EL SIGLO XVI.
LA EMIGRACIÓN A VENEZUELA EN
LOS SIGLOS XVII Y XVIII.
LA EMIGRACIÓN A CUBA EN LOS
SIGLOS XVII Y XVIII.
LA EMIGRACIÓN
A SANTO
DOMINGO EN LA ÉPOCA COLONIAL.
LA EMIGRACIÓN A PUERTO RICO EN
LA ÉPOCA COLONIAL.
LA EMIGRACIÓN A LOS ESTADOS
UNIDOS EN EL SIGLO XVIII.
LA EMIGRACIÓN A URUGUAY EN LOS
SIGLOS XVIII Y XIX.
LA EMIGRACIÓN A VENEZUELA EN EL
SIGLO XIX.
LA EMIGRACIÓN A CUBA EN EL SIGLO
XIX.
LA EMIGRACIÓN A CUBA EN LAS TRES
PRIMERAS DÉCACADAS DEL SIGLO XX.
LA EMIGRACIÓN RECIENTE A
VENEZUELA.
BIBLIOGRAFÍA.
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EL SIGLO XVI.

La conquista y colonización de las
Canarias centrales corre paralela al Descubrimiento de América.
El descubrimiento y la colonización de
las Antillas por Colón convirtió a las
Canarias en un escenario privilegiado, en un laboratorio experimental. Plantas
asiáticas como la caña de azúcar y la platanera desde ellas serían llevadas a
Indias. Técnicos canarios trabajarán en el primer ingenio del Nuevo Continente
en Santo Domingo. El ñame africano penetrará desde bien pronto en el ámbito
caribeño. Lo mismo ocurrirá con el cerdo, la cabra, el perro y la oveja, que,
conducidos desde las Islas, se esparcirán por las Antillas. Las Canarias fueron,
por tanto, un intermediario en la difusión de plantas y animales en ambos lados
del océano. La papa se aclimatará rápidamente y se conocen desde bien pronto
exportaciones hacia Europa. En una fecha tan temprana como 1567 ya eran enviadas
a Flandes. En unión del millo transformará la agricultura isleña convirtiéndose
en la alimentación por excelencia de las clases bajas de la sociedad. Por su
posición y la acción de los vientos alisios se convirtió en el paso obligado
para las Indias.
Los canarios participarían en la
conquista como expertos guías. Entre 1492 y 1506 al menos 12 de las mayores
expediciones hacen escala en La Gomera o Tenerife. Entre ellas las de los
mayores nombres de la conquista como Colón, Ojeda, Vespuccio, Pedrarias, La
Cosa, Yáñez u Ovando. Las Canarias tienen el privilegio de comerciar con Indias
desde los comienzos de la colonización del Nuevo Mundo. Una Real Orden de 1511
simplemente especifica que los canarios parten solamente con la autorización del
capitán del navío.
De esa forma, canarios o residentes
en Canarias se convierten en parte integrante de las expediciones de conquista y
colonización, como la de Pedro de Mendoza en la fundación de Buenos Aires en
1535 o la de Pedro Fernández de Lugo para la conquista de Santa Marta en
Colombia y otras. Sin embargo no podemos hablar de emigración canaria en sentido
estricto, pero sí como una base para el traslado al Nuevo Mundo sin los severos
controles del monopolio sevillano. En el siglo XVI Santo Domingo primero y La
Habana después son los principales destinos canarios. De forma lenta se irá
desarrollando un movimiento migratorio de comerciantes y de agricultores.
LA EMIGRACIÓN A VENEZUELA EN
LOS SIGLOS XVII Y XVIII.


