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GEOFFREY LLOYD, UN VIAJERO POR LAS CULTURAS ANTIGUAS
Entrevista por Sergio Toledo Prats
Recientemente ha estado en Tenerife el prestigioso historiador de la ciencia británico Sir Geoffrey Lloyd, profesor emérito de la Universidad de Cambridge e investigador en el Needham Research Institute. Durante su estancia impartió un seminario en la Fundación Canaria Orotava de Historia de la Ciencia sobre sus dos últimos libros: The ambitions of curiosity (Cambridge U.P.), que trata sobre las semejanzas y diferencias entre la ciencia griega y la china en la Antigüedad, y Cognitive variations (Oxford U.P.), que analiza la existencia en distintas culturas de variadas formas de de fenómenos tales como la percepción espacial y del color, las emociones, la racionalidad, la salud y la concepción de sí mismo. Con este motivo ha sido entrevistado por Sergio Toledo, director de Fundoro.
- Su tesis doctoral, publicada en España como Polaridad y Analogía versó sobre los estilos retóricos de la ciencia griega. ¿Qué destacaría usted en ese período inaugural de la ciencia griega que va desde Tales de Mileto hasta Demócrito de Abdera?
Los llamados “filósofos presocráticos” son un grupo muy heterogéneo. Una característica de sus obras especialmente chocante es cuán polémicas son. Se critican libremente unos a otros y a veces –es el caso de Heráclito- en términos muy abusivos; se distancian de los líderes intelectuales anteriores –de Homero y Hesíodo, por ejemplo- porque consideran que las ideas religiosas de estos son crudamente antropomórficas. Es evidente que compitieron unos con otros por el liderazgo y el prestigio intelectual. Estas disputas condujeron a importantes desarrollos respecto a los fundamentos del conocimiento -la epistemología- que seguirían alumbrando todo el camino de la subsiguiente filosofía griega: ¿Se alcanza el conocimiento mediante la percepción y la experiencia, o sólo a través de la razón abstracta, o por una combinación de ambos métodos?
- El personaje a quien más páginas ha dedicado en sus libros sobre la cultura griega es Aristóteles. Me gustaría que describiera cómo imagina usted su personalidad intelectual.
Lo primero que hay que señalar es que el conjunto de intereses de Aristóteles fue tremendo. Hizo contribuciones fundamentales a la lógica, hasta el punto de que puede decirse que fue el inventor de la lógica formal, a la física o estudio de la Naturaleza, a la metafísica o estudio de lo que hay, a la psicología o estudio de la mente, a la retórica y a la teoría literaria. Uno de los rasgos más atractivos de su obra, a mi juicio, es su flexibilidad y su permanente disposición a cuestionar algunas de sus propias doctrinas más importantes. Por ejemplo, él normalmente define los animales en términos de su capacidad para percibir, algo que las plantas no poseen. Pero cuando encuentra ciertas criaturas marinas, como la esponja y la holoturia, modifica su punto de vista, y aun afirmando que no perciben las trata como animales y no como plantas, dado que son capaces de vivir en distintos suelos sin estar fijadas a ellos mediante raíces. Traté este asunto en mi libro de 1996 Exploraciones aristotélicas.
- En varios de sus libros ha efectuado análisis comparativos entre los diversos estilos de la ciencia griega y las tradiciones científicas de la antigua China. ¿Qué diferencias le parecen más relevantes entre ambas culturas científicas?
Hay una diferencia básica entre la Antigua China y la Grecia clásica, que es el grado de implicación del Estado en la investigación científica y el apoyo que esta necesita. Desde la época de la dinastía Han en adelante -siglo II antes de nuestra era- la mayor parte de los astrónomos chinos tenían puestos oficiales en el llamado Gabinete Astronómico. En cambio los astrónomos griegos eran en su mayor parte individuos autónomos. Esto significa que se sentían más libres para decidir su propia agenda de trabajo: llegaron a proponer ideas como el heliocentrismo, algo que iba contra la intuición. Pero no tenían trabajo y su mejor oportunidad para conseguir dinero como medio de vida era realizar horóscopos. Esta diferencia institucional básica es, según creo, responsable de múltiples diferencias en los programas de investigación científica llevados a cabo por ambas civilizaciones.
- En su último libro, basándose en diversos estudios antropológicos, compara diversas áreas de actividad intelectual humana en distintas culturas desde la perspectiva de la unidad y diversidad de la mente. Desde Aristóteles la cultura occidental ha querido marcar claramente las diferencias entre los humanos y los demás seres vivos, algo que sólo empezó a cambiar a partir de Darwin. ¿A qué conclusiones ha llegado respecto al tema de las formas de clasificación de los seres vivos en las distintas culturas?
Los intentos para establecer que hay un acuerdo básico entre los humanos en todas las sociedades y épocas acerca de una clasificación de los animales “de sentido común” llevan a dificultades considerables, no sólo porque las actuales clasificaciones descritas en la literatura etnológica difieren ampliamente, sino por razones más fundamentales. Todavía hoy la ciencia biológica no ha llegado a un consenso sobre una definición unívoca simple de qué es una especie particular. Las clasificaciones difieren según privilegien la morfología, la interfertilidad o el análisis del ADN, por ejemplo. Permítame aducir lo que yo llamo multidimensionalidad de los fenómenos para señalar por un lado que no hay una taxonomía simple definitiva de los animales y plantas, aunque por otro lado haya mejores o peores clasificaciones que usan cada uno de estos criterios, con lo cual no nos vemos obligados a estar de acuerdo con el principio relativista de Feyerabend de que todo el asunto es arbitrario y que “todo vale”.
