| Introducción
En Julio de 1992, España firmaba el Convenio
de Biodiversidad, uno de los objetivos de la célebre Cumbre de la
Tierra, organizada en Río de Janeiro.
Enmarcados dentro del concepto global de desarrollo
sostenible, los compromisos a que su firma obliga incluyen, entre otros,
la necesidad de promover la protección de ecosistemas y hábitats
naturales así como el mantenimiento de poblaciones viables de especies
de flora y fauna en entornos naturales.
Se consideran ecosistemas y hábitats de obligada
protección aquellos que «contengan una gran diversidad, un
gran número de especies endémicas o en peligro; sean necesarios
para las especies migratorias, tengan importancia social, económica,
cultural o científica, o sean representativos o singulares o estén
vinculados a procesos de evolución u otros procesos biológicos
de importancia esencial».
Asimismo, deben preservarse aquellas «especies
o comunidades que estén amenazadas, sean especies silvestres emparentadas
con especies domesticadas o cultivadas, tengan valor medicinal o agrícola
o valor económico de otra índole, tengan importancia para
las investigaciones sobre la conservación y la utilización
sostenible de la biodiversidad».
La conservación de la biodiversidad como ha
quedado definida exige, entre otros objetivos, el establecimiento de un
sistema de áreas protegidas que alberguen ecosistemas, hábitats
o poblaciones de especies de flora y fauna que cumplan los requisitos citados.
Justificación
de la protección 
El medio natural de las Islas Canarias se caracteriza
por una gran diversidad de paisajes y ecosistemas, vinculada a unas características
climáticas y geomorfológicas que hacen posible una multiplicidad
ambiental con poco parangón en nuestro entorno más cercano.
Tan sólo en comunidades vegetales, Canarias alberga una multiplicidad
de asociaciones diferentes distribuidas desde el mar hasta las cumbres,
que recogen las comunidades litorales propias; las formaciones de cardonal-tabaibal,
características del piso basal; los bosques termófilos caracterizados
por acebuches y sabinas de las zonas medias cálidas; la relicta
vegetación de laurisilva y fayal-brezal; los pinares endémicos
y los matorrales de las cumbres y la alta montaña canaria. Existen
además otras comunidades azonales como las rupícolas, caracterizadas
por bejeques y veroles, o las de cauce de barranco como las saucedas que
enriquecen sobremanera el territorio.
Además, las condiciones de aislamiento insular
y su cercanía al continente africano favorecen el desarrollo de
procesos evolutivos peculiares en su flora y fauna, lo que ha permitido
la diferenciación de múltiples formas y variedades en las
poblaciones de cada especie, y en su proceso de adaptación a la
diversidad de nichos ecológicos de cada isla. Tan sólo en
relación con la riqueza florística endémica del Archipiélago
(alrededor de 550 especies), más del 50 % de la misma se encuentra
amenazada de extinción en algunas de las categorías planteadas
por la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza.
Estos factores de variabilidad biológica y
ambiental, junto con la fragilidad de las mismas ante el impacto que sobre
el medio provoca el desarrollo socioeconómico de las sociedades
insulares, justifican sobradamente la necesidad y urgencia de una red de
espacios naturales protegidos en las regiones.

[1. Parque Nacional de la Caldera
de Taburiente, La Palma.]
Antecedentes
de la protección de espacios en Canarias 
Si bien en España la técnica jurídica
de la protección de espacios naturales se ha consolidado recientemente,
existen precedentes históricos vinculados a la gestión de
ciertos recursos naturales como los montes y la caza que, de un modo indirecto,
han permitido la conservación de ecosistemas, hábitats y
especies.
En concreto, la gestión forestal en el Archipiélago
a partir de los años 40, sobre todo en el dominio potencial de los
pinares, favoreció los criterios de conservación y recreativos
de los montes frente a los meramente productivos, permitiendo que más
del 15 % de la superficie regional,(Montes del Estado, Montes de Utilidad
Pública, fincas en consorcio, etc.), quedaran preservados de la
deforestación y ampliados mediante tareas de repoblación.
Sin embargo, el reconocimiento internacional
de las peculiaridades de nuestra naturaleza queda reflejado, a partir de
1954, por la creación del Parque Nacional del Teide en Tenerife,
y el de la Caldera de Taburiente en La Palma, posteriormente ampliados
con la creación del Parque Nacional de Timanfaya (1974) en Lanzarote
y el de Garajonay (1981) en La Gomera.

