La
Edad Media se considera como un intervalo de tiempo entre el antiguo
y nuevo mundo, distinguiendo en ella dos fases:
- El fin del Imperio Romano fue seguido inmediatamente por una
edad oscura en la que la cultura, tuvo escasos cultivadores.
- Los primeros padres de la Iglesia se dedicaron a la Teología
y su actitud ante la iglesia fue de suspicacia, cuando no de abierto
rechazo. Incluso San Francisco de Asís tuvo palabras de condena
para la sed de conocimiento de sus hermanos: "Hay muchos
hermanos que se esfuerzan en adquirir conocimientos... esos hermanos
a los que la curiosidad lleva a la ciencia, encontrarán el día
del juicio, que sus manos están vacías".
La iglesia medieval, como heredera del Imperio Romano, no encontró
nada condenable en esta cartografía. Está comprobado que estos
mapamundis
proceden de un modelo romano en el que se reflejan las conquistas
del imperio, el famoso mapa de Hereford así parece
indicarlo por sus inscripciones relativas a épocas y mapas romanos.
Estos mapamundis, en sus orígenes medievales, servían más para
instruir a los fieles en los acontecimientos de la historia bíblica
y cristiana que como representación real del mundo; son reflejo
de las ideas del medievo, no suelen tener escala y su representación
de la tierra es muy simplificada y adopta formas geométricas circulares,
ovales o en forma de almendra. Mapas de estas características
se pueden encontrar también en la cultura árabe y en la del sur
y este de Asia.
Los mapamundis están muy ligados a los monasterios y aparecen
ilustrando fundamentalmente manuscritos religiosos. Estos mapas
se utilizaban tanto para ilustrar una exégesis (interpretación
de la Biblia), un comentario de los Salmos, un peregrinaje
a Jerusalén como ilustración de un tratado. En su mayoría estos
mapas eran pequeños y esquemáticos y con el paso del tiempo comenzaron
a ser más ricos en contenidos y de mayor tamaño hasta llegar a
tener tres metros y medio de diámetro.
De los aproximadamente mil cien mapamundis que han llegado hasta
nosotros, alrededor de novecientos se encuentran incluidos en
manuscritos. La importancia de estos mapas en el texto fue creciendo
y en los siglos XIV y XV aparecen en la primera o segunda página
del códice. Los primeros mapamundis que conocemos debieron ser
dibujados siguiendo indicaciones escritas u orales, generalmente
las leyendas que llevan estos mapas están en latín, aunque los
topónimos locales están escritos a menudo en el dialecto del lugar.
Podemos establecer una diferencia entre mapamundi y planisferio,
la ausencia de medidas y coordenadas del primero contrasta con
la depurada técnica de construcción del segundo. Todos los mapas
eran denominados incluso las Cartas portulanas, cuando
se hacía alusión a un tratado de cosmografía se denominaba Imago
Mundi.
Características generales de
los mapamundi
En los mapamundis el simbolismo y el realismo conviven, predominando
uno u otro según sea el mapa. Estos aparecen tanto dibujados como
escritos con explicaciones religiosas o locales y también con
leyendas, por lo que algunos medievalistas han opinado que el
mapamundi es una crónica histórica pintada en ves de escrita,
y que no tiene que ver mucho con la topografía y la cartografía.
El origen didáctico que tenían los mapamundis en el Imperio Romano
para mostrar las conquistas y las posesiones militares, se va
transmutando en una concepción teocrática medieval y así la Tierra
aparece dividida en tres partes, habitada cada una de ellas por
los descendientes de uno de los tres hijos de Noé. Estas
partes serían, Europa, donde se asentaron los descendientes de
Jafet, Asia, adonde se dirigieron los de Sem,
y África, donde emigraron los de Cam. Ejemplo de esta
progresiva sacralización lo podemos encontrar en el mapa mundi
de Ebstorf, donde la cabeza, manos y pies de Jesucristo
señalan los puntos cardinales, y en su propio cuerpo está dibujado
el mapa. Otros mapamundis están sostenidos por las manos de Cristo,
considerado como Salvador del Mundo o como Dios Padre creador
del mismo.
La técnica para construir estos mapamundis era igual que la utilizada
para la iluminación de manuscritos en la Edad Media, pues ya hemos
constatado que los autores son los mismos y sus métodos idénticos.
Se conservan algunos tratados sobre las técnicas de reproducción
y así podemos comprobar que estos mapas participan de convenciones
heredadas de los romanos, como son el uso del azul y el verde
para dibujar los mares, el mar rojo siempre en ese color, las
ciudades representadas por grupos de edificios, las montañas por
cadenas, curvas o de forma pictográfica y las selvas, a menudo
coloreadas de verde por grupos de árboles.
Según su forma se pueden dividir en cuatro tipos: 
1.- El tripartito: es el llamado mapa en T-O, de influencia
claramente romana, que muestra un disco circular rodeado de agua,
con Asia ocupando la mitad superior y Europa y África en los cuadrantes
inferiores; la línea horizontal que separa Asia de las otras dos
partes del mundo está formada por el Don, el mar Azov,
el mar Negro, el Mármara, el Egeo y
el río Nilo. Este modelo de mapas es el más común.
2.- El tipo zonal: muestra las cinco zonas o climas en
que está dividida la Tierra. La zona Tropical, a su vez, aparece
dividida por el río Océano en Norte y Sur. Esta clase de mapamundi
es más rara de encontrar en la cartografía de origen cristiano
por la discrepancia que mantenía la Iglesia con la existencia
de las Antípodas.
