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El TDAH es un trastorno neurobiológico que se manifiesta en dificultades de autorregulación en tres aspectos concretos: la capacidad para mantener la atención; el control de la impulsividad y el grado de actividad. El déficit de atención se manifiesta en que el alumno o alumna se aburre con frecuencia y se distrae con facilidad. Otra característica típica del TDAH es la impulsividad, los escolares con TDAH son impacientes, interrumpen en ocasiones en las que no es adecuado, les cuesta pararse y pensar en las consecuencias de sus acciones, y no tienden a planificar sus actos futuros. El tercer rasgo distintivo es la hiperactividad. Parecen incansables y nunca se están quietos. Les cuesta mucho estar sentados, y cuando lo consiguen no dejan de mover las piernas, tocar todo lo que está a su alcance, dar golpecitos con los dedos y con los pies. Todos estos síntomas suelen provocar malestar a su alrededor, especialmente entre aquellos adultos que consideran erróneamente que se trata de una manifestación de mala educación.
Estas manifestaciones se detectan con claridad a partir de los seis años, aunque en ocasiones antes de esa edad. Repercute negativamente en el desarrollo cognitivo, personal y social e interfieren de manera muy significativa en los aprendizajes escolares desde el primer momento, así como en la integración y equilibrio socio-personal del individuo (Miranda, Amado y Jarque, 2001). [continúa...] |