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Bienes de Interés Cultural



Cementerio de Vegueta

Cementerio de Vegueta

Isla: Gran Canaria

Municipio: Las Palmas de Gran Canaria

Categoria: Monumento

Declaración: Decreto 19/2010, de 25 de febrero

Este recinto cementerial es uno de los conjuntos patrimoniales de carácter funerario más importantes de Canarias, constituyendo un exponente singular y significativo de la historia de la ciudad y de quienes fueron sus protagonistas. Además, este camposanto custodia un sobresaliente legado arquitectónico y escultórico, reflejo del ideario y del pensamiento artístico de una serie de reconocidos artífices insulares y foráneos. El también conocido como cementerio de Las Palmas se encuentra emplazado en el límite sur del barrio de Vegueta de la capital grancanaria, en una zona antaño libre de edificaciones, fuera de los límites marcados por la antigua muralla de la ciudad: media fanega de terreno ubicada en una zona de cultivos de plataneras conocida como los Callejones. En la actualidad, y a raíz del crecimiento de la urbe, el cementerio de Vegueta se encuentra completamente inmerso en un ambiente urbano. Así, está delimitado por la Avenida Alcalde Díaz Saavedra Navarro en su flanco oriental, por la calle Eufemiano Jurado en su extremo norte y oeste, mientras que por el sur -donde se ubica la fachada principal- linda con la calle Callejones. La construcción de este recinto data de 1811, año en la que la epidemia de fiebre amarilla asoló la población de Las Palmas de Gran Canaria provocando un gran número de víctimas mortales. La imperiosa necesidad de dar sepultura a un número elevado de difuntos y los cambios que ya desde finales del siglo XVIII se estaban gestando en el mundo de las prácticas funerarias (Real Cédula de Carlos III prohibiendo el enterramiento en las iglesias) constituyen los motivos fundamentales que originan este primer cementerio de la ciudad. Inicialmente el cementerio sólo lo constituía un terreno cuadrado cercado con tres tapias, extendiéndose el frontis en la cara sur. No será hasta mediados del siglo XIX cuando se inician las primeras reformas importantes del inmueble, introduciéndose algunas novedades como fue el empleo de nichos para ir sustituyendo paulatinamente las fosas. Es en este momento cuando el cementerio adopta el diseño de un solar cuadrangular rodeado por altos muros, precedido de una portada desde la que se accede a un recinto central dividido por dos trazos perpendiculares y rodeado por cuatro calles colindantes a las tapias exteriores. Como suele ser habitual en otras necrópolis de la época, el centro del recinto se resalta mediante la instalación de algún monumento, en este caso una cruz monumental, en cuyas proximidades se erigen los mausoleos correspondientes a las familias más acaudaladas de la ciudad. La portada neoclásica del cementerio de Vegueta se atribuye a Luján Pérez, aunque el pórtico de acceso (confeccionado en piedra con puerta de hierro) es obra de Manuel Ponce León. Según M.R. Hernández, ha de destacarse la factura del diseño entra en los cánones clásicos, pero la decoración y asociación con la literatura tremendista y exaltada de Mariano José de Larra, son notas que vinculan a la estética romántica. Efectivamente en la parte superior de la portada se localiza una inscripción que transcribe unos versos de Larra: Templo de la verdad es el que miras/no desoigas la voz con que te advierte/que todo es ilusión menos la muerte. En la actualidad el cementerio de Vegueta, con un planta de tendencia trapezoidal, está divido en dos departamentos principales. El primero de ellos corresponde a la zona de explanada contigua a la entrada y en ella se ubican los panteones y mausoleos más significativos del recinto, enlazados por anchas calles. En el segundo se localizan las tumbas de quienes no podía erigir mausoleos y panteones, así como, en el extremo norte, el ámbito correspondiente al ensanche del cementerio a raíz de la creciente demanda de espacios sepulcrales. Pero además de las diferencias sociales que son reconocibles en el cementerio de Vegueta, también se identifican otras desemejanzas en la ordenación del camposanto. Así, por ejemplo, mientras que la mayor parte del recinto está destinado a sepulturas de católicos, existe también un ámbito de unos 500 metros cuadrados en los que se inhumó a creyentes de otras confesiones y al que se accedía a través de un angosto callejón. En el cementerio de Vegueta se dio sepultura a personas pertenecientes a familias ilustres de la ciudad que tuvieron un especial protagonismo en la historia contemporánea de Las Palmas de Gran Canaria y del conjunto del archipiélago. Pero, además, en los inicios del siglo XIX la construcción de cementerios trae consigo el desarrollo de una escultura funeraria de capillas sepulcrales que han convertido al Cementerio de Vegueta en un auténtico museo que enriquece el valor arquitectónico del conjunto. Como se han encargado de destacar algunos autores, las obras presentes en el camposanto son representativas de los lenguajes artísticos del Ochocientos, identificándose piezas de inspiración clásica, que conviven, sin solución de continuidad, con una variedad de códigos estéticos entre los que predominan los medievalismos y eclecticismos. Hay que destacar especialmente las aportaciones de Manuel Ponce León, quien utilizó en sus obras un lenguaje neogótico posiblemente vinculado al sentido de recogimiento y espiritualidad que se trata de conferir al lugar. Dentro de los proyectos debidos a este autor hay que distinguir los de carácter público y los privados. Entre los primeros, destaca la cruz goticista de diez metros de altura que se emplaza en la parte central del llamado patio antiguo, realizada en cantería azul y compuesta por tres cuerpos, de diferentes tamaños, sentados sobre una escalinata. El primero de los cuerpos, el de mayores dimensiones e importancia, presenta pináculos y gabletes goticistas y en sus ocho caras se inscriben pasajes bíblicos. Entre las obras de carácter privado podrían destacarse las siguientes: mausoleo de la familia Manrique de Lara (1851), monumento funerario de Vázquez Bustamante (1857), Capilla decorada con ángel (1859), Capilla de la familia Casabuena (1859), la Capilla funeraria de la Familia Quintana (1866), monumento fúnebre de D. Cristóbal del Castillo (c. 1872-1873), Capilla de las familias Sintes y Acevedo (1878), etc. El escultor genovés Paolo Triscornia di Ferdinando realizó los monumentos erigidos para la familia Rodríguez González y en memoria de los náufragos italianos que perecieron en la colisión entre los vapores Sudamérica y La France (1888). Además, llama la atención una serie de esculturas y grupos escultóricos cuya autoría no es conocida: es el caso del monumento funerario realizado para la familia Gourié, significado por un ángel cabizbajo que porta una cruz. En definitiva, el cementerio de Vegueta constituye un magnífico ejemplo de los primeros camposantos que comienzan a erigirse en las islas en los inicios del siglo XIX; siendo, además, un exponente de alto valor histórico, pues en su interior puede hacerse un amplio recorrido por la historia contemporánea canaria a través de aspectos tan diversos como sus protagonistas -célebres o anónimos-, los acontecimientos que allí se reflejan o los gustos artísticos plasmados en los monumentos funerarios que este lugar atesora.
 

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