- Las emociones no han gozado de muy buen prensa a lo largo de la historia de la filosofía, que siempre quiso subordinarlas a la razón. Sin embargo, hoy son un prominente campo de estudio en diversas disciplinas, como la neurofisiología, la etología y la sociobiología. ¿Cree usted que hay un patrón emotivo subyacente en la especie humana o cree más bien que el componente fundamental de las emociones es cultural?
La pregunta acerca de si existe un único modelo subyacente de las emociones en los seres humanos o si estas son el producto de influencias culturales nos conduce a un típico campo de investigación en el que debemos combinar ambos tipos de respuesta. Es evidente que los cerebros humanos normales son básicamente similares en su anatomía, fisiología y bioquímica. Al mismo tiempo ciertos modelos de conducta se forman o refuerzan durante los complejos procesos que todos experimentamos cuando nos vamos incorporando al grupo social al que pertenecemos. En este campo los intentos de establecer universales interculturales con cierta hegemonía han fallado, al igual que en el caso de la taxonomía de los seres vivos al que nos referimos antes.
- En las últimas décadas se han planteado diversos intentos de transformar o deconstruir la relación tradicional entre los conceptos de “naturaleza” y “cultura”. Puesto que usted ha escrito sobre el tema me gustaría saber cuál es su posición a este respecto.
Los estudios interculturales e históricos han aclarado que encontrar en otras culturas un concepto explícito que se corresponda con el occidental de “Naturaleza” es algo mucho más raro de lo que generalmente se cree, porque erróneamente asumimos de modo inconsciente que no hay nada más “natural” que tener una noción de “Naturaleza”. De hecho podemos trazar el desarrollo de ese concepto -“physis”, de donde viene “física”- en la antigua Grecia, en un contexto polémico en el que algunos filósofos autodidactas se declaraban a sí mismos expertos en el terreno de los “fenómenos naturales”, en explícita oposición a quienes adoptaban puntos de vista tradicionales respecto a la intervención de los dioses o espíritus en tales fenómenos. De modo paradójico quizás, sucede que cualquier noción de “cultura” es mejor candidata a ser un universal intercultural que cualquier idea de “Naturaleza”, aunque las propias culturas sean tan diferentes entre sí.
- Diversos autores están intentando proceder a una especie de “antropología de la razón occidental” que me parece que va en consonancia con la propia evolución de la historia de la ciencia, que concede cada vez menos importancia a la perspectiva epistemológica y en cambio se interesa más por la construcción social de la ciencia. ¿Cómo ve el desarrollo actual de esa disciplina a la que ha dedicado gran parte de su vida?
Personalmente no adopto ni la posición del realismo ingenuo sobre la historia de la ciencia –según la cual obtenemos cada vez mejores aproximaciones a una realidad exterior a la que podemos acceder de modo directo- ni la perspectiva de los que consideran que la ciencia es aquello que los científicos deciden por consenso. El desarrollo de la ciencia, tanto en la antigua Grecia como en la antigua China, muestra en mi opinión que debemos movernos en una vía intermedia entre ambas alternativas, admitiendo que el consenso científico cuenta mucho, pero insistiendo en que no es todo lo que cuenta. Las dos ideas que utilizo para establecer una tercera vía son lo que llamo “multidimensionalidad de los fenómenos” y el reconocimiento de que diferentes “estilos de investigación” pueden ser legítimos a la vez. Es uno de los temas que he desarrollado recientemente en Cognitive variations.
- Durante muchos años ha sido profesor en la Universidad de Cambridge. El sistema educativo, tanto allí como en Oxford, se asemeja muy poco al de las universidades europeas. ¿Cree que el proceso de convergencia de la enseñanza superior europea según las directrices de Bolonia será el ocaso de esas antiguas universidades tal como las hemos conocido?
La Universidad de Cambridge se siente satisfecha con los intentos para introducir estándares comunes en la secuencia de los estudios de posgraduación, definiendo los títulos de Master of Arts, Master of Philosophy y Doctor of Philosophy. Pero se resiste a cualquier intento de imponer uniformidad en el contenido actual de tales cursos. Valoramos la independencia que el sistema de tutorías promueve entre los estudiantes y la capacidad para mezclar campos disciplinares que se ve favorecida por la autonomía institucional de los Colleges. Es en este terreno donde creo que podemos proponer ofertas educativas de diplomatura y licenciatura que sean alternativas atractivas respecto a los modelos universitarios europeo y estadounidense.
- ¿Tiene usted la impresión de que las matemáticas son un saber que en el futuro se va a fortalecer en los sistemas educativos de los países occidentales o por el contrario cree que ya pasó su hora mejor?
Las matemáticas se han convertido en una asignatura impopular entre los jóvenes porque se las percibe como una materia difícil. Sin embargo, son esenciales para cualquier área científica, para la tecnología de la información, para las ciencias sociales y para la economía. Los profesores de matemáticas tienen una gran responsabilidad a la hora de explicar lo importantes que son sus contenidos para muchos campos de la vida y de la cultura; los demás deberíamos apoyar tal esfuerzo.
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