3.- Tipo cuatripartito:
muestra el mundo dividido en tres partes en el hemisferio norte
y un cuarto continente en el hemisferio sur, a menudo habitado
por los antípodas y otras veces deshabitado. De este tipo solamente
nos ha llegado alguna copia.
4.- Transicionales:
serían una transición entre las Cartas Portulanas y el mapamundi.
Características de las Cartas Portulanas
Es una opinión generalizada que la Edad Media fue un largo
milenio caracterizado por la ignorancia y el desorden entre dos
periodos de avanzada civilización y creemos que con la aparición
de la carta portulana en el siglo XIV se inicia el amanecer de
la cartografía científica. Fue a principios de este siglo cuando
los mapas adquirieron un carácter marítimo-práctico, pues su objetivo
principal era servir a la navegación. Por esta razón sólo se representaba
el litoral costero con algún detalle del interior, como ríos y
montes que pudieran servir como referencia a los navegantes, que
no perdían nunca de vista la costa en sus viajes.
Las cartas así llamadas carecían de coordenadas geográficas, pero
tenían una red de rectas direccionales o rumbos que formaban una
tela de araña, resultante de prolongar los rumbos de una rosa
de los vientos central, los cuales se entrecruzaban con los de
otras rosas dispuestas alrededor de la principal. Parece que estas
rosas se colocaban en los lugares donde había que cambiar de rumbo
de las derrotas más frecuentes, pero generalmente se pueden encontrar
con sus centros situados según una circunferencia equidistante
en la carta y en número de dieciséis. La flor de lis con la que
suelen representar el norte se documenta a partir del siglo
XVI.
Estas cartas así trazadas con la ayuda de la brújula, dada a conocer
por los árabes, permitían a los navegantes determinar sus derrotas.
El método de obtener el rumbo por la brújula y la distancia por
la velocidad de la nave se llama Navegación de Estima.
Los centros en los que aparecen por primera vez estas cartas portulanas
son Génova, Palma de Mallorca y Venecia.
Las características de las cartas portulanas catalo-mallorquinas
son las siguientes: -toponimia en catalán, más abundante en el
Mediterráneo y en la Península Ibérica; - leyenda con informaciones
útiles para el comercio; - los Alpes en forma de parta de ave;
- el río Tajo en forma de bastón rodeando Toledo; - decoraciones
religiosas en la parte izquierda del pergamino.
El arte de navegar y la cartografía portuguesa
En esta época el arte de la navegación se había desarrollado
eficazmente en el Mediterráneo con la ayuda del compás y la toleta
de Mateiolo, pero en la navegación por el Atlántico se pudo comprobar
que este método de navegación no era el apropiado para un mar
abierto y desconocido, donde resulta absolutamente necesario navegar
largas distancias y prolongados períodos de tiempo sin avistar
la costa.
Todo el desarrollo científico y tecnológico portugués del siglo
XVI tiene sus raíces en los viajes marítimos realizados por el
Atlántico en el siglo XV. A mediados del siglo XV los navegantes
comienzan a observar las corrientes marinas y los diversos regímenes
de vientos, primeros pasos hacia el conocimiento de la geofísica
de las grandes masas oceánicas; también se perfecciona y progresa
la técnica de la construcción naval. El arte de navegar se va
acercando lentamente al ideal de una práctica cada vez más segura.
Las ideas geográficas de Ptolomeo empezaron a ser revisadas para
ajustarse a informaciones más recientes y dignas de crédito, proporcionadas
por los navegantes que había estado en los lugares que describían.
El viaje de ida a lo largo de la costa occidental africana no
ofrecía mayores dificultades; en cambio el de vuelta se veía
a menudo estorbado y retardado por los vientos y las
corrientes que obstaculizaban y a veces impedían el regreso. Los
esfuerzos realizados para dominar tales agentes físicos tuvieron
por lo menos tres consecuencias importantes: 1.- Se pensó que
un derrotero con sucesivos cambios de bordo (navegación de bolina)
bastaría para vencer los vientos de cuadrantes que soplaban de
proa; 2.- Se consideró indispensable construir un tipo de navío
que por sus características estructurales se adaptase mejor a
esta forma de navegación por lo que da lugar a diferentes tipos
de carabelas; 3.- Los navegantes comprendieron que para llegar
más rápidamente al puerto de destino había que elegir una derrota
alternativa por alta mar que evitase los elementos físicos adversos.
En una primera fase se resolvió este problema recurriendo a las
observaciones de alturas meridianas de astros como la estrella
polar, el sol y otros y comparando estas coordenadas celestes,
tomadas con cuadrantes o astrolabios, con las alturas que en el
mismo astro en su tránsito meridiano alcanzaba en Lisboa
o en cualquier otro lugar de referencia. Aunque ya se conocía
desde antiguo la manera de establecer las coordenadas geográficas
por observación de los astros, este método adaptado a la navegación
vino a servir para determinar las latitudes a bordo de las naves,
y fue una innovación de gran importancia en la historia de la
náutica. De la comparación de las alturas de los astros se pasó
en poco tiempo a la determinación de latitudes por medio de la
observación de las estrellas y del sol. A partir del siglo XVI
los marinos estaban también empeñados en determinar la longitud
en el mar, ya que la conjunción de la latitud y la longitud hacía
posible marcar el grado y fijar con exactitud la posición de la
nave, pero esta última coordenada no se descubrió hasta el siglo
XVIII.
Ligia Sosa