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El arte canario
Canarias prehispánicas, siglos
XIII y XIV
Arte de los conquistadores (siglo XV)
El siglo XVI y su arte
Barroco
Arte del siglo XIX
Umbral del siglo XX
Bibliografía
Ilustraciones
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El arte canario no siempre fue realizado por canarios.
Desde la Conquista hasta el siglo XVII (tanto la civil como la religiosa)
se nutrió de talleres foráneos, ya fuesen de la Baja Andalucía,
de Flandes, de Génova, incluso de Méjico. Así pues,
puede decirse que hasta finales del siglo XVII no había una producción
artística canaria capaz de responder a la demanda de imágenes,
pinturas, ornamentos religiosos, orfebrería, etc. El primer cliente
era la iglesia, siendo de destacar el mecenazgo del Cabildo Catedral de
Las Palmas y de las grandes Órdenes Religiosas (franciscanos, dominicos,
agustinos, etc.). La aristocracia también desempeñó
un papel importante, pero menor que el de la iglesia. Hay que citar, sin
embargo, el protagonismo de las familias flamencas afincadas en la isla
de La Palma y dedicadas a la producción y comercio de la caña
de azúcar, las cuales hicieron importantes encargos de tallas y
pinturas a los talleres flamencos. Hoy en día estas obras de importación
se han integrado en el patrimonio cultural de las islas.

[1. Virgen del Rosario, Escultura
de madera policromada, 74 cm., Flandes, 1.ª mitad del siglo XVI, Iglesia
de Nuestra Señora del Rosario, Barlovento, La Palma.]
Canarias
Prehispánicas, siglos XIII y XIV 
Antes de la llegada de los conquistadores castellanos
a las islas, otros europeos arribaron a sus costas: primero los genoveses,
a fines del siglo XIII, y luego los catalanes y los mallorquines; estos
últimos fundaron el obispado de Telde (1331-1391). Pero casi nada
queda de estos primeros colonizadores del Archipiélago. Se cree
que acaso sea mallorquina la imagen de San Nicolás de Tolentino
que se conserva en la parroquia de la localidad del mismo nombre, en la
isla de Gran Canaria. Lo mismo puede decirse de los conquistadores normandos
que llegaron en el siglo XIV, de quienes sólo se conservan las ruinas
góticas de San Marcial del Rubicón, en Lanzarote, y algunos
elementos arquitectónicos de estilo gótico en Betancuria
(Fuerteventura). La imagen de la Virgen de la Peña, patrona de esta
isla, pudo haber sido traída por los normandos en el primer tercio
del siglo XV. Es una hermosa escultura de alabastro, labrada en algún
taller del norte de Francia.
Arte de
los conquistadores (siglo XV) 
Los conquistadores castellanos también portaban
consigo imágenes sacras de campaña, como la Virgen de la
Consolación, que acompañaba al Adelantado Alonso Fernández
de Lugo, y que hoy se conserva en la iglesia de la Concepción de
Santa Cruz de Tenerife. Se cree que la Virgen de las Nieves de La Palma,
que es de procedencia sevillana, también pudo haber sido traída
por dicho conquistador. Sevillana es también la Virgen del Pino,
patrona de Gran Canaria, realizada en barro cocido por Jorge Fernández.
La primera imagen de la Virgen arribó a la isla seguramente con
las misiones franciscanas en la mitad del siglo XV; perdida en el aluvión
de 1826, hoy sólo la conocemos a través de copias. La del
Cristo de La Laguna llegó con el Adelantado Alonso Fernández
de Lugo. Es una pieza de excepcional valor artístico, tallada en
madera de roble de Flandes, de estilo gótico. Antes de que el Duque
de Medina Sidonia se la obsequiara al adelantado era venerada en la ermita
de la Vera Cruz en Sanlúcar de Barrameda. En 1520 el conquistador
la donó a su vez al convento franciscano de San Miguel de las Victorias,
en cuya iglesia aún se conserva.
El siglo
XVI y su arte 
En las columnas y bóvedas de la catedral de
Las Palmas -el monumento más importante de la arquitectura canaria-
nos encontramos con una manifestación grandiosa del estilo gótico-manuelino.
El estilo gótico también está presente en muchas portadas
de palacios del barrio histórico de Vegueta, barrio que se desarrolló
en torno a la fábrica de la catedral de Las Palmas.

