

Sicilia es la isla más grande del Mediterráneo y aunque está muy cerca de la península italiana, tiene su propia individualidad geográfica, cultural y artística. Es una isla armónica que mezcla perfectamente arte, cultura y naturaleza, un microcosmos donde pueblos, religiones y distintos idiomas, se encuentran y se mezclan, dándole un particular charme que, todavía hoy, caracteriza esta sociedad.
Su posición estratégica le ha convertido el nexo de la civilización mediterránea asignándole siempre en papeles importantes en los eventos históricos que han tenido como protagonistas los pueblos del Mediterráneo. Muchas y grandes civilizaciones se han instalado a lo largo de sus costas y entre sus montes, tanto que sería imposible reducir a un solo calificativo la historia, el arte y la sociedad que son el fruto de la mezcla de múltiples culturas
Sicilia, rica en instalaciones urbanas, con monumentos y vestigios del pasado es, sin duda, un lugar privilegiado dónde la historia puede ser revivida a través de las imágenes, los testimonios y los signos que con el tiempo no se han deteriorado y que han llegado hasta nuestros días. Dado que es imposible reconstruir de manera detallada su historia, apuntaremos sólo alguna seña, omitiendo, por desgracia, el interesante origen mitológico que creía que la isla estuvo poblada por gigantes. Los primeros en atracar sus costas occidentales, en torno a 1.300 a.C., fueron los Sicani, pueblo indoeuropeo procedente de la Península Ibérica, al cual Sicilia debe su nombre. La costa oriental en cambio, estaba habitada por los Siculi que llegaron allí unos 300 años después, mientras una pequeña parte que corresponde actualmente a la provincia de Trapani, entonces estaba ocupada por los Elimi, pueblo que según Tucidide procedía de la ciudad de Troya justo después su destrucción. En los años 800 a.C. los fenicios, últimos colonizadores de la época prehelénica, construyeron varias estaciones comerciales a lo largo de la costa occidental y fundaron Panormus es decir Palermo que es la actual capital de la Región. Poco después de la mitad del siglo VIII llegaron a Sicilia los griegos que, en pocos decenios fundaron sobre sus costas numerosas colonias como Siracusa, Agrigento, Naxos, Selinunte y Catania que dejaron un espectacular testimonio de su presencia, sobre todo en el territorio. Nos referimos por ejemplo al Teatro griego de Siracusa y de Taormina y a la Valle de los Templos de Agrigento.
Fueron los griegos los que bautizaron la isla con el nombre de Trinacria, en virtud de su típica forma triangular que todavía hoy es el símbolo de la misma Región. La ventajosa posición geográfica entre la cuenca oriental y la occidental del Mediterráneo incitó a los romanos a la conquista de la isla que, tras tres sanguinarias guerras púnicas, se volvió la primera provincia romana definida como el “granero de Roma”. Después de la caída del imperio romano, en 535 d.C., conquistó la isla el general bizantino Belisario, que fue acogido por un pueblo que, a pesar de más de 700 años de ocupación romana, era todavía profundamente heleno. Los bizantinos se quedaron durante tres siglos hasta la conquista árabe que se ultimó en 902 seguida por la normana iniciada hacia la mitad del XI siglo. Sicilia pasó por su siglo de oro, durante el cual se realizó una extraordinaria síntesis entre las civilizaciones griegas, latina y árabe. La influencia árabe-normana fue fundamental y enriqueció la isla de obras maestras de arquitectura.
Palermo, capital de la Región, es un gran ejemplo de todo ello conjuntamente a Monreale, célebre por su grandiosa plaza y Catedral. El arte, la arquitectura, pero también las cadencias y los sonidos del dialecto siciliano revelan la dominación española de la isla. Sicilia es famosa también por usanzas, costumbres y tradiciones populares entre los más fascinantes de Italia. Testimonio del folklore isleño son los carros triunfales, las animadas procesiones y sobre todo las peculiares figuras de los canta cuentos con su tablas ilustradas. Ejemplo de todo esto es el encendido cromatismo dei carretti siciliani y del Teatro dei Pupi gracias al cual reviven las gestas de los Caballeros y de los Paladinos, o bien, al ciaramiddaru o sea, el gaitero, que toca durante los cuentos navideños, y el marranzano, o sea, quita pensamientos, un típico instrumento musical que se toca con la boca y con la ayuda de los dientes, cuyo sonido es fácilmente reconocible.