[2. Parque Nacional del Teide,
Tenerife.]
La categoría de Parque Nacional es una de
las más notables en el campo de la Protección de la Naturaleza,
al albergar muestras representativas de ecosistemas en buen estado de conservación,
con poca intervención del ser humano, teniendo Canarias actualmente
4 de los 8 que componen la Red Española de Parques Nacionales, ocupando
el 3,4 % de la superficie total del Archipiélago. 
En ellos coinciden un gran número de valores
naturales, tanto biológicos como ecológicos, siendo representativos
de diversos ecosistemas insulares endémicos: alta montaña
(Teide), pinar (Taburiente), laurisilva (Garajonay) y el del volcanismo
reciente, en Timanfaya. Sin embargo, la enorme biodiversidad del Archipiélago
hace que todavía se sigan proponiendo nuevos territorios candidatos
a Parque Nacional, como ocurre con Los Islotes y Famara en Lanzarote, Jandía
en Fuerteventura o El Nublo en Gran Canaria.
Entre los Parques Nacionales Canarios merece resaltarse
el del Garajonay en La Gomera que, a partir de 1986, fue declarado Bien
Natural del Patrimonio Mundial por la UNESCO, por su carácter de
excelente muestra de laurisilva relicta del Período Terciario.
[3. Parque Nacional de Garajonay,
La Gomera.]
En la década de los ochenta, se procede a
clasificar ciertos espacios naturales con otras categorías jurídicas
diferentes a la del Parque Nacional. Así, se declara el Parque Natural
de las Dunas de Corralejo en Fuerteventura, amparándose en la Ley
de Espacios Naturales Protegidos de 1975, y se propone una protección
provisional para las Dunas de Maspalomas en Gran Canaria.
Ambos corresponden a muestras de ecosistemas dunares,
de alto valor geomorfológico, con vegetación psammofila muy
peculiar y hábitats de especies de avifauna e insectos exclusivos.
Espacios
naturales canarios en la actualidad 
Sin embargo, es a raíz de la asunción
por parte de la Comunidad Autónoma Canaria de las competencias sobre
declaración de Espacios Naturales Protegidos, cuando se da un gran
salto cualitativo y cuantitativo con la promulgación en 1987 de
la Ley de Declaración de Espacios Naturales de Canarias.
Categorías

Resultado de dicha Ley fue la protección del
36,6 % del territorio regional, delimitando 104 espacios en dos categorías:
los Parques Naturales (34) y los Parajes Naturales de Interés Nacional
(70).
A partir de la aprobación de la Ley estatal
4/89, de Conservación de los Espacios Naturales, de la flora y la
fauna silvestres, se inicia el proceso de reclasificación de los
espacios naturales canarios aprobándose en diciembre de 1994 en
el Parlamento Canario la Ley 12/1994 de Espacios Naturales de Canarias
en la que se reconocen las siguientes categorías de espacios: Parque
Natural (11), Parque Rural (7), Reserva Natural Integral (10), Reserva
Natural Especial(16), Monumento Natural (51), Paisaje Protegido(27) y Sitio
de Interés Científico (19).
Como resultado, esta ley reclasifica los anteriores
Parques Naturales y Parajes Naturales en 141 espacios protegidos (a los
que habría que añadir los 4 Parques Nacionales) de acuerdo
a las nuevas categorías alcanzándose la protección
del 40,4 % del territorio de Canarias.
En cuanto a su distribución regional, destaca
el alto porcentaje de territorio protegido en El Hierro, con un 58,1 %
de su territorio. En esta isla quedan protegidas las principales manifestaciones
de los pinares, laurisilva, fayal-brezal y sabinares, así como los
principales hábitats de especies amenazadas como el del lagarto
gigante del Hierro, incluido en la Reserva Natural Especial de Tibataje,
sitio donde se ubica la única población conocida de esta
especie.

[4. Lagarto de Salmor, El Hierro.]
En Lanzarote se reconocen, además del Parque
Nacional de Timanfaya, dos Parques Naturales, resaltando el de Los Volcanes,
que une a su peculiar geomorfología un alto valor cultural y etnográfico,
debido especialmente al tradicional sistema de aprovechamiento de los enarenados
para el cultivo de la vid. Otro Parque Natural, candidato a su declaración
como Parque Nacional, es el del Archipiélago Chinijo que incluye
la Reserva Natural Integral de los Islotes que suma a su gran valor ornitológico
(alberga entre otras una excelente población de águilas pescadoras,
halcones de Eleonor, pardelas, paiños, etc.), la riqueza de su entorno
marino. 

