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Introducción
Antecedentes históricos
Presencia británica
en los siglos XIX y XX
Publicaciones inglesas
sobre Canarias
Relaciones comerciales
El turismo sanitario
Instituciones
británicas en Canarias
Las Palmas British
Cemetery
Actividades
deportivas
Relaciones socioculturales:
Influencias lingüísticas
Bibliografía
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Introducción
Los contactos que Canarias ha mantenido con Gran
Bretaña en distintos momentos de su trayectoria histórica
han tenido consecuencias decisivas para su desarrollo económico,
social y cultural. Las diversas contribuciones de la presencia británica
en las islas han sido objeto de numerosos estudios desde variadas perspectivas
(Bethencourt Massieu, 1956; Fajardo Spínola, 1977; García
Pérez, 1988; González Cruz, 1992, 1995, 1996; Guimerá
Ravina, 1989; Hernández Gutiérrez, 1991, 1995; Herrera Piqué,
1978, 1987; Martín Hernández, 1988, 1990; Morales Lezcano,
1970, 1986; Quintana Navarro, 1985, 1992; Rodríguez Díaz
de Quintana, 1989, entre otros).
Antecedentes
históricos 
El asentamiento de ingleses e irlandeses se remonta
al siglo XVI, cuando se inicia el tráfico mercantil del vino sack
o canary (Bethencourt Massieu, 1956:7). Ya en 1519, traficantes
ingleses de Bristol solían anclar en las radas de las Isletas, Garachico
y Funchal. La Hickman & Castlyn es la primera firma comercial
inglesa que se detecta en Tenerife (Morales Lezcano, 1970:53), isla que
registraba la mayor producción de malvasía, siguiéndole,
en cantidad y calidad del vino, las islas de La Palma y Gran Canaria. Con
la crisis del mercado vinícola muchos británicos abandonaron
las islas, debilitándose su presencia a lo largo del XVIII por la
censura de la Inquisición, que pretendía limitar el comercio
y evitar la influencia de la civilización europea en el país
(Fajardo Spínola, 1977:43). Sin embargo, el carácter católico
de las islas hizo que hacia la segunda mitad del XVIII se acogiera a muchos
expatriados irlandeses que, enfrentados con los protestantes ingleses,
se habían visto obligados a refugiarse en lejanos territorios (Rodríguez,
1916:13). Pero el verdadero reencuentro anglocanario se produce en los
siglos XIX y XX, etapa en la que las Canarias fueron bien conocidas como
estación sanitaria y como punto de escala obligado para las compañías
navieras inglesas, que dominaban las rutas que comunicaban las islas con
Liverpool, Londres, África occidental, Ciudad del Cabo, Nueva Zelanda,
etc. A ello contribuyó la aparición de una variada literatura
sobre las islas, que coincidió con la pasión viajera, favorecida
por la moderna navegación a vapor, y el gusto por lo exótico
propio de los nuevos valores románticos.

[1. Rutas seguidas por los
vapores de la British & African Steam
Navigation Company y de la African Steam Ship Company.]
Presencia
británica en los siglos XIX y XX 
Aunque se ha constatado la presencia de representantes
de los intereses británicos en todas las islas exceptuando el Hierro,
está confirmado que, debido a sus mayores posibilidades financieras,
fueron las islas de «Gran Canaria y Tenerife, por este orden, las
que albergaron a un mayor contingente de extranjeros residentes»
(Hernández Gutiérrez, 1995:195). En concreto, son Las Palmas
de Gran Canaria y Puerto Orotava (hoy Puerto de la Cruz) los núcleos
poblacionales que contaron con la presencia más activa de sus respectivas
colonias de británicos.
La construcción de los puertos de La Luz y
de Las Palmas y de Santa Cruz de Tenerife incrementó el interés
británico por Canarias, a causa de su estratégica posición
en un punto intermedio para sus incursiones al continente africano, verdadero
objetivo del Imperio. Las islas servirían como escala para el avituallamiento
de los buques, y como plataforma para el entrenamiento climatológico
y el reposo de sus soldados y de todo el personal de tránsito hacia
las colonias africanas, y la exploración del Nuevo Mundo. El presupuesto
para la construcción de La Luz Port, que empezó en
febrero de 1883, provino del erario público español, pero
fue la compañía británica Swanston & Co. la que
obtuvo la concesión de las obras, para las que se utilizaron materiales
e ingenieros británicos. Por tanto, desde el punto de vista técnico,
La Luz era único entre los puertos españoles.
La presencia extranjera contribuyó a que se
experimentase un gran progreso en el nivel de vida, y los isleños
se beneficiaban los isleños de los modernos adelantos que los británicos
iban introduciendo y de las nuevas fuentes de riqueza que éstos
promocionaban. A finales del XIX, esa presencia sorprendía incluso
a los propios visitantes ingleses. Así, durante su estancia en el
Grand Hotel de La Orotava, Charles Edwardes (1888:362) comenta: «Aquí,
al comienzo de la primavera, encontré a unos 75 ingleses, una colonia
suficiente para "anglicanizar" la pequeña ciudad del Puerto».
Pero más que el número, lo que llama la atención es
el relevante papel que los británicos ejercían en la vida
económica isleña, su poder financiero y su enérgica
iniciativa. Olivia Stone (1887:102) durante su visita a Gran Canaria escribe:
«Quizá lo que más sorprende a uno es que aquí,
y en menor grado en Tenerife, el comercio está principalmente en
manos de ingleses».
Mientras que el número de súbditos
británicos residentes en Tenerife en 1890 era de 71 personas, en
ese mismo año la cifra se elevaba a 189 en Gran Canaria (Diplomatic
and Consular Report.DCR. 957, 1890:2-3). El mayor número de
negocios y negociantes británicos de la capital grancanaria explica
que la colonia británica fuera aquí más numerosa (Guimerá
Ravina, 1989:77), pues, según cuenta Navarro Ruiz (1933:157), en
Tenerife cierta personalidad política que poseía almacenes
de carbón obstaculizó la instalación de las compañías
británicas porque «no quería competencias para ejercer
el monopolio». Ruiz y Benítez de Lugo apuntaba las consecuencias
de este error cuando en 1904, escribía: «El Puerto de La Luz
de Las Palmas lo remató una casa inglesa: hoy esta ciudad, su isla
y también en parte las restantes deben su prosperidad a ese puerto.
