|

Introducción
Desde los poetas fundacionales (Cairasco y Viana)
hasta la asimilación de la estética barroca
La prosa neoclásica. Viera y Clavijo
El siglo XIX
La modernidad en Canarias
La literatura en el periodo 1939-1969
Bibliografía
|
 |
1. Introducción

Las líneas que siguen pretenden sintetizar
los derroteros de la literatura canaria desde el siglo XV hasta la actualidad.
Por las características especiales de este trabajo sólo nos
ocuparemos de aquellos aspectos relevantes de la literatura del Archipiélago
que representan una aportación más a la literatura hispánica.
En los últimos años, la literatura
de las Islas ha suscitado el interés de diversos investigadores
hasta el punto de que algunos, como Andrés Sánchez Robayna,
ya hablan de una «microtradición literaria insular»,
con elementos más o menos constantes desde el siglo XV hasta hoy.
Indudablemente esas constantes están ligadas a aspectos psicogeográficos
(el paisaje, la insularidad, etc.) e históricos (absorción
de elementos culturales hispánicos, como puente entre España
y América, etc.). Así ha resumido algunos de los elementos
que conforman esa tradición la investigadora M.ª Rosa Alonso
[«La literatura de Canarias (del siglo XVI al XIX)», Historia
General de las Islas Canarias, tomo IV, 1977]:
La singularidad de las Islas, con su evidencia geográfica
predominante, determina que los elementos naturales, al definirlas, impongan
sus temas desde los escritores de la Edad de Oro: la mirada al interior
isleño, potenciada inicialmente en el tema de la selva (Cairasco,
Viera); la geometría del Teide, que sensibiliza a casi todos los
poetas (Cairasco, Viana, Cristóbal del Hoyo, Graciliano Afonso)
y la inquietante presencia del mar (dogal o gargantilla, según el
poeta que lo trate), un mar al que el isleño acabará por
darle una interpretación simbólica o metafísica, como
se verá en los autores de los siglos siguientes.
La lectura de esa tradición y la asunción
de tales características y aun otras propias de la tradicición
occidental, como veremos en el apartado correspondiente, ha fraguado para
todo el siglo XX los signos peculiares de una literatura encaminada a la
modernidad.

2. Literatura de tradición oral 

Hasta el momento, la muestra literaria más
antigua surgida en Canarias es un bello texto de carácter fúnebre
(las Endechas a Guillén Peraza) compuesto tras la muerte,
en 1447, del joven militar Guillén Peraza al intentar conquistar
la isla de La Palma. Aunque desconocemos su autoría y su fecha exacta
de composición, ya en este poema podemos encontrar alguna de las
constantes de la literatura canaria.
Lo que sí parece cierto es que en Canarias
se cantaban endechas (cantos fúnebres o tristes), según los
cronistas, desde tiempos de los aborígenes. El ingeniero Torriani
recogió dos en lengua aborigen y las tradujo al castellano. Quizá
esta costumbre, cuyo origen todavía se desconoce para el caso de
Canarias, se practicó durante mucho tiempo y es lo que llegó,
en ejemplos depurados, a la Corte Real de la España renacentista.
Las «endechas de Canarias», encontradas hace algunas décadas
por Margit Frenk Alatorre, ya se refieren a la insularidad, al paisaje
(el mar), y muestran una admirable contención expresiva. Una dice
así:
Desde que me vi la mar afuera alcé mis ojos,
miré a mi tierra pensando no volver más a ella (s. XVI).
Parece lógico hablar de literatura de tradición
oral como la más arraigada en remotos orígenes. Desde que
el conquistador español desembarcó en las Islas, lo acompañaron
romances, coplas y cantares, dichos, etc. Estas piezas aclimataron pronto
en el Archipiélago de tal forma que se han conservado en muchos
casos con total pureza argumental. Pero hay que decir que, incluso en esos
casos, se produjo una pequeña adaptación a la geografía
y el sentir del intérprete insular. Una de esas características
más específicas lo constituyen los «responderes»,
pareados que servían para iniciar el romance y para ser repetidos
por un coro. Al parecer, estas partes se perdieron en otras zonas, y en
Canarias los compusieron de acuerdo a los mismos temas que venimos comentando:
Hice una raya en la arena
por ver la mar donde allega
¡Qué delgado viene el
aire cuando de la cumbre sale!
Hoy los romances están ampliamente recogidos
en libro, los tradicionales y los de nueva factura, gracias a los esfuerzos
iniciales de Agustín Espinosa y José Pérez Vidal,
y los actuales de los profesores Maximiano Trapero (en la labor recopiladora,
principalmente) y M.ª Teresa Cáceres Lorenzo (en cuestiones
lingüístico-estilísticas). Menos recogida está
la lírica popular y totalmente por recopilar las narraciones orales
(cuentos, leyendas, etc.).