[2. Catedral de Las Palmas.]
En las portadas de las mansiones de Vegueta también
se conservan del estilo renacentista algunos elementos arquitectónicos
clasicistas. En cuanto a las artes plásticas de esta época,
siglo XVI, cabe citar la importación de algunas tallas flamencas
renacentistas, datadas en el primer tercio de esta centuria, como el tríptico
de Taganana, atribuido a un pintor de la escuela de Brujas, o el de la
ermita de Las Nieves, en Agaete, atribuido a Joos Van Cleve.

[3. Tríptico de Las
Nieves, Agaete, las Palmas de Gran Canaria.]
Barroco

En Canarias, la cultura artística del Barroco
abarca desde mediados del siglo XVII hasta finales del siglo XVIII. Es
el primer estilo que arraiga plenamente en las Islas. Ya no cabe hablar
de una implantación relativa; se manifestó en todas las artes,
contando con una aportación importante de los creadores canarios,
pues fue entonces cuando se formaron en los núcleos urbanos de las
islas los primeros talleres que abastecían de cuadros e imágenes
a las iglesias, conventos y mansiones señoriales. Lo cual no quiere
decir que se dejasen de importar obras de los talleres genoveses y sevillanos;
aunque se interrumpiera la importación de tallas flamencas, ya que
la presencia de éstas en las islas, especialmente en La Palma, tenía
que ver con un fenómeno comercial, el de la caña de azúcar,
y cuando dicho monocultivo fue reemplazado por el del vino, todo el tráfico
comercial de las islas se desvió a Inglaterra.
La segunda mitad del siglo XVII en Canarias estuvo
marcada por las secuelas de una gran crisis económica, de la que
se hacía eco Viera y Clavijo, señalando el hecho de que todos
los grandes conventos fuesen fundados antes de 1640. Sin embargo los talleres
canarios desde entonces hasta finales del siglo XVIII no dejaron de producir
piezas de arte sacro para los conventos, ermitas y parroquias de las islas.
Durante el siglo XVII se configura el modelo de la
arquitectura tradicional canario, tanto en la tipología civil (la
casa) como en la religiosa (la iglesia, la ermita y el convento). El uso
de la madera en las ventanas exteriores, en las balaustradas de los patios
interiores y en los artesonados de los salones y en los suelos infunde
personalidad a estas creaciones anónimas de nuestra arquitectura.
La tradición artesanal de la carpintería proclama su origen
mudéjar, proveniente de la Baja Andalucía, en tanto que ciertas
soluciones arquitectónicas apuntan a un origen portugués.
En la pintura surgen los primeros maestros canarios,
como el orotavense Gaspar de Quevedo, nacido en 1616. Entre los siglos
XVII y XVIII trabajaron Cristóbal Hernández de Quintana (1651-1725),
en Tenerife, y Bernardo Manuel de Silva (1655-1721), en La Palma, quien
también cultivó la imaginería religiosa. Y a finales
de dicha centuria hay que destacar la labor del grancanario Juan de Miranda
(1723-1805).
En el estilo barroco también se expresó
el más grande escultor que ha dado Canarias durante el Antiguo Régimen,
el imaginero José Luján Pérez (1756-1815), creador
en sus imágenes marianas de un modelo de rotunda y deslumbrante
belleza, véase la Dolorosa de la Catedral de Las Palmas, que la
devoción popular asocia con la fisonomía de la mujer canaria.
Las obras que proyectó como arquitecto evidencian su filiación
a la estética neoclásica, por ejemplo, sus intervenciones
en la catedral de Las Palmas.