El puerto de Santa Cruz de Tenerife, comenzado por igual época,
lo remató una casa española: en los últimos quince
años avanzó la punta del muelle un centenar escaso de metros».
El censo de 1910 indica que el número de residentes
británicos en Las Palmas había ascendido a 437, frente a
los 79 que se registran en la Villa de La Orotava. Parece lógico,
pues, que el inglés y lo inglés estuvieran presentes en muchos
detalles de la vida diaria de los canarios de aquella época: seguramente
sus puestos de trabajo pertenecían a algún ramo de las numerosas
empresas británicas (consignatarias, varaderos, astilleros, almacenes,
bancos, hoteles, bares, etc.). Es muy probable que consumiesen algún
tipo de producto de marca inglesa, tales como el jabón Lifebuoy,
el Sunlight o el Monkey Brand, o las galletas de las marcas
Finger, Small, Cocoa nut finger, Fruit wafer
o Wedding cake, que entre otros muchos productos se anunciaban en
la prensa, donde también encontramos anglicismos y publicidad redactada
en inglés (González Cruz, 1995). Y al salir a la calle, les
acosarían los signos fehacientes de la presencia británica.
«En la montaña de la Isleta, escribe Quintana Navarro (1985:52),
un cartel anunciaba de forma muy visible: Welcome to the Canary Islands.
En la bahía era tal el número de banderas británicas
que, después de la visita oficial de una alta personalidad española,
se tuvo que prohibir su uso, "a no ser que ondearan junto a la enseña
patria"». Aunque en zonas como Santa Cruz o Gáldar residían
ingleses, su presencia no se tradujo en las numerosas creaciones urbanísticas
que sí se dieron en Las Palmas o en La Orotava, lugares que llegaron
a ser considerados como verdaderos feudos ingleses. 
Desde el siglo XVI, Canarias ha ocupado un lugar
significativo en la historia de los viajeros ingleses, y ha estado presente
en diversos textos literarios. Además de las numerosas referencias
a los vinos canarios que Shakespeare hizo en obras como Henry IV, The
Merry Wives of Windsor, o Twelfth Night, son muy abundantes
los escritos de ingleses que, tanto a través de la prensa como en
los relatos de sus viajes, describen las islas por motivos literarios,
artísticos, científicos, médicos o simplemente turísticos
(García Pérez, 1988). La primera obra inglesa sobre Canarias
fue la de Thomas Nichols, aventurero y comerciante de azúcar que
había residido en La Laguna hasta que en 1564 fue expulsado por
el Tribunal de la Inquisición. Su libro, A Pleasant Description
of the Fortunate Islands, called the Islands of Canaria, with their strange
fruits and commodities very delectable to read to the praise of God,
se publicó en Londres en 1583. En esta misma ciudad, sale a la luz
en 1626 la cuarta edición del libro de Samuel Purchas, Purchas
his Pilgrimage or Relations of the World and the Religions Observed in
All Ages and Places Discovered, from the Creation unto this Present,
en la que se incluye «un resumen de las anotaciones escritas por
Sir Edmund Scory sobre la isla de Tenerife, bajo el título de Extracts
taken out of the Observations of the Right Worshipful Sir Edmund Scory,
Knight of the Pike of Tenariffe, and other rarities which he observed there».(Castillo,
1992-1993:93). También en Londres publica George Glass su History
of the Discovery and Conquest of the Canary Islands en 1764. Especial
mención merece el trabajo de Charles Piazzi Smith, Teneriffe
as an Astronomer's Experiment, editado en 1858 en la capital londinense,
que recoge los resultados de una expedición científica al
Teide, en la que se utilizarían instrumentos innovadores.
El número de publicaciones inglesas (también
francesas y alemanas) sobre Canarias aumenta considerablemente durante
el ochocientos. En general, los libros sobre Canarias que aparecieron en
el siglo XIX y principios del XX suelen clasificarse en dos vertientes:
por un lado, los que se centran en la perspectiva científica y naturalista;
y por otro, la que Morales Lezcano (1966-69:192-3) denomina de ensayo y
colorista, en la que se incluyen los «diarios de residentes, estancias
de artistas, convalecientes y miscelánea en general». Los
relatos de estos viajeros, dotados de una sólida capacidad de observación,
«suponen, a pesar de su condición extranjera, una insustituible
fuente de información positiva y de discutibles pero estimulantes
puntos de vista sobre la realidad insular y su posible mejoramiento».
Representativos de la primera vertiente son los trabajos de los médicos
Ernest Hart, Brian Melland, Osbert Ward, Mordey Douglas, James Clark y
E. Paget Thurstan entre otros. En cuanto a la segunda, merecen destacarse
las obras de Elizabeth Murray, Olivia Stone, Charles Edwardes, Harold Lee,
John Whitford, Isaac Latimer, Frances Latimer, Margaret D'Este, y Florence
du Cane, entre otros muchos curiosos impertinentes cuyas obras nos
permiten conocer sus variados puntos de vista sobre la realidad isleña
del momento.
A estas fuentes habría que añadir las
publicaciones del Foreign Office británico, encaminadas a
orientar a los súbditos que planeasen establecerse en las islas
acerca de las condiciones sociales y económicas que en ellas se
iban a encontrar. Prueba del interés británico por las Canarias
es el hecho de que esta región se constituyera en el tercer distrito
consular en cuanto a producción de informes, inmediatamente después
de Barcelona y Bilbao, y por delante de Málaga, La Coruña
y Cádiz (Quintana Navarro, 1992:XLVI).
Relaciones
comerciales 
En 1852, la concesión de la franquicia para
los puertos isleños, gracias a los esfuerzos del ministro grancanario
León y Castillo, marca el inicio de un proceso en cadena: con la
construcción de los puertos, numerosas compañías británicas
establecen sus estaciones carboneras en Las Palmas y en menor medida en
Santa Cruz de Tenerife. En principio, el capital inglés monopolizó
todas las actividades portuarias: suministro de carbón, varaderos,
pequeños astilleros, consignatarias. Pero pronto esas mismas
compañías pasarían a controlar otros sectores económicos
como las operaciones bancarias, los seguros, el turismo y la exportación
de productos agrícolas (Herrera Piqué, 1978:231), promoviendo
el transporte de viajeros ingleses en esos mismos barcos en los que exportaban
los productos agrícolas a Inglaterra.