3. Desde los poetas fundacionales (Cairasco
y Viana) hasta la asimilación de la estética barroca. 

Apenas un siglo después de terminar la conquista
del Archipiélago y en una sociedad en continuo trasiego cultural,
un poeta nacido en Canarias y de ascendencia italiana, llamado Bartolomé
Cairasco de Figueroa (1538-1610), capitanea el primer círculo intelectual
de las Islas. Cairasco se erige, por su talante y por su obra, en el verdadero
padre de las letras canarias. Su obra más importante es Templo
Militante, extensa composición sobre vidas de santos, publicada
en cuatro volúmenes entre 1602 y 1614, en la que se aprecia todo
su saber humanista. Se hizo célebre entre sus coetáneos por
los versos contenidos en su obra Esdrujúlea, alabados incluso
por Cervantes, Lope de Vega y el propio Góngora. Su espíritu
inquieto, dentro del talante renacentista europeo, le hace traducir la
Jerusalén Libertada, de Torcuato Tasso y es ahí donde
el poeta delata su personalidad literaria: sorprendentemente inserta en
su traducción un canto entero dedicado a ensalzar el pasado precolonial,
la conquista y la naturaleza canaria. En la Comedia del Recibimiento
(1582) formula uno de los mitos más recurrentes de la literatura
canaria, el de la «Selva de Doramas», en referencia a la formación
boscosa existente en esa época en los montes de Gran Canaria. Cairasco
se expresa en esa obra del siguiente modo:
Este es el bosque umbrífero que de Doramas
tiene el nombre célebre, y aquestos son los árboles que frisan
ya con los del monte Líbano y las palmas altísimas mucho
más que de Egipto las pirámides que los sabrosos dátiles
producen a su tiempo y dulces támaras.
La realidad que Cairasco designa en estas zonas de
su obra cuenta con un interesante paralelismo en algunas obras del Nuevo
Mundo. Tal es el caso del también canario Silvestre de Balboa (Canarias,
1563, Cuba, 1644?), probable conocedor de Cairasco, y considerado como
el fundador de la poesía cubana con su Espejo de paciencia
(La Habana, h. 1608), obra en la que se da el mismo sincretismo cultural
que en la producción de Cairasco, en aquel caso en referencia al
paisaje insular cubano. 
La otra figura capital de esta época es Antonio
de Viana (1578-1650), conocedor y admirador de la obra de Cairasco, de
quien tomó algunos de sus temas y los llevó a dimensión
épica. Su obra más importante es Antigüedades de
las Islas Afortunadas (1604), obra distribuida en dieciséis
cantos en los que se narran, principalmente, los hechos de la conquista
de la Isla de Tenerife. Como ha señalado María Rosa Alonso
[en obra citada], las descripciones de los héroes locales que acompañan
a la narración bélica están dedicadas, como en el
caso de La Araucana de Ercilla, a los héroes locales. Aunque
el poema sea de desigual calidad, su importancia estriba, entre otros aspectos,
en que es el poema épico canario por excelencia, en el que continuará
la mitificación iniciada por Cairasco de la historia precolonial.
Pero la obra de Viana va mucho más allá en la indagación
de la realidad por medio del lenguaje. El poeta gusta de nombrar lo que
está viendo y se aparta así de los estereotipos convencionales
de la época, como lo demuestra la gran cantidad de términos
que inserta referidos a la realidad insular:
Producen sus espesos y altos montes [...] lentiscos,
barbusanos, palos blancos, viñátigos y tiles, hayas, brezos,
acebuches, tabaibas y cardones...
También es importante en la obra de Viena
la formulación de otro de los mitos de la literatura canaria: «el
mito de Dácil», que gira en torno a los amores de la heroína
indígena Dácil con el capitán español Castillo.
En este sentido, Dácil se convierte en símbolo de diversas
lecturas que han sido recogidas por la tradición literaria posterior
bien para enaltecer el pasado idílico del mundo prehispánico,
bien para exaltar la condición mestiza y abocada al exterior del
ser insular.
* * *
En la segunda mitad del XVII se produce un interesante
florecimiento cultural en La Palma, donde surgen dos escritores barrocos:
Juan Bautista Poggio (1632-1707) y Pedro Álvarez de Lugo (1628-1706).
El primero, de ascendencia genovesa, además de cultivar la poesía
heroica ?Sonetos a los héroes ilustres de Hungría
(1688)? destaca por sus textos de carácter amoroso, en los que exhibe
un elegante estilo marcado por una fina técnica conceptista. -Pedro
Álvarez de Lugo tiene hoy mayor interés gracias a sus obras
en prosa, entre las que destacan Convalecencia del alma (1689),
y el texto recientemente descubierto por Andrés Sánchez Robayna,
Ilustración al Sueño, único comentario literario
que se conoce de esa época sobre la obra Primero Sueño
de la mayor poetisa barroca de Hispanoamérica, sor Juana Inés
de la Cruz.
Dentro de la estética barroca debemos considerar
también la obra del tinerfeño fray Andrés de Abreu
(1647-1725), considerado uno de los mejores poetas de ese estilo en Canarias
y autor de un poema extenso en el más puro estilo conceptista: Vida
de San Francisco de Asís (1692). 
En los siglos XVI y XVII las obras de los cronistas
e historiadores también cumplen un papel estrictamente literario,
como correspondía a un género de este tipo. Junto a pretendidos
datos verídicos y a descripciones más o menos certeras, los
cronistas de este periodo, siguiendo los pasos de los más antiguos,
se dejaron llevar por el subjetivismo de tal modo que su obra ha contribuido
a configurar no pocos mitos que luego la poesía, por ejemplo, ha
asumido con naturalidad. En el siglo XVI destaca la obra de Alonso de Espinosa
(Del origen y milagros de N.S. de Candelaria, 1594), el ingeniero
italiano Leonardo Torriani (Descripción de las Islas Canarias,
h. 1592) y el andaluz fray Juan de Abreu Galindo (Historia de la Conquista
de las siete islas de Canaria, redactada entre 1593 y 1602). En el
XVII destacan Tomás Marín y Cubas (Historia de las siete
islas de Canaria, 1694) y Núñez de la Peña (Libro
de las Antigüedades y Conquista de las Islas de Canaria, 1679).

