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Exposiciones

16 noviembre 2018 » 4 enero 2019

Jesús Hernández Verano: ‘Rumia’

INAUGURACIÓN: VIERNES 16 NOVIEMBRE, A LAS 20.30 H.

 

 

“Tenerse, a la sombra

del estigma de las heridas en el aire…”

Paul Celan

 

Rumia, la ausencia de la presencia y la presencia de la ausencia.

La ausencia de forma es la presencia de la no forma. Parece no tener una interpretación concreta, sino que se mueve en la frontera entre lo que vemos y lo que pensamos, lo visible y lo invisible, lo concreto y lo abstracto. La posibilidad de construir sentido está, no en el centro de lo que se nos propone, sino en los márgenes, en el límite entre el objeto y el mundo, en el lugar donde se produce un hundimiento de lo visual. Una llave que perfora el vacío de la memoria y abre un espacio hueco.¿Cómo mantener la fuerza poética, la vida, en un mundo en el que la repetición obsesiva de signos y representaciones ha terminado por arrebatarle su potencia inmediata, su capacidad de conmover? ¿Cómo hacer del planto una emancipación y no un repliegue sobre su dolor, un gesto de sublevación y no un abandonarse al abatimiento?

La memoria da forma a un tejido fragmentado, a un tejido superpuesto en capas, en múltiples capas. Afloran lo consciente y lo inconsciente, el placer y el dolor, lo oscuro y lo transparente, lo rígido y lo fluido… La memoria es como Penélope: teje y da a la luz su tejido, pero desteje en lo oculto, en la noche...

Saber deslizarse por la superficie de las cosas, de las obras, de la piel, epidermis. En lugar de una representación explícita, la sugerencia del inevitable tránsito de las cosas. De ahí ciertos materiales pobres, de cambio, de metamorfosis, de alquimia, de desaparición. Cera, madera, ceniza, caucho, piedra basáltica, láminas de oro, papel, bronce... Desnudez. Tratarlos, cuidar con mimo el más mínimo detalle, no dejar rastro de la pincelada, un acto que desdice su mismo proceder, una renuncia activa llevar al engaño para decir que lo que se muestra no está ahí, está en otro lugar. Silencio. Proyecciones de sueños que procuran al espectador alguna ruta por la que ir desde su dolor hasta la calma, entre la irresoluble necesidad de dar testimonio y la conciencia de que es tan poco lo que puede darse o decirse. Lugares donde detener la mirada, que depende también de la predisposición de quien mira. ¿Cómo relatar la ausencia? ¿Cómo hacer legible la experiencia traumática, siempre individual, irrepetible, irrecuperable, sin tener que someterla a la traición de la representación? Lo real, lo ficticio, lo ilusorio, lo hiperreal recorriendo y retrocediendo en su propio abismo interior, hasta precipitarse en el vacío de nuestra mudez. El indicio del cuerpo que más nos indica y trasciende es el tejido que lo cubre de infinitas maneras. Sudario, tela, terciopelo, sábana, tábula rasa y lienzo nos permiten acceder al mundo y abandonarlo. Pliegue. Aberturas.

El extravío de lo inolvidable, una experiencia sensible de Rumia, un olvido de sí mismo, para resonar, para vibrar, para rumiar, para abrirse y participar de ese lamento que como Orfeo, resuena el dolor de una pérdida irredimible.

 

Artista

Jesús Hernández Verano

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