[5. Pie: Montaña Clara,
desde Alegranza, en la
Reserva Natural Integral de los Islotes, Lanzarote.]
Una de las islas con menor territorio protegido es
La Gomera (33,3 %). En ella destacan, entre todos sus espacios naturales,
el Parque Rural de Valle Gran Rey, donde se da una completa integración
entre la explotación y usos tradicionales y la conservación
de los recursos naturales propios, resaltando el modo en que se extraen
de las palmeras canarias la savia con que fabricar miel, guarapo, etc.
Entre los Monumentos Naturales se recogen algunas
de las morfologías volcánicas más significativas de
la isla como Los Órganos y los Roques Cano y Blanco, domos fonolíticos
de espectacular belleza.
Fuerteventura es una de las islas con menor territorio
protegido, con tan sólo el 28,8 % de su superficie. En ésta
se declaran entre otros tres Parques Naturales y seis Monumentos Naturales.
Entre los primeros destacan el de Jandía, que recoge en sus cumbres
(Pico de la Zarza) la mayor concentración de flora endémica
de la isla, y en sus franjas más llanas una excelente muestra de
«jable», ecosistema arenoso donde habita y se reproduce la
escasísima hubara canaria.
Entre los Monumentos Naturales, merece nombrarse
el de Tindaya por su impronta paisajística y su peculiaridad geomorfológica.

[6 Vista general del jable
de Jandía,
dentro del Parque Natural, Fuerteventura.]
En Gran Canaria, de los 32 espacios que se reconocen,
la mayor parte se concentran en la mitad suroccidental de la isla, destacando
por sus valores geobotánicos (pinares canarios muy bien conservados)
y faunísticos el Parque Natural de Tamadaba y la Reserva
Natural Integral de Inagua, este último Refugio Nacional de Caza,
donde perviven las únicas poblaciones conocidas del amenazado pinzón
azul de Gran Canaria y del pájaro picapinos.
La espectacularidad paisajística del Parque
Rural del Nublo, unido a sus valores geomorfológicos, ha hecho que,
juntamente con los anteriores espacios naturales, se haya propuesto para
su designación como Parque Nacional.
Entre las Reservas Naturales Especiales, resaltan
el de Las Dunas de Maspalomas donde se recoge un complejo dunar único
en el Archipiélago, con dunas móviles de gran belleza, así
como un ecosistema lacustre, el de La Charca de Maspalomas, refugio de
avifauna tanto sedentaria como migratoria. Otros espacios recogen las últimas
poblaciones de especies de flora endémica como es el caso del Sitio
de Interés Científico de Jinámar, única localidad
conocida de Lotus kunkelii. 

[7. Detalle de Lotus Kunkelii,
endemismo de Gran Canaria.]
Tenerife tiene protegido un alto porcentaje de su
superficie, el 48,6 % de su territorio. En esta isla resaltan los Parques
Rurales de Anaga y Teno, ubicados en los dos extremos de la isla, donde
se recogen muestras de la vegetación relicta del Terciario, la laurisilva,
así como manifestaciones de otras comunidades vegetales como las
del cardonal-tabaibal. Asimismo, especialmente en el de Anaga, se concentran
asentamientos humanos con actividades de explotación tradicional
de los recursos, de gran valor etnográfico y que hacen especialmente
conflictivas la integración de los objetivos de conservación
con las necesidades de desarrollo socioeconómico.