A partir de 1670 a
emigración presenta un carácter masivo y familiar. Tras un siglo y medio de
crecimiento se dan síntomas de crisis. La falta de salida del vidueño canario,
un vino blanco de mesa, tras la emancipación de Portugal en 1640, cuyas colonias
eran su mercado preferente, arrastra a numerosas familias isleñas,
particularmente de Tenerife hacia tierras venezolanas y cubanas. Se habla de
sobrepoblación, La elite canaria, acusada de basarse su régimen privilegiado de
comercio con América en el contrabando de productos europeos, comienza a hablar
de llevar a familias canarias a los territorios vacíos del Caribe para evitar la
pérdida de tal tráfico mercantil. La ocupación de Jamaica por los ingleses, la
del oeste de Santo Domingo por los franceses y la de las Guayanas lleva a la
Corona a plantearse esa alternativa para evitar la ocupación de parte de
Venezuela o de las Antillas mayores. Se pacta con la Corona la Real Cédula de
1678 por la que debían ser trasladadas a tales lugares por los navieros canarios
50 familias por cada mil toneladas de comercio a cambio de no pagar el impuesto
de avería. Sin embargo el objetivo era la obtención de una compañía privilegiada
que nunca llegará. Hasta el Reglamento del comercio canario-americano de 1718
la Corona no asume los costes reales de ese traslado y fundación de nuevos
pueblos. Por ello serían generalmente particulares canarios o peninsulares a
cambio de privilegios los promotores de tales iniciativas pobladoras, aunque el
grueso de los emigrantes a Cuba y Venezuela lo hará por su propia cuenta.
La irrupción del cacao como
producto de exportación y la pacificación y el control de Los Llanos favorecen
la instalación definitiva de familias canarias en la región central de
Venezuela. En la Caracas y La Guaira de fines del siglo XVII comienza a
establecerse una importante colonia. Se calcula que representan entonces más de
un 90% de los casamientos de inmigrantes blancos y un 16% del total, número que
es mucho mayor si se tiene en cuenta que la gran mayoría se casaron y tuvieron
hijos antes de emigrar. La agricultura de subsistencia y la ganadería les lleva
a fundar pueblos en los altos del Valle de Caracas como Los Teques, Macarao, San
Antonio de los Altos o La Vega. Frutales como el membrillero o el duraznero y
cultivos como el maíz o la yuca los esparcen por doquier. Extienden el culto de
la Candelaria en todos los rincones. Pero no sólo contribuyen a la agricultura,
constituyen la mayor parte de los pulperos o mercaderes. Su presencia se
encuentra desde la cúspide con gobernadores como Ponte y Hoyo o Bethencourt y
Castro hasta artesanos mulatos y esclavos, de servicio o de plantación. Hasta en
las bellas artes se puede hablar de una auténtica escuela canaria que pone su
sello en la escultura, la pintura o la fundición.
Pueblo enteros de
Tenerife como Buenavista, El Sauzal o Vilaflor se vacían, pero no sólo en el
Valle de Caracas, en el Yaracuy fundan San Felipe e impulsan una agricultura
cacaotera realizada mayoritariamente por hombres libres. En Los Llanos fundan la
punta de lanza para la colonización San Carlos Cojedes, que culminarán más tarde
con la de Calabozo, abriendo el camino a la penetración exterior, que culminará
en la segunda mitad del XVIII. En Aragua se extienden por La Victoria y Maracay.
Desde San Sebastián de Los Reyes se proyectan hacia Villa de Cura y San Juan de
Los Morros. En Barlovento inician como pequeños cultivadores de cacao la
colonización de Curiepe y Panaquire, que completarán en la segunda mitad del
XVIII con la del Guapo y Río Chico. Otro tanto cabe decir en Barquisimeto y
Guanare. En Maracaibo milicianos y familias son desplazadas para colonizar su
interior. Pero sólo es efectiva cuando un empresario particular emprende con
ellas la de Perijá. En Oriente son llevados a Cumaná y Cumanacoa, pero se quedan
allí porque fracasa su colonización interior. Sólo al del Concepción del Pao es
exitosa. Otro tanto ocurre con Upata, que abandonar tras ser incendiada por
ataques británicos. Sólo en la segunda mitad del XVIII podemos hablar de una
expansión colonizadora más efectiva.
