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MIGUEL ÁNGEL GRANADA
Entrevista realizada por Sergio Toledo Prats
- En este año 2000, de múltiples celebraciones, se conmemora el cuarto centenario del suplicio y muerte del pensador Giordano Bruno. Háblenos de los actos que con este motivo se van a celebrar en Europa a lo largo del año
Se puede decir que los acontecimientos ya han comenzado y lo han hecho en España, concretamente en Barcelona, donde del 2 al 4 de Diciembre último tuvo lugar un Congreso internacional sobre el tema “Cosmología, teología y religión en la obra de Giordano Bruno, el cual contó con la participación de los “brunistas” europeos más importantes. A lo largo de este año se sucederán los congresos internacionales dedicados a analizar la obra de Bruno y su itinerario vital. Así la última semana de Enero tendrá lugar un amplio congreso en Nápoles, dedicado a los aspectos literario-filosóficos de su obra, y en torno al 17 de Febrero (fecha del 4º centenario de su muerte) se celebrará otro en la misma Roma en torno a los aspectos filosófico-científicos. En París habrá dos congresos, uno en Marzo y otro en Diciembre; en Londres otro en Junio y finalmente en Octubre uno en Wittenberg. A este trabajo de carácter académico científico, hay que añadir las publicaciones de ediciones de obras de Bruno (en el original o en traducciones) o de estudios sobre su vida, obra y pensamiento, que sin duda alcanzarán una intensidad muy fuerte y evidentemente un nivel científico más o menos riguroso. Todo ello dentro de lo que es la ya de por sí notable dimensión de la bibliografía bruniana ordinaria, pues Giordano Bruno es uno de los pensadores que más interés suscitan en el momento actual.
En este sentido me place señalar que, just a finales de 1999, se ha publicado el último volumen de la edición crítica de la sección italiana de las Obras Completas de Bruno, a cargo de la editorial parisina Les Belles Lettres. Para este volumen, el séptimo que recoge el diálogo filosófico De gli eroici furori, se me ha confiado la introducción y el comentario. La edición crítica de la obra latina será a partir de ahora el objeto de los esfuerzos del equipo editorial, y aunque el trabajo es largo, los volúmenes comenzará a aparecer a partir de este año.
- Como historiador de la Filosofía, ¿cuál considera usted la principal aportación de Bruno al pensamiento filosófico?
Hay un punto que hemos de tener presente: Bruno es el único filósofo que en el s. XVI se adhirió a la cosmología copernicana, la cual –aparte de él– sólo fue aceptada por unos pocos (cinco o seis) astrónomos matemáticos. Si tenemos presente, además, que la revolución cosmológica copernicana es el punto de partida de la nueva ciencia, comprenderemos la importancia de ello. No obstante, la principal aportación de Bruno no reside en haber sido copernicano y haber defendido la cosmología de una tierra en movimiento, sino en haber desarrollado todas las potencialidades revolucionarias de esa cosmología en el frente filosófico y teológico, y en particular en haber desarrollado la concepción de Copérnico en la dirección de un Universo necesario y necesariamente infinito y homogéneo (tanto en el espacio como en el tiempo), un universo que incluye la totalidad del Ser -incluida la Divinidad misma- y consiste en un multiplicidad infinita de sistemas planetarios. Con Bruno la tradicional depreciación de la Tierra como lugar inferior del universo ya no tiene sentido; la Tierra es cielo, como cualquier otro planeta. Por la homogeneidad del universo Bruno establece que las demás estrellas-soles deben de tener también sus sistemas planetarios. Si pensamos que uno de los temas de mayor actualidad y de mayor impacto mediático en la astrofísica actual es precisamente la detección de planetas de otras estrellas comprenderemos la importancia y la audacia de Bruno en este punto. Por lo demás, toda la teoría de la “pluralidad de los mundos” como pluralidad de sistemas solares que, desde el s. XVII, domina el pensamiento europeo no es sino una continuación del pensamiento bruniano, aunque a veces no se reconociera, por el simple hecho de que en Bruno esa doctrina estaba unida a tesis teológicas de difícil compatibilidad con la teología cristiana y con el dogma católico.
- ¿Era Bruno un pensador renacentista cercano a la tradición hermética? ¿Habría que considerarlo más un místico intuitivo que un científico racional?
Como tantos otros pensadores de Renacimiento y del s. XVII, por ejemplo Kepler y Newton, Bruno está mas o menos cercano a la tradición hermética, una tradición que en aquella época era considerad ac omo venerable rica y profunda en el plano de la filosofía de la ciencia natural y de la teología-religión. El “hermetismo” es una doctrina y una tradición histórica enormemente compleja, simplificada y deformada en un sentido u otro tanto por sus seguidores ingenuos como por sus críticos. Para una crítica histórica rigurosa la relación o la cercanía de Bruno al hermetismo debe ser planteada en sus justos términos y el hermetismo es en todo caso uno de los componentes de su pensamiento, en modo alguno el central y determinante. La interpretación de Bruno como “un mago hermético” es consecuencia de una lectura reductivista y deformada de su obra, acorde con la moda esotérica de los años sesenta y setenta, y solamente fue posible cuando la dimensión rigurosamente filosófica, científica y teológica de su pensamiento fue dejada de lado. Felizmente, la crítica actual ha abandonado es perspectiva. Por lo que a la segunda parte de la pregunta se refiere, hay que decir que Bruno es fundamentalmente un pensador de corte intelectualista y racional. En él el afecto o el sentimiento son despertados por el conocimiento racional-intelectivo y estimulan a éste a avanzar ulteriormente, pero nunca lo preceden ni lo sustituyen.
