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JOHN L. HEILBRON
Entrevista realizada por José L. Montesinos Sirera
John L. Heilbron, uno de los más importantes historiadores de la Ciencia del momento, se encuentra en Tenerife para participar en el “Seminario Orotava de Historia de la Ciencia”, dedicado este curso a estudiar “La Ciencia europea desde 1650 a 1800”. Fue Vicecanciller y profesor de la Universidad de Berkeley y en la actualidad enseña en el Worcester College en Oxford. Es autor de numerosos libros, entre los cuales destacan The Sun in the Church: Cathedrals as solar observatories, Geometry Civilized, y un monumental tratado sobre la Electricidad en los siglos XVII y XVIII. John Heilbron posee la Medalla “George Sarton” concedida por la History of Science Society en 1993.
- ¿Cuál es el papel que puede jugar la Historia de la Ciencia en nuestra Sociedad actual, y más concretamente en la educación de los jóvenes?
La historia de la ciencia tiene un amplio papel que jugar en la educación. Desafortunadamente los profesores que la usan como fuente de entretenidas anécdotas o de cuentos con moraleja han desfigurado su potencial. Pero cuando se la usa para mostrar las dificultades que enfrentaron y superaron los científicos creativos, la historia de la ciencia ayuda con frecuencia a clarificar conceptos que sin ella resultarían difíciles de comprender para muchos estudiantes.
- Usted es un buen conocedor de la situación académica de esta disciplina en USA y Europa. ¿Puede hacernos una valoración? ¿Cómo se percibe la Ciencia en general?
La pregunta es un tanto excesiva para mí. Puedo aportar mi impresión de que en Europa (excluyendo, como suele suceder, a Gran Bretaña) los académicos más jóvenes y sus profesores tienen probablemente mayor conocimiento de los fundamentos de las ciencias físicas que sus colegas de los países anglosajones. Uso la frase “los académicos más jóvenes y sus profesores” para excluir a la gente de mi generación, que también en el mundo de habla inglesa tiende a poseer una buena formación científica. La consecuencia de esta diferencia es que ahora los europeos se hallan más cerca del viejo concepto de historia de la ciencia como historia intelectual que los americanos y los británicos, quienes durante las dos últimas décadas han dedicado demasiadas energías a la historia social y a los factores determinantes de la ciencia natural.
- ¿Es la Historia de la Ciencia una Historia de las Ideas?
Para alguna gente así es. Pero actualmente es mucho más que historia intelectual, porque incluye, además de la ciencia social o contextual, como les gusta llamarla a quienes la practican, la historia de la que hablé antes: el estudio de los instrumentos científicos y de las relaciones de las ciencias con el derecho, las artes, lo militar, la tecnología y la religión, por mencionar sólo unas pocas de las sub-especialidades populares en la actualidad.
- Es usted el autor del libro Geometry Civilized (1998) dirigido a los estudiantes de Enseñanza secundaria, en el que la Historia, la Cultura y las Matemáticas se entrelazan de manera bella y divertida y en el que usted además consigue presentar las construcciones euclídeas con todo el rigor que las caracteriza. En las primeras páginas habla usted de motivaciones éticas y estéticas. ¿Cree usted que en la actualidad pueden servir estos valores para incentivar la enseñanza de las matemáticas?
Espero fervientemente que sí. No intentamos ocuparnos de las sensibilidades éticas y estéticas de los estudiantes de modo distinto a lo que hacen los cursos de religión o de filosofía moral (si todavía existen) o de arte y poesía. Los mayores matemáticos y físicos matemáticos a menudo evalúan una pieza de trabajo profesional en términos estéticos. En cualquier caso todo irá mejor si intentamos que se interesen por la matemáticas los alumnos a partir de los diez años. Los ordenadores pueden ser muy útiles para ello, pues pueden despertar un estilo en sus usuarios dibujando figuras geométricas e imprimiendo las páginas. Eso podría llevarlos a rebelarse, como deberían hacer, contra los libros de texto atestados de feas ilustraciones en los que muchos de ellos se ven obligados a estudiar.
- El tema de su conferencia en Tenerife es el de El Cosmos copernicano en los países católicos alrededor de 1700. ¿En qué manera la Iglesia Católica influyó en el lento afianzamiento de esa nueva visión cosmológica en el saber popular? Hoy día, casi cien años después de los comienzos de la cosmología relativista einsteniana en vigor, ésta es prácticamente desconocida por la inmensa mayor parte de la población. ¿Por qué es tan difícil cambiar nuestra concepción del Mundo?