El tráfico de buques fue muy intenso desde
los mismos comienzos: en 1893, cuando tan sólo estaban construidos
500 metros del rompeolas, ya arribaban a La Luz un promedio de 140 buques
mensuales, de los cuales una gran mayoría era de bandera británica,
en notable desproporción con el número de vapores nacionales.
Así, mientras que para Londres salía diariamente un correo,
y algunos días incluso dos, los correos españoles sólo
nos visitaban tres o cuatro veces al mes (Ruiz y Benítez de Lugo,
1904:43). El aumento del número de vapores ingleses que recalaban
en las islas era constante, de modo que en 1902, por ejemplo, del total
de 2.351 barcos registrados en La Luz, 1.356 fueron ingleses, y los de
nacionalidad española sólo llegaron a 451 (The Canary
Islands Review. CIR, 1903, n.º13:3).
Podemos hacernos una idea de la cuantía de
las enormes ganancias en el terreno comercial ateniéndonos a los
datos que nos aporta Ruiz y Benítez de Lugo (1904:80-82) sobre los
valores alcanzados en el año 1902, sólo por la exportación
de las tres clases de frutos cuyo comercio era mayor: plátanos,
tomates y papas. En ese año fueron exportados a Inglaterra
1.656.872 bultos de plátanos, 439.197 de tomates,
y 274.718 de papas, lo que hace un total de 2.370.787 bultos. Valorando
estos frutos a 6 pesetas el huacal de plátanos, 9 el atado de tomates
y 5 la caja de papas, resulta:
1.656.872 racimos a 6 ptas. 9.941.232 ptas.
439.197 tomates a 9 ptas. 3.952.773 ptas.
274.718 patatas a 5 ptas. 1.373.590 ptas.
TOTAL 15.267.595 ptas.
Ruiz y Benítez de Lugo escribe: «Quince
millones doscientas sesenta y siete mil quinientas noventa y cinco pesetas
ingresaron en un año en la provincia de Canarias. A esas cifras
hay que añadir la exportación al Reino Unido de almendras,
naranjas, legumbres, que no son tomates ni patatas, cochinilla y productos
industriales, como cigarros y calados, todo lo cual asciende a un valor
que pasa de un millón quinientas mil pesetas. Conste que las valoraciones
de esos frutos las hacemos muy por bajo de lo que se cotizan hoy».
Por otro lado, las ganancias derivadas del suministro de carbón
y víveres a los buques, la exportación de fruta, y el turismo,
junto con las producidas por antiguas industrias como la vinícola,
trajeron tanto dinero a las islas que durante las dos últimas décadas
del siglo XIX se duplicaron o triplicaron las importaciones (Brown, 1910:d3).
Éstas procedían sobre todo de Inglaterra, y consistían
principalmente en manufacturas, «tanto europeas como de las colonias,
consistentes en tejidos de hilo, de algodón y de lana, jabón,
velas esteáricas, galletas, cerveza, maquinaria, hierro, hulla,
etc.» (Manrique, 1873:71), además de otros productos como
pomadas, píldoras, jarabes, jabones, medicinas, perfumes, toda clase
de licores, nuevas marcas de tabaco etc. Muchas de las mercancías
inglesas introducidas constituían toda una novedad para los consumidores
isleños. De hecho, las manufacturas inglesas aprovechaban la escasa
actividad de la industria insular y peninsular para imponerse sin competencia
(Diario de Las Palmas, 24 octubre 1906). 
El inicio del movimiento turístico en las
islas estuvo determinado por factores como la mejora en los transportes
y medios de comunicación, la inauguración del servicio telegráfico
en diciembre de 1883, o la crisis de 1873, que impulsaría la expansión
imperialista británica a partir de 1895. Al aumento del movimiento
migratorio, y a la creciente moda del viaje, se sumaría la propaganda
que la propia colonia británica residente en Canarias hacía
entre sus compatriotas, fomentando así el turismo en las islas.
Así, Mr. Alfred L. Jones consiguió que las navieras rebajasen
sus tarifas y facilitasen billetes de ida y vuelta desde Liverpool a precios
módicos de 15 a 25 libras, en un intento por acaparar un mayor número
de visitantes en Gran Canaria. Con estas facilidades se produjo un verdadero
contingente de turistas que a partir de 1887 empezaría a adquirir
cierta significación económica. El aumento en la afluencia
de viajeros estuvo ligado también a las progresivas mejoras en alojamiento,
(Riedel, 1972:498), con hoteles como el Orotava Grand Hotel, Camacho's
Hotel, el Taoro Grand Hotel, o el Quisiana en Tenerife, y el Quiney Hotel,
Bellavista Hotel, el Santa Catalina Hotel o el Metropole, en Gran Canaria,
al tiempo que en Las Palmas se constituía la zona residencial de
los ingleses en lo que se llamó Ciudad Jardín (Garden
City). El aumento de visitantes y residentes británicos se vio
favorecido además por una importante literatura médica que
resaltaba los beneficiosos efectos del clima de Gran Canaria, (Douglas,
1887:14; Melland, 1897), y de La Orotava, (Hart, 1887:38) para la cura
de enfermedades pulmonares, estomacales y cutáneas, gracias a la
acción del aire y las aguas minerales isleñas. Al impacto
divulgativo de las obras de estos y otros doctores, hay que añadir
la propaganda ejercida por los numerosos artículos publicados en
la prensa británica (The Daily Graphic, Pall Mall Gazette, Daily
Mail, The Times, etc.) alabando el clima de las islas. La detallada
información que ofrecían las guías turísticas
que empezaban a publicarse también contribuyó al auge turístico-sanitario.