4. La prosa neoclásica.
Viera y Clavijo 

La singular apertura de Canarias hacia el exterior
a través del comercio en el siglo XVIII, hace que arraiguen fuertemente
en las Islas las ideas ilustradas. Como producto del resurgir económico
y cultural, Canarias tendrá figuras capitales en el terreno literario.
Unos, como Cristóbal del Hoyo y Viera y Clavijo, fuertemente influidos
por las ideas de Feijóo, propagan sus ideas desde Canarias; otros
como Clavijo y Fajardo y los hermanos Iriarte lo hacen desde Madrid.
La primera mitad del siglo aparece llena por la personalidad
inabarcable del Vizconde de Buen Paso, Cristóbal del Hoyo (1677-1762).
Viajero infatigable, de personalidad inquieta y de vasto saber, el vizconde
es un versificador todavía a la manera barroca en pleno siglo XVIII
(Soledad escrita en la Isla de Madera), y prosista de ideas críticas
e ilustradas en su célebre Carta de la Corte de Madrid, texto
que supone, según sugiere el investigador Alejandro Cioranescu,
un documento de primer orden para conocer el cambio de mentalidad de la
burguesía de Madrid. Su «Soneto al Teide» configura
otro de los mitos de la literatura canaria, el «mito del Teide»
o «del volcán», de gran continuidad en la literatura
posterior.
Sin embargo, el más célebre escritor
canario del XVIII (2.ª mitad) es José de Viera y Clavijo (1731-1813),
que fue historiador, traductor, poeta, botánico y profundo humanista.
A él se debe la monumental Noticias de la Historia General de
las Islas Canarias, o su Diccionario de Historia Natural de las
Islas Canarias. Como poeta destaca por la continuidad del mito de la
selva de Doramas en su poesía. Si Cairasco enalteció mitológicamente
el tópico de la Selva, y Viana lo reasumió de un modo más
realista, Viera y Clavijo, como botánico, fue testigo del comienzo
de un desastre natural (la tala del bosque, consumada el siglo siguiente)
y así lo cantó:
Montaña de Doramas deliciosa, Quién
robó la espesura de tus sienes? ¿Qué hiciste de tu
noble barbusano? Tu palo-blanco ¿qué gusano aleve lo consumió?
Yo vi el honor y gloria de tus tilos caer sobre tus fuentes...
Otra obra suya destacable es Los vasconautas
(1766), editada por vez primera por Miguel Pérez Corrales [Universidad
de La Laguna, 1983]. Se trata de un poema irónico en cuatro cantos,
dotado de una peculiar intertextualidad con respecto a la Divina Comedia
de Dante, pues el protagonista desciende a los infiernos de la mano del
caudillo aborigen Doramas, y cuyo interés radica en la especial
fusión de elementos históricos y mítico-fantásticos
sin apartarse del talante ilustrado de la época. La poesía
didáctica está representada por curiosos títulos como
Las bodas de las plantas, Los aires fijos, Al globo aerostático,
Las cuatro partes del día, etc. Escribió, además,
una tragedia de corte neoclásico, La vida de Santa Genoveva,
una novela, La vida del noticioso Jorge Sargo, y tradujo a Racine
y a La Harpe, entre otros.
José Clavijo y Fajardo (1726-1806), formado
inicialmente en Las Palmas (Leyes, Humanidades y Teología), se traslada
a Ceuta y luego, a la edad de veinte años, a Madrid, ciudad en la
que empieza a destacar por la defensa de las ideas ilustradas más
liberales. Lo más relevante de su obra es la publicación,
desde 1762, del periódico El Pensador, verdadera plataforma
para lanzar sus críticas a las costumbres de los españoles
del siglo XVIII. Sucesos azarosos de su vida, por otra parte, quedaron
inmortalizados en varias piezas teatrales de la época, entre las
que destaca el Clavijo de Goethe. 
Tomás de Iriarte (1750-1791), educado en Tenerife,
y miembro de una saga de intelectuales, se trasladó pronto a Madrid.
Además de poemas didácticos, y piezas teatrales muy celebradas
en su época, este autor destaca por sus Fábulas literarias
(1782), colección de más de sesenta textos cuyos protagonistas
son generalmente animales y donde se mezcla el didactismo, la sátira
y la preceptiva literaria.

