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Bienes de Interés Cultural



Poblado de La Atalayita. Valle de Pozo Negro

Poblado de La Atalayita. Valle de Pozo Negro

Isla: Fuerteventura

Municipio: Antigua

Categoria: Zona Arqueológica

Declaración: Decreto 129/2007, de 24 de mayo

El yacimiento arqueológico del poblado de La Atalayita se encuentra situado en el sector centro-oriental de la isla, en la margen derecha del Valle de Pozo Negro junto a una pequeña elevación que se denomina La Atalayita, la cual le ha dado nombre al poblado, y dentro del malpaís que formaron las lavas procedentes de las erupciones de la Caldera de La Laguna y la Caldera de Liria. La zona donde se asienta el poblado pertenece al término municipal de Antigua y ha sido desde tiempos históricos tierras del mancomún de los vecinos, denominada tradicionalmente como la costa. Estas tierras estaban dedicadas principalmente al pastoreo libre de animales y a una restringida agricultura de secano. Alrededor de estas actividades surgió, en el Valle de Pozo Negro, el núcleo poblacional de El Saladillo y algunas casas aisladas habitadas temporalmente por pastores. A unos dos kilómetros hacia el este del Poblado de La Atalayita se localiza la ensenada de Pozo Negro, cuyo puerto natural era conocido en los mapas desde el siglo XV como punto de entrada y salida de mercancías. En la actualidad constituye el asentamiento humano más importante del Valle. Al oeste del poblado está la fuente denominada por los lugareños como Rocha, y que algunos investigadores han creído encontrar en el topónimo de esta fuente, el lugar donde, supuestamente, debía estar la torre-fortificación que el conquistador normando, Jean de Bethencourt construyó durante la conquista de la isla entre 1402 y 1405. La fuente se sitúa en una vaguada muy pendiente de la ladera norte del Morro del Saladillo. Su existencia es conocida en los documentos del siglo XV como fuente de Riche Roche, apareciendo también en los Acuerdos del Cabildo desde el siglo XVII con el nombre, entre otros, de Rocha Roche. El Poblado de La Atalayita es un yacimiento arqueológico, cuya ocupación se remonta a la época aborigen y ha sido reutilizado, de forma continuada, por los pastores después de la conquista y colonización de la isla. Esta característica es común para la mayoría de los asentamientos preeuropeos de la isla, al pervivir, posiblemente, en la nueva población colonizadora las mismas estrategias económicas-culturales de los aborígenes para el cuidado y mantenimiento del ganado. Los primeros estudios realizados en el poblado se iniciaron en la década de los años 50-60 del siglo pasado por Sebastián Jiménez Sánchez, quien lo denomina por el topónimo de El Saladillo. Es a partir de 1974 cuando será conocido con el nombre de La Atalayita, iniciándose en enero de ese mismo año las tres campañas de excavaciones arqueológicas desarrolladas entre 1974 y 1977 a cargo del profesor Demetrio Castro Alfín. Durante esos años se recogió gran cantidad de material arqueológico en superficie, compuesto mayormente por fragmentos de cerámicas realizadas a mano y con decoraciones, pertenecientes, según los investigadores, a la etapa aborigen de la isla; fragmentos de cerámica lisa, popular y a torno, así corno material malacológico, lítico y óseos. En los cortes realizados se extrajo la misma tipología de material, exceptuando algunos objetos como un fragmento de metal y un alfiler del mismo material y también algunas piezas realizadas en conchas, pulidas y con orificios, con forma de colgantes. En 1990 el yacimiento de La Atalayita fue objeto de un Plan Especial de Protección, Conservación y Restauración a cargo del equipo arqueológico Archeos, realizado para la Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias y del que sólo se materializó la primera parte. En 1994 se iniciaron los estudios pertinentes para la creación de un Centro de Interpretación, del yacimiento arqueológico de La Atalayita. Dada su importancia en el contexto cultural de la Isla, su divulgación permitiría dar a conocer diferentes aspectos relacionados con la forma de vida de los aborígenes. Para ello se construyó, próximo al yacimiento, el edificio que albergaría el Centro de Interpretación. Asimismo y con la intención de abrir al público el yacimiento, se acondicionó unos senderos que permitieron la visita a las estructuras más representativas del poblado, restaurándose algunas de ellas. El Poblado de La Atalayita ocupa una superficie aproximada de 45.045 m2 y está formado por 115 estructuras de diverso tipo y complejidad, las cuales podemos dividir en: - Estructuras abovedadas. De dimensiones reducidas y planta circular o elíptica, de escasa altura, alrededor de 1,5 m y de pequeño tamaño, 15-2 m de diámetro, aproximadamente. Son espacios angostos con vanos de entrada muy estrechos y bajos, presentando, generalmente, el suelo rehundido. La techumbre consiste en una falsa bóveda, formada por la aproximación de sucesivas hiladas a base de piedras planas y alargadas que proporcionan una mayor estabilidad y seguridad al techo. Éste se rellena con piedras de dimensiones más pequeñas que ayudan a tapar los huecos e impermeabilizar. Algunas de estas estructuras presentan un pequeño pasillo entre el vano de entrada y el recinto interior, resguardando este espacio. Es frecuente un muro de piedra que separa el espacio interior del exterior a modo de patio. Estas construcciones aparecen solas o adosadas formando conjuntos. - Estructuras mixtas de mayores proporciones. Formadas