Medición histórica
del Teide
El Teide,
el pico más alto de Canarias, es un volcán de tamaño medio; en
los Alpes o en el mismo Atlas existen montañas más altas. Sin
embargo, los marinos y viajeros que navegaron por las islas entre
los siglos XV y XVIII, y que podían ver el pico desde 40 leguas,
extendieron en Europa la idea de que podría ser la montaña más
alta del mundo conocido. En aquellos tiempos la curiosidad no
bastaba para organizar una costosa expedición que desvelara su
altura, sin embargo durante el siglo XVIII, por motivos políticos
y cartográficos, Francia organizó varias expediciones científicas
a Canarias que culminaron con la determinación de la altura del
Teide y la confección del primer mapa preciso de Canarias. ¿Cuáles
fueron esos intereses políticos y cartográficos? ¿Quiénes fueron
las personas que hicieron el trabajo? ¿Qué instrumentos y métodos
emplearon?

De las Islas Afortunadas a
Greenwich, el baile de los meridianos.
Comencemos con un poco de Geografía. La latitud de un
lugar es su distancia al ecuador medida en grados; Canarias 28º,
Madrid unos 40º, el polo norte 90º y el ecuador 0º. O sea que
la latitud nos dice cuánto subimos hacia el norte. Igualmente,
la longitud nos dice cuánto que nos vamos hacia el este,
¿pero, al este de qué? Puesto que no hay una línea natural que
vaya de polo a polo, es necesario que acordemos un primer
meridiano de referencia. Ptolomeo, el gran geógrafo griego
de la Antigüedad (siglo II), lo estableció en los confines del
mundo conocido, en las Islas Afortunadas. Esta tradición
se mantuvo en Europa hasta la época de los descubrimientos, cuando
intereses políticos y técnicos hicieron que cada país decidiera
qué meridiano origen emplear en sus mapas. Había comenzado el
baile de meridianos.
Los cartógrafos holandeses en el XVII optaron por el meridiano
del Teide; en el XVIII, la cartografía astronómica hizo que los
meridianos de referencia se estableciesen en los observatorios:
Greenwich, París, Cádiz. Llegó a haber más de 15 meridianos en
las distintas cartografías; Rusia lo puso en San Petersburgo y
Estados Unidos en Philadelphia. La guerra de meridianos finalizó
en 1884 con un congreso celebrado en Washington en el que la mayoría
de los países asistentes acordaron establecer un único meridiano
de referencia, el de Greenwich. ¿Por qué Greenwich? Esta
vez fueron razones prácticas y técnicas. Allí se hacían las mejores
cartas astronómicas para predecir los cielos, y la mayoría de
los marinos llevaba tiempo utilizándolas para orientarse en sus
viajes.
1634: Francia y el meridiano
del Hierro
La historia del meridiano de las Islas Afortunadas habría quedado
relegada a la Antigüedad si no hubiera sido por los planes del
cardenal Richelieu, quien en 1634 reunió en París
a eminentes matemáticos y astrónomos europeos para establecer
un primer meridiano que aceptasen todas las naciones. Se decidió
respetar la tradición y elegir el antiguo meridiano de Ptolomeo,
el de las Islas Afortunadas. Esta elección, que establecía un
fundamento geográfico para la cartografía de la poderosa Francia
del XVII, también pretendía organizar la piratería; en el decreto
de Louis XIII, que establecía el meridiano de El Hierro,
leemos "los barcos franceses no atacarán a los barcos
españoles y portugueses en las aguas que estén al este del Primer
Meridiano y al norte del Trópico de Cáncer", lo que
implicaba la libre piratería de los corsarios franceses fuera
de dicha zona. El decreto también incluía la prohibición de utilizar,
en los mapas franceses, otro meridiano que no fuese "el
antiguo que pasa al oeste de las Islas Canarias". Pero...
¿dónde estaba exactamente ese meridiano que pasaba por la parte
más occidental de la isla del Hierro?, esto es, ¿a cuántos grados
del Hierro se encontraba París?
1724: La Academia de Ciencias
de París envía a Feuillée al Hierro
La creación en 1666 de la Academia de Ciencias de París dio un
gran impulso a la cartografía científica, es decir, a la creación
de mapas con puntos fiables obtenidos por métodos matemáticos
y astronómicos. Cassini, su primer director, construyó un mapa
circular para ir fijando en él todos los puntos geográficos fiables.