Ese auge, con el
tráfico con México y el contrabando como punta de lanza, choca bien pronto con
la Corona que crea para contrarrestarlo la Compañía Guipuzcoana. Los canarios se
sienten golpeados por su control que perjudica esencialmente a los pequeños
cultivadores. La rebelión estalla en 1741 en San Felipe Yaracuy y tiene su
expresión más señera en 1749 con la del herreño Juan Francisco de León. Su
derrota es la advertencia más seria a los campesinos que ven cerrada su
conversión en hacendados. La colonización interior es su única alternativa. Es
la época en que predomina la emigración de varones en Los Llanos o Oriente para
roturar nuevas tierras como Chaguaramas, Ospino o San Jaime en Los Llanos o
Nueva Palencia o la Piragua en el Oriente.
El éxito de la
colonización interior lleva de nuevo a fines del siglo XVIII, en vísperas de la
independencia, al renacimiento de la emigración familiar. El café es su
aliciente. La independencia, consecuencia ineludible del vacío que supuso la
invasión napoleónica, fue antes que nada una guerra social en la que canarios de
la élite y del pueblo llano se expresaron como venezolanos, porque para ellos
eran criollos. Si bien al principio todos los espectros sociales la apoyaron, su
carácter oligárquico mostró la desafección de las clases bajas que simpatizaron
con la contrarrevolución. Pero con los llaneros al mando de Páez volvieron de
nuevo a la causa independentista, como el conjunto de las clases bajas
venezolanas.
LA EMIGRACIÓN A CUBA EN LOS
SIGLOS XVII Y XVIII.


La emigración canaria se difunde
desde el último tercio del siglo XVII en la provincia de La Habana y en menor
medida en la región central de la isla. Gracias al tabaco, transforman la
economía insular y marcan el comienzo de una etapa de crecimiento económico
marcada por las exportaciones. En 1693 con familias canarias nació Matanzas. Los
canarios no se dedicaron exclusivamente al cultivo del tabaco, explotaron
pequeños huertos para abastecer de maloja (alimento para el ganado) o de
vegetales. Un volumen significativo del pequeño comercio estaba en sus manos. El
tráfico con Canarias fue el punto de partida para la formación de elites
mercantiles isleñas que se integraron dentro de los estratos altos de la
sociedad cubana. Sin embargo la mayoría lucha por acceder a la tierra y por
obstaculizar el desarrollo de los privilegios señoriales de los terratenientes
cubanos, como los de Bejucal en 1713 o Nuestra Señora del Rosario en 1731. Jalón
esencial en esa lucha sería Santiago de las Vegas, constituida en villa
señoriales en 1775, tras un dilatado pleito. La Corona quiso monopolizar el
tabaco a través del monopolio estatal. En 1717 se estableció el Estanco, frente
al que se opusieron los vegueros con motines. La represión alcanzó su punto
culminante en 1723. 11 serían fusilados y más de 50 muertos.
La emigración
de varones será la predominante en la segunda mitad del XVIII por las mayores
dificultades de acceso a la tierra y la menor rentabilidad del cultivo del
tabaco. La liberalización de la trata de esclavos en 1789 depara su introducción
masiva, favorecida por la rebelión de los esclavos en Haití. Este cambio
cualitativo coincide con una grave crisis económica en Canarias. Aunque entre
1783 y 1791 creció sin cesar el número de vegueros, la situación cambió
radicalmente. Los que cultivaban las tierras a censo y por arrendamiento se
vieron obligadas a dejarlas y a dirigirse hacia zonas más alejadas como Pinar
del Río, que se convertirá en la célebre Vuelta Abajo, el centro tabaquero por
excelencia. Los hatos se transformaron en plantaciones. El choque entre
hacendados y cultivadores se hizo evidente en Güines y San Antonio de los Baños.
Una parte considerable de los cultivadores serían expulsados de sus tierras,
para ser sustituidos por mano de obra esclava en las nuevas plantaciones
azucareras.
LA EMIGRACIÓN
A SANTO
DOMINGO EN LA ÉPOCA COLONIAL.


Además del SE del país, el
primer jalón de la política pobladora dominicana fue la fundación en las afueras
de Santo Domingo de San Carlos de Tenerife en 1684. Aunque al principio tuvieron
dificultades, fueron afectados por las epidemias y tuvieron que cambiar su
ubicación, prosperó como centro abastecedor de productos agrícolas a la capital.