La Guide for the Use of Invalids and Tourists de Brown fue una de
las primeras en salir a la luz, en 1889, manteniéndose en ediciones
sucesivas, revisadas y sin interrupción, hasta 1932, con un término
medio de dos mil ejemplares o más cada una. Las guías informaban
de las condiciones climáticas, de la infraestructura sanitaria,
y ofrecían análisis de la composición química
de las aguas, estadísticas de la cantidad de lluvia y las temperaturas
registradas a lo largo del año en Gran Canaria y Tenerife, datos
que se comparaban luego a los de otras localidades turísticas. No
faltó la polémica, fomentada por los propios médicos
británicos, sobre cuál era la localidad isleña que
contaba con mejor clima, Las Palmas o La Orotava, sucediéndose los
debates y los informes científicos sobre el tema ante la British
Medical Association en Londres. Todo esto hizo que las Canarias fueran
conocidas internacionalmente por proporcionar todas las ventajas de una
estación sanitaria de primer orden, por un precio que para el bolsillo
británico resultaba poco menos que nominal. De hecho, muchos de
los que se llamaban turistas no eran sino enfermos que venían a
descansar e intentar reponerse de sus afecciones. Estos constituyeron siempre
un porcentaje considerable del turismo isleño, que en ocasiones
llegó a nutrirse exclusivamente de este tipo de visitantes (Martín
Hernández, 1988:140). Los contingentes de turistas y convalecientes
hacían de Gran Canaria o de Tenerife su lugar de residencia por
temporadas más o menos largas - de 15 días a 10 meses, o
más. Sus crecientes demandas provocaron la apertura de numerosos
establecimientos en todos los ramos: tiendas de ropa, sombrererías,
bares, restaurantes, estudios fotográficos, almacenes con productos
ingleses, e incluso se fundaron bancos, que hasta 1885 eran desconocidos
en las islas (Riedel, 1972:505). Se puede decir por ello que el inicio
del movimiento turístico, paralelo al despegue portuario, intensificó
sobremanera la actividad comercial. 

[2.Yeoward Line. Holiday
Cruises]
La afluencia de visitantes y residentes británicos
provocaría un aumento de las necesidades y servicios que prestaban
las instituciones que fundaron las dos colonias británicas de Canarias,
la de Las Palmas y la de La Orotava.
Las Palmas. British Cemetery se construyó
en 1834, en unos terrenos de la ladera de San José, gracias a la
iniciativa de doce caballeros británicos residentes y el Vicecónsul
Austice, que aportaron la mitad del coste de la obra, corriendo el resto
a cargo del gobierno británico. Ello fue posible una vez que en
noviembre de aquel mismo año una Real Orden diera el permiso de
construir en las islas cementerios para la sepultura de los súbditos
británicos. El progresivo aumento de la colonia hizo que en 1912
el cementerio tuviera que ampliar su superficie a 641 metros cuadrados.
En 1993 había un total de 564 tumbas, de las que 32 están
en una sección alta, de construcción más reciente.
Algunas contienen epitafios alegóricos a una entrañable relación
con esta tierra, como la tumba de Sydney Alfred Jones, en la que se lee
la inscripción «Sleeping on the island he loved»; y
otras no exentas de humor, como la de James Fleming Baxter, que se despide
de este mundo con un simple «Hasta Luego».
Seaman's Institute fue una organización
de carácter religioso que se fundó en 1890 para acoger a
los marineros británicos que quedasen desembarcados en la isla de
Gran Canaria, bien por enfermedad o por cualquier otro motivo. Posteriormente
funcionó como casa de reposo tanto para convalecientes como para
marineros que una vez dados de alta en el Queen Victoria Hospital, esperaban
allí el momento adecuado para regresar a su país. Regentado
por misioneros protestantes, era mantenido por la British and Foreign Sailor's
Society, y la British Bible Society de Londres. El edificio, que tenía
vistas a la playa de Las Canteras, estaba dotado de amplias salas-dormitorio,
un gran comedor, un salón de billar y una sala de estar. Esta institución
funcionaba con un reglamento muy estricto que, entre otras cosas, prohibía
las bebidas alcohólicas a los marineros acogidos. Fue cerrado en
1952. 
Desde 1878, la enfermera británica Miss Hudson
había estado cuidando marineros enfermos en su casa de Las Palmas.
Al saberlo, los directivos de las casas consignatarias británicas
del Puerto de La Luz se plantearon la necesidad de abrir un hospital con
médicos y enfermeras que hablasen inglés. Fundado en 1891,
el Queen Victoria Hospital estuvo instalado primeramente en el llamado
Arrecife del Puerto de La Luz, procediéndose en abril de 1903 a
la construcción de un mejor edificio en un solar entre la calle
Albareda y la playa de Las Canteras. En el hospital trabajaron médicos
ingleses pero también varios médicos canarios, que habían
completado sus estudios en Londres. Tras ser ampliado el edificio en diversas
ocasiones, el hospital fue trasladado al Paseo de La Cornisa en 1966, en
donde continuaría en funcionamiento hasta épocas muy recientes.
En la segunda edición de su libro, en 1889,
Olivia Stone mencionaba la existencia de un English Club que pudo tener
su sede en la calle Pérez Galdós (Rivero, 1991). Nada más
se sabe al respecto; lo cierto es que tras muchos intentos frustrados,
el 2 de octubre de 1908 la colonia pudo contar con su nuevo y ansiado British
Club. Se pretendía que fuese un club social, y uno de los principales
atractivos de la ciudad para todos los británicos residentes, los
visitantes y los capitanes de los vapores que llegasen a Las Palmas. El
Club siempre ha contado con empleados isleños e incluso tuvo a su
servicio al abogado español D. Tomás de Zárate. En
la lista de socios también figuraron desde los primeros años
de su andadura damas y caballeros españoles. Continúa en
funcionamiento en la actualidad en la calle León y Castillo.
British
Church of the Holy Trinity 
La historia de esta iglesia empezó en 1887,
tras la reunión mantenida por el Vicecónsul Swanston con
los británicos residentes, a petición del Obispo de Sierra
Leona, a cuya diócesis pertenecían los protestantes de Canarias
y Madeira. Se formó entonces una comisión que, tras muchas
dificultades, consiguió inaugurar el templo en la Semana Santa de
1893. Los sacerdotes no residían de forma fija, sino que permanecían
en la ciudad durante las temporadas de mayor presencia turística,
y se alojaban en hoteles, corriendo los gastos por cuenta del Church
Committee. En 1903, se convino en tener a un capellán residiendo
de forma permanente en Las Palmas, para lo que se necesitaría construir
una casa parroquial. Los retrasos en la ejecución de las obras determinaron
que en 1908 la Comisión comprase una pequeña casa de madera
que pertenecía a la compañía Elder Dempster.
