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Dominique Pestre
Entrevista realizada por María Teresa Juan
Dominique Pestre es el Director del Centre Alexandre Koyré de París, uno de los más antiguos e importantes centros europeos de investigación en el campo de la historia de la ciencia. Físico de formación, e historiador. Trabajó en el CERN (Centro Europeo de Investigación Nuclear) de Ginebra y allí escribió tres volúmenes sobre La Historia del CERN y de la física de partículas en Europa. Posteriormente trabajó en el Museo-Centro de cultura Científica La Villette de París como director del Departamento de Investigación en Historia de la Ciencia. Ha sido investigador en el CNRS y actual mente es profesor en la escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, en París, donde dirige a 40 investigadores. Dedicado durante muchos años a los temas de sociología de la ciencia, sobre los cuales ha escrito numerosos libros y artículos. Recientemente visitó nuestra isla e impartió el pasado viernes días dos, una conferencia titulada "La Ciencia en el siglo XX" en la sede de la Fundación Canaria Orotava de Historia de la Ciencia
- ¿Que descubrimientos científicos e invenciones técnicas en el siglo XX han transformado en mayor grado las sociedades occidentales?
El siglo XX ha sido testigo de grandes descubrimientos científicos. Sería presuntuoso por mi parte darle una lista de tales descubrimientos y preferiría nombrar algunos de los nuevos comos de la investigación científica que surgieron en los últimos cien años: la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica, la fisica del estado sólido y de la materia condensada (con la invención del transistor en 1947 como uno de los grandes resultados) el nacimiento de la física nuclear radiactiva y el de la física de altas energías, y el reciente aura e de la ciencia no lineal. En las ciencias biológicas, surgen nuevos dominios como la genética y la biología molecular con la genómica como principal campo de aplicación técnica. La aparición del ordenador durante la Segunda Guerra Mundial transformó profundamente la práctica científica, pues aunque ya existía desde antes la modelización, sólo con las computadoras electrónicas se hizo realidad la técnica de la simulación. Esto transformó las diversas tecnologías y disciplinas científicas y contribuyó a crear nuevos campos como el de la climatología. Muchos de estos descubrimientos han transformado profundamente nuestra manera de vivir, ¡para bien o para mal!
- Es un tópico que las guerras implementan el desarrollo tecno-científico, ¿Podría poner algunos ejemplos concretos respecto a los grandes conflictos bélicos del siglo XX?
La guerra ha sido siempre un gran incentivo para la innovación técnica y consecuentemente para la ciencia. Puede no gustarnos este hecho, pero es así y no podemos negarlo. Durante la Primera guerra Mundial los líderes europeos aprendieron a gestionar los grandes sistemas de producción, pero la ciencia en sí no salió renovada de esa confrontación. Lo contrario de lo que sucedió durante la Segunda Guerra Mundial, en la que la ciencia quedó radicalmente transformada y la ciencia transformó el arte de la guerra. La bomba atómica, el radar, el desarrollo de los procesos de fusión, dieron un tremendo impulso a las tecnologías electrónica y nuclear, así como hubo una profunda integración de las matemáticas en la vida cotidiana, a través de la investigación operativa. En realidad la Segunda Guerra Mundial no terminó en 1945; continuó con la guerra fría en una incesante creación y desarrollo de nuevos sistemas de armamentos: misiles y sistemas guiados, masers y lasers, y una infinidad de nuevos artilugios creados por los físicos e ingenieros.
- ¿Cómo ve usted la tensión social entre la esperanza casi religiosa en los milagros de la ciencia y la creciente desconfianza respecto al progreso tecnológico?
La "ciencia" y el "progreso científico" fueron dos de las divinidades del siglo, especialmente desde 1940 a 1980. A lo largo de esos años todo pretendía llevar el calificativo de científico. La teoría de la información y la cibernética, por ejemplo –dos ciencias desarrolladas como subproducto de la industria bélica gracias a los trabajos de Shannon y Wiener- sirvieron de modelo a la genética, a la biología molecular y a las ciencias sociales. La teoría de juegos y el análisis de sistemas se convirtieron en instrumentos para pensar sobre cualquier cosa: planificación de las ciudades y la economía en general, administración y guerra nuclear. Así pues, si bien el comienzo del siglo XX no vio lograos científicos importantes, la Segunda Guerra mundial cambió radicalmente el panorama. Por otra parte, hay que decir que las dos últimas décadas, especialmente la de los noventa, han contemplado n renacimiento del escepticismo.
- La intervención tecno-científica sobre la Naturaleza opera hoy día a escala planetaria. ¿Cómo ve usted las relaciones entre los criterios económicos capitalistas de explotación del medio ambiente y la creciente internacionalización del movimiento ecologista?