5. El siglo XIX 

Contrariamente a lo que se ha pensado, el siglo XIX
en Canarias es clave para entender la literatura del XX al constituirse
en el eslabón fundamental que asegura la continuidad de los mitos
y constantes que hemos venido señalando. La continuación
del espíritu ilustrado hasta muy avanzado el siglo, el afianzamiento
de la burguesía comercial y las pugnas entre liberales y conservadores,
el espejo de América entre la revolución y la independencia,
y el auge del sentimiento nacionalista en todo el mundo, son indicativo
de ello. Hay en Canarias un variado caldo de cultivo en el terreno estético,
con tendencias que ven desdibujados sus límites: postclasicistas,
prerrománticos y románticos, costumbristas, etc. De cualquier
forma pervive el afán por conocer lo del exterior y aumenta considerablemente
el interés de diversos intelectuales extranjeros por la cultura
insular y la naturaleza canaria, como lo demuestran los estudios históricos,
geológicos, antropológicos y botánicos aparecidos
en aquellas fechas y continuadores del interés expedicionario que
las Islas habían suscitado el siglo anterior. Buena muestra de ello
será la visita realizada por Alejandro Humboldt en 1799, que dio
lugar a la inclusión del Archipiélago en el primer capítulo
de su célebre Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente.
Es también una época de auge del género
periodístico, bien de signo combativo en la más pura tendencia
romántica, como en El Atlante (1837-1839) y La Aurora
(1847-1848), o de orientación positivista, como en La revista
de Canarias (1878-1882), que mantenía colaboraciones extranjeras
y hasta algún corresponsal en París, y La Ilustración
de Canarias (1882-1884), que se propuso una labor de divulgación
cultural (sobre todo artística) sin precedentes.
En este clima, en la primera mitad del siglo, cuando
irrumpen en Canarias las ideas románticas de la mano de José
Plácido Sansón y Ricardo Murphy, otro intelectual de primera
magnitud se destaca por situarse a caballo entre el pensamiento ilustrado
y la estética prerromántica: Graciliano Afonso (1775-1861).
Además de su obra de erudición (tradujo, por ejemplo, La
Eneida de Virgilio, El Paraíso perdido, de Milton, o
Antígona, de Sófocles, trabajos en los que más
que la traducción destacan los comentarios a los textos), este autor
es importante por su Oda al Teide, por su poema histórico
El juicio de Dios o la Reina Ico y por su Oda al mar, textos
en los que se revela como el gran revitalizador de las temáticas
predominantes durante todo el siglo XIX en Canarias: el «mito del
Teide», la exaltación del mundo aborigen, y el tema del mar,
respectivamente.
Entre los poetas afines a la estética romántica
destacan Ventura Aguilar, José Benito Lentini e Ignacio de Negrín.
Sus temas son los clásicos del Romanticismo, el amor, la muerte,
la soledad, la libertad, pero ninguno de ellos escapa al signo de una escritura
zarandeada por la búsqueda de una identidad. En la visión
de Negrín, por ejemplo, asistimos a la interiorización del
tema del mar en su obra La poesía del mar (1860), precursor
en no pocos aspectos del tratamiento que se ha dado a ese tema en el siglo
XX:
Tú tienes tu lenguaje, tu música, tus
ruidos, que expresan misteriosos tu insólito anhelar; si ruges,
en los montes retumban tus bramidos si lloras, en las playas rubricas tu
pesar.