Con el estallido de la guerra mundial ya no se pudo tener a un capellán
residente, por lo que ningún sacerdote anglicano ocupó la
casa hasta 1920 (Ruddock, 1987:26).
A comienzos del siglo XIX, al desaparecer la colonia
holandesa que originalmente había obtenido la licencia para su creación,
este cementerio pasó a manos de la colonia británica que
formaron entonces los mercaderes escoceses, irlandeses e ingleses residentes
en Puerto Orotava. Al parecer, la colonia llegó a formar sus propios
clubes, como el Cricket Club y el Dancing Club, pero en 1883 la única
institución que les quedaba a los británicos de la zona era
el Orotava Protestant Cemetery. En 1897, cuando ya funcionaba una
iglesia y una casa parroquial, la administración del Cementerio
pasó a manos de la Comisión de la Iglesia, figurando el Vicecónsul
británico de la isla de Tenerife como representante legal. Actualmente,
el Ayuntamiento aún conserva la propiedad de los terrenos que ocupa
el Cementerio, pero el mantenimiento del mismo sigue hoy a cargo de la
Iglesia Anglicana del Puerto de la Cruz (antes Puerto Orotava).
Tras diversas gestiones, el 7 de mayo 1890 se colocó
la primera piedra del Orotava All Saint's Church, momento que recuerda
la inscripción «To the Glory of God and in memory of Walter
Long Borehan». Mr. Boreham, fallecido un mes antes, había
contribuido muy generosamente a su fundación con diversas donaciones.
En cumplimiento con las leyes españolas, se formó la Sociedad
de la Iglesia Anglicana del Puerto de la Cruz en Tenerife, siendo sus estatutos
aprobados en 1896. La iglesia, que se había dedicado a Todos los
Santos en 1892, fue debidamente consagrada por el obispo de Sierra Leona
el 15 de enero de 1893, en su segunda visita a la isla.
Calificada como «la más importante biblioteca
inglesa en el extranjero» (Ruiz Álvarez, 1949: 5), continúa
su actividad desde 1903, año en que fue consolidada tras tres años
de numerosas reuniones y dificultades para encontrar un lugar adecuado
donde establecerla (A.R., 1976). El precedente de esta biblioteca fue la
Teneriffe Book Society, «una especie de biblioteca ambulante»
fundada en 1831 en el hoy llamado Sitio Litre, por Mr. Charles Smith,
un inglés que por motivos de salud había llegado a Tenerife
(A.R., 1976). Aunque esta sociedad no tiene en principio ninguna conexión
con la Biblioteca actual, sí representa el interés y la necesidad
que ya los más antiguos residentes británicos en Canarias
sintieron por mantener vivas sus inquietudes intelectuales. Tras muchas
vicisitudes, a finales de 1903 se terminaron las obras del actual edificio,
en el que se inauguró la actual biblioteca en 1904. La institución
es administrada por una Junta Directiva que es elegida cada año
entre los miembros de la comunidad británica de La Orotava. 
El English Club, Santa Cruz fue fundado
en 1909, tuvo su sede en el número 9 de la calle Constitución,
donde con frecuencia se organizaron celebraciones culturales y recreativas,
muchas de carácter benéfico. Según sus estatutos de
1916 sólo los socios británicos podían adquirir acciones,
aunque admitía como socios a quienes hablasen inglés.
El deporte fue una actividad que se popularizó
en Gran Canaria y en Tenerife gracias a los ingleses, que fundaron toda
una serie de clubes deportivos. Así podían practicar sus
aficiones favoritas, y aliviar el tedio y la monotonía de la vida
en las islas. De hecho, la capital grancanaria -tal y como afirmaba Mr.
Seddon- podía estar orgullosa de ser «el único puerto
donde los visitantes podían encontrar clubes de golf, cricket, lawn
tennis y football, sin mencionar croquet y póker» (The
CIR, 17 noviembre 1903). Ingleses y canarios llegaron a relacionarse
en la práctica de algunos deportes, entremezclándose sin
importar las nacionalidades, tal y como evidencia la prensa local, sobre
todo en Las Palmas, donde a partir de 1907 parecía como si se hubiesen
despertado los entusiasmos por toda clase de deportes.
Las
Palmas Golf Club 
Es el club de golf más antiguo de España.
Fundado el 17 de diciembre de 1891, tuvo su primera sede en Altavista,
y actualmente sigue funcionando en sus instalaciones de Bandama. Cuenta
entre otros muchos trofeos con la copa Palmer, el trofeo deportivo más
antiguo de la geografía española.

[3. La Copa Palmer.
Trofeo deportivo decano de
España. Donado en 1894 por Mr. Palmer.]
Las
Palmas Lawn Tennis Club
Debió fundarse entre 1895 y 1896, ya que el
4 de marzo de 1903 The CIR informa de que se acababa de jugar el
octavo torneo anual del club. En sus pistas, situadas en los jardines del
hotel Metropole, se celebraban varios torneos - americanos, dobles, mixtos
- que gozaron también de gran popularidad entre los isleños.
Uno de los jugadores más famosos del equipo del Club, Mr. Sydney
Head, quedó vencedor del campeonato de España en 1907, recibiendo
en Madrid la copa que regalaba el entonces rey D. Alfonso XIII (Diario
de Las Palmas, 11 mayo 1907).
Las
Palmas Cricket Club
Se desconoce la fecha de su fundación, pero
se sabe que tuvo su sede «detrás de la casa de caminero que
había frente a la clínica de Santa Catalina» (Díaz-Saavedra,
1988:22), y también que gozó de gran popularidad entre los
ingleses residentes.
Las
Palmas Football Club 
Tuvo su terreno de juego en el Puerto de La Luz,
frente a las oficinas de Wilson Sons & Co., cerca del muelle
de Santa Catalina, y fue la institución británica en cuyas
actividades se dio una mayor participación de los isleños,
que muy pronto pasaron de ser meros espectadores del juego a competir con
los ingleses en las explanadas del muelle de La Luz y del Polvorín,
o en las Rehoyas.
Orotava
Bowling and Recreation Club
Fundado en 1902, pronto vio incrementado su número
de socios. Llevaba a cabo diversas actividades deportivas, entre las que
destacaban las competiciones de juegos de pelota, golf, croquet, tenis,
badmington, etc.
