia contra los derechos sexuales y reproductivos;
violencia derivada de conflictos armados; violencia a través del
uso del lenguaje sexista, los productos culturales, los medios de comunicación
y las nuevas tecnologías; violencia económica y violencia
ritual y religiosa.
Es importante señalar que, no siendo equiparable
la preocupación de la sociedad por las diferentes manifestaciones
de la violencia de género, sí es cierto que la demanda social
de intervención institucional se ha acrecentado enormemente en
los últimos tiempos gracias a la labor sensibilizadora que tanto
desde los organismos de igualdad como desde los colectivos de mujeres
y otros foros de la iniciativa social, comunitaria y universitaria, y
desde los medios de comunicación, se ha llevado a cabo.
Desde el mandato Constitucional recogido en el artículo
9.2, hasta las diversas directivas, resoluciones y recomendaciones de
la Unión Europea, pasando por los acuerdos de las conferencias
mundiales de la mujer y otros instrumentos promovidos por Naciones Unidas,
se ha dejado clara la responsabilidad de los poderes públicos en
la lucha contra cualquier forma de discriminación contra las mujeres,
y, en el caso que nos ocupa, específicamente, contra la violencia
de género. Por ello, las instituciones públicas han de desarrollar
políticas y planes operativos, con financiación adecuada,
destinados a prevenir y erradicar la violencia de género. Han de
cuidar el trato que se da a las víctimas de la violencia de género
desde instituciones que, por principio, tienen que velar por los derechos
de las mujeres y han de garantizar que el sistema responda adecuadamente
ante estas situaciones, especialmente estableciendo los mecanismos para
que los que las perpetran no queden impunes.
No obstante, la idea de que la violencia contra las mujeres,
especialmente la ejercida en el ámbito doméstico, es un
asunto privado ha legitimado la tolerancia y el escaso rechazo social
que estos hechos provocan. Por otro lado, la percepción de los
hombres de no ser agresores (“eso sólo lo hacen unos pocos
psicópatas”) y de las mujeres de no ser maltratadas (“eso
no me puede pasar a mí”) limita la solidaridad intragenérica
y condiciona la postura de apoyo de la sociedad en general, tanto de hombres
como de mujeres, que no perciben el problema como una lacra social, ni
como una violación de derechos humanos, ni como un terrorismo encubierto.
Las normas de esta cultura “absentista” propician y toleran
la violencia de género, y es importante articular estrategias que
comprometan a la sociedad y especialmente a los hombres a romper el silencio
cómplice y a colaborar activamente en la lucha contra la violencia.
Tolerar o ignorar la violencia contra las mujeres, permanecer impasibles
ante ella y permitir que se siga produciendo puede llegar a ser otra forma
de violencia.
En este sentido, conviene indicar que no es este programa
ni la primera iniciativa ni el primer documento del Gobierno de Canarias
que recoge acciones específicas contra la violencia de género.
Tanto el primer Plan Canario de Igualdad de Oportunidades de las Mujeres
(1995-1996), como el segundo, 1997-2001, y el tercero (2002-2006), actualmente
en proceso de elaboración para la elevación a Consejo de
Gobierno, incluyen medidas relativas a la prevención, atención
a las mujeres víctimas y erradicación de la violencia de
género.
Por último, es necesario indicar que el Programa
Canario para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (2002-2006)
es el resultado de un largo proceso participativo de análisis,
diagnóstico, reflexión y consulta realizado a través
de entrevistas en profundidad, encuestas o grupos de discusión,
en el que han intervenido numerosas personas de muy distintos ámbitos.
Para diseñar correctamente los proyectos que en él se contienen,
se consideró imprescindible integrar en su elaboración a
todos los agentes sociales que, de una manera u otra, se hallan implicados
en esta lucha: las asociaciones de mujeres, el personal técnico
responsable de los recursos de atención y acogida a las mujeres
víctimas de violencia de género, las secretarías
o áreas de la mujer de los sindicatos, personas expertas de muy
diferentes ámbitos (educativo, judicial, sanitario, laboral...),
las y los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, las
y los responsables políticos autonómicos, insulares y municipales
competentes y/o interesados en la materia, y, por supuesto, y de manera
prioritaria, las propias mujeres que sufren o han sufrido violencia de
género. Su percepción de los recursos existentes, de las
campañas realizadas, de las dificultades vividas en su camino de
denuncia y salida de la situación de violencia, nos parece fundamental
para la concepción de este programa. Desde aquí, expresamos
nuestro más sincero agradecimiento y felicitación por su
esfuerzo y la calidad y el rigor de las aportaciones realizadas. Sin todas
y todos ustedes este documento no sería lo que hoy podemos presentarles.
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