[8. Parque Rural de Teno, Tenerife.]
En La Palma, con el 35,3 % de su superficie protegida,
además del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, se ubican
dos Parques Naturales y cuatro Paisajes Protegidos. Entre los primeros,
destaca el Parque Natural de Las Nieves, que presenta una excelente muestra
de laurisilva y otra mixta con pinar, donde se refugian interesantes poblaciones
de la paloma de la laurisilva, especie endémica en peligro de extinción.
Regulación
de usos en espacios naturales 
Los objetivos de preservación de ecosistemas,
hábitats y especies que se persiguen con la Red Canaria de Espacios
Naturales Protegidos exige la regulación de las actividades y usos
del suelo y de los recursos que en ellos se realizan, tratando de eliminar
aquellos incompatibles con la conservación, y regular aquellos compatibles
con la misma.
Además, se delimitan aquellos sectores del
espacio donde se pueden ubicar las diferentes actividades, especialmente
aquellas que afectan a equipamientos de uso didáctico-recreativo
para los visitantes y escolares, así como las que afectan al desarrollo
socioeconómico de las poblaciones que viven en ellos o en su entorno.
El documento en el que se recogen tales determinaciones
es el instrumento de planeamiento del espacio natural:
El Plan Rector de Uso y Gestión en el caso
de Parques Naturales y Rurales.
El Plan Director en el caso de las Reservas Naturales.
Las Normas de Conservación en el caso de los
Monumentos Naturales y Sitios de Interés Científico.
El Plan Especial de Protección Paisajística
en el caso de los Paisajes Protegidos.
En estos documentos también se define el modo
en que se realizará la gestión y los equipos e instituciones
que se encargan de su ejecución y de velar por el cumplimiento de
lo allí reglado.
Actualmente, todos los Parques Nacionales Canarios
cuentan con sus equipos de gestión así como sus patronatos
correspondientes que se encargan de hacer cumplir el Plan Rector cuyas
determinaciones se actualizan cada cuatro años.
Entre los otros espacios, el Parque Rural de Anaga
en Tenerife ya cuenta con su Plan Rector de Uso y Gestión encontrándose
en tramitación otro gran número de ellos.
Posibilidades
didácticas de los espacios naturales 
Entre los objetivos básicos de los espacios
naturales se encuentra la formación de la población escolar
en materia de conservación de la naturaleza mediante la realización
de proyectos educativos y científicos, con la finalidad de fomentar
el conocimiento de la naturaleza y la necesidad de su conservación.
Es por ello por lo que en muchos espacios se localizan
equipamientos (centros de interpretación, senderos guiados, aulas
en la naturaleza, etc.), con el fin de facilitar tales actividades, siempre
con las limitaciones precisas para garantizar la protección de sus
valores y recursos característicos.
En Canarias, todos los parques nacionales cuentan
con algunas de estas infraestructuras, las cuales permiten la realización
de itinerarios dentro de su ámbito, contando algunos con el apoyo
de monitores, y en todos los casos con material didáctico y divulgativo
en el que se suministra información sobre los recursos más
significativos del Parque así como las recomendaciones de uso que
deben seguirse en el trayecto.
Entre los espacios incluidos en la Red Canaria de
Espacios Naturales Protegidos que cuentan con equipamientos didácticos
tenemos:
Gran Canaria:
- Reserva Natural Integral de Inagua (Aula en la
Naturaleza y senderos guiados), el Parque Rural de Doramas (Aula en la
Naturaleza de Osorio), el Paisaje Protegido de Cumbres (Campamentos del
Garañon y Cortijo de Huertas) y la Reserva Natural Especial de Las
Dunas de Maspalomas (Centro de Interpretación)
[Foto 9. C-5. Pie: Excursión didáctica
a través de la Reserva Natural Especial de Las Dunas de Maspalomas,
Gran Canaria.
Tenerife:
- Parque Natural de La Corona Forestal (Aula en la
Naturaleza de Barranco La Arena), el Parque Rural de Anaga (Centro de Interpretación)

La Palma:
- Parque Natural de Las Nieves (Centro de Interpretación
de El Canal y Los Tiles)
Fuerteventura:
- Parque Rural de Betancuria (Aula en la Naturaleza
de Parra Medina)
Lanzarote:
- Monumento Natural del Malpaís de La Corona
(Aula en la Naturaleza de Maguez)
El Hierro:
- Parque Rural de Frontera (Aula en la Naturaleza
del Pinar)
Tales equipamientos, especialmente las Aulas en la
Naturaleza, ubicados generalmente en el interior de los espacios o en los
lugares de acceso a los mismos, cuentan con material didáctico y
audiovisual así como el apoyo de personal especializado (monitores
ambientales) que asesoran y apoyan la labor del profesorado con los grupos
escolares. Estas instalaciones cuentan con dependencias que permiten estancias
de 3 a 7 días, lo que facilita además la realización
de actividades complementarias de dinámica de grupos y de convivencia.
Bibliografía

CONSEJERÍA DE POLÍTICA TERRITORIAL.
Legislación del Suelo y Ordenación Territorial. 1988.
MACHADO, A.: Los Parques Nacionales. Aspectos
jurídicos y administrativos. ICONA, 1988.
MARTÍN ESQUIVEL, J. L. et al: La red Canaria
de Espacios Naturales Protegidos. Consejería de Politica Territorial,
1995, 412 pp.
SUÁREZ, C y E. PÉREZ-CHACÓN,
«Los Espacios Naturales Protegidos». Geografia de Canarias,
Fasc. N.º 15: 229-244. Prensa Canaria, 1993.

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