Orotava
British Out-of-doors Games Club
Se trata de un club posterior, que se desarrolló
durante los años 20. El edificio ha sido ampliado y modernizado
en varias ocasiones, llegando a contar con un salón para jugar a
las cartas, (se celebraban campeonatos de bridge), bar, terraza-bar, y
un «tea-pavillon» en el que se sirve el té a los socios.
Relaciones
socio-culturales 
La presencia británica, tan decisiva para
el desarrollo de la industria turística, el comercio y la agricultura
de exportación, pilares de la economía insular, afectó
igualmente a la vida social y a los usos y costumbres de la población
isleña. Los «ingleses» se erigieron como los artífices
del sentimiento de modernidad imperante y del prestigio social, contribuyendo
enormemente al fomento de diversas actividades sociales, culturales, deportivas,
que dinamizaron en gran medida la hasta entonces aletargada vida insular.
Fiestas y bailes eran el medio más natural de reunir a la colonia
y proporcionar unas horas de esparcimiento y solaz a sus miembros, pero
también de hacer que los dos pueblos estrechasen lazos de amistad.
Festividades británicas como el jubileo de la Reina Victoria contaban
con la asistencia de autoridades y bandas de música locales (El
Liberal, 21 junio 1887). Igualmente, los tradicionales bailes locales
como el de la Candelaria eran frecuentados por miembros de la colonia británica
(El Liberal, 3 febrero 1892). Las garden-parties inglesas
se constituirían muy pronto en una moda dentro de la sociedad isleña,
que empezaría a organizarlas. Solían celebrarse de 3 a 6
de la tarde en los jardines de algún hotel o casa particular, donde
los invitados eran obsequiados con té, pastas y licores. Las crónicas
de la prensa local nos permiten comprobar que la costumbre de tomar el
té consiguió arraigarse en los círculos isleños.

[4. El inmueble donde tuvo
su residencia
la familia Miller, en Triana. Las Palmas.]
Residentes y turistas también sintieron la
necesidad de satisfacer sus inquietudes intelectuales, ante la insuficiencia
de los atractivos del clima para hacer más grata su estancia en
las islas. Así, se celebraban veladas lírico-dramáticas
y conciertos. Pero quizá sorprenda comprobar que la intensa vida
social desarrollada por la colonia estaba ligada a una finalidad benéfica:
casi siempre acababan con una cuestación con la que conseguían
fondos que se repartían a partes iguales entre las instituciones
benéficas locales canarias y británicas, cuando no se destinaban
íntegramente a ayudar a viudas, huérfanos y pobres de la
isla. Suscripciones, como la organizada por el Ayuntamiento de Las Palmas
en 1909 a beneficio de los reservistas movilizados por la guerra de Melilla,
o las organizadas para socorrer a las familias más necesitadas de
Lanzarote y Fuerteventura, también contaron con los donativos de
empresas y particulares isleños y británicos.
El interés de la colonia por contribuir al
fomento de la cultura entre los isleños hizo que en 1888, varios
ingleses residentes dieran en el coliseo una función lírico-dramática
a beneficio del nuevo teatro de Las Palmas (El Liberal, 4 diciembre
1888). Se promovió también la publicación de periódicos
ingleses, como The Canary Islands Review, que, editado en inglés
semanalmente en Las Palmas entre marzo de 1903 y abril de 1904, circulaba
tanto en la capital grancanaria como en Tenerife y La Palma, o el The
Tenerife News, semanario de vida algo más efímera, que
salió a la luz en enero de 1891, y del que sólo se conocen
14 números. En las páginas de estos semanarios se suceden
cuentos, opiniones políticas, relatos de experiencias personales,
impresiones sobre aspectos de la vida en las islas, o incluso poemas. En
ellos, se ha plasmado el pensar y el sentir de una comunidad que compartió
un tiempo y un espacio de sus vidas con la realidad isleña.

[5. The Canary Islands Review.]

La Sociedad Protectora de Animales fue fundada
en Las Palmas en 1896 por iniciativa de Mr. Alfred L. Jones, contó
con el apoyo inicial de las autoridades locales canarias y británicas
para intentar corregir y castigar los innumerables abusos que los isleños
cometieron con los animales. La sociedad tuvo su sede en las dependencias
del Viceconsulado británico en Triana 93, y ofrecía «donativos
para premiar a los dueños de animales que mejor les cuidasen, y
recompensar a la vez a los celadores de la sociedad que denunciasen toda
clase de crueldades que con los animales se cometiesen» (Diario
de Las Palmas, 21 agosto 1896). La labor de la SPA y la influencia
de la colonia inglesa hicieron mucho para disminuir la crueldad de los
canarios hacia los animales (D'Este, 1909:187), pero pronto los buenos
propósitos pasaron al olvido, y en 1907 la prensa volvía
a expresar su gran pesimismo por lo infructuoso que resultaba luchar contra
la incultura del país (Diario de Las Palmas, 11 diciembre
1907).
Las islas tenían un gran prestigio por la
fruta y la verdura, pero no tanto en lo que respecta a la carne y al pescado.
La enorme incidencia de las costumbres y gustos británicos en el
campo de la alimentación provocó la difusión de los
productos de la cocina inglesa. Así, el llamado pan inglés,
o pan de molde, se puso de moda para la elaboración de los típicos
sandwiches o emparedados ingleses. Este tipo de pan empezó
a venderse en Las Palmas en diciembre de 1891, a 30 céntimos el
medio kilo, en el almacén de The Lion Trading Company, y
podía conseguirse también en el Puerto a través de
Mr. Strong. Pronto, el renombrado pan inglés se expendería
en los mejores establecimientos de Las Palmas, como el de D. Leoncio de
la Torre, desde 1897, y partir de 1904 en las panaderías, que lo
venden al precio de 20 céntimos la libra de 400 gramos.
En 1891, la prensa anuncia que Mr. Newman Tremearne,
fundador de una industria de fabricación a gran escala de manteca
para consumo diario y exportación, ofrecía manteca fresca
de vaca a la inglesa, «directamente de la fábrica en Guía,
elaborada por máquinas y garantizada fresca, aseo y pureza, a 4
reales de plata la libra» (El Liberal, 30 noviembre 1891).