En las últimas décadas del siglo se
desarrolla la labor de la llamada «escuela regionalista», formada
por escritores que recogen los frutos de las promociones anteriores y exaltan
el pasado indígena y las virtudes de la tierra. De entre ellos sobresale
el que es considerado fundador de esta tendencia, Nicolás Estévanez
(1838-1915), intelectual y político de ideas avanzadas, que en su
más famoso poema Canarias, escribe:
Mi patria es una isla mi patria es una roca mi espíritu
es isleño como los riscos donde vi la aurora.
Un poeta verdaderamente interesante de esta etapa
es José Tabares Bartlett (1850-1921), que en su libro La caza
(publicado ya en 1908) nos ofrece una visión del paisaje distinta
a la hasta ahora ofrecida: frente a la naturaleza exuberante, el paraje
árido y desnudo que predominará en la poética del
siglo XX.
La prosa narrativa empieza su lenta andadura en el
último cuarto de siglo, pero no da alguno de sus más notables
frutos hasta el s. XX, como veremos. La figura más importante del
siglo XIX es Benito Pérez Galdós, el más universal
de los escritores decimonónicos en lengua castellana, que, pese
a asentarse a la temprana edad de diecinueve años en Madrid, siempre
mantendrá contacto con su tierra natal, como se puede apreciar en
algunas de sus obras y en la admiración ejercida entre sus paisanos
canarios que se dedicaban al oficio de narrar. De cualquier forma, la obra
de Pérez Galdós se estudia ampliamente en los contenidos
de la literatura española del siglo XIX.
Con una obra entrada ya en el XX, algunos narradores
de esa época, a caballo entre el realismo, el naturalismo y el costumbrismo,
escriben textos de notable interés, en especial dentro de los límites
del relato corto. Entre ellos destacan los hermanos Millares Cubas, autores
de los cuentos De la tierra canaria (1894), y Ángel Guerra,
pseudónimo (tomado de un personaje de Galdós) de José
Betancort, cuya obra más famosa es La lapa (1908).