El radio principal de ese mapa representaba el meridiano del Hierro,
y todas las longitudes tendrían que referirse a él. Pero aún no
sabían bien a cuántos grados del Hierro se encontraba París por
lo que era urgente enviar a un astrónomo a Canarias para zanjar
de una vez el problema. Sin embargo Cassini murió y hubo que esperar
hasta 1724 para que, aprovechando un momento de buenas
relaciones entre España y Francia, la Academia pudiese por fin
enviar a Canarias un astrónomo que fijase el primer meridiano,
noventa años después del decreto de Louis XIII.
La misión fue encomendada a Louis Feuillée, padre mínimo,
quien poseía una gran experiencia como
botánico, viajero y astrónomo en diversas expediciones a América
y al Mediterráneo oriental. Feuillée obtuvo las longitudes y latitudes
de Cádiz, La Laguna, La Orotava, el Teide y la ciudad del Hierro
(Valverde). La latitud de una ciudad es fácil de calcular; basta
observar el ángulo con el que se eleva la Estrella Polar sobre
el horizonte: desde Canarias vemos la Polar a 28º, desde Madrid
a unos 40º y desde el Polo Norte a 90º.
Las longitudes se calculaban del siguiente modo. Imaginemos a
Feuillée en La Laguna, por la noche, observando el cielo estrellado
y, esa misma noche, a Cassini (hijo) en el Observatorio de París,
observando también el mismo cielo. Cada uno tiene a su lado un
reloj que habían ajustado las 12 del mediodía cuando el sol pasó
por encima de cada ciudad, de manera que los dos relojes dan una
hora fiable pero distinta, porque el sol pasó primero por encima
de París ( y Cassini puso su reloj a las 12), y luego, pongamos
1 hora y 20 min más tarde, por encima de La Laguna ( y Feuillée
puso el suyo a las 12). Si esa noche pudiesen hablar por teléfono,
Cassini le diría "oye, tu reloj va 1 hora y 20 min. retrasado
respecto al mío", y el problema de la longitud ya estaría
resuelto porque sabrían que la diferencia de longitud entre París
y La Laguna es de una hora y veinte minutos. Pero como no tenían
teléfono lo que hacían era observar en el cielo algún acontecimiento,
como un eclipse, y tomar buena nota de la hora en que lo habían
visto. Luego, semanas más tarde cuando se encontrasen, podrían
comparar las horas en que habían visto el eclipse y así saber
que lo habían observado con una hora y veinte minutos de diferencia.
Sin embargo los eclipses de Luna sólo ocurren ocasionalmente por
lo que utilizaban las ocultaciones y apariciones de los satélites
de Júpiter que podemos ver cada noche.
1724: Feuillée mide el Teide,
4.313 m
En su viaje a Tenerife, además de las observaciones mencionadas,
Feuillée midió el Teide desde la playa del Puerto de la Cruz con
un sólo triángulo, y obtuvo una altura errónea de 4.313
m. Probablemente la base del triángulo no estuviera bien nivelada,
además de ser demasiado pequeña. Luego, viajando de noche para
evitar a los corsarios, pasó por La Palma y fue al Hierro para
realizar las observaciones astronómicas que necesitaba para situar
el primer meridiano, con tan mala suerte que durante su estancia
siempre estuvo nublado. Como no pudo observar los cielos, decidió
situar la Isla del Hierro en relación al Teide que sí podía ver
a pesar de las nubes, y cuya altura conocía. De este modo su determinación
del meridiano dependía de la altura que había obtenido del Teide.
El informe que Feuillée realizó a su regreso nunca fue publicado
completo. En 1446 La Caille publicaría un extracto del viaje añadiendo
una fuerte crítica al método y a los datos de la medición, que
ponía de manifiesto las dudas de la Academia sobre la altura del
Teide y, consecuentemente, sobre la longitud del Hierro.
1776: Borda borda el Teide:
3.713 m
Hubo de pasar medio siglo desde el viaje de Feuillée para que
París volviese a enviar a otro científico, Jean Charles de Borda,
quien, después de un primer intento fallido en 1771, conseguiría
realizar, por fin en 1776, la primera triangulación precisa
y fiable del Teide: 3.713 m de altura. Haciendo un juego de palabras
en español, podríamos decir que fue Borda el primero que "bordó"
el Teide. Su triangulación, la buena, la segunda, se hizo poniendo
la base en la ermita de La Paz en el Puerto de la Cruz, y luego
cerrando cada vez triángulos más grandes: La Montaña del Puerto
(cerca del actual Taoro), el jardín de Franqui en la Orotava y,
finalmente, el Pico del Teide. La medición resultó altamente fiable,
tanto por los finos instrumentos con que obtuvieron los ángulos
como por la medición de la base que se realizó con cadenas por
dos equipos independientes.