- Bruno estableció un universo infinito y en él una infinidad de mundos (muchos de los cuales estarían habitados). ¿Cree usted que esta pudo ser una de las causas determinantes de su condena por el tribunal de la Inquisición?
Es difícil y delicado hablar del proceso y de la condena de Bruno por la sencilla razón de que nos falta documentación sobre la fase final del proceso, sobre el proceso romano. Ello es debido a que a comienzos del siglo XIX y como consecuencia de las guerras napoleónicas y los traslados de los archivos, una parte del archivo de la Inquisición romana fue destruida. El texto de la sentencia que condenaba a Bruno lasa diferentes tesis heréticas que justificarían la condena no han llegado hasta nosotros. No obstante, de la documentación fragmentaria que ha sobrevivido se puede decir que, en la última fase del proceso, la atención del tribunal se dirigió al núcleo filosófico de la especulación bruniana y dentro de él a la doctrina de la necesidad de un universo infinito y mundos infinitos. No sabemos en que medida formaba parte esa doctrina de la condena, pero en mi opinión lo más probable es que fuera una –entre otras varias– de las razones de la condena.
Sin embargo, en el momento final del proceso y cuando el tribunal concentró su atención en el núcleo filosófico de su pensamiento, la cuestión planteada era de una importancia decisiva: el tribunal exigió de Bruno, de facto, la abjuración de su filosofía, de la Filosofía, y el reconocimiento de que la teología eclesiástica (no la teología filosófica) y la Iglesia eran la instancia determinante de la Verdad, incluso en cuestiones filosóficas; exigió de Bruno el reconocimiento de que la Filosofía (la Ciencia) estaba subordinada a la teología eclesiástica. La negativa final de Bruno a abjurar representó su negativa a aceptar esta extralimitación de la Iglesia y de su teología por el convencimiento firme (que en él tiene raíces averroístas) de que la filosofía (para Bruno sinónimo de ciencia) es la instancia determinante de la verdad sobre la estructura del universo y sobre su relación con la divinidad y asimismo por su convicción de que el fin de la religión, de la Iglesia y de su magisterio teológico no es otro que la educación de la humanidad indocta en la virtud civil. Por el contrario, la filosofía (esto es, la ciencia) representa, en tanto que perfección del intelecto humano en el descubrimiento de la verdad, la perfección del hombre. Abjurar de la filosofía, reconociendo la superioridad del tribunal eclesiástico no era otra cosa -a los ojos de Bruno- que “despojarse de la humana perfección” (cita textual suya). En esta tesitura trágica, Bruno fue consecuente con la filosofía, y –como hizo Sócrates en Atenas– prefirió la muerte a la vida porque –como él mismo dice– “el sabio no espera a la muerte sino que espera la mutación”. En última instancia con su renuncia a abjurar, aún a costa de la vida, Bruno dio un testimonio de la libertad de pensamiento y de la dignidad humana. Esta es también una de sus aportaciones fundamentales al historia de la civilización. Por el contrario, la responsabilidad de su muerte (de la ejecución de un filósofo que fue quemado vivo) corresponde enteramente a la Iglesia Católica.
- Algún autor ha puesto de relieve el papel que Bruno habría jugado en el descubrimiento de una conjura papista en la Inglaterra isabelina y su actuación en diversas cortes europeas como “agente” contra la Iglesia de Roma. ¿Pudo haber sido esta actividad “política” y de propaganda antipapista la verdadera causa de su condena?
Esa presentación de Bruno como un “espía” de Isabel I de Inglaterra durante su estancia en Londres es una construcción sin apoyo documental suficiente. Ello no quiere decir que Bruno no simpatizara con la política de Isabel I, al contratio: Bruno es partidario de Isabel I y contrario a la política de desestabilización de Inglaterra por parte del papado y de Felipe II. Es más, para Bruno, Isabel I es el modelo de príncipe, entre otras razones por su política religiosa, es decir, por la constitución de una Iglesia de Inglaterra, por la subordinación de la iglesia a la corona, por la adopción del poder religioso. Para Bruno Isabel I representa la realización de una “nueva alianza” : la alianza entre la Filosofía y el Poder político, el cual (ilustrado por la Filosofía sobre el fin educativo y cívico de la religión) se libera de la sumisión a la creencia religiosa y usa políticamente de la religión en la dirección de la paz, de la convivencia social y del progreso. No se puede decir que Bruno fuera un “agente contra la Iglesia romana”, pero sí es cierto que creía (como Dante) que había que privarle de todo poder político, reducida a la dimensión puramente espiritual bajo la dirección del Estado. En cualquier caso estas convicciones y posiciones políticas (que adelantan las posiciones de la élite ilustrada europea de épocas posteriores sin ser por ello “democráticas”) no jugarán ningún papel en la condena, por la sencilla razón de que no se plantearon ante el tribunal.
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