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PETER GALISON

Entrevista realizada por Sergio Toledo Prats

Peter Galison

      Se encuentra estos días en Tenerife Peter Galison, prestigioso historiador de la ciencia, professor de la Universidad de Harvard desde 1992, habiéndolo sido antes de la Stanford University, desde 1983. Entre sus obras hnay que destacar How Experiments End (1987), Image and Logic: A Material Culture of Microphysics (1997) y Einstein’s Clock, Poincaré’s Maps. Ha coeditado volúmenes sobre asuntos como las relaciones entre ciencia, arte y arquitectura, la función de la ciencia en la cultura o la autoría científica. Ha filmado un documenal sobre la bomba H titulado Ultimate Weapon, accesible por Internet. Actualmente prepara un libro sobre la objetividad científica.

  • La enorme cantidad de congresos y publicaciones dedicadas a Einstein en 2005 con motivo del Año Mundial de la Física demuestra que todavía es el mayor icono de la cultura científica de nuestro tiempo. ¿Qué áreas de su trabajo y de su vida cree que son aún insuficientemente conocidas?

    Sabemos mucho sobre el trabajo de Einstein que le condujo a sus artículos de 1905 y estamos avanzando en el conocimiento de su camino hacia la relatividad general, aunque muy poco se ha hacho todavía sobre su cosmología y sus trabajos finales sobre teorías del campo unificado. Creo que si conociéramos realmente la física de las teorías unificadas ello arrojaría luz incluso sobre su filosofía. Pienso asimismo que no comprendemos su política a un nivel aceptable. Tenemos que entender con mayor precisión cómo veía él su pacifismo, su convencimiento de que el mundo debía rearmarse para oponerse a Hitler, su demanda tras la guerra de 1939-45 de un gobierno mundial y de un tribunal internacional. Conocemos ahora mejor que hace diez años su intenso compromiso con los derechos civiles, aunque está por conocer mejor lo que pensaba sobre la acción política individual y colectiva.

  • En su reciente libro Los relojes de Einstein y los mapas de Poincaré: imperios del tiempo usted parece afirmar que no sólo el público general, sino los propios miembros de la comunidad científica tienen todavía una visión de la ciencia demasiado platónica, apegada a lo teórico y lo textual, minusvalorando el contexto técnico. ¿Podría comentarnos esta cuestión?

    Durante demasiado tiempo hemos reescrito la historia de la ciencia para hacerla parecer casi enteramente teorética, abstracta, intangible. Einstein es un ejemplo perfecto: debido en parte al personaje público que era en su última época hemos olvidado que era un funcionario de patentes, un inventor más que competente, un diestro experimentador. Lo mismo ocurre con Henri Poincaré, a quien se recuerda como matemático filósofo, aunque se formó en ingeniería de minas y estuvo envuelto en importantes proyectos de ingeniería científica durante la mayor parte de su vida. Mi libro intenta recuperar el sentido de todo eso y emplazar la sincronización de los relojes y la definición de simultaneidad como un problema apremiante en la encrucijada de la tecnología, la física y la filosofía.

  • ¿Es la Historia de la Ciencia una Historia de las Ideas?

    Para alguna gente así es. Pero actualmente es mucho más que historia intelectual, porque incluye, además de la ciencia social o contextual, como les gusta llamarla a quienes la practican, la historia de la que hablé antes: el estudio de los instrumentos científicos y de las relaciones de las ciencias con el derecho, las artes, lo militar, la tecnología y la religión, por mencionar sólo unas pocas de las sub-especialidades populares en la actualidad.

  • ¿Qué semejanzas y diferencias destacaría entre el papel social de Poincaré y el de Einstein, por un lado en el ámbito de la comunidad científica, y por otro como personajes de relevancia social para el gran público?

    Poincaré era la quintaesencia del Politécnico de la Tercera República, trabajando por una parte en matemáticas abstractas y por otra para el Estado. Era un racionalista de pies a cabeza, alguien que aplicó su sensibilidad de científico ingeniero a los problemas filosóficos y a problemas sociales como el caso Dreyfus. Nunca se pronunció sobre Dios, ni sobre los planes, libertad y proyectos divinos, mientras que Einstein sí lo hizo. Einstein quería que los enigmas del universo acabaran en ecuaciones, una especie de vías paralelas, los fenómenos por un lado y las representaciones por otro. Para Poincaré de lo que se trataban era simplemente de nosotros y nuestra mejor apuesta para comprender los fenómenos de la manera más sencilla posible. Einstein quería saber cuánta capacidad de elección había tenido Dios en los orígenes.

  • ¿Tuvo la teoría de la relatividad influencia inmediata en la cultura filosófica, artística y literaria de su tiempo o su innovación y complejidad requirió largo tiempo para su asimilación?¿Cuáles son las ideas de Einstein que mayor repercusión han tenido en esos otros ámbitos culturales?