Al año siguiente ya se vendía manteca inglesa en Las Palmas,
en el n.º 90 del Puerto de La Luz, a 2 pesetas la libra. Otro inglés,
Mr. Alfred Williams, inició el comercio de carnes congeladas en
Gran Canaria en 1902 (Diario de Las Palmas, 28 abril 1902). Casi
todas las pastelerías y restaurantes ofrecían varias clases
de «pudines», además de «rosbeef a la
inglesa, salsa para biftek, sausage, Oxford sausage», etc. Las
tiendas isleñas estaban surtidas de galletas inglesas, cuyas marcas
pasaron pronto a englobar la larga lista de términos que aludían
a unos productos que empezaron a formar parte de la dieta cotidiana isleña.
Influencias
lingüísticas 
Aunque sólo una pequeña parte de la
población isleña pudiera expresarse correctamente en inglés
y lo mismo sucediera con los ingleses respecto al castellano, podemos decir
que una gran mayoría llegó a familiarizarse con los sonidos,
palabras y expresiones básicas de la otra lengua. El isleño
empezó a chapurrear el inglés desde niño, cuando se
dirigía al "choni" a pedirle "peni, peni", y
después se lo agradecía con un socarrón "San
llú, burro macho", en vez del correcto "Thank you very
much" (Quintana Navarro, 1985:67). Y es que como explica Badía
(1977:111), cuando se produce una convivencia de lenguas dentro de una
misma sociedad, aunque los hablantes sean monolingües, sucede que
a través de conversaciones oídas por la calle, anuncios o
publicaciones, o asistencias a determinados actos sociales (como una fiesta
familiar, un entierro, etc.) «el habitante menos versado en la otra
lengua se familiariza con ella, y adquiere un conocimiento pasivo de algunas
de sus expresiones». Esto ocurrió sin duda en la capital grancanaria,
invadida no sólo por anglohablantes sino por letreros y anuncios
en inglés en calles y prensa; de ahí que en los pasajes de
su Insulario, Alonso Quesada comentara: «Esta ciudad es una
pequeña ciudad española... A pesar de sus letreros en inglés.
A pesar de sus indios. A pesar de su carbón británico y sus
maderas noruegas». También Tomás Morales, en Las
rosas de Hércules, incluyó un poema a la calle de Triana,
describiéndola como la calle del Comercio «donde corre sin
tasa la esterlina/ y es el English spoken, de rigor», presentándonos
la imagen del «sol del archipiélago dorando los rótulos
en lenguas extranjeras», y señalando que «todo aquí
es extranjero.../ extranjero es el tráfico en la vía/ la
flota, los talleres y la banca / y la miss...»
En la prensa local los anuncios de profesores y academias
que ofertaban clases de inglés eran cada día más numerosos.
El reputado periodista isleño Francisco González Díaz
comentaba en el artículo «Do you speak English?» publicado
en el Diario de Las Palmas el 23 de noviembre de 1903, cómo
aprender inglés se había convertido en una necesidad imperiosa
en Las Palmas. El periódico de los ingleses, The Canary Islands
Review, (n.º 39, 30 noviembre 1903, pág. 4) compartía
estas ideas, y añadía: Beyond all dispute the author is
right when he says that a knowledge of the English language has become
necessary here: so many British tourists come to these Islands to enjoy
their perfect climate that the shopkeepers and those who cater for a money
spending invasion must either acquire an elementary knowledge of our language
or lose business.
Todas las novedades que surgen en las distintas áreas
de influencia inglesa, tanto técnicas como sociales, deportivas,
culturales e incluso alimenticias, se plasman en nuevas palabras que se
van incorporando al habla de los canarios, o al menos al lenguaje usado
por la prensa local entre los años 1884 y 1914. Así, con
los nuevos deportes se introducirían muchos términos como
player, cona o corner, pena o penalty, shoot, offside,
score, team, goalkeeper, match, referee, sport, sportivo, baseball, golf,
golfer, yatch, etc. Muchas de estas palabras se adoptaron temporalmente,
y fueron sustituidas con el tiempo por sus equivalentes castellanos, o
bien se integraron con las consiguientes adaptaciones fonológicas
y ortográficas, como es el caso de fútbol, futbolista, béisbol,
gol, tenis, chute, yate, etc.
En el campo de las comidas y bebidas, encontramos
bacon, beefsteack, roastbeef, "butterina", cocktail, picnic,
sandwich, sausage, tea, puding, whisky, o lunch, un término
que adquirió el significado de «pequeño refrigerio
ofrecido para agasajar a algún visitante ilustre, o celebrar algún
acontecimiento social relevante». Y en la agricultura las famosas
papas King Edward, Uptodate ( o, a veces, out of date), Kidney,
canarizadas a "Quinegua", "Artodate" o "Autodate",
y "Quini", o la temida plaga de mildew. En el ámbito
portuario, observamos Castle, Highlands, Yeoward, cargoboat, clipper,
destroyer, dock, ferryboat, steamer, etc. Otros anglicismos tienen
que ver con la vida social, como lord, miss, mister, Johnny, Christmas,
chic, cakewalk, foxtrot, one-step, music hall, gentleman, lady, bar, club,
garden-party, high-life, o con la vida política y económica,
trust, sheriff, bill, crack, freetrade, highlander, income tax, leader,
manager, speech, stock, ticket, yankee, policeman.
