Este poema que hoy compartimos con ustedes, nos relata las idas y venidas de una profesional de la enseñanza que le tocó vivir en una época en la que no había límites en tu destino de trabajo y te podía tocar, no sólo en cualquier isla, sino, incluso, podías llegar hasta la Península. Era una chiquilla y eso no importaba: te estabas dedicando a la docencia y si querías trabajar, tenías que hacerlo así. Pero mereció la pena, porque su trayectoria profesional nos ha servido de ejemplo a seguir por todos nosotros: sus sobrinos y sobrinas que hemos seguido sus pasos. Nuestra profesión, aunque socialmente poco reconocida, supone una entrega y una dedicación, que todos y todas estamos dispuestos a dar, de la misma forma que ella, en su momento, lo hizo. Ojalá al leerlo, les aflore una sonrisa de recuerdos a los labios y vengan a sus memorias retazos de un pasado presente. Por ustedes que lo vivieron y por nosotros, que lo conocimos... Luisa A. Torrens Miranda |
| (Pancho Torrens Miranda) | |
Fuiste
retama en el viento Y allí embarcaste tu alma; Y sin darte apenas cuenta Y retama al viento volviste |
Pero un mirlo en jaula no canta, Una retama es de sol, Por eso en mero te convertiste Y una brisa marina, En Fuerteventura te dejó. Acunándote la arena, De costa a costa has ido, Y en Guía naciste, |
| NIÑA DE AZUL (Okiya) Qué extraño planeta Quién osó ¿Cuándo sucedió Qué silencio, ingenuo Quién pensó Iluso planeta Olvidó en ti Azul, profundo. Azul, inmenso. Azul, intenso. Azul, claro. Azul, cristal. Azul, marino. Azul, azul.
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Ésta es la historia de Cecilia, una nube blanca, blanda y suave que viajaba siempre por el cielo despacito ,despacito, y observando muy detenidamente todo lo que ocurría en la tierra. A Cecilia no le gustaba dormir; pensaba que era una perdida de tiempo, y por eso nunca dormía y siempre vagaba por eso nunca dormía y siempre vagaba por el ancho cielo, muy despacio , muy despacio Así lo veía todo con todo detalle. Y es que Cecilia era muy curiosa.. - ´´ ¡Vaya ,vaya , si es Cecilia la lenta !" la hija de doña Cecilia la lentorra ; !debe ser de familia ¡"comentaban las nubes entre sí. -"Cecilia camina más rápido para que puedas recorrer el mundo antes de hacerte mayor" , le dijeron las nubes. Pero Cecilia no hizo caso y siguió muy despacio su camino, al fin y al cabo ella pensaba que nunca se haría mayor. ...pasó el tiempo y cecilia se hizo mayor, ya no resistía tanto tiempo despierta como antes, así que decidió buscar un lugar donde reposar cuando no viajaba por el cielo observado cuanto acontecía en la tierra. En ese momento sopló un fuerte viento y Cecilia salió desprendida a gran velocidad dando vueltas y vueltas hasta que cesó el viento, entonces, algo mareada aún de tantas volteretas ,abrió algodonosos ojos y pudo divisar a lo lejos una enorme montaña blanca cubierta de un blanco reluciente y pensó que sería un hermoso lugar donde extender su manto. ... Y Cecilia así lo hizo; extendió su manto sobre aquella montaña que en la tierra llamaban Teide. Lo curioso de la historia de Cecilia es que fue precisamente allí conoció a don Brandón una nube muy apuestas con quien se casó y tuvo una pequeña Cecilita ,blanca ,blanda, suave y algo y algo gandula para bajar por el cielo.¡Quizás sea de familia! Carmen D. Bolaños Pérez * Todas las nubes además de tener un nombre, también tienen un sobrenombre que atiende a algún rasgo destacable de su forma, personalidad, etc... |
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Hace mucho tiempo las tormentas, las lluvias y las corridas de barrancos eran una cotidiana imagen para nuestra gente. Pero ocurrió que un pequeño pueblito del noroeste de la isla de Gran Canaria, dedicado exclusivamente a la agricultura y a la ganadería ,como otros muchos pueblitos, se vio hundido en la más miserable de las sequías; ni lluvias, ni tormentas y mucho menos corridas de barrancos, mientras el resto de la isla nadaba entre agua. La verdad es que resultaba muy extraño, mientras el resto de los pueblos gozaba de agua en abundancia, nuestra pequeña esquinita norteña se torcía de "cabo a robo" en busca de una gotita de agua que sacaría su sed, la de sus animales y la de sus gentes que tanto la cuidaba. Los habitantes de las zonas más altas, sumido en una gran sequía, se vieron obligados a dirigirse hacía las zonas costeras donde se dedicaban a la pesca de viejas, fulas, sardinas...que luego vendían o cambiaban en los pueblos vecinos. Todas las noches, aquellas buenas genes se reunían en la playa, al calor de una hoguera, donde hombres, mujeres y niños jugaban a la baraja y contaban increíbles historias de sus antepasados. ...Una noche, después de echar un par de manos a la baraja, maestro Olegario , que era el más viejo de los allí presentes, preparó su cachimba, la encendió, se la llevó a la boca y con las manos en el pecho, respiró profundamente. Mientras tanto los demás esperaba ansiosamente a que maestro Olegario rompiera el silencio con algunas de sus magníficas historias. Al fin, maestro Olegario rompió el silencio con un suspiro, que indicaba el comienzo; pero su amarillento pitillo permaneció pegado al labio inferior. La chiquillería lo miraba con asombro. "Hace muchos años ,-comenzó diciendo maestro Olegario con voz de viejo sabio - , nuestros antepasados, cuando azotaban los periodos de sequía, ascendían durante la noche al monte de Tamadaba ; recogían ramas, y allí en lo más alto danzaban y cantaban, implorando a la lluvia que regresara. Luego, descendían batiendo palmas al viento hasta llegar al mar donde nuevamente llamaban a la lluvia con danzas y cantos hasta que volviera a oscurecer". Maestro Olegario guardó silencio y volvió a suspirar .Así dio por concluida su historia. Los allí presentes se quedaron en silencio. Alguien se atrevió a preguntar: -¿Llovió? Pero maestro Olegario no respondió... Lo cierto es que aquella noche nadie durmió, y sin previo acuerdo, las gentes de aquel pueblito norteño subieron al pinar durante la noche en busca de ramas Luego, descendieron el valle agitandolas, como en el antiguo rito, hasta llegar al mar. -¿Llovió? -No lo sabemos. Pero la verdad es que cada 3 de Agosto por la noche la gente del pueblo suben del Valle hasta el Pinar en busca de ramas ,y desde allí bajan cantando, bailando y soplando caracolas, invocando a la lluvia. Carmen D. Bolaños Pérez |
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Neófitas plantas nocturnas Notas, sonidos, canciones Amor desprendes |
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Tras cristales ahumados Tintineo nocturno Pensamiento obseso Círculo en movimiento Pobre de mí Soñé con mi Oasis, Parcela incontable Cálida y salubre gota |