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Aspectos lingüísticos

El silbo gomero extrae la arquitectura y los componentes esenciales de la lengua base que reproduce y los comprime, manteniendo, sin embargo, su comprensibilidad.

Durante siglos, el lenguaje silbado de la isla de La Gomera fue considerado un elemento folklórico, un código propio de pastores y agricultores para transmitir mensajes preestablecidos. Sin embargo, a partir de las primeras décadas del siglo XX, el silbo gomero comenzó a estudiarse en el contexto de lenguajes con valor lingüístico, más allá de sus peculiaridades fonéticas. Los recientes trabajos de expertos como Annie Railland y Manuel Carreiras, y de forma muy especial la publicación del la obra “El silbo gomero. Análisis lingüístico” publicado en 1978 por el profesor Ramón Trujillo, han permitido que este lenguaje silbado se estudie en profundidad y que no se dude de su verdadera naturaleza.

El silbo gomero, al igual que todos los demás lenguajes humanos, posee una doble articulación, es decir, combina unidades mínimas dotadas de significado para producir otras más amplias que tienen un significado nuevo, pero también emplea fonemas sin significado para elaborar palabras que sí lo tienen. En realidad, el silbo de La Gomera es un lenguaje reductor que simplifica la fonología del castellano al adaptarla a las limitaciones impuestas por el silbido. Consta de cuatro sonidos consonánticos y dos vocálicos, cuyas equivalencias con las vocales y consonantes castellanas son las siguientes:

I = I, e
A = a, o, u
CH = t, ch, s
K = p, k
Y = d, n, ñ, l, y, r, rr
G = b, f, m, g, j

Naturalmente, esta reducción implica un considerable grado de ambigüedad en la comunicación, pero los silbadores han hallado soluciones prácticas a este problema intercambiando tantas preguntas y respuestas como sean necesarias para comprender un mensaje con toda claridad. Este proceder se basa en una enorme agilidad mental para sustituir unos conceptos por otros similares y en la posesión de un vocabulario mucho más amplio de lo que en principio cabría suponer. Por otra parte, la mayoría de los mensajes emitidos pertenecen a un contexto determinado que es conocido por el emisor y por el receptor.

La comunicación realizada mediante el silbo se suele iniciar con un elemento ilocutivo que no tiene valor semántico y que sirve para llamar la atención del interlocutor. Las marcas de género y número son las mismas que las del castellano, al igual que las conjugaciones verbales.

Debido a las limitaciones impuestas por la existencia de sólo dos vocales y cuatro consonantes, el lenguaje silbado de La Gomera tiende a formar estructuras simples. Las construcciones paratácticas con mucho más frecuentes que las hipotácticas.

Aunque la ambigüedad producida por la reducción de sonidos suele resolverse en el campo contextual, el profesor Trujillo distingue una doble polisemia en el silbo gomero: la propia de todas las lenguas naturales y la que él denomina “polifonemia” derivada directamente de la reducción fónica antes citada. Frente a este inconveniente, el silbo aparece como un lenguaje de gran precisión ya que los mensajes emitidos suelen contener una gran cantidad de información muy concentrada, sin redundancias ni otros elementos que no sean estrictamente imprescindibles.

 

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