[4. Cristo de Luján
Pérez, Catedral de Las Palmas.]
Durante los siglos XVII y XVIII florecieron también
las labores de orfebrería. La plata traída de América
se repujaba en los talleres canarios, sobresaliendo la calidad de las piezas
elaboradas por los orfebres laguneros. Asimismo floreció el arte
del retablo: esas portentosas fábricas de madera dorada que decoran
suntuosamente los interiores de los templos de las islas.
Los mejores frutos artísticos llegaron en
la segunda mitad del siglo XVIII. El modelo de vivienda aristocrática
alcanzó entonces su máximo esplendor (véase la denominada
Casa de los Balcones, de la Orotava). Esta tipología se caracteriza
por el brillante desarrollo de las fachadas -de tres plantas, con un balcón
corrido en el granero-, y por la amplitud y nobleza de los patios interiores
-con corredores sustentados por columnas, que podían ser de piedra
o de madera, y balaustradas de madera talladas con maestría y primor-
De uno de los costados del patio partía la escalera de madera que
conducía al salón noble de la casa, cuyas ventanas, dotadas
de asientos, daban a la fachada principal del edificio.
En las últimas décadas del siglo XVIII,
la penetración de las ideas ilustradas procedentes de Europa supuso
una modernización «externa» de la casa tradicional canaria,
que perdió algo de su aire señorial y rústico para
vestirse con la apariencia decorosa de la edificación urbana. Las
referencias neoclásicas, que se manifiestan en la regularización
de los vanos, en el uso discreto de frontones y, sobre todo, en la tendencia
a tapar los aleros de los tejados, constituyen modificaciones estilísticas
que no afectan a la estructura interna de la vivienda. Es tan sólo
un cambio de piel.
Arte del
siglo XIX 
El nuevo espíritu cívico, que la ilustración
canaria promovió a finales del siglo XVIII, fue el desencadenamiento
ideológico que hizo posible durante la centuria siguiente el desarrollo
urbano de las dos capitales canarias, Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas
de Gran Canaria, ciudades que crecerían impulsadas por la actividad
comercial de sus respectivos puertos. La arquitectura y el urbanismo serán
un reflejo de estas profundas transformaciones que se estaban operando
en la sociedad canaria.
Los principales arquitectos ejercieron también
de urbanistas: Manuel de Oraá (1822-1889), en Tenerife, que proyectó
el Teatro Guimerá; y Manuel Ponce de León y Falcón
(1812-1880), que también practicó la pintura, a quien se
debe el diseño de la plaza del Espíritu Santo, en Las Palmas
de Gran Canaria.
En el terreno de las artes figurativas esta nueva
mentalidad determina el nacimiento del retrato burgués. Como las
rentas de la iglesia disminuyeron sensiblemente y la religiosidad se fue
enfriando, un nuevo tipo de mecenazgo acabaría por imponerse: el
de la burguesía y el de las instituciones públicas (ayuntamientos,
cabildos, etc.). Salvo excepciones, no hay pintura mitológica, ni
pintura de ruinas, ni versiones morales de la historia romana.
Los artistas se convierten en profesionales burgueses:
Luján Pérez fue consejero del Cabildo de Las Palmas, Fernando
Estévez, concejal del Ayuntamiento de la Orotava, y Luis de la Cruz,
alcalde del Puerto de la Cruz.
Los dos artistas neoclásicos más importantes
que dio Canarias fueron el pintor Luis de la Cruz y Ríos (1776-1853)
y el imaginero Fernando Estévez (1788-1854). El primero fue un magnífico
retratista y miniaturista, para quien posó la aristocracia isleña,
antes de que Fernando VII lo nombrara pintor de Corte, debiendo trasladarse
a Madrid, donde siguió cultivando la miniatura y el retrato al óleo.
De Fernando Estévez, cabe decir que fue discípulo de Luján
Pérez. Su estilo es más sosegado y clásico que el
de su maestro. La serenidad, como se sabe es un atributo estético
del arte neoclásico. Plasmó en sus vírgenes un modelo
de belleza femenina cuya expresión dulce y melancólica induce
a pensar en la influencia que pudo haber recibido de la estatuaria genovesa
de la época, cuyas piezas se siguieron importando en Canarias a
lo largo de los siglos XVIII y XIX. Véase su Magdalena de la Catedral
de La Laguna, o el Nazareno de la iglesia de Santo Domingo, en Santa Cruz
de La Palma. En 1846, atraído por el auge comercial de su puerto,
se instaló en Santa Cruz, donde abrió un taller, y fue nombrado
profesor de dibujo y modelado en la recién creada Academia Provincial
de Bellas Artes.
En el siglo XIX el pintor canario descubre la naturaleza.
Al principio sus visiones eran idealizadas y románticas, por ejemplo,
en los paisajes de Cirilo Truilhé (1813-1904); pero después,
la visión naturalista es implantada por una generación de
pintores canarios que estudiaron en Madrid con el maestro Carlos Haes entre
los cuales el más dotado fue, sin lugar a dudas, Valentín
Sanz y Carta (1849-1898). Nadie antes que él supo representar los
paisajes de las cumbres de las islas, atravesados por profundos barrancos
y cubiertos por la frondosa vegetación de la laurisilva y el pino
canariensis. Gracias a la recomendación de su amigo el político
grancanario Fernando de León y Castillo, que era un admirador de
su pintura, se enroló como dibujante en una expedición científica
que zarpaba rumbo a las Antillas. Al llegar al puerto de La Habana, nuestro
pintor se quedó prendado de la ciudad, donde muy pronto se granjeó
fama de hábil retratista y paisajista consumado. Sorprendido por
el éxito alcanzado entre la sociedad criolla, decidió presentarse
a una oposición para cubrir la cátedra de Paisaje en la Academia
de Bellas Artes de San Alejandro, de La Habana. No tuvo dificultad en ganarla,
y se quedó en dicha capital, donde pintó evocadoras imágenes
del interior y de las costas. A los 49 años, hallándose en
la plenitud de sus facultades creativas, falleció en La Habana,
a causa de unas fiebres contraídas en una visita que realizó
con su esposa a la región de los lagos (State Islands), en Estados
Unidos.
Si Luis de la Cruz emigró a Madrid y Valentín
Sanz a La Habana, el palmero Manuel González Méndez (1843-1909)
lo hizo a París. Allí adquirió una sólida formación
académica, estudiando con el afamado maestro Gérome. Despuntó,
sobre todo, en el arte del retrato.