6. La modernidad en Canarias 

El siglo XX representa en Canarias la culminación
literaria. Significa una madurez ante el lenguaje y ante la realidad que
designa. La intensa búsqueda del siglo anterior da como resultado
en el XX una agitación intelectual, una lectura de la propia tradición
en sana tensión con la occidental. No sólo la poesía
alcanza notables hitos; también la narrativa, la prosa periodística
y el ensayo. En un primer momento tenemos la eclosión modernista,
a la que seguirá y scon la que convivirán las tendencias
vanguardistas.
Como precedente de la modernidad literaria insular
debemos considerar a Domingo Rivero (1852-1929), paradigma de escritor
canario durante años sujeto a un silencioso trabajo de escritura
abocado a la ineditez, cuya obra sólo ha podido ser reunida
en fechas recientes de la mano de Jorge Rodríguez Padrón
y Eugenio Padorno. Su poema más famoso, «Yo a mi cuerpo»
basta para considerarlo como un poeta de primera magnitud.
Se ha aceptado convencionalmente el año 1908
como el momento de madurez del modernismo canario, fecha de la publicación
de Poemas de la Gloria, del Amor y del Mar, de Tomás Morales
(1885-1921). Morales renueva el lenguaje y lo acerca al ideario simbolista
francés y al quehacer de los modernistas americanos. Revoluciona
el tratamiento del verso y pule la temática. Su obra cumbre, Las
Rosas de Hércules, y en especial el poema «Oda al Atlántico»,
eleva definitivamente a la categoría de símbolo el tema del
mar. Así empieza la «Oda»:
El mar: el gran amigo de mis sueños, el fuerte
Titán de hombros cerúleos e imponderable
encanto:
En esta hora, la hora más noble de mi suerte
Vuelve a henchir mis pulmones y a enardecer.
El otro genuino representante del modernismo insular
es «Alonso Quesada» (1886-1925). Fue Quesada un oficinista
de vida solitaria, con una visión moderna e irónica de la
realidad. En 1915 publica El lino de los sueños, libro de
poemas profundamente sentido. Su obra no se conocerá bien hasta
mucho después de su muerte. Libros de poemas suyos son Los caminos
dispersos y Poema truncado de Madrid, en el que ya se muestra
precursor del vanguardismo. La desnudez de su obra, y el trágico
sentido de la insularidad, se aprecian en el siguiente fragmento:
Montes de fuego, donde ayer sentía mi adolescencia
el ansia de otros lares... Soledad, aislamiento, pesadumbre...
El corazón siempre en un punto misterioso
y el alma sobre el mar ¡blanca!... ¡El
velero
que no pasa jamás del horizonte!...
Quesada se revela también como un prosista
excepcional en su novela corta Las inquietudes del hall y en la
colección de cuentos Smoking Room, textos en los que con
fino humor retrata a la sociedad inglesa afincada en Las Palmas a principios
de siglo.
Saulo Torón (1885-1974) es la otra gran figura
del modernismo insular, buscador de un lenguaje personal, y cantor del
mar y del amor sobre todo en El Caracol encantado.
Como señala Jorge Rodríguez Padrón,
«el exponente más destacado de la prosa modernista insular
lo encontraremos en el periodismo» [«Ochenta años de
literatura», en Canarias siglo XX, Las Palmas de Gran Canaria,
Edirca, 1983]. Los publicaciones periódicas más destacadas
de la época, por la difusión de las nuevas corriente intelectuales,
serán la emblemática Castalia (1916), y Ecos
(1915-1919), de cuya redacción llegó a ser director el propio
Quesada.

* * *
Hacia los años 20 empiezan a sentirse en Canarias
las ideas renovadoras de las vanguardias europeas. En un contacto directo
con los centros culturales de Europa (sobre todo con París) surgen
las primeras revistas que dan a conocer lo canario en el exterior, a la
vez que introducen lo novedoso producido en otros lugares. Destacan La
Rosa de los vientos (1927-28), Cartones (1930) y, sobre todo,
Gaceta de Arte (1932-1936), en torno a la cual giran colaboradores
de diverso signo (como los pintores Óscar Domínguez y Juan
Ismael), pero imbuidos de un talante totalmente renovador. En ellas escriben
los mejores representantes de la vanguardia insular: Pedro García
Cabrera, poeta; Agustín Espinosa, poeta y prosista; Juan Manuel
Trujillo, ensayista; E. Gutiérrez Albelo, poeta; Domingo López
Torres, poeta y ensayista; y Domingo Pérez Minik, ensayista, quien
dará cuenta de las tentativas surrealizantes de la época
en su libro Facción española surrealista de Tenerife
(1975) De ellos, el de más amplia obra en prosa es Juan Manuel Trujillo
(1907-1976), intelectual lúcido y coherente. Agustín Espinosa
(1897-1934) está considerado como uno de los mejores representantes
del surrealismo en Canarias, cuya obra Crimen constituye la cima
de la prosa en dicho estilo. El poeta de más amplia trayectoria
es Pedro García Cabrera (1905-1981), testigo de numerosas tendencias.
Entre sus primeras obras sobresale Transparencias fugadas (1934),
con presencia de imágenes surrealistas. Así se expresa en
uno de los poema de ese libro:
Un delirio de órbitas y fusas
te amotina el huir de los cabellos.
Te alborota los labios desangrados.
Te descuelga los hombros. Te deshace
los yesos de los huesos. Te deslinda
los cuencos de las manos. Te violenta
tus anchas teorías de columpios,
como si por tus pliegues transitase
un alud boreal de porcelana.
A estos nombres hay que añadir los de otros
vinculados al quehacer del grupo del 27: Pedro Perdomo Acedo, con una obra
de gran atrevimiento verbal, y Josefina de la Torre, actriz y escritora
de versos de excepcional calidad.
Pero una panorámica de esta etapa no quedaría
completa sin la mención de otros dos autores con una obra de singular
proyección, como es el caso de Claudio de la Torre (1895-1973) y
Agustín Millares Carlo (1893-1980). El primero destacó como
cineasta, dramaturgo, poeta y novelista, y formará parte integrante
del grupo de escritores de la Revista de Occidente. Destaca por
su innovación dramática en Tic-tac (1925) y por novelas
como En la vida del señor Alegre (1924). Agustín Millares
Carlo es el gran polígrafo canario del siglo XX, latinista, historiador
y paleógrafo, estuvo vinculado a la Universidad de México
y fundó la Facultad de Humanidades de la Universidad venezolana
de Zulia. Su aportación a la bibliografía canaria es fundamental,
gracias a su Ensayo de una bio-bibliografía de escritores naturales
de las Islas Canarias, ampliado recientemente, libro de consulta obligada
para quien desee adentrarse en la literatura de las Islas.