Desde 1690 en que 25 familias fueron agregadas a la población de la segunda
ciudad del país, Santiago en el fértil valle norteño del Cibao, los canarios se
dirigirán hacia la región fronteriza y septentrional del país, auspiciados por
la política gubernamental de servir de freno a la ocupación francesa y
estimulados por las ventajas de las ventas de ganados y tabaco en el Santo
Domingo Francés. Eje cardinal de la expansión en la región fronteriza fue la
fundación con familias canarias de la villa de Hincha en 1704. Años había tenido
lugar la de Banica. Vertebró en torno a sí el dinamismo de una región cuya base
de crecimiento era precisamente ese intercambio. La demanda de ganado se
convirtió en el mayor incitador a su crecimiento. A ella se le uniría en 1733 la
de San Juan de la Maguana con hateros próximos, vecinos de Azua e isleños
dispersos. Conjuntamente con el impulso poblador de Hincha se inicia la del
valle del Cibao. En la década de los treinta fue de tal calibre que su principal
ciudad, Santiago, llegó a contar con una compañía de milicias isleñas. Esa
colonización interior favoreció la formación de un campesinado blanco o mulato
claro en áreas de intenso predominio isleño como La Vega o Moca, los llamados
monteros, símbolos rurales de la nacionalidad dominicana.
A partir de 1730 su despegue
económico se ve por fin estimulado por la Corona que decide invertir gruesas
sumas para la colonización con canarios de áreas vacías Financia buena parte de
los pasajes de las familias, puesto que otra parte corre a cargo de los
navieros, que debían de transportar gratuitamente cincuenta por cada mil
toneladas desde 1678, y la totalidad del costo de su instalación. Ya no se
emigra por urgencia rumbo a lo desconocido emigrantes sin vínculos en Indias, de
áreas e islas sin tales tradiciones. Se divisa mejores posibilidades de futuro.
Familias jóvenes, mujeres desarraigadas con hijos inician esa aventura. Su eje
será Puerto Plata y Montecristi en el norte y la Península de Samaná en el NE.
La frontera siguió creciendo con el reforzamiento de Azua, la fundación de Neiba
Las Caobas, Dajabon y San Rafael de la Angostura En 1768 tiene lugar en el sur
de la de Baní, un auténtico paréntesis étnico en un sur de predominio mulato.
Su extraordinario impacto se puede apreciar en su vertiginoso crecimiento entre
1740 y 1760 que llega a doblar su población, que pasa de los 25-30.000
habitantes a los 52-55.000, con un mayor énfasis en las áreas de colonización
canaria. La media de miembros por familia era de 6´25. Su alta tasa de natalidad
explica que alcanzase los 100.000 habitantes a comienzos de los 90.
LA EMIGRACIÓN A PUERTO RICO EN
LA ÉPOCA COLONIAL.


El primer poblamiento canario de
fines del siglo XVII es Río Piedras con 20 familias trasladadas por Juan
Fernández Franco de Medina a cambio del Gobierno de la isla. Entre 1720 y 1730
fueron trasladadas por la Corona financiado en parte su traslado con el pago de
los pasaje por los navieros 176 familias con un total de 882 personas. Originó
un cambio radical en la demografía insular. En 1729 alcanzó 4.570 habitantes y
en 1750 14.027.
Se distribuyen en los primeros
arribos por el actual Humacao, pero el establecimiento inicial de 1722 fracasa.
Mayor proyección alcanzan los asentados por Loíza, Bayamón y el Toa. Esa
creciente concentración posibilita la fundación en 1745 de Toa Baja, seguida en
1751 por el de la Alta. En ambos es decisiva la participación colonizadora de
los canarios hasta el punto de se le da el culto a la Candelaria y se realiza,
como ha pervivido hasta la actualidad ,la representación de la aparición de la
Virgen a los primitivos habitantes de las islas. Otra región en que fue notorio
su influjo fue la de la costa oeste desde Aguada a Cabo Rojo. En 1729 por
Mayagüez, Añasco y Rincón se establecieron también. Fundaron una ermita en
Mayagüez a la Candelaria y otra en Rincón en honor a Santa Rosa. En Añasco se
dio carácter de parroquia a la vieja ermita de San Antonio Abad. Aunque no
fueron llevados por la acción gubernamental, nuevos grupos se asentaron.