[5. Fragmento de la obra Molino
de viento, Valentín Sanz Carta.]
Umbral
del siglo XX 
En el umbral del siglo XX hay que citar la figura
del pintor y decorador grancanario Néstor Martín Fernández
de la Torre (1887-1938); quien nos ha dejado dos grandes series pictóricas
que reflejan su adscripción a la estética del simbolismo
modernista: el Poema del Mar y el Poema de la Tierra, quedando ésta
última inconclusa. Estas series sólo son una parte del ambicioso
Poema de los Elementos, que, como homenaje a la naturaleza canaria
había proyectado realizar, y que su temprana muerte truncó.
Antes de él ningún artista canario se había atrevido
a realizar tan vastas decoraciones murales. Sirva de ejemplo las que ejecutó
para el Teatro Pérez Galdós de Las Palmas o para el Casino
de Santa Cruz de Tenerife. El muralismo fue también cultivado por
José Aguiar (1895-1976), nacido en Cuba, aunque de origen gomero
-sus padres eran de Agulo-. A comienzos de la década de los 30,
mientras Néstor realizaba su decoración del Casino de Santa
Cruz, Aguiar ejecutaba en el mismo edificio otro gran mural, el Friso
Isleño. Se formó en Italia, en contacto con los artistas
del grupo Novecento, próximos a la ideología del Fascio.
A su vuelta, y una vez terminada la Guerra Civil, se propuso reflejar en
imágenes la ideología de los vencedores. Con el paso del
tiempo, su temperamento apasionado le llevó a practicar una pintura
barroca y expresionista, de colores intensos y composiciones abigarradas,
como se puede contemplar en los grandes murales que realizó para
el Cabildo de Santa Cruz de Tenerife (1951-60) y para la Basílica
de Candelaria, que hubo de concluir su hijo.

[6. Segunda
Tapada. El Fandango de Candil. Acuarela. 29 x 23 cms. 1927, Museo de Néstor.]
En el primer tercio del siglo XX, hay que citar también
la producción paisajística de dos pintores en cuyas obras
se refleja la influencia de la escuela impresionista: el tinerfeño
Botas Ghirlanda (1882-1917), que pasó una temporada en Nápoles,
pintando su bahía, y el grancanario Nicolás Massieu y Matos
(1874-1954), de quien cabe mencionar sus visiones de las cumbres de Gran
Canaria. Dentro del impresionismo se encuadra la producción de los
acuarelistas canarios, cuya estética deriva de las acuarelas que
realizaron los viajeros ingleses que visitaron las islas en el siglo XIX,
como Alfred Diston. El más dotado de todos los acuarelistas canarios
fue Francisco Bonnín (1874-1963). Sus visiones tópicas y
amables del campo de las islas responden a los planteamientos estéticos
e ideológicos del regionalismo, que contó con otros cultivadores
representativos, como José Aguiar, al que ya nos hemos referido,
y el costumbrista Pedro de Guezala (1896-1960), que se especializó
en la fijación de una iconografía tópica del campesinado
canario, haciéndose populares sus cuadros de magos y magas.

