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La Física de Aristóteles (I):
Naturaleza, principios y causas

Aristóteles

Retrato de Aristóteles
por Francesco Hayez (1811).

La diosa Tyché

Anaxágoras (500 - 428 a.n.e.)

Primera página de la Física
de Aristóteles de la edición griega
de Bekker (1837).

Ananké

Empédocles (430-490 a.n.e.)

     La obra de Aristóteles conocida como “Física” es un conjunto de ocho libros, escritos en distintos momentos de su vida, cuyo tema principal es el movimiento de los seres naturales. Se cree que escribió los cuatro primeros, a los que llamó “Acerca del movimiento”, cuando todavía estaba ligado a la Academia de Platón, mientras que los cuatro últimos son más tardíos. Dos siglos y medio después de la muerte de su autor, Andrónico de Rodas editó juntos los ocho libros bajo ese nombre.

Libro I: La naturaleza y sus principios

     Para Aristóteles la Physis, que traducimos como Naturaleza, es el conjunto de todo lo que existe, tanto los seres celestes como los terrestres. La característica fundamental de los seres físicos es su movimiento, bien sea los cambios que son resultado de su desarrollo interno o bien su desplazamiento en el espacio. La ciencia física ha de abarcar los principios originarios de los seres naturales y de los sucesos, así como sus causas inmediatas. Es un camino que se remonta desde los fenómenos a los principios y desde lo compuesto hacia sus elementos simples.
     Aristóteles parte de la evidencia del movimiento de los seres naturales a la hora de enfocar su primer tema: el origen del cosmos. Siguiendo su costumbre de comentar lo que han dicho los pensadores anteriores empieza refutando la doctrina eleática de que el universo tenga unidad, es decir, que el universo sea Uno, inmóvil e inmutable. Contra ella afirma que lo uno es como el ser: se dice de muchas maneras, de modo que cuando hablamos de unidad nos referimos a significados muy diversos entre sí.
      Critica luego a quienes habían puesto como origen del cosmos un único principio; por ejemplo, Tales y el agua, Anaxímenes y el aire, Heráclito y el fuego. También critica a aquellos que habían puesto como principio del cosmos una totalidad indiferenciada, caso de Anaximandro, o formada por una mezcla de elementos, caso de Empédocles. Más tiempo dedica a refutar a Anaxágoras, rechazando por contradictoria su doctrina de que los principios son infinitos -las semillas-, haciendo notar que eso impediría toda ciencia verdadera de los seres naturales; rechaza asimismo su idea de que hay una inteligencia (nous) que gobierna el universo desde fuera de él.
      A continuación expone que es evidente que los primeros principios tienen que ser contrarios entre sí para que de ellos pueda haber generación de seres naturales. Reconoce que así lo había comprendido la mayoría de los filósofos anteriores: lo caliente y lo frío, lo seco y lo húmedo de Anaximandro, lo impar y lo par de los pitagóricos, lo raro y lo denso de Anaxímenes, el fuego y la tierra de Parménides, el amor y el odio de Empédocles, lo pleno y lo vacío de los atomistas.
      Finalmente Aristóteles señala que hay tres principios y lo justifica analizando en qué consiste la generación natural. Cuando hay génesis algo que era de una manera pasa a ser de otra y lo hace a partir de un sustrato, tanto cuando se trata de sustancias que se generan, como cuando se trata de cualidades u otras formas de ser. Mediante el cambio el sustrato adquiere una nueva forma y se ve privado de la forma previa. Todo llega a ser a partir de un sustrato pasivo, de una forma activa y de una privación de forma. Estos son los tres principios de la Physis, que denominamos materia, forma y privación.
      Habiendo llegado a esa conclusión Aristóteles regresa atrás, para considerar la idea de los físicos antiguos de que la génesis tenía que darse o desde el no ser o desde el ser, siendo ambas posibilidades imposibles. Afirma que su error se debió a pensar el asunto desde un punto de vista lógico, en vez de analizarlo desde un punto de vista físico, o sea, empírico, atendiendo a la experiencia de lo natural. Señala que su tríada de principios es diferente de la de Platón: la Unidad, lo Grande y lo Pequeño. Este primer libro de la Física acaba resaltando que la materia, en cuanto potencia o materia prima, ni ha sido generada ni puede ser destruida. Sólo en cuanto materia concreta de una determinada sustancia la materia se genera y se destruye, lo que significa, como ya hemos visto, que adquiere una forma y se desprende de otra.
      Desde nuestra perspectiva de hoy, lo más original de la teoría física de Aristóteles frente a la de sus predecesores es el salto de lo físico a lo metafísico, un salto desde la experiencia natural hacia los principios que la explican. Mientras que sus predecesores ponían como principios que originaron el cosmos a entes sensibles -agua, apeiron, aire, etc- ayudados por procesos físicos experimentables -como condensación, rarefacción, atracción, repulsión, etc-, Aristóteles elige unos principios que pretenden ser a la vez físicos y lógicos. En cuanto principios físicos, el sustrato es la parte material, la forma es lo que imprime el dinamismo al sustrato y la privación es el estado anterior de la forma actual. En cuanto principios lógicos, el sustrato es lo que se permanece antes, durante y después de un cambio físico, la forma es lo que ha variado y es actual, mientras que la privación es lo que ha dejado de ser y ha perdido su actualidad.