Las mediciones del Teide durante
el XVIII
Las mediciones de Borda y Feuillée, junto a otras realizadas en
el siglo XVIII, aparecen comentadas en el capítulo tercero del
"Viaje a las Islas Canarias" de Alexander von Humboldt
(1799). En su relación podemos apreciar lo difícil que era medir
en aquellos tiempos el Teide, sin más que observar el siguiente
baile de cifras: geométricas hechas en tierra: Feuillée
(en 1724) 4.313 m; Hebersden y Crosse (en 1752) 4.693 m; Hernández
(en 1742) 5.180 m; Borda y Pingré (en 1771) 3.315 m; Borda (en
1776) 3.713 m. - geométricas hechas a vela: Mannevilette
(en 1749) 3.898 m; Borda y Pingré (en 1771) 3.315m; Churruca (en
1788) 4.278 m. - barométricas calculadas según la fórmula
del Sr. La Place: Feuillée y Verguin (en 1724) 3.947 m; Borda
(en 1776) 3.851 m; Lamanon (en 1785) 3.707 m; Cordier (en 1803)
3.742 m.
Aunque aquí hemos puesto siempre metros, el metro aún no había
nacido. La unidad con la que trabajaban era la toesa francesa
que mide casi dos metros: 10 m = 5,1307 toesas francesas (Hütte,
Manual del ingeniero). 
Las mediciones a vela se realizaban desde un barco con
un sextante. Se tomaba desde el barco el ángulo con el que se
veía la montaña y su dirección, y a partir de ese momento se contaba
el tiempo que transcurría hasta el momento de hacer una nueva
medición del ángulo de la montaña. Este tiempo, junto con la velocidad
del barco, permitía obtener la distancia recorrida entre las dos
mediciones. La cual, añadida luego a los ángulos, permitía triangular
la montaña. El método era muy impreciso porque la velocidad del
barco era inestable y, además, porque era difícil tomar buenos
ángulos desde un barco en movimiento.
Las mediciones barométricas eran muy sencillas de realizar
pues sólo requerían un barómetro de mercurio y un poco de suerte
para que no se rompiera en la dura ascensión al Pico sobre el
lomo de las mulas. Ya hacía más de un siglo que era sabido que
a medida que se sube una montaña disminuye la presión atmosférica
y, por lo tanto, baja la columna de mercurio. Sin embargo, este
sencillo método también era impreciso pues la presión atmosférica
también depende de la temperatura, la humedad del aire y la latitud
del lugar. En los tiempos de Borda, el prestigioso físico y matemático
La Place intentaba ajustar los coeficientes de una fórmula que
hoy lleva su nombre y que trata de corregir los errores producidos
por esas variables. La Place utilizó los datos que Borda tomó
en Tenerife para ajustar los números de su fórmula.
A finales del XVIII, el método más preciso para medir una montaña
era el de las triangulaciones terrestres. Cuando Humboldt
estudió las mediciones del Teide realizadas a lo largo del siglo
XVIII, no dudó en afirmar que "Debemos a Borda el conocer
la verdadera elevación del volcán de Tenerife". Y es que
esta vez Francia envió a uno de sus mejores geodestas. Borda fue
miembro de la Academia de Ciencias de París, realizó numerosos
trabajos científicos en los que la mejora de la precisión siempre
estuvo presente. Inventó el Círculo de
Repetición
que lleva su nombre, una especie de sextante circular que mejoraba
el Círculo de Mayer, y que se convirtió en el instrumento más
preciso de su época para medir ángulos. A finales de siglo, Borda
participaría en la comisión científica encargada de medir con
precisión la distancia entre el Polo Norte y el ecuador, que luego,
dividida por 10.000.000 daría lugar al nacimiento del metro; para
calcular los ángulos de esta delicada medición se utilizaron dos
Círculos de Repetición de Borda.