[7. Óleo de Botas Ghirlanda.]
En cuanto a la arquitectura, hay que decir que, desde
mediados del siglo XIX hasta principios del siglo XX, predominan los neoestilos
y el eclecticismo. Luego, a principios del siglo XX, se impone el estilo
decorativo del modernismo, que se expande en amplias zonas de la calle
Triana, en Las Palmas, así como en el Barrio de los Hoteles, en
Santa Cruz de Tenerife. Los principales arquitectos modernistas canarios
fueron Estanga, Pintor, Pisaca, etc.
Como reacción al decorativismo modernista
surge el racionalismo arquitectónico, defendido por la revista de
vanguardia Gaceta de Arte, cuyo director Eduardo Westerdahl fue
un encendido defensor de la nueva arquitectura funcional. Los principales
arquitectos que proyectaron en este estilo fueron en Gran Canaria, Miguel
Martín Fernández de la Torre, hermano del pintor Néstor,
y en Tenerife, Marrero Regalado. Ambos se pasaron a una estética
regionalista, llamada neocanario, que se desarrolló en los años
cuarenta y cincuenta.
En las artes plásticas, los años treinta
vieron el auge del arte de vanguardia: por una parte, el surrealismo de
Óscar Domínguez y Juan Ismael, por otra parte, el indigenismo,
que fue promovido por la Escuela Luján Pérez en Las Palmas.
Pintores como Felo Monzón y Jorge Oramas o escultores como Plácido
Fleitas y Eduardo Gregorio, se propusieron reflejar en imágenes
los rasgos de identidad del paisaje y del hombre de las islas. Mientras
que en París, el tinerfeño Óscar Domínguez,
el más internacional de los artistas que han dado las islas, pintaba
evocaciones oníricas del paisaje insular.

[8. Autorretrato, lápiz
rojo sobre papel, 24 x 18 cms., José Jorge Oramas.]
La Guerra Civil cercenó este renacimiento
cultural. Hubo que empezar de nuevo. En los años cincuenta se formó
en la ciudad de Las Palmas, el grupo «LADAC», en el que inició
su andadura artística Manolo Millares, quien luego jugaría
un papel trascendental en el desarrollo del arte abstracto español,
como fundador del grupo «El Paso», (1967), del que también
formó parte el escultor grancanario Martín Chirino. El arte
dramático de Millares se valió de la ruda y raída
arpillera para dar cuenta de la situación de angustia que se vivía
en España en los años de la dictadura franquista; pero también
este humilde material expresaba simbólicamente el amor que este
artista sentía por la cultura aborigen canaria: sus homúnculos
evocan los cueros retorcidos y acartonados que amortajaban las momias guanches
conservadas tras las vitrinas del Museo Canario de Las Palmas. La obra
escultórica de Chirino está exenta de connotaciones dramáticas.
El planteamiento formal de sus piezas se sustenta en el efecto de expansión/concentración
potenciado por el desarrollo de líneas de fuerza estructurales.
Sus esculturas, realizadas en hierro, bronce y acero cortén, son
representaciones simbólicas de la vida originaria, como lo proclama
la perfección orgánica y eurrítmica de sus espirales.
La alusión a los petroglifos de la cultura aborigen les confiere
a estas espirales el valor de emblemas de la entidad canaria.
Mientras Millares y Chirino participaban en Madrid
en la aventura de «El Paso», otro artista canario, César
Manrique (1920-1992), establecido como aquéllos en la capital de
España realizaba una pintura abstracta cuya textura matérica
constituía una alusión simbólica, metonímica,
al territorio volcánico de su isla natal, Lanzarote. Tras unos años
de fructífera estancia en Nueva York (1964-68), tomó la decisión
de volver a Canarias, cumpliendo en la isla de Lanzarote su vocación
de artista total: pintor, escultor (véanse sus imaginativos móviles),
arquitecto paisajista, diseñador, etc.
Desde la Conquista ¾
cuando todas las piezas artísticas eran importadas¾
hasta hoy, el hombre canario ha ido proponiendo distintos modelos de interpretación
del mundo y ha encontrado en el arte una forma de afirmación de
su identidad.