Libro II: La naturaleza, las causas, el azar y la necesidadarriba

1. Los principios del cambio

     Lo que existe por naturaleza, como las plantas, animales, astros y los cuatro elementos se caracteriza por tener en sí mismo necesariamente el principio de su movimiento y reposo. No ocurre lo mismo con los artificios, cosas producidas por la acción humana. De modo que el dinamismo de los seres naturales y de sus propiedades es algo interno y esencial.
     Recuerda Aristóteles que los pensadores anteriores consideraban que la naturaleza de algo consistía en los elementos primordiales que la integraban, pero él, aun aceptando esa opinión, añade que la naturaleza de algo natural radica más todavía en su forma que en sus constituyentes materiales. Y lo justifica mediante tres razones: 1) la forma es la actualidad del ente natural, mientras que la materia es el sustrato de la potencia de ese ente para transformarse, o sea, la forma es más activa que la materia; 2) en la generación lo que se transmite es la forma: de los humanos sólo nacen humanos; 3) la forma es lo que aporta su finalidad al ente natural.
      Aristóteles se pregunta si la ciencia física debe estudiar la materia de los seres naturales o su forma, y llega a la conclusión de que es necesario estudiar ambas. Aprovecha para criticar a los platónicos por separar los principios que rigen los seres de los seres mismos, o sea, por separar sus principios formales –las ideas y los entes matemáticos- de los seres materiales.

2. Las cuatro causas y la física

     Según el estagirita hay cuatro causas que actúan tanto sobre los seres naturales como sobre los productos artificiales. La materia de lo que algo está compuesto es una de las causas de lo que le ocurre a ese algo. La forma de algo, o sea, su esencia y propiedades, es otra causa posible de los cambios de ese algo. Aquello que produce de modo directo el movimiento o reposo de algo es también un tipo de causa. La finalidad de algo, es decir, aquello para lo que se hace algo, es asimismo una causa.
      Cualquier fenómeno puede tener diversas causas concomitantes. Al estudiarlas hay que distinguir entre causas próximas o inmediatas y causas primeras, entre causas esenciales o propias y causas accidentales, entre causas particulares y causas genéricas, entre causas actuales y causas potenciales. En todo fenómeno el físico debe estudiar por qué ha ocurrido, investigar cuáles de las cuatro causas posibles han actuado. Aristóteles advierte que muchas veces la causa formal, la eficiente y la final son la misma, pues la forma y el fin coinciden y son lo que genera el movimiento.
      El físico debe distinguir entre tres tipos de conocimiento: a) el del primer motor, inmóvil, causa del movimiento del universo, del que se ocupa la filosofía primera; b) el de los seres móviles eternos e indestructibles, del que se encarga la astronomía; c) el de los seres móviles y perecederos, del que se ocupan diversas ciencias naturales.

