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Un nuevo campo de batalla
Ofrecer una visión panorámica del deporte canario de estos años suele ser tarea abocada al fracaso en tan escaso margen de maniobra como esta columna. Desde una perspectiva global, los resultados obtenidos por nuestros deportistas concluyen en el mantenimiento de la inercia de éxitos de los últimos años. Hay excepciones sonoras, como el notable desnivel en los Juegos de Sydney, la cita olímpica que precisamente estableció un récord de participación canaria;aunque sobre lo que sucedió en la ciudad australiana corresponde a otro debate: falta de ideas y liderazgo en la Administración para renovar un proyecto el ADO que comienza a dar signos de agotamiento.
Con esto quiero subrayar el decisivo papel de la Administración del Estado en el deporte de alta competición. Su función de tutela y desarrollo resulta determinante. Canarias fue la cuarta Comunidad que aportó mayor número de deportistas al equipo olímpico español en Sydney. La mayoría forman parte del plan ADO; otros, como el atleta tinerfeño Rodríguez Ramallo, entraron en la lista a última hora. Ramallo se ha forjado un sólido prestigio a base sacrificio, trabajo y esfuerzo; sin las millonarias ayudas económicas arbitrariamente distribuidas por los responsables del plan ADO. Lamentablemente su caso no es el único en Canarias.
En las islas no nos hemos convencido aún de que el deporte ha dejado de ser sólo un juego para constituirse en un fenómeno social total. Porque si analizamos todos sus componentes (lúdicos, sociales, económicos, políticos, culturales, tecnológicos, etc.) podemos entender mejor a nuestras sociedades, identificar mejor sus propios valores, las contradicciones que conforman nuestro mundo. Y también nos ayuda a comprenderlo mejor. Para un Gobierno de clara vocación nacionalista como el nuestro es preciso ver con más claridad los beneficios que reporta la imagen transmitida por el deporte: dinamismo, juventud, combatividad, espíritu de equipo, de superación, de victoria. Estos han sido, precisamente, los recursos preferidos de los Estados que padecían un frágil sentimiento nacional y que han encontrado en el deporte un filón para reforzarlo.
Ya sé que no existen fórmulas mágicas para la conquista de estos objetivos, pero las posibilidades de éxito aumentarían si van acompañadas de reformas orientadas a su desarrollo. Es el turno de nuestros representantes políticos para salvar de la incertidumbre a muchos Ramallos, con nuevos modelos de ayudas que atraigan también la inversión del empresariado canario, siempre cauto en la conquista de nuevos mercados. Afortunadamente, las naciones compiten ahora por las medallas como útil sustituto de los campos de batalla. Y en Canarias existe talento y mentalidad suficientes para participar con un papel estelar en el reparto.
Francisco Fariña Samblás Director-editor del periódico digital canariasport.com
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El despegue
Si con las carencias que se padecían en infraestructura Canarias ya era una de las Comunidades con más equipos en categorías estatales y con importantes individualidades a nivel internacional, la mejora de instalaciones y servicios hará elevar hasta máximos históricos los resultados denuestros deportistas en los próximos años. Queda por resolver la tortura de los desplazamientos.
¿Nadie se pregunta por qué se pagan las medallas olímpicas? Es lógico pensar que sea un reconocimiento al trabajo desarrollado por el deportista durante muchos años, o una forma de compensar lo que no ha dedicado a un trabajo con el que ganarse la vida, pero no hay que olvidar que un éxito deportivo incide directamente en la autoestima colectiva a veces más que las cifras mensuales del paro. Supone, además, la mejor promoción para enganchar a los jóvenes (y notan jóvenes) a la práctica deportiva. Por eso se promociona.
En Canarias se ha llegado a comprender tarde todo esto, en comparación a otras Comunidades Autónomas. La llegada del nuevo siglo coincide, sin embargo, con varios acontecimientos que invitan a pensar que todo va cambiando con tal celeridad que podremos asistir en breve al despegue de los resultados deportivos a nivel nacional e internacional en las más diversas modalidades.
Si la tenista de Arucas Marta Marrero llegó en Roland Garros a cuartos de final no fue por casualidad. Pero pasar de la pista de tierra a la de hierba natural fue otro cantar. Antes de que comenzara Wimbledon, Marta realizaba su preparación física en el campo de Golf de Bandama, prueba de la carencia de instalaciones que sufre Gran Canaria.
Este gráfico ejemplo puede resumir todo el mensaje. Los deportistas canarios tienen calidad por cuestiones ambientales y de dieta (algo en lo que no se puede abundar ahora), pero las carencias han obligado a nuestros deportistas a competir en inferioridad de condiciones.
Si se dedicaban a la vela, llegaba un momento que debían trasladarse a Barcelona. Ahora se va a construir un Centro de Alto Rendimiento en San Cristóbal que puede evitar esto. Si el equipo de fútbol Universidad de Las Palmas de Gran Canaria quería jugar en Segunda B debía cubrir con otro césped artificial el campo de Tafira para conseguir la homologación de la Federación. Si quería jugar en Segunda A, necesitaba un campo de hierba natural con el que ahora sí cuenta, en una instalación remodelada que podrán disfrutarla los vecinos del municipio de San Bartolomé de Tirajana y otros adyacentes.
Las mejoras de las instalaciones canarias suelen ir por detrás de los éxitos deportivos. Se ha hablado de fútbol por acudir a ejemplos de dominio público, pero este mismo caso se puede trasladar al hockey hierba (con la UD Taburiente en División de Honor y sin cancha propia en su primer ascenso), al rugby, a la gimnasia artística, al balonmano, al atletismo...
Ahora se vive una eclosión de instalaciones deportivas (en la capital grancanaria aparecieron seis campos de césped artificial en poco más de un año) y se consolida una segunda generación de licenciados en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, dos factores que influyen decisivamente para la utilización rentable de las horas de entrenamiento. Si atendemos al más alto nivel en el deporte que mayor número de federados abriga a nivel estatal, equipos como la UD Las Palmas, ya en Primera División, CD Tenerife, con serias posibilidades de ascender, el Universidad de Las Palmas de GC, que ha llegado a la Liga de Fútbol Profesional en tiempo récord, la UD Vecindario, UD Pájara y CD Mensajero, en Segunda B y con posibilidades de ascenso los dos primeros, dan cuenta del momento de bonanza que se vive en el Archipiélago. En baloncesto, Canarias Telecom, tras la mejor temporada de su historia en la ACB, Jameo.com, con su apuesta por el ascenso, el antes Sandra Gran Canaria, ahora Caja Rural, siempre con algún título en sus vitrinas, o el ya mítico Construcciones Marichal en voleibol femenino, ofrecen una imagen más que saludable.
Estos ejemplos simplificadores, que no pretenden menospreciar la amplia realidad deportiva de Canarias, dan muestra de que a poco que nuestros deportistas y entrenadores cuenten con menos dificultades elevarán el listón. Dentro de esta mejora no se puede ignorar un handicap de los más importantes para los equipos de recursos limitados que compiten a nivel estatal: los desplazamientos.
Hasta que la Administración canaria no se conciencie de que debe luchar a brazo partido para que los viajes maratonianos y tortuosos queden en sólo un recuerdo siempre quedará una conquista pendiente. Es nuestra paradoja en el siglo de las telecomunicaciones. No logramos estar bien comunicados. Y Canarias no debería seguir estando tan lejos.
Patricio Viñayo Redactor de Deportes del periódico La Provincia-Diario de Las Palmas
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