Constituyen el factor de mayor importancia dentro de su extraordinario
desarrollo. Casi se triplica en 1799, cuando alcanza las 153.232 almas. De las
28 poblaciones nuevas que se fundan en ella entre 1714 y 1797, no menos de 19
deben su origen al esfuerzo colonizador de los hijos de Canarias. En la primera
mitad del siglo XIX nuevos aportes canarios, que darán pie a nuevas poblaciones,
como Naguabo en la vertiente occidental de la isla, demostrarán el papel que
jugaron en la transición del trabajo esclavo al asalariado en una isla en la que
la trata esclavista nunca alcanzó los niveles de Cuba. Los canarios se
convirtieron desde la tercera década del XIX en pioneros del trabajo libre en la
caña de azúcar, hasta tal punto que fue prohibida la difusión de tan exitosa
experiencia.
LA EMIGRACIÓN A LOS ESTADOS
UNIDOS EN EL SIGLO XVIII.


En 1740 la Corona decide crear
la Compañía de La Habana para impulsar el comercio entre Cuba y la metrópoli. Se
obligaba a transportar 50 familias a la Florida. En 1757 fueron trasladadas 375
personas. En años sucesivos hasta 1761 su número llegaría a 711. En 1763, como
consecuencia de la Guerra con Inglaterra, Florida pasó a manos británicas. La
mayor parte de los canarios, aunque no todos, decidieron trasladarse a Cuba,
donde se establecieron en el occidente de la isla.
La Corona desde fines del siglo
XVII se interesó por la colonización de Texas. Entre 1724 1733 137 familias
salieron con ese destino. Pero, al arribar a La Habana, decidieron establecerse
en Cuba. Sí próspero, sin embargo, con 64 personas la fundación de San Antonio
en 1731. Éstos se constituyen como su oligarquía, canalizando en su provecho el
regadío, lo que les originó conflictos con las misiones allí establecidas.
Apoyaron tanto la independencia de Méjico como al República de Texas, muriendo
algunos de ellos en la defensa del Álamo frente a las tropas mejicanas.
La Corona decide poblar Luisiana,
ocupada por los españoles desde 1763 Entre 1777 y 1783, años de aguda crisis en
las islas, agravada por la paralización del comercio como consecuencia de la
Revolución Norteamericana, se embarcan con ese objetivo sobre 4.000 canarios, de
los cuales arribaran definitivamente a ese territorio norteamericano en torno a
los 2.000, porque la mitad desertaron en Venezuela y Cuba. Constituyeron cuatro
poblaciones que tuvieron una vida plagada de dificultades. Sólo prosperó San
Bernardo, donde siguieron manteniendo la cultura y el habla canaria hasta
nuestros días y Valenzuela, donde se mezclaron con los franceses. La mayoría se
trasladó hacia la Florida Occidental y Baton Rouge, la capital de Luisiana,
donde una parte de la localidad continuó con el nombre de “Spanish Town” durante
el siglo XIX.
LA EMIGRACIÓN A URUGUAY EN LOS
SIGLOS XVIII Y XIX.


El Río de la Plata había sido un territorio
escasamente colonizado por España. La obsesión española por evitar el
contrabando y la evasión de metales preciosos había conducido a su precario
poblamiento. Pero el avance portugués sobre Uruguay con la fundación de la
colonia de Sacramento en 1680 llevó a la Corona española a potenciar la
emigración de canarios como forma de cumplir el papel de frontera viva frente a
la expansión portuguesa.
