Se entiende por alumnado «con necesidades específicas de apoyo educativo» aquel que presenta necesidades educativas especiales u otras necesidades educativas por dificultades específicas de aprendizaje, por trastornos por déficit de atención con o sin hiperactividad, por especiales condiciones personales o de historia escolar, por incorporación tardía al sistema educativo o por altas capacidades intelectuales, y que puedan requerir determinados apoyos en parte o a lo largo de su escolarización.
Entre sus funciones está el valorar las necesidades específicas de apoyo educativo del alumnado, asesorando en la respuesta educativa más adecuada, participando en el seguimiento del proceso educativo de estos alumnos y alumnas. Además, han de asesorar a los centros y colaborar en la orientación personal, educativa, familiar y profesional de los escolares, participando, entre otros, en los diseños de los planes de acción tutorial, orientación profesional y acciones compensadoras de la educación.
Mejorar el éxito escolar es mejorar el rendimiento escolar y evitar su abandono prematuro del sistema. Un elemento de la calidad de cualquier sistema educativo es el grado de rendimiento escolar del alumnado en su enseñanza básica. Considerando el rendimiento escolar como el nivel de conocimientos de un alumno o alumna medido mediante pruebas de evaluación, estimamos que el resultado está condicionado por múltiples variables. En el contexto de nuestra realidad podemos destacar como relevantes varias de ellas. En primer lugar, el nivel cultural y socioeconómico de las familias y su actitud ante la escuela la educación y la cultura. Por otro lado, intervienen los condicionantes personales de los escolares relacionados especialmente con sus aptitudes, motivaciones y capacidades. El profesorado con sus habilidades docentes, formación y motivación, así como el centro escolar con su organización, tipología del alumnado y pautas de funcionamiento, son elementos que también determinan los resultados. La disponibilidad de recursos personales y materiales, contenidos curriculares, etc., más relacionados con la Administración educativa, es otro aspecto a tener en cuenta. Mejorar el rendimiento escolar de nuestros alumnos y alumnas conlleva tener en cuenta cada uno de estos ámbitos como mínimo.
La capacidad con que una sociedad moderna, una vez cubierta la necesidad básica de escolarización de la población, aborda la atención a las necesidades educativas específicas de cada sector de la misma, se ha convertido en uno de los principales indicadores de calidad de su sistema educativo.
La enseñanza básica viene definida por los principios de educación común y de atención a la diversidad del alumnado, considerando esta última como el conjunto de recursos personales y materiales con los que responder a las necesidades educativas de nuestros alumnos y alumnas, según los principios de inclusión e integración escolar y asumiendo que, en todos los sentidos la atención a la diversidad es un elemento de calidad del sistema educativo. Una de las acciones que persiguen estos fines son las medidas de carácter organizativo o curricular. Estas deben permitir a los centros, en el ejercicio de su autonomía, una organización de las enseñanzas adecuada a las características de su alumnado. Dichas medidas estarán orientadas a responder a las necesidades educativas concretas del alumnado y a la consecución de las competencias básicas y de los objetivos de las etapas que conforman la enseñanza básica, de manera que se favorezca la obtención del título de Graduado en Educación Secundaria Obligatoria. Entre estas medidas se encuentran los programas de refuerzo, los programas de diversificación curricular, los agrupamientos flexibles, el apoyo en grupos ordinarios, los desdoblamientos de grupo, la integración de materias en ámbitos, los programas de enriquecimiento curricular para alumnado de aprendizaje rápido o de altas capacidades intelectuales y la enseñanza activa de las matemáticas.