Tiene razón. Lo que caracteriza nuestra relación con la Naturaleza – y especialmente con los animales y las plantas- es la creciente capacidad por nuestra parte de controlarlos, dominarlos y modificarlos de un modo dramático. Nuestra tecno-ciencia nos permite actuar a escala planetaria y nos hemos convertido en aprendices de brujo. Como la ciencia no actúa en el vacío, rápidamente se hizo dependiente de la producción y el capitalismo se volvió incluso más "rapaz medio ambientalmente" que antes, como señaló el economista Dasgupta. Debido a que la ciencia técnico industrial transformó el mundo natural a escala planetaria (mediante organismos modificados genéticamente GMO) y la explotación agrícola) y ya que nuestro mundo industrial modificó muchos equilibrios naturales (polución atmosférica y oceanográfica por ejemplo), un movimiento social empezó a contestar el modelo técnico científico. Los ecologistas empezaron combatiendo el "invierno nuclear"- ahora están inmersos en el campo de la producción agrícola para combatir los experimentos con GMO. Para decirlo claro, ellos hacen las preguntas importantes con respecto a al seguridad de nuestros sistemas de producción. Como escribió Ulrico Beck, ahora vivimos en una 2socoiead de riesgo" y tenemos que adaptar nuestras aptitudes, expectativas y reglas sociales a esta nueva situación.
- ¿Cree usted que en las sociedades occidentales la comunidad científica ha tomado conciencia en suficiente medida de la necesidad de implicarse a través de sus instituciones en la vida política?
Es de máxima importancia que los científicos de todo tipo (y los estudiantes de las facultades científicas) comprendan lo que acabo de mencionar, concretamente que la ciencia no vive en una torre de marfil. La ciencia está mezclada orgánicamente con la tecnología y la producición industrial y de hecho es parte del complejo técnico industrial. Es mu7y común congratularse con la puesta en marcha de innovaciones en el campo de la biotecnología, o consultar a los expertos del cambio climático para que aconsejen a los gobiernos acerca de posibles y nuevas regulaciones. Esto está bien, pero debemos ser coherentes e introducir en los currículos de la universidad y de las sociedades científicas, conferencias, seminarios y debates sobre ¿qué es la ciencia hoy?, ¿cuál es su relación con la economía y la política?, ¿cuáles son los ejemplos de tales situaciones en la historia? Debemos enseñar y estudiar historia, filosofía y ética de la ciencia, sociología y economía de los cambios técnicos. Los científicos a menudo están interesados en la historia y en la epistemología de sus disciplinas y a veces están interesados en la política.
- En cuanto director del prestigioso centro Alexandre Koyré de París. ¿Cómo gestiona la necesaria conexión entre la investigación y la inserción social de sus resultados?
Como grupo de investigación en historia de la ciencia –que estudia la ciencia desde el siglo XVI y el Renacimiento hasta el mundo técnico científico de hoy –tenemos tres cometidos principales: primero, obviamente avanzar en la investigación y conocimiento, pero también –segundo– preparar a estudiantes y a colegas científicos, y tercero, encontrar los medios para que la sociedad sepa ñeque podemos contribuir. Preparar a los estudiantes significa introducirlos en el "estudio de la ciencia", que no es sólo acercarlos a la historia y filosofía de la ciencia, sino que también es proporcionarles perspectivas generales, cursos y seminarios, así como una visión de los problemas y cuestiones científicas a las que se enfrenta hoy la humanidad. Hacer que nuestros resultados y cuestiones no resueltas sean conocidas por la sociedad implica el enviar artículos a la prensa, dar charlas en escuelas de periodismo y museos, publicar enciclopedias y diccionarios, hacer ciclos de conferencias para el gran público (en La Villette y en los distintos centros de cultura científica…). Esta parte de nuestra labor es cada vez más importante porque las dudas e incertidumbres están instaladas en nuestras sociedades y porque los temas tecno-científicos deben ser discutidos libre y abiertamente.
- El giro social de los historiadores de la ciencia en los últimos 30 años ha cambiado decisivamente el modo de percibir la actividad científica por parte de sus estudiosos. ¿Qué obras y autores le parece que han contribuido más a esta visión?
Es cierto que el campo de la historia de la ciencia ha experimentado una transformación radical en las últimas tres décadas. Yo mencionaría primeramente a David Bloor y a Harry Collins que cambiaron algunos tópicos sobre el conocimiento científico; en particular ellos señalaron la complejidad de los que tradicionalmente se llaman "hechos" o "demostraciones". Bruno Latour hizo salir de los laboratorios los estudios de bloor y Collins, obligándonos a pensar mejor en lo que él designa como coproducción de ciencia y sociedad. Hay que nombrar también a Steve Shapin y Simon Schaffer, Historiadores de la ciencia que han transformado nuestra visión del pasado. Desde 1990, la historia de la ciencia es una disciplina muy viva y hoy es especialmente placentero ser un historiador de la ciencia y ser testigo de este florecimiento. Y espero, con determinación, por el bien de nuestra profesión de historiadores, por el de una buena formación de los científicos y por la existencia de foros públicos de debate, que la Fundación canaria Orotava de Historia de la Ciencia tenga éxito en sus proyectos, simplemente, porque van en la dirección correcta.
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