Fruto de esa política sería el
envío de dos expediciones de 25 y 30 familias canarias que, en unión de unas
pocas procedentes de Buenos Aires, darían pie a la fundación de Montevideo. Una
vez más se trataba de compaginar los intereses de las élites canarias, con la
consecución de la posibilidad de comerciar libremente con el Río de la Plata,
con la política poblacionista de la Corona. Pobladores a cambio de comercio. Mas
los recelos y las presiones llevaron a la inmediata paralización de ese
intercambio en 1729. Pudo más en la balanza el miedo al contrabando que ese
tráfico ocasionaría y los intereses monopolistas de la burguesía gaditana que la
necesidad de impulsar la colonización de un territorio vacío y amenazado como
era el uruguayo, por lo que desde ese año cesaron terminantemente las
expediciones y con ellas el poblamiento español se vio seriamente afectado.
Los pobladores canarios formaron en
Montevideo un ayuntamiento Pero no fueron beneficiados de forma proporcional a
su número en el reparto de la propiedad de la tierra. Peninsulares o bonaerenses
acaparaban grandes latifundios ganaderos y obstaculizaban la difusión de la
pequeña propiedad agrícola.
Desde los primeros años del siglo
XIX, un comerciante santacrucero establecido en Arrecife, Francisco Aguilar,
fletó una expedición de 200 lanzaroteños rumbo a Montevideo. Con ella comenzó un
período de intensa emigración desde Lanzarote y Fuerteventura hacia ese destino,
no interrumpida por los avatares bélicos por los que atravesó la naciente
República. Una expatriación que fue denunciada por las pésimas condiciones de la
travesía y la explotación de los pasajeros que tuvo algunas trágicas
consecuencias, como sucedió con la realizada por los hermanos Morales en 1836.
Cegados por la codicia y la ignorancia contrataron más plazas que las que podían
caber en la nave, por lo que faltaron los víveres y se llegó por el hambre hasta
comer carne humana.
Esta emigración se convirtió, pues,
en un lucrativo negocio tanto para amplios sectores de las clases dominantes
canarias como para ciertos empresarios uruguayos. Tales expediciones fueron
monopolizadas por dos poderosos empresarios de Montevideo: Juan María Pérez y
Samuel Fisher, que no se limitaban sólo a negociar el transporte de colonos sino
que poseían tierras propias a las que ataban a los pasajeros por las deudas del
pasaje o las adquirían en ventajosas concesiones al Estado para destinarlas a
proyectos de colonización. Una estadística de la época cifra la inmigración
canaria al Uruguay entre 1835 y 1845 en torno a las 8.200 personas, lo que
constituía un 17% de todos los inmigrantes y el 65% de los españoles. Fue una
inmigración que transformó intensamente el interior del país, con un destino
preferentemente agrícola. Con el estallido de la Guerra Grande en Uruguay, la
situación de los canarios se agravó. Se suprimió la exención del servicio
militar y se les obligó a alistarse en la Guardia Nacional a los comprendidos
entre los 14 y los 45 años. Se dieron casos de niños de 12 años de edad que
figuraron en primera línea de combate.
Entre 1877 y 1900 la emigración
hacia el Uruguay continuó, pero no tuvo ya el relieve de la etapa anterior. Se
calcula en 5.749 el número de inmigrantes que permanecieron de forma definitiva
en la República Oriental. Por otro lado, entre las nuevas arribadas destaca el
año crítico de 1878 en el que llegaron 2.951. Los saldos fueron negativos a
partir de ese año con la crisis que afectó al Río de la Plata y la quiebra de la
Banca Baring Brothers con fuertes inversiones en la región.
Los canarios contribuyeron al
desarrollo agrario del país entre 1830 y 1880. Se dedicaron al cultivo de la
tierra en los departamentos de Montevideo, San José, Maldonado y Colonia. Pese a
ello se ocuparon también en empleos urbanos, como el comercio, o la artesanía,
aunque el campo fue su actividad fundamental. En un país en el que la fiebre
ganadera lo ocupaba todo, los isleños expandieron la agricultura. Tal influencia
alcanzó en las áreas agrarias tales como Canalones, Colonia, San José y Soria,
que hoy en día a los habitantes del primero de los distritos se les sigue
llamando canarios y por extensión se les denomina a los de la zona agrícola del
sur del país y a toda la población rural. Los cereales fueron su cultivo
mayoritario, actividad en la que estaban adiestrados los lanzaroteños y
majoreros por ser su actividad esencial. Tal especialización convirtió en voz
común la expresión de que los uruguayos no sabían plantar sino comer carne y
fueron los isleños los que les arrendaron las tierras y comenzaron a cultivar
trigo y maíz. Al realizarse la trilla mediante el trabajo colectivo entre los
vecinos, nació una costumbre la compañía, nacida de la solidaridad colectiva
entre los paisanos. Esa endogamia de grupo no sólo jugó un papel importante en
la producción, sino en los casamientos. Las relaciones de convivencia y
parentesco entre los canarios permiten su supervivencia como tales, manteniendo
vivos los lazos culturales y familiares a través del tiempo en las zonas rurales
del país.