[9. El viento, escultura
de Martín Chirino.]
Bibliografía

General
CASTRO BORREGO, Fernando: Antología
crítica del arte en Canarias, Consejería de Educación
del Gobierno de Canarias, 1987.
Libro de síntesis divulgativa,
organizado de modo didáctico. Selección de 160 diapositivas
comentadas sobre las artes plásticas canarias desde la Conquista
hasta los años setenta.
GALANTE GÓMEZ, Francisco: Historia
crítico-descriptiva de la arquitectura canaria, Consejería
de Educación del Gobierno de Canarias, 1987.
Libro de síntesis divulgativa
sobre la arquitectura canaria. Selección de 183 diapositivas, desde
la Conquista hasta los años setenta, organizadas según un
criterio tipológico.
HERNÁNDEZ PERERA, Jesús:
«Arte» en Canarias, Fundación March, Editorial
Noguer, 1984.
Libro de síntesis realizado
por uno de los fundadores de la historia del arte canario.
VV.AA.: Historia del arte en Canarias,
Edirca, Las Palmas de Gran Canaria, 1982.
Libro de síntesis divulgativa.
VV.AA. Biblioteca de Artistas Canarios,
colección dirigida por Fernando Castro Borrego, Consejería
de Cultura del Gobierno de Canarias, se publica a partir de 1991.
VV.AA.: Homenaje a Alfonso Trujillo.
Arte y Arqueología, tomo I, Aula de Cultura del Cabildo de Tenerife,
Santa Cruz de Tenerife, 1982.
Artículos de investigación
sobre distintos capítulos del arte en Canarias.
Específica
FRAGA, M.ª del Carmen: La arquitectura
mudéjar en Canarias, Aula de Cultura, Santa Cruz de Tenerife,
1977.
Contribución esencial al estudio
de las relaciones entre la arquitectura mudéjar canaria y de la
Baja Andalucía.
GALANTE GÓMEZ, Francisco: La
idea clásica en la arquitectura canaria. 1775-1900. Santa Cruz
de Tenrife, 1989.
Visión de conjunto de este periodo
de la arquitectura canaria.
HERNÁNDEZ PERERA, Jesús:
La orfebrería en Canarias. Madrid, 1955.
Libro fundamnetal para conocer este
capítulo de las artes suntuarias en Canarias. Fue modelo metodológico
para los ulteriores trabajos sobre platería que se realizaron en
España.
MARTÍN RODRÍGUEZ, Fernando:
Arquitectura doméstica canaria, Cabildo Insular de Tenerife,Santa
Cruz de Tenerife, 1978.
Libro imprescindible para conocer la
evolución y las características de nuestra arquitectura tradicional.
RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, Margarita:
La pintura en Canarias durante el siglo XVIII. Cabildo Insular de Gran
Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 1986.
Trabajo de investigación valioso
por los datos de archivo que aporta.
TRUJILLO RODRÍGUEZ, Alfonso:
Arte gótico en Canarias. Cabildo Insular de Tenerife, Santa
Cruz de Tenerife, 1976.
Trabajo de síntesis sobre este
periodo.
TRUJILLO RODRÍGUEZ, Alfonso:
El retablo barroco en Canarias. La Guagua, n.º 2, Cabildo Insular
de Gran Canaria, 1979.
Libro de consulta obligatoria para
quien quiera conocer este capítulo del arte religioso en Canarias.
VV.AA.: El museo imaginado. 1930-1990.
Catálogo de la exposición del CAAM, Las Plalmas de Gran Canaria,
diciembre-enero, 1991-1992.
Panorámica del arte moderno
en Canarias. Ensayo de interpretación.
VV.AA.: Gaceta de Arte y su época.
1932-1936. Catálogo de la exposición del CAAM, Las Palmas
de Gran Canaria, 1996.
Valoración sobre el significado
de las vanguardias insulares.
Ilustraciones

1. PÉREZ MORERA, Jesús:
Silva. Biblioteca de Artistas Canarios,Viceconsejería de
Cultura y Deportes, Gobierno de Canarias, 1994, pág 84.
2. MILLARES TORRES, Agustín:
Historia General de las Islas Canarias, Tomo IV, Edirca, Las Palmas
de Gran Canaria, 1977, pág 343.
3. Gran Enciclopedia Canaria.
Tomo III, Ediciones Canarias,Santa Cruz de Tenerife, 1995, pág.
768.
4. MILLARES TORRES, Agustín:
Historia General de las Islas Canarias, Tomo IV, Edirca, Las Palmas
de Gran Canaria, 1977, pág 183.
5. Gran Enciclopedia Canaria.
Tomo III, Ediciones Canarias,Santa Cruz de Tenerife, 1995, pág.
776.
6. ALMEIDA CABRERA, Pedro: Néstor.
Biblioteca de Artistas Canarios, Viceconsejería de Cultura y
Deportes, Gobierno de Canarias, 1991, pág 124.
7. Gran Enciclopedia Canaria.
Tomo II, Ediciones Canarias,Santa Cruz de Tenerife, 1995, pág. 395.
8. JIMÉNEZ DORESTE, Josefa Alicia:
Oramas. Biblioteca de Artistas Canarios, Viceconsejería de
Cultura y Deportes, Gobierno de Canarias, 1991, pág 21.
9. Geo. Especial Canarias, pág
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