7. La literatura en el periodo 1939-1969 

Con la Guerra Civil Española se trunca el
proceso vanguardista y hay un giro radical en la creación literaria.
Permanece, no obstante, la figura de Juan Manuel Trujillo, quien se erige
nuevamente en defensor de las letras canarias. Funda en Las Palmas en 1943
la Colección para 30 bibliófilos, y en 1946 Cuadernos
de poesía y crítica. Ahí se darán a conocer
poetas como Agustín Millares Sall y Pedro Lezcano. En Tenerife,
aglutinados en principio en torno a la revista Mensaje, (1944) surgen
Carlos Pinto Grote, Julio Tovar y otros.
La poesía de entonces se debate entre el realismo
social y las variaciones existenciales y metafísicas. Uno de los
hitos más importantes de esta época será la publicación
de Antología Cercada (1947), en la que participaron Agustín
y José M.ª Millares Sall, Pedro Lezcano, Ángel Johan
y Ventura Doreste, quienes, junto a Juan Mederos, inician de algún
modo una poesía marcada por el signo del compromiso social.
Agustín Millares Sall (1917-1989) es quien
escribe una poesía más abiertamente comprometida en lo social,
padre en este sentido de varias generaciones. Pedro Lezcano (1920), que
además de poeta es narrador y dramaturgo, ha desarrollado una poética
que pasa por lo metafísico y por la poesía comprometida además
de otras facetas. En la vertiente reflexiva destaca Carlos Pinto Grote
(1923) que también cuenta con una ingente obra narrativa y poética,
cercana esta última a lo filosófico.
Un grupo de escritores, en torno a los años
50, intenta una tímida renovación del lenguaje. Unos a través
de la recuperación del diálogo con la tradición literaria
insular, como Manuel Padorno (1933) a partir de su libro de poemas A
la sombra del mar. Otros, como Luis Feria (1927), mediante la adopción
de un lenguaje altamente depurado.
En lo concerniente a la poesía, los años
60 representan un auge espectacular de la cultura. Suplementos culturales
de la prensa como «Gaceta semanal de las artes» (La Tarde,
Tenerife, 1954-1965) y «Cartel de las letras y las artes» (Diario
de Las Palmas (Las Palmas de Gran Canaria, primera etapa 1963-1973),
contribuyeron a crear ese clima favorable para la creación literaria.
El acontecimiento más importante del momento es la publicación,
en 1966, de otra antología, Poesía canaria última,
que aglutina a los poetas que siguen persiguiendo un cambio en la escritura
y en la visión de la realidad y que representa, de algún
modo, el cierre de una etapa iniciada con Antología Cercada
veinte años antes. Es una nueva generación de intelectuales
cuya obra de madurez se desarrolla en la actualidad. De entre los allí
incluidos podemos destacar a Lázaro Santana y Eugenio Padorno, y
fuera de la antología, pero con un contacto estrecho hacia aquel
grupo, Justo Jorge Padrón y Ángel Sánchez.
La novela, a diferencia de la poesía, tendrá
que esperar a los años setenta para despegar. En el periodo que
tratamos, no obstante, hay que destacar algunos casos aislados de novelistas
cuya obra narrativa empieza a darse a conocer en torno a los años
cincuenta. Tal es el caso de Isaac de Vega (1920), cuyos primeros trabajos
publicados son Fetasa (1957) y Antes del amanecer (1965);
Rafael Arozarena (1923), que comienza a publicar sus primeros relatos en
el periódico La Tarde hacia los años 50, y cuya novela
más conocida, Mararía, fue publicada tardíamente
en 1973; y Alfonso García Ramos (1930-1980), autor de Las islas
van mar afuera (1957) y Teneyda (1959).