    Las ideas de Einstein suscitaron atención bastante pronto, aunque no de modo inmediato. Hacia 1909 era aclamado por muchos de los físicos y químicos prominentes como una figura muy importante. En 1919, cuando se vio que su teoría interpretaba correctamente la curvatura de la luz estelar en las proximidades del Sol, se convirtió en celebridad internacional. Fue a partir de entonces cuando los círculos literarios, arquitectónicos y artísticos comenzaron a usar las ideas einstenianas, a veces como reclamo de portada para cualquier cosa que estuvieran haciendo, a veces para cuestiones sustanciales. Pero la onda sigue: incluso hoy, artistas como Matthew Ritchie, músicos como Philip Glass con se Einstein en la playa, continúan aprovechándose de Einstein, o al menos haciéndose eco de él. Es probable que los elementos artísticos más influyentes de Einstein hayan sido la propia noción de relatividad, la idea de un espacio-tiempo curvo, la inteligibilidad de universo como un todo y su esperanza en una teoría unificada.

  • La transformación einsteiniana de la idea de tiempo es comparable a la rupura copernicana con la idea de reposo de la Tierra, que Galileo tanto se esforzó en demostrar. ¿Piensa usted que existe una concepción intuitiva subyancente del tiempo –propia de la especie humana y por tanto transcultura– de modo análogo a los invariantes lingüisticos postulados por Chomsky?

    Dudo de que haya alguna noción invariante de tiempo a través de las épocas, culturas y períodos históricos. Los niños registran la simultaneidad de modo diferente que los adultos; algunas culturas ven sus conceptos de espacio y tiempo de manera distinta a la accidental. De hecho la idea de tiempo absoluto tiene un origen relativamente reciente, procede de Newton. Así que dudo bastante de que haya un tiempo intuitivo simple que vaya bien para todas las personas y pueblos. Degustaría añadir que el tiempo einsteiniano, o mejor, los tiempos einsteinianos, en los que no hay un “tiempo verdadero” de referencia, es el aspecto simple más importante de la relatividad especial.

  • Usted ha estudiado los mecanismos de interacción entre científicos de disciplinas distintas a la hora de trabajar conjuntamente en zonas limítrofes. ¿Qué dificultades y recursos aparecen en eesas situraciones?

    Durante largo tiempo, desde luego a partir de la obra de Thomas Kuhn y probablemente desde años antes, era usual esperar que distintas comunidades de científicos se hallaran inscritas en conjuntos globales de prácticas y conceptos. Como dijo Kuhn, circular entre ellas era como saltar de una estructura perceptiva (Gestalt) a otra, según la famosa imagen del pato-conejo del cual sólo se podía derivar un pato o un conejo. No había un terreno neutral entre ellas. Uno de mis intereses ha sido tomarme en serio la coordinación local del lenguaje, Después de todo sabemos que lenguajes naturales, como el francés o el alemán forman interlenguajes en sus fronteras: lenguas criollas, pidgins y jergas. Me interesa comprender lo análogo a este proceso en la ciencia, cómo campos científicos como la bioquímica se forman paso a paso a partir de la biología y la química. Estas intersecciones de campos son enormemente fructíferas (la misma física es también un híbrido). Pero también pueden ser peligrosas para los recién llegados, por el riesgo, por ejemplo, de que un teórico de supercuerdas sea visto como algo que no es ni carne ni pescado, ni un físico ni un matemático.

  • Además de textos usted ha producido un documental sobre la bomba de hidrógeno e imparte un curso sobre ciencia, cine e imagen. ¿Qué problemas destacaría para hacer buena divulgación científica tanto en libros como en documentales?

    Pienso que los dos rasgos más importantes que busco son captar las controversias de modo que no se presupongan los resultados y escribir sobre las ideas científicas manteniendo su conexión. Muy a menudo empatando metáforas de tiempos distintos los divulgadores fragmentan los conceptos y al hacerlo matan la parte más importante del razonamiento científico.

  • Sabemos que está trabajando con Lorraine Daston, del Max Planck Institute for the History of Science, en una obra sobre la objetividad científica. ¿Cómo enfoca este clásico problema en una época de triunfo del relativismo?

    Creemos que no todas las virtudes científicas avanzan en la misma dirección, de igual forma que vemos que la búsqueda de la justicia no siempre es compatible con la honestidad o la misericordia. En nuestro caso argüimos que la elección de situar la objetividad como la principal –incluso por encima de la utilidad pedagógica o, en algunos, casos, de la verdad– fue una característica notable, incluso asombrosa, del siglo XIX. Pretendemos historizar la objetividad, comprender cómo se desarrolló en las ciencias y a qué precio. Dicho lo cual añado que ser histórico no significa ser falso; el Empire State se construyó por manos humanas en la década de 1930; no por ello es un producto de nuestra imaginación

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