3. La suerte y la casualidad

     Era creencia popular en Grecia que muchos sucesos ocurren por suerte o por casualidad. Aristóteles estudia si ambas deben ser consideradas como causas o no. Empieza criticando a los atomistas por afirmar que tanto el torbellino que movía los átomos como la formación de los cielos eran procesos azarosos, al mismo tiempo que consideraban que todos los sucesos terrestres tenían causas determinadas y nada ocurría al azar.
     Según Aristóteles, nada de lo que ocurre siempre de la misma manera o de modo regular o en la mayoría de los casos tiene que ver con la suerte. La suerte es una causa accidental que se da en aquello que se hace con un determinado fin por un acto deliberado de voluntad. Tiene que ver, por tanto, con la actividad humana. Se puede decir que las causas de lo fortuito son indeterminadas, inescrutables -pues escapan a la inteligencia- e imprevisibles, puesto que son accidentales. Que se califique a la suerte de buena o mala depende sólo de sus resultados, no de sus causas.
      La casualidad es una noción más amplia que la de suerte, pues incluye los sucesos que afectan a cualesquiera seres naturales y a las cosas inanimadas. Los resultados casuales son siempre producto de algo externo, que no tiene que ver con la naturaleza del ser afectado por esa casualidad. Tanto la suerte como la casualidad entran dentro del tipo de causa eficiente o motriz.

4. Finalidad y necesidad

     Aristóteles critica a Empédocles y a los atomistas porque sus explicaciones de los fenómenos naturales son puramente mecanicistas, atribuyéndolo todo al azar y la necesidad. Defiende que todo lo natural ocurre siempre de la misma manera o, al menos, en la mayoría de los casos, por lo que ello debe atribuirse a que ahí está actuando una finalidad, no el azar o la necesidad. Una finalidad natural es causa no sólo de su cumplimiento, sino de todo el proceso de su realización.
     Puesto que todo ser natural es materia y forma, siendo esta última es la que determina la finalidad de ese ser, es decir, la forma actúa como causa final. Quien estudia la naturaleza de los animales y las plantas advierte la finalidad inherente a su desarrollo. Sin embargo, ello no impide que en la naturaleza se den errores, como es el caso de los animales monstruosos, que se explican porque la forma no ha conseguido transformar correctamente la materia.
     Este segundo libro acaba estudiando la relación entre necesidad y finalidad. La finalidad es aquello para lo que existe un ser natural o una cosa y, a la vez, es el principio de su definición o esencia. Según Aristóteles en los seres naturales la necesidad se halla en su materia; en su Metafísica distingue entre los cambios que se dan en la materia por necesidad intrínseca y los cambios que se dan con vistas a la realización de una finalidad; en el primer caso la necesidad es absoluta, en el segundo caso es condicionada.
     Finalmente establece un paralelismo inverso entre la necesidad que se da en las matemáticas y la que se da en los seres naturales; en aquellas se avanza de modo necesario desde los principios hacia la conclusión; en la segunda, la existencia de una finalidad en los seres naturales determina por necesidad los medios para alcanzarla.
      Lo que destacaríamos de este segundo libro de la Física es: a) la supremacía de la forma sobre la materia; b) la conexión entre forma y finalidad, entre causa formal y causa final; c) la vinculación entre Naturaleza y regularidad; d) la consideración de la casualidad como causa extrínseca eficiente en los fenómenos naturales; e) la importancia de la finalidad para el estudio de los seres vivos.

ACTIVIDADESarriba

  1. Exponer la crítica de Aristóteles a la cosmología de Parménides que se encuentra en el texto.
  2. Exponer los modos de proceder de la ciencia física.
  3. Detectar en el texto un ejemplo de transposición desde del conocimiento biológico a la esfera de lo cosmológico y exponer su significado.
  4. Justificar por qué Aristóteles considera que no puede haber un único principio del cosmos, ni tampoco infinitos.
  5. Razonar por qué en un ser natural su forma es más importante que su materia.
  6. Argumentar cuáles de las cuatro causas se hallan más vinculadas entre sí.
  7. Exponer, respecto a un ser natural, ejemplos de cambios en que cada una de las cuatro causas sea la más relevante.
  8. Argumentar qué es la suerte para Aristóteles y qué es la casualidad.
  9. Exponer un ejemplo de un cambio en un ser natural en que la materia actúe por necesidad intrínseca y otro ejemplo en que la materia actúe por necesidad condicionada.
  10. Explicar la similitud que encuentra Aristóteles entre el modo de operar de las matemáticas y el de la ciencia física.

 

PARA SABER MÁSarriba

  • Aristóteles: la Física, Miguel Hernández González. Descargar archivo PDF.
  • Aristóteles, Jonathan Lear, Ed. Alianza; véase el capítulo 2.
  • Aristóteles y el aristotelismo, Tomás Calvo, Ed. Akal; véase el capítulo 3.
  • Física, Aristóteles, Ed. Gredos; véase la introducción de Guillermo de Echandía.
     
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