BIBLIOGRAFÍA 

ALONSO, M.ª R., «La literatura en Canarias
(siglo XV al XIX)», en Agustín Millares Torres, Historia
General de las Islas Canarias (tomo IV), Las Palmas de Gran Canaria,
Edirca, 1977, pp. 282-295. [Interesante
panorámica del periodo ss. XV-XIX en que se aborda lo fundamental]
ARTILES, J. e I. QUINTANA, Historia de la literatura
canaria, Las Palmas de G.C., Cabildo Insular de G.C., 1978. [Primera
historia de la literatura canaria. Trabajo ya clásico pero imprescindible
en su género]
HERNÁNDEZ, H., y otros, Literatura de
Canarias (siglo XX). Antología de textos para la enseñanza
de la lengua y la literatura, S.C. Tenerife, Interinsular Canaria,
1987. [Selección de textos para trabajar en la enseñanza
la literatura relacionada con Canarias]
MEDINA, I., Iniciación a la literatura
canaria, S.C. Tenerife, C.C.P.C., 1986. [Sencilla introducción
a la literatura canaria pensada como manual que facilite las tareas docentes]
NUEZ CABALLERO, S. de la, Poesía Canaria
1940-1984, S.C. Tenerife, Interinsular Canaria, 1986. [La
introducción de este trabajo presenta un breve y claro acercamiento
a la poesía canaria contemporánea]
RODRÍGUEZ PADRÓN, J., Primer
ensayo para un diccionario de la literatura en Canarias, Las Palmas
de G.C./S.C. Tenerife, Viceconsejería de Cultura y Deportes del
Gobierno de Canarias, 1992.
[Documento imprescindible para quien
desee buscar información precisa no sólo de autores canarios,
sino de movimientos estético-literarios y cuestiones afines producidas
en Canarias]
«Ochenta años de literatura 1900-1980»,
en AA. VV., Canarias, siglo XX, Las Palmas de G.C., Edirca, 1983,
pp. 101-152.
[Artículo que, con gran profusión
de detalles, muestra el desarrollo de la literatura canaria en el periodo
contemporáneo]
Lectura de la poesía canaria contemporánea
(dos tomos), Las Palmas de G.C/ S.C. Tenerife, Viceconsejería de
Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, 1991. [Trabajo
de más de ochocientas páginas en las que se hace un recorrido
por la poesía canaria desde el Modernismo hasta hoy]
SÁNCHEZ ROBAYNA, A., Museo Atlántico.
Antología de la poesía canaria., S.C. Tenerife, Interinsular
Canaria, 1983. [Esta antología va precedida de una
breve introducción a la poesía canaria hasta los años
30. El autor expone su visión personal de la poesía insular
y aborda las constantes más significativas]
«Literatura», en Canarias a través
de..., n.º 12, Madrid, Gaceta de Canarias, 1995 [Se
trata de unos fascículos sobre Historia, Cultura, Arte, Gastronomía,
etc. El dedicado a Literatura es una introducción similar a la anterior
en su concepción, pero referida a todos los géneros literarios]
VV. AA., «Literatura Canaria de los siglos
XIX-XX», en J. Viera y Clavijo, Noticia de la Historia General
de las Islas Canarias, t.III, Barcelona, Cupsa-Planeta, 1986, pp.102-247.
VV. AA., Literatura canaria. Desarrollo del
currículo, Consejería de Educación, Cultura y
Deportes del Gobierno de Canarias, 1996. [Se trata de un
material en principio preparado para facilitar el trabajo del profesorado
que vaya a impartir la asignatura de Literatura canaria en el Bachillerato.
Dada su amplitud y profundidad es útil también como guía
de consulta para todo aquel interesado en los temas allí tratados]
VV. AA., Cultura canaria hoy, El Urogallo
(Madrid), diciembre de 1988/enero de 1989. [Monogáfico
dedicado a la cultura canaria actual, con especial énfasis en la
literatura]
VV. AA., 50 años de poesía canaria,
Zurgai (Bilbao), junio de 1992. [Monográfico
sobre la poesía canaria actual con estudios críticos y poemas
inéditos de diversos autores]
VV. AA., «Canarias: de las endechas a la
narrativa última», en Quimera, n.º 153-154, 1996-1997,
pp. 55-132. [Repaso de la literatura canaria desde diversos
puntos de vista]
(En la «Biblioteca Básica Canaria»
- 53 volúmenes
-
editada por la Viceconsejería de Cultura
y Deportes del Gobierno de Canarias, y en la colección «Biblioteca
canaria de bolsillo», de la editorial Interinsular Canaria, hay una
amplia representación de la literatura del Archipiélago.)
|