Son dos buenas preguntas. No creo que la Iglesia Católica, entendida como la curia romana dirigente, ayudara mucho a afianzar la cosmología copernicana entre el público general, salvo por llamar la atención sobre ella con su desafortunada condena de Galileo. Si por Iglesia Católica entendemos su función educativa, entonces desde mediados del siglo XVII hubo una importante circulación de información sobre la cosmología copernicana y las demás. La segunda cuestión, el por qué ha sido tan difícil para la gente cambiar desde la concepción newtoniana del mundo a la einsteniana, admite una respuesta fácil: en general la gente supone que ambas son difíciles de comprender y no le ven utilidad práctica a ponerse ellos mismos a tratar de aprender más sobre cualquiera de ellas. Es difícil cambiar su concepción del mundo porque no tienen ninguna. Quizá estemos necesitando otro affaire Galileo.
- Dice usted en su libro sobre la Electricidad que con el invento de la pila eléctrica hecho por Volta comienza no solo el siglo XIX sino propiamente la vida moderna. Normalmente se piensa que la Electricidad, y por tanto su Historia, comienza justamente en los inicios del siglo XIX. Sin embargo, usted dedica las 500 páginas de su libro a estudiar los conceptos, hipótesis, prácticas experimentales, personajes e instituciones relacionados con el desarrollo de la electricidad a lo largo de los siglos XVII y XVIII, en un relato verdaderamente apasionante, en el marco de ese crucial periodo en el que se gestó la ciencia moderna. ¿Qué le motivó a hacer este libro?
Una pregunta todavía mejor. Sin duda me permití un pequeño lujo al resucitar viejas teorías y experimentos sobre la electricidad. Mi propósito principal era dar cuenta de una rama de la filosofía natural inventada durante la Revolución Científica que no tenía relaciones obvias con las grandes cuestiones cosmológicas y filosóficas de su tiempo. Además, la electrostática fue la primera de las nuevas ramas de la ciencia física en ser cuantificada con éxito y por ello sirvió como modelo de ese proceso a la vez que como prueba de su posibilidad. El número de estudiosos de los fenómenos eléctricos podía ser manejable, sin tener que limitarme a seleccionar algunos de ellos, lo que hacía el proyecto aún más atractivo. Pude identificar los intereses, fundamentos y afiliaciones de casi todo aquel que contribuyó al tema de algún modo a lo largo de doscientos años, desde Gilbert a Volta. El mayor resultado, obvio sólo de manera retrospectiva, fue que esos filósofos naturales no eran científicos en el sentido actual: se interesaban por el conocimiento de la Naturaleza, pero no tenían responsabilidad profesional al respecto, no le dedicaron en general mucho tiempo al asunto y no formaban una comunidad científica.
- La ciencia recibe un tratamiento bastante pobre en las exposiciones históricas tradicionales, de tal forma que no parece formar parte de la cultura del ciudadano medio. ¿Hay razones objetivas, del tipo “la ciencia actual es tan complicada que sólo la entienden los científicos”, para este olvido? ¿es realmente imposible divulgar la ciencia moderna –me refiero a la física cuántica o a la relatividad– y convertir su contenido en algo accesible a la sociedad? ¿no existe cierta pereza intelectual por parte de los mismos científicos y de los historiadores en relación a este tema?
No estoy de acuerdo con todos los supuestos de esta pregunta múltiple. Los editores parecen producir cada vez más libros de divulgación científica, especialmente sobre cosmología, física de partículas e historia natural, y me satisface decir que también sobre historia de la ciencia. Para que continúe su multiplicación esos libros al menos han de ser comprados, si no leídos. Asimismo los museos de Las Ciencias atraen multitudes, sobre todo en días de lluvia. Puede dudarse, sin embargo, de que esas actividades produzcan muchos avances culturales. En mi opinión, la culpa no estriba en los científicos, sino en la sociedad entera, que no espera que la gente a la que se considera educada tenga ningún conocimiento de ciencia natural. Además, muchos humanistas y profesionales se jactan de no comprender o no intentar comprender los conceptos científicos.
- En muchos libros de física es el lenguaje de las matemáticas lo que predomina, y sólo en muy pocas ocasiones aparece tratado históricamente el proceso de construcción de los conceptos; el contenido de la física parece, así, un cúmulo de fórmulas que permiten resolver problemas mecánicamente. ¿Qué papel podría jugar la historia de la ciencia para cambiar esta situación?
Hemos vuelto a la primera cuestión de la entrevista y creo que puede servir la misma respuesta.
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