Todos estos términos son difundidos por la
prensa local, lo que nos permite corroborar la incidencia que la influencia
de la lengua inglesa tuvo en la sociedad isleña. Es posible, sin
embargo, que el uso de algunos de los términos recogidos no estuviese
generalizado entre la población, dado que, como indica Pratt (1980:14)
una voz puede ser empleada en libros impresos, manuscritos o en reuniones
y tertulias por un grupo culto sin llegar a arraigar jamás en el
habla popular. Pero el hecho de que aparezcan en periódicos u obras
literarias da pie a pensar que al menos la clase culta los conocía
y usaba, quizá por esnobismo. Del mismo modo, con frecuencia sucede
que un término coloquial es usado habitualmente durante mucho tiempo
antes de ser aceptado -si llega a serlo- por la norma escrita; ello explica
que no hayamos encontrado fuentes escritas que demuestren el uso real de
voces que son reconocidas por la conciencia popular, tales como piche
(de pitch), muy usada en Tenerife, queque (de cake),
el bizcochón grancanario, o naife/nife (de knife),
el cuchillo canario. Todas estas voces son préstamos que revelan
una transmisión oral, al igual que otros muchos términos
de indudable procedencia sajona que siguen teniendo vigencia en el habla
de los canarios. Con frecuencia, como señala F.J. Castillo, éstos
son adaptaciones surgidas del pichingli que se produjo «en
los ámbitos portuarios de las Islas para atender las necesidades
de comunicación entre los cambulloneros canarios y la tripulación
de los barcos extranjeros». Es el caso de las voces brete
(de 'bread'); choni (de 'Johnny'); guachimán (de 'watchman');
monis (de 'money'); paipa (de 'pipe'); refre (de 'referee');
tique, (de ticket); bol (de bowl); o guanijay
(de one John Haig). Otras voces, parecen haberse introducido por
vía escrita, como changue (de 'change'); o el polémico
"guagua", que, según se especula, pudo surgir de una lectura
dificultosa de waggon. 
Conviene matizar que algunos de los anglicismos recopilados
aquí no son exclusivos del contacto lingüístico anglocanario,
pues ya aparecen registrados por la Academia y son recogidos a su vez por
Joan Corominas en su Diccionario Crítico Etimológico,
como términos que han estado en uso en la lengua castellana desde
épocas anteriores a nuestras fuentes. Sin embargo, queremos hacer
notar el caso de algunos términos como goal, que aparece
con frecuencia en la prensa isleña desde el año 1912, y que
la Academia, según Corominas, no parece registrar documentalmente
hasta 1925 ó 1936. Lo mismo sucede con clipper, anglicismo
que Corominas registra por primera vez en 1901, y que ya aparecía
en la prensa insular en 1892.
Por otra parte, el total dominio del panorama económico
de los británicos, así como el ambiente anglicanizante al
que hemos hecho referencia, podría parecer lógico pensar
que sólo se produjeron influencias del inglés en el habla
de los canarios. No obstante, sorprende comprobar cómo en mayor
o menor grado todos los autores ingleses de libros sobre las islas han
cedido al influjo lingüístico y han incorporado en sus escritos
palabras y expresiones españolas, y de la modalidad canaria. En
sus páginas ha quedado plasmado su considerable conocimiento del
vocabulario español, y, por consiguiente, su contacto innegable
con la sociedad y la cultura canarias. Y no sólo en el uso de aquellos
términos específicos de la realidad isleña que no
tenían un equivalente adecuado en inglés, tales como gofio,
azotea, mantilla, casino, torno, tertulia, puchero, postigo, patio, pescado
salado, etc. Esto no deja de ser algo natural; pero lo interesante
es observar cómo el contacto con el español y con la vida
diaria de las islas les lleva a emplear en sus escritos palabras y expresiones
españolas, así como términos canarios, para referirse
a cosas que podrían haber designado en inglés: the carretera,
the campo, the isleños, the comedor, the cura,
the alcalde, the plaza, the alforjas, a venta,
the sala, the correo, the pulgas, the azotea
of the fonda, the señora of the fonda, the
señor and his wife, a fanega of "chochos"
etc.
Un análisis de las palabras españolas
tal y como aparecen escritas en The Canary Islands Review, a lo
largo de sus 47 números, como en los distintos libros de viaje a
los que hemos tenido acceso, nos lleva a agruparlas por campos semánticos
muy generales de la forma siguiente:
POLÍTICA y ECONOMÍA: the Alcalde; the
Ayuntamiento; the Cortes; the Delegado; the Fielato; the Guardia Civil;
the Juez de Instruccion; the Jura de la Bandera; the Military Comandante;
municipio; Municipal market; perra chica; timo; Royal Audiencia; Guardias
civiles
RELIGIÓN: El Cielo; the cura; La Gloria; the
sacristan; Santissima; un paso; the Virgen del Pino: Ave Maria Santissima!;
ermita; the iglesia; the Pasos
SOCIEDAD, CULTURA y OCIO: the Alameda; "almeida";
the Circo de Verano; fiesta; mantilla; the paseo, "passeios";
tertulias, tertullas; casino; corridas de sortija; señor; señoras;
señoritas; caballero; siesta; the sereno; the torno; toreador, toreadors;
the matador; banderilla; banderillero; picadores; adios; muchacho; tertulias;
duenna; isleños
LA CASA y OTROS NOMBRES de LUGARES: the cantos; estancia;
the mirador; the sala; a finca; fonda; the plaza; the patio; porticos;
pueblo; the venta; azotea; canteria; comedor; patio; the posada; postigo;
quintas; the Puerto
COMIDAS y BEBIDAS: azucar; bizcocho; cabrillas; gofio;
morenas; puchero; rebanadas; the aguacate; almuerzo; vino del campo; ñames;
pescado salado; some bizcochado; cherne
TRANSPORTES y VIAJES: albarda; arriero; the vaporcito;
tartana; tartana men; tartanero; the coche de hora; the correo; a correo
schooner; carretera; carro; vuelta; the 7 a.m. coche
UNIDADES de MEDIDA: a garrafon; ganigos of milk;
a fanega of chochos; fanegadas; almudes of maize
SANIDAD: medico; pulga; chinche
NATURALEZA: the arena; barranco; the caldera; the
cumbres; retama; the Pinar; the playa; the tassarte; we had viento; the
tilo; the cardo; the pico; the campo
Otros ejemplos claros de influencia lingüística
los encontramos en palabras españolas a las que se han aplicado
sufijos propios del inglés, como es el caso de duennaless, duennaed,
así como en otras que, por analogía, siguen las normas
inglesas para la formación del plural, como mangoes, staff of
peons, tostons, Faycans, etc.
Finalmente, hay que señalar que todos estos
ejemplos de influencias lingüísticas son reveladores del alcance
del intercambio sociocultural y lingüístico producido a través
de la convivencia anglocanaria. A nivel general constituyen una prueba
más de la íntima relación lengua-sociedad. Pero sobre
todo, y a nivel particular, son la evidencia que desmiente definitivamente
el extendido tópico de la colonia británica cerrada en su
círculo y aislada de la sociedad isleña.
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