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Bienes de Interés Cultural



Salinas de Tenefé

Salinas de Tenefé

Isla: Gran Canaria

Municipio: Santa Lucía de Tirajana

Categoria: Sitio Etnológico

Declaración: Decreto 67/2005, de 26 de abril

Las Salinas de Tenefé se encuentran situadas en la costa del término municipal de Santa Lucía en la zona conocida como Punta del Tenefé. La parcela que ocupan las salinas está emplazada en la primera línea del borde marítimo, sobre un suelo de conglomerados y arenas fluviales, ocupando una superficie útil de 20.000 metros aproximadamente. Estas salinas fueron construidas en el siglo XVIII por lo que presentan una dilatada historia dedicada a la producción de sal. Esta producción estuvo orientada hasta los años sesenta del siglo XX al suministro de los barcos que faenaban en la costa del caladero canario-sahariano y cuyo único conservante para las capturas era la sal (salazones), que convirtieron a las salinas en un sector estratégico de la economía insular. Los antecedentes constructivos de esta salina son de origen mediterráneo y su soporte está fabricado sobre un asiento artificial de barro apisonado. De esta manera la obra de construcción comienza con la nivelación del solar, para lo que es necesario el movimiento de una cantidad importante de tierra que se coloca en el perímetro de las instalaciones como barrera de protección (terreras). Una vez vaciado y nivelado el solar se procede al trazado de balaches y sistemas de riego, de las acequias matrices y caños secundarios. Esta parte de la obra es desarrollada por un especialista (maestro salinero) ya que requiere de conocimientos y habilidades específicas para este tipo de construcción. Terminada esta fase se comienza con la construcción de los tajos o cristalizadores que suelen tener un tamaño de 4 x 3 o 3 x 3 de superficie y una altura no superior a los 25 cm. Los bordes de los tajos se refuerzan con cantos rodados para evitar la erosión por el rozamiento del agua. Las Salinas de Tenefé cuentan con unos 386 tajos que ocupan una superficie de 14.250 metros cuadrados. Los cocederos son los estanques de precondensación a donde llega el agua del mar. Estos estanques son igualmente de barro apisonado, pero su superficie varía entre 250 y 600 metros cuadrados. En las Salinas de Tenefé se construyeron cuatro cocederos a diferentes alturas y ocupan una superficie de 4.930 metros. Para elevar el agua entre los diferentes cocederos, estas salinas disponían de tres molinos de viento que bombeaban el agua hasta la zona alta, de los que en la actualidad sólo se conserva uno de ellos, en estado precario. Estos ingenios del viento sirvieron para que estas salinas se conocieran también como "Las Salinas de los Tres Molinos". El sistema de captación se realiza mediante un tomadero en forma de canal que conecta el agua del mar con el cocedero más bajo de la salina. Este tomadero es una obra de mortero y canto rodado con una altura de 1,70 m y un ancho de 1 metro. Además de esta infraestructura la salina cuenta con una casa-almacén que sirve de residencia al salinero y de resguardo para la sal excedente de la zafra. Se trata de un inmueble de cubierta plana y dos alturas y de unos 160 metros por planta. La planta baja está dividida en 5 dependencias destinadas a almacenar la sal y los enseres de la actividad salinera. La segunda altura ha servido como residencia de la familia del salinero. La situación de la casa está localizada para la vigilancia de toda la superficie útil de las salinas, en el centro y en la zona más alta del conjunto. Desde el punto de vista arquitectónico este inmueble presenta un valor alto debido a su antigüedad y a no haber sido intervenida tanto en el interior como en el exterior. El ciclo del cultivo de la sal comienza con la captación del agua del mar aprovechando la pleamar para que el empuje mareal lleve el agua a través del tomadero hasta los cocederos. Cuando el agua entre en los cocederos se expone al sol durante unos 9 días en los que se produce una precondensación y en consecuencia se eleva el nivel de salinidad en el agua. Después de este período el agua llega a los tajos o cristalizadores a través de la red de riego, donde pasa de 3 a 8 días dependiendo de las condiciones de temperatura, insolación, vientos, etc. Durante este período de cristalización el salinero participa acelerando el proceso. Para ello en las horas centrales del día y con el robadillo de cabo largo rompe el cristal o película de sal que se forma en la superficie del tajo para permitir que la condensación continúe, lo que se conoce como tumbar la nata. Cuando la sal ha alcanzado la densidad adecuada se procede a embalacharla o subirle en el balache donde permanece unos días para que pierda los restos de humedad que conserva, antes de ser resguardada en el almacén o transportada directamente al mercado. En el ciclo del año la salina se halla dividida en dos períodos bien diferenciados. El primero que va de mayo a octubre y que coincide con la etapa de zafra en el que las condiciones meteorológicas permiten la extracción de la sal. En el resto de los meses del año y en especial en las estaciones de otoño e invierno, la salina no produce y el salinero se limita a realizar las labores de mantenimiento de las instalaciones. Después de la crisis de los años sesenta con la introducción de las técnicas de frío, y la caída del sector pesquero las salinas entran en un período de recesión que conduce hasta nuestros días. De esta manera los salineros se ven obligados a reorientar la producción hacia el consumo interno: panaderías, embotelladoras, fábricas de queso, curtido de pieles, etc. En la actualidad las Salinas de Tenefé constituyen el mejor ejemplo de la salina sobre barro que existe en Gran Canaria. Asimismo su producción es de las más altas del Archipiélago, pese a que las mejoras de las instalaciones podrían elevar el rendimiento hasta una producción estimada de 343.454 kg. Las Salinas de Tenefé han sido adquiridas por el Ayuntamiento de Santa Lucía, que es actual propietario y que las mantiene en explotación mediante un contrato de renta con el actual salinero D. Sebastián Viera, hijo y nieto de una larga dinastía de salineros del Sureste de la isla. La propiedad pública de las salinas constituye además una situación favorable a su conservación y mejora. En este sentido hay que destacar que a los valores de cultura material que hemos reseñado hay que sumar los relativos a la conservación del oficio de salinero de alto valor etnográfico y que guarda un enorme granero de saberes en relación al medio intermareal en el que desarrolla su actividad. Este oficio se encuentra en serio peligro de desaparición debido a la crisis del sector que ha supuesto la falta de renovación generacional por parte de los jóvenes. Desde el punto de vista ambiental las salinas constituyen un ejemplo de intervención racional en el medio generando un paisaje cultural de gran riqueza plástica. Este paisaje cultural está construido con los materiales del entorno favoreciendo así su integración en el medio. Por su situación entre la tierra y el mar las salinas constituyen una auténtica marisma artificial en la que tienen su medio un amplio conjunto de animales y plantas adaptadas a estos ecosistemas hipersalinos, entre los que destacan las aves que encuentran en las salinas y su entorno un lugar de avituallamiento para sus desplazamientos migratorios o bien para el período de cría. Asimismo las Salinas de Tenefé se encuentran en el borde de un saladar que añade valores naturales a este legado histórico.