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Bienes de Interés Cultural



Las Cuevas del Palomar

Las Cuevas del Palomar

Isla: Gran Canaria

Municipio: Ingenio

Categoria: Zona Arqueológica

Declaración: Decreto 79/2009, de 16 de junio

La Zona Arqueológica de Las Cuevas del Palomar constituye un enclave habitacional y, sobre todo, de almacenamiento alimentario de los antiguos habitantes de la isla antes de la Conquista Europea. Está integrado por diversas cuevas de habitación y un granero en el que pueden distinguirse tres agrupaciones principales: - Zona A, integrada por un conjunto de cuevas y silos excavados en la roca, vinculado con un gran espacio de almacén o granero. El granero está organizado en tres niveles horizontales, entre los que se disponen pasos y accesos labrados en la roca que permiten la comunicación entre ellos. Se conservan en buen estado una veintena de silos, muchos de los cuales presentan los rebajes tallados en la toba para facilitar su cierre, además de restos de argamasa, e incluso evidencias de pintura de tonalidad rojiza. - Zona B, correspondiente a unas seis cuevas, naturales y artificiales, relacionadas con espacios de habitación, profusamente reformadas y reutilizadas hasta la actualidad. Unos grandes desprendimientos han afectado a este grupo de cuevas. - Zona C, ubicada en la margen derecha del barranco, frente al granero. Está conformada por dos cavidades, una artificial y otra natural, que igualmente debieron servir como lugar de habitación, y como ocurre con la Zona B están reutilizadas hasta fecha muy reciente. Además de estos elementos, cabe destacar un corral de tendencia circular en la parte alta del granero que queda dentro del entorno de protección de la Zona Arqueológica. Por lo que se refiere a las cuevas de habitación se sitúan en la base y pared de un gran arco natural que se forma en este punto de la ladera del barranco, orientándose hacia el S-SE. De este grupo, varias de las cavidades se han abierto artificialmente mediante la excavación del afloramiento piroclástico, intercalándose con otras de origen natural que también se aprovechan para esta función habitacional. A grandes rasgos el conjunto presenta evidencias muy claras de su reutilización pastoril hasta nuestros días, y así se aprecia con total nitidez en los muros que cierran parte de las bocas de las cuevas, si bien es muy probable que algunas de estas estructuras se alcen sobre los restos de construcciones de origen prehispánico o por ejemplo en las huellas de los picos metálicos, empleados para retocar el interior de las cavidades naturales, ampliándolas, y que han quedado grabadas en las paredes de éstas. De hecho este uso agro-pastoril cesó en el año 1988 a raíz de los desprendimientos que destruyeron parcialmente el conjunto, sepultando dos de las cuevas naturales y una artificial de reducidas dimensiones, colocada en una cota superior a la que se accedía mediante unos pasos labrados en la roca. Además delante de las cuevas se dispone un muro de piedra seca que actuando como contenedor, crea una plataforma externa a modo de patio, y aunque de su factura se deriva una cronología de época histórica, probablemente esté aprovechando una estructura previa de filiación aborigen. Dentro de este grupo destaca la cueva emplazada en el extremo oeste, de tipología compuesta excavada artificialmente en la toba. Se trata de una estancia de dos cámaras, de planta cuadrangular, con sendas entradas independientes e intercomunicadas por dentro. Por su parte, el espacio designado como granero constituye uno de los ejemplos más relevantes de la isla, en cuanto a yacimientos de esta tipología. Al igual que en el caso anterior y como se conoce para otros graneros de Gran Canaria, éste se emplaza en un arco natural de la ladera en el que se labran las cavidades, en las que a su vez se excavarán los silos o contenedores. Dicho arco se encuentra limitado en sus extremos por sendas cuevas artificiales, alejadas del grupo central, y fundamentales en cuanto a la función de almacén. El granero está organizado en tres niveles horizontales, entre los que se disponen pasos y accesos labrados en la roca que permiten la comunicación entre ellos. En términos generales una veintena de silos están bien conservados, muchos de los cuales presentan los rebajes tallados en la toba para facilitar su cierre, además de restos de argamasa, e incluso evidencias de pintura de tonalidad rojiza, probablemente almagre, coincidiendo con las zonas donde se cierran los silos. No obstante, otros muchos han desaparecido o están muy alterados por los desprendimientos por lo que resulta muy difícil precisar su número exacto. En el granero sólo se han conservado materiales arqueológicos en el sedimento que aparece rellenando los silos, mientras que fuera de éstos el contenido arqueológico parece haber desaparecido. Finalmente, la denominada Zona C hace referencia a un pequeño conjunto de dos cuevas, frente al granero, que aunque también se hallan reutilizadas como redil, por su morfología y emplazamiento, sin duda hay que incluirlas dentro de este conjunto. En este sentido la reutilización en época histórica, esencialmente de las Zonas A y C, relacionada con las actividades agropecuarias que han definido el medio rural insular hasta hace pocos años entraña un importante valor etnográfico que revaloriza aún más si cabe el interés de este yacimiento. Con este carácter etnográfico han de añadirse otros elementos como el cercano corral de piedras secas, de planta circular, que se localiza ya en la lomada, justo encima del yacimiento arqueológico, así como unas pequeñas chozas unas decenas de metros hacia el NW del referido corral. De más difícil interpretación son algunos bloques aislados en esta última zona, que presentan grabados geométricos rectilíneos de surco grueso. En el estado actual del conocimiento se suelen asociar a huellas de uso, por lo general marcas dejadas por el arado en las tareas de roturación del terreno. No obstante, en la zona de Caserones, en el Barranco de Fataga, abundan este tipo de manifestaciones y queda claro que tiene un origen distinto y, por ahora, desconocido. Dentro de los bienes de interés etnográfico del entorno del yacimiento, aunque algo retirado del mismo, cabe destacar un camino empedrado que atraviesa la llanura que existe en la parte superior (hacia el noroeste) del granero.
 

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