por el adosamiento de distintos espacios. Son de planta circular, elíptica o irregular, donde se mezclan recintos de mayores dimensiones con muros altos y vanos de entrada amplios con otros recintos más pequeños, de tipología abovedada. Estas estructuras aparecen adosadas formando conjuntos complejos, abiertos a un espacio central. - La cueva como vivienda. En el poblado existe un tubo volcánico acondicionado, con un muro en el exterior que rodea la entrada y que probablemente estaría cubierto. Al interior se accede a través de un vano estrecho con dos peldaños descendentes. Este espacio hace de antesala que comunica al tubo volcánico. - Construcción tradicional restaurada. En el poblado también existe una vivienda de tipología tradicional, construida aprovechando las piedras de las estructuras aborígenes. La planta, de tendencia rectangular, presenta una tipología distinta a la vivienda aborigen de tendencia, generalmente, circular o elíptica. Otras dependencias, como la cocina, se introducen en la vivienda histórica, aunque de forma rudimentaria. El espacio dedicado a ésta se limita solamente a un recinto rectangular sin cubierta. En su interior un muro, a modo de poyo, servía para colocar los "teniques" donde se guisaba la comida. Los vanos se limitan, a igual que en las estructuras aborígenes, al de la entrada, siendo en la vivienda tradicional de mayores proporciones. En su interior existen pequeños huecos en la pared con forma de alacenas para guardar objetos. La techumbre, restaurada, realizada con varas de tarajal y cubierta con torta de barro, es una característica que define la arquitectura tradicional de Fuerteventura. - Estructuras anexas. Es muy común en los poblados aborígenes de Fuerteventura la presencia, en las proximidades de sus viviendas de recintos circulares o elípticos que se asemejan a corrales para el ganado. En La Atalayita aparecen construcciones que responden a esta tipología y que han sido reutilizados por pastores en épocas históricas como corrales, gateras y toriles para encerrar cabras y camellos. Son numerosas las gateras que existen en el poblado, constituyendo un claro exponente del uso pastoril de la zona. - Otras construcciones circulares y semicirculares. Son recintos delimitados por una hilera de piedras y cuya funcionalidad todavía se desconoce, también están presentes en el poblado. Las formas más generalizadas de planta, en las construcciones de La Atalayita, son de tendencia circular, elíptica y polilobular, oscilando entre 1,5 a 5 metros de diámetro las más pequeñas, hasta 10 metros en las de mayores dimensiones. El empleo de la piedra es el principal elemento en estas edificaciones, utilizando las rocas volcánicas del malpaís e intercalando, en ocasiones, otro tipo de piedra más compacta, como basalto, en muros y dinteles. Hasta ahora, la mayoría de los investigadores han planteado que estas estructuras se hacían con piedra seca, sin ningún tipo de argamasa, aunque se ha comprobado que existen edificaciones aborígenes donde se aprecia una masa cimentadora compuesta por arcilla, piedras pequeñas y restos de conchas entre las piedras que conforman los muros de las construcciones. La finalidad de esta argamasa, aparte de reforzar y dar estabilidad a la propia edificación, es actuar como elemento aislante frente a las inclemencias meteorológicas. Los muros de las viviendas son fuertes y anchos, generalmente de 1 metro de espesor. La ausencia de ventanas es común en todo el poblado, limitándose el único hueco al de la entrada, en su mayoría orientados al s-sw, en dirección opuesta a los vientos dominantes durante la mayor parte del año en la isla. Los suelos son de tierra apelmazada. Una peculiaridad del hábitat aborigen en Fuerteventura, presente en La Atalayita, es la excavación del suelo de la vivienda, de tal forma que existe un desnivel entre la puerta de entrada al interior de unos 0,5 metros por debajo del nivel del terreno. Estas viviendas semiexcavadas en el suelo tienen por objeto la retención del calor natural de la tierra y la protección contra los vientos. Estas construcciones son denominadas "casas hondas". Las techumbres son de varias formas, atendiendo a las características de las construcciones. Las de pequeño tamaño presentan una techumbre formada por piedras organizadas por aproximación de hiladas formando una falsa bóveda. Para las construcciones de grandes dimensiones, la techumbre estaría compuesta por maderas y ramas, sobre la cual se echaba una torta de arcilla, reforzada, probablemente, por un pilar colocado en el centro de la vivienda. La falta de datos arqueológicos ha hecho imposible definir con exactitud la función de las estructuras del Poblado de La Atalayita, aunque algunos investigadores han identificado para las pequeñas construcciones abovedadas, como espacios que servían para almacenar alimentos, en vez de hábitat, debido a sus reducidas dimensiones. No obstante, se sabe a través de fuentes escritas que algunas viviendas de los mahos responden a esta tipología: hacían las casas con piedra seca; las casas bajas, y las calles estrechas, de modo que apenas podrían pasar dos hombres, al encontrarse (L, Torriani, 1978:73). Por lo general y atendiendo a las características de las estructuras de pequeño tamaño, se deduce que éstas estaban concebidas como simples refugios nocturnos o ante las inclemencias ambientales, de modo que la mayor parte de las actividades de la vida diaria se desarrollarían en el exterior.
 

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