LA EMIGRACIÓN A VENEZUELA EN EL
SIGLO XIX.


En 1831 el
Presidente Páez llama a los canarios en exclusiva a poblar los fértiles campos
venezolanos como sustitutos de los esclavos. Una corriente migratoria de
familias canarias se estableció especialmente en los años 40. Su influencia fue
tan decisiva que jugaron un papel crucial en la Guerra Federal. Tras la paz
vivió su época dorada en el Gobierno de Guzmán Blanco. El auge cafetalero y la
crisis bélica cubana la favorecieron en una etapa de grave depresión en Canarias
tras el crac de la cochinilla. La trascendencia de ese contingente fue tal que
entre 1874 y 1888 de los 20.827 inmigrantes registrados 14.403 eran isleños. En
el último decenio del siglo, a pesar de la crisis cafetalera desde 1893,
siguieron acudiendo para huir del servicio militar por la Guerra en Cuba. Serán
los años en que Secundino Delgado publique El Guanche.
LA EMIGRACIÓN A CUBA EN EL SIGLO
XIX.


Tras la crisis del viñedo en
1814 la migración se centró únicamente en Cuba y Puerto Rico, dado el conflicto
bélico reinante en Venezuela. Son años de intensa migración en la que los
canarios se dedican en la provincia de La Habana al abastecimiento interno o
como mayorales de las plantaciones azucareras. Se extienden por el occidente y
el centro de la isla y en menor medida por el oriente, dedicado esencialmente al
cultivo del tabaco. Desde los cuarenta del XIX se asiste a un proceso de
paulatina sustitución de la mano de obra esclava por asalariados agrícolas La
política gubernamental rechazaba la colonización blanca. Veía en el predominio
numérico de la esclavitud un freno a las tendencias independentistas. En el
marco de la Guerra de los Diez Años (1868-1878), la emigración canaria era
considerada por los autonomistas y separatistas cubanos como diferenciada de la
peninsular, lo que llevó a contraponerla y potenciarla La fórmula habitual de
la emigración era la contrata. La complicidad y el fraude presiden la actuación
de las clases dominantes canarias. La extinción definitiva de la esclavitud fue
en 1886. Se calcula entre 50 y 60.000 el total de los emigrantes isleños en la
segunda mitad del XIX. La zafra de 1887 fue la primera que se hizo totalmente
con asalariados. Los conflictos bélicos hicieron que no fluyera el número de
canarios deseados a pesar del crac de la cochinilla desde 1875.

LA EMIGRACIÓN A CUBA EN LAS TRES
PRIMERAS DÉCACADAS DEL SIGLO XX.


La emigración canaria a Cuba
tras la independencia y la reactivación económica que le siguió con la inversión
de capitales norteamericanos, brindaba a la isla campesinos experimentados en
compaginar todo tipo de labores agrícolas. Será una migración con un alto
porcentaje de varones y de retornados, que invertían sus ahorros en Canarias,
favoreciendo la división de la gran propiedad especialmente en los altos de los
pueblos. Las diferencias salariales entre un lado y otro y la llevada cotización
del peso cubano estimularon ese retorno en una época de bonanza en las islas con
la reactivación económica gracias a los nuevos cultivos de exportación
(plátanos, tomates y papas). Se intensificó a partir de 1910, y especialmente
entre 1915-20 por las graves consecuencias de la Primera Guerra Mundial. El
bienestar económico cubano llega a su cenit por esos años. Pero en 1921 se
originó un impresionante derrumbe. Hubo una cierta recuperación económica entre
1923-24, pero el crac del 29 trajo consigo el hundimiento definitivo de la
migración.
