Es históricamente cierto que cuando la llamada revolución científica moderna culminaba con Newton, tampoco la población conocía de qué trataba, ni calibraba los profundos cambios que ésta suponía y que produciría en el futuro; pero también lo es que a partir del siglo XVIII, en que se diseña lo que serán los futuros Estados de Derecho, apareció asociada la necesidad de educar e ilustrar a la ciudadanía, fomentando el desarrollo de su racionalidad, de modo que hubiese una comprensión mayor y más generalizada de los saberes que hacían posible este nuevo proyecto social.
Es en este proyecto ilustrado donde aún nos encontramos y donde detectamos una quiebra creciente de comprensión, debida a innumerables factores, que llega incluso a la autopercepción de que no hace falta comprender, ni estudiar, ni intervenir como seres cívicos en cuestión alguna. Y que ahonda el abismo entre la ciudadanía -fundamentalmente aquella joven que está formándose para pasar a ser miembros de pleno derecho de la misma- y los mecanismos que gobiernan la marcha diaria de la vida social, sea en el ámbito político, económico, estético, o el que más nos interesa, en el del desarrollo científico.
Es con el propósito de colaborar en el rompimiento de esta quiebra que nos hemos propuesto intervenir en la enseñanza secundaria con proyectos que acerquen la ciencia y su historia a los jóvenes, y es en este marco que presentamos esta nueva iniciativa de Einstein en la escuela.