Tristeza sobre un caballero blanco.

 

 

("El mencey viola la ley y desoye los consejos que escucho en la cueva de los muertos. Tinerfe el grande es ahora Tinerfe el débil, pero los negros presagios de los dormidos menceyes sobre el sino del pueblo guanche han oscurecido su juicio y aguado su justicia. Son demasiadas muertes para un solo hombre, demasiadas victorias, mucha sangre en su añepa, muchas cabezas abiertas por su honda, muchos guerreros despeñados por su rebeldía. Duelen los labios de tantas condenas, saben a sangre, a lágrimas, a arena de mar. No consuela pensar que fue necesario, que la sangre vertida abona la paz y la felicidad del pueblo guanche, porque te dijeron los menceyes de la cueva sin luz que, a tu muerte, los nueve hijos trabarían lucha implacable y volverían a repartirse Nivaria. Nueve pueblos enemigos, los barrancos arrastrando sangre, morirán en estas guerras los mejores guerreros, los más fuertes y valientes. Y cuando el pueblo este roto y desangrado, llegaran por el mar hombres de otras tierras que enemistarán más aún al hermano contra el hermano, que les pondrán de rodillas ante otro dios, que robarán hombres y mujeres para venderlos como ganado. Vendrán, después, tiempos peores: hombres sobre cuyo pecho reluciente rebotaran nuestras piedras, hombres que tienen grandes animales cuyas patas aplastan los cuerpos de los guanches. Será el fin de nuestro pueblo, nuestras armas no valen contra las suyas, nuestro valor no puede con sus malas artes. Los guanches, derrotados, se irán a sus cuevas a morir de dolor y de verguënza, pero ni su último sueño será respetado: llevarán sus cuerpos a los molinos para hacer del polvo de los muertos medicina para sus males.

Demasiadas muertes, mencey triste, para nada. Tu paz ha sido flor del retamal que se seca con los primeros soles del verano. No quedará si quiera el recuerdo de su perfume. Sólo en tu memoria el peso de tanta sangre, de tantas vidas perdidas, el llanto de los niños sin padres. La melancoía del esfuerzo inútil dobla la voluntad del mencey hacia la clemencia para los Tamaimos. Su pecado fue de locura y no de maldad. Que su muerte no engrosé el fardo que ya encorva tu espalda.")