Una parte de la emigración se
canalizó hacia el tabaco en Pinar del Río y la región central de la isla y otra
hacia la caña de azúcar en Oriente. Un 30% se quedó definitivamente en la isla,
mientras que el resto retornó. Eran éstos últimos fundamentalmente varones
jóvenes empleados en las labores de las zafras tabaqueras o cañeras, en el
cultivo de frutales o en la venta ambulante. Los que se quedaban en su mayoría
eran cultivadores de tabaco o colonos cañeros que traían a sus familias o se
casaban con hijas de canarios. En las vegas se iniciaban como trabajadores a la
parte de los beneficios. Con sus ahorros en épocas de bonanza compraban luego
propiedades, asentándose definitivamente en ellas, como era característico de la
zona de Sancti Spiritus donde los bajos precios de los terrenos hasta entonces
montuosos favoreció el asentamiento de la población en esa región, donde la
presencia canaria era muy numerosa. La deserción del servicio militar, sobre
todo en los momentos álgidos de la Guerra de Marruecos, fue también otro de sus
alicientes. Uno de sus rasgos característicos fue el asociacionismo canario
creando delegaciones de la Asociación canaria por toda la isla. Dieron pie a
centros sanitarios y a un importante movimiento periodístico. Una parte
minoritaria de éstos dio lugar en los 20 a la creación del Partido Nacionalista
Canario y s u órgano de expresión “El Guanche”.
LA EMIGRACIÓN RECIENTE A
VENEZUELA.


La emigración a
Venezuela volvió a reactivarse a raíz del crac del 29, que cerró las puertas a
la migración de Cuba. Con la Guerra Civil Española un grave período de crisis y
autarquía se abrió sobre las islas, del que no se saldría hasta los años
sesenta. Pero entre 1936 y 1946 la migración estuvo prácticamente interrumpida.
Se limitó a algunos prófugos políticos. Pero desde el año 1948, ante las serias
dificultades que impuso la España franquista a la migración con trámites penosos
y costosísimos, nació la llamada época de los barcos fantasmas. En ella la flota
pesquera canaria se destino al traslado de inmigrantes clandestinos en tales
barcos de vela . Entre ese año y 1952 se calcula que la efectuarían unos 8.000.
Fue sin duda uno de los episodios más dramáticos y épicos del afán de los
canarios por llevar a la Nueva Arcadia Prometida, en las que navíos con una
disponibilidad máxima de 50 personas llegaron a transportar 286. Fue tal el
escándalo y la repercusión que tuvo en Venezuela que Pérez Jiménez presionó a
Franco para reducir el 19 de agosto de 1950 los trámites migratorios. Nació así
la época de las puertas abiertas . Se calcula que entre 1951 y 1958 entraron en
el país más de 60.000. Con la caída de Pérez Jiménez se abre la de de la
reconstrucción familiar. Las mujeres pasan a ser el 60% de los emigrantes. La
última etapa dorada de esta migración serán los años 70. La crisis del 73 en
Canarias y la última época dorada del petróleo con su subida constante que
permitió triplicar el presupuesto y nacionalizarlo, llevó a numerosos
inmigrantes, generalmente jóvenes, parientes de los ya establecidos, a arraigar
allí.
La contribución de
los canarios a la modernización venezolana fue decisiva en el ámbito de la
agricultura. Sectores como el tomate, el plátano, la cebolla o la papa le deben
a ellos en buena medida su activo protagonismo. Regiones como las de
Barquisimeto, Valle de Pascua, Orituco o Coro vieron reformadas sus estructuras
agrarias con la apertura de pozos y la generalización del regadío. Pero no
fueron sólo agricultores, también jugaron un papel en la industria, el comercio
y el sector financiero. En la distribución al por mayor de productos agrícolas
su hegemonía en mercados como el de Coche fue nítida.
BIBLIOGRAFÍA.


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