Borda y el primer mapa preciso
de Canarias 
Debemos al segundo viaje de Borda (1776) no sólo la determinación
de la altura del Teide, sino también la confección del primer
mapa preciso de las Islas Canarias. En realidad los dos trabajos
estaban relacionados, en palabras del propio Borda: "La
medición del Pico de Tenerife no era un objeto de pura curiosidad
para nosotros, pues de ello dependía esencialmente nuestro trabajo
náutico. Nos era indispensable conocer la elevación exacta de
ese volcán, para sacar partido de las observaciones de altura
aparente que habíamos hecho en varias puntas de las islas de Tenerife,
Gomera y Canaria, que habían de servir para fijar las longitudes
y latitudes de esas puntas..."
Veamos un ejemplo de cómo sesó la altura del Teide para la confección
del mapa. Borda fue a La Gomera y desde San Sebastián observó
que el Teide se veía con 4º 1', o sea que recorres 4º 1' si miras
el Teide de arriba a abajo. Como además conoces la altura del
Teide, por trigonometría puedes sacar la distancia de San Sebastián
a la base del Teide. Es parecido al problema de encontrar a qué
distancia estás del árbol si conoces su altura y el ángulo con
el que lo ves. Así la altura del Teide permitió establecer la
distancia de su base a varias puntas de las islas de Tenerife,
Gomera y Canaria, y por tanto, confeccionar un mapa preciso.
El Teide se mueve...
Para finalizar, queremos comentar que hace unos días hemos oído
por la radio que el Gobierno de Canarias ha encargado al Instituto
Geográfico un nuevo proyecto que, entre otras cosas, decía el
locutor, además de fijar unos cuantos puntos fiables en cada isla
utilizando tecnología cartográfica de finales del siglo XX, nos
dará una medida más precisa de la altura del Teide. Si comparamos
números, parece que en los últimos tiempos ha crecido un poquito,
ya que los libros escolares de hace unas décadas nos enseñaban
que su altura era de 3.715 m, algo menor que los actuales 3.718
m de los libros de fin de siglo. En cualquier caso, nadie espera
grandes sorpresas sobre la nueva medida de nuestro gigante local:
como mucho unos pocos metros de diferencia, tal vez menos. Aunque
el nuevo número sólo tendrá un valor simbólico, y tal vez sólo
sirva para distinguir los libros de fin de siglo de los del nuevo
milenio, nos hemos quedado con las ganas de incluirlo en estas
líneas.
Bibliografía
Este trabajo es un hijo de la excelente labor de recuperación,
traducción y estudio crítico, de textos originales relacionados
con la historia de Canarias, que en los últimos años han realizado
los historiadores y editores canarios. A ellos dedicamos este
artículo, aportando nuestro granito en la difusión de estos textos
y con la esperanza de que pronto podamos ver en nuestras librerías
más textos originales, de esos que hoy duermen en olvidados archivos
europeos.
| - Alfredo Herrera
Piqué, Las Islas Canarias, escala científica en el Atlántico,
Ed. Rueda, 1987. |
| - Alejandro de
Humboldt, Viaje a las Islas Canarias. Ed. Francisco
Lemus, 1995. |
| - Miguel Angel
Puig - Samper y Francisco Pelayo, El viaje del astrónomo
y naturalista Louis Feuillée a las Islas Canarias, Centro
de la cultura popular canaria, 1997. |
| - Sylvie Provost,
El pico de Teide y la carta de las Islas Canarias,
Conferencia de la Fundación Canaria Orotava de Historia de
la Ciencia, 1999. |
| - Sylvie Provost,
Le cercle de Borda et la carte des îles Canaries,
Musée des arts et métiers, La revue N°17, décembre 1996, p.
21 (este artículo se puede obtener en:
http://www.cnam.fr/museum/revue/ref/r17a03.html)
|
| - La siguiente
dirección es la única página dedicada completamente a Borda:
http://www.ac-bordeaux.fr/Etablissement/Borda/chevalier/index.htm
|
En
el grupo de trabajo que ha realizado este artículo han participado:
Alejandro Acosta Lorenzo, Sonia Casadillas Perdomo, Manuel
de Paz Carmona, Kevin García Pulido, Genoveva Morales Moreno,
Fabiola Morales Navarro, Alejandro Rodríguez Martín y Cristina
Vaquero Perea, coordinados por Agustín Isidro de Lis, todos ellos
pertenecientes al I.E.S. Viera y Clavijo, La Laguna, Tenerife.