Usted tiene javascript desactivado por lo que algunos elementos de la página puede que no funcionen correctamente.

Estás en:

Bienes de Interés Cultural



Zona Arqueológica de Rasca

Zona Arqueológica de Rasca

Isla: Tenerife

Municipio: Arona

Categoria: Zona Arqueológica

Declaración: Decreto 167/2000, de 24 de julio de 2000

La Zona Arqueológica de Rasca ocupa un amplio espacio geográfico en el extremo meridional de la isla de Tenerife. Se trata de un gran campo de lavas escoriáceas de naturaleza rugosa que se extienden hasta la costa, y un conjunto de volcanes y pequeños conos de escorias, entre los que destacan Montaña Gorda, Montaña Caraba y Montaña Pardela, todos ellos de composición basáltica. La planicie está rota por el gran aparato volcánico de Montaña Gorda, de pendientes acusadas y forma cónica, así como por el cráter de herradura de Montaña la Caraba y el edificio de menores dimensiones de Montaña Pardela. Sobre el malpaís se distinguen pequeños afloramientos y mogotes lávicos, así como túmulos y hornitos. Entre los vestigios materiales documentados sobresale la presencia de un número considerable de núcleos de cabañas y rediles de diversa entidad repartidos por todo el territorio, si bien son más frecuentes y poseen una mayor concentración y mejor estado de conservación en la franja costera. La mayoría de ellos responde a un modelo de hábitat de superficie, justificado por la ausencia de cuevas naturales adecuadas para la ocupación humana en la zona, definido como "cabañas" y apareciendo como solución adaptativa a una ocupación estacional del territorio y a la imposibilidad de adoptar otros modelos de asentamiento. Las características de estas cabañas son similares a las de otros conjuntos aborígenes de superficie de la isla, con plantas variadas, aunque predominando la tendencia circular-oval, y un único espacio habitacional, si bien hay conjuntos de diseños más complejos con paredes medianeras, recintos lobulares y plantas de tendencia rectangular. Los muros son de piedra seca con alzados irregulares que, en ocasiones, presentan un número escaso de hiladas que han mantenido la tipología y diseño primitivos. En algunos casos, los muros han sido desmantelados, apareciendo sobre el entorno inmediato las huellas del derrumbe. El acceso al interior corresponde a la interrupción de la estructura de los muros, sin que pueda observarse el uso de jambas o dinteles, entre otras cosas debido a la pérdida de las cubiertas. El repertorio ergológico que acompaña a estas construcciones está integrado por abundantes detritus alimenticios, particularmente restos de malacofauna llegando a configurar depósitos de cierta entidad o "concheros", así como restos de ictiofauna y fauna terrestre. Se aprecia, asimismo, abundante material cerámico elaborado a mano y a torno, así como material lítico, de naturaleza basáltica y obsidiánica. Estas estructuras tendrían una función habitacional, complementada con un uso como redil para el ganado, refugios temporales, paraderos pastoriles, o, incluso, con una posible función ritual, todo ello en concordancia con los conocimientos actuales sobre el pasado prehistórico de Tenerife y con el repertorio arqueológico observado en otras zonas de la isla. No obstante, el proceso de reutilización continuado de este espacio geográfico hasta fechas recientes supondría una permanente reconstrucción de algunas de las estructuras citadas, asociadas a usos históricos como el pastoreo, la explotación de recursos marinos, la actividad agrícola o la producción de sal y barilla. La explotación de recursos marinos se pone de manifiesto por la existencia de cuatro grandes acumulaciones de caparazones de moluscos marinos y restos malacológicos, conocidos como "concheros", que aparecen asociados a otras estructuras y construcciones. Se localizan en Punta de la Rasca, Punta de El Caballo, Faro de Rasca y al pie de Montaña La Caraba, si bien los restos malacológicos aparecen dispersos por amplias zonas del malpaís, especialmente en la franja litoral. Por último, en la cara interna del antiguo cráter de Montaña La Caraba, orientada hacia el oeste, aparece un yacimiento sepulcral conformado por varias oquedades naturales con restos de huesos humanos dispersos, algunos extendidos por la ladera de la montaña, así como material cerámico, lítico y malacológico. En relación con los usos tradicionales señalados, además de la reutilización ya expresada de los conjuntos de cabañas, rediles y concheros, aparecen otras construcciones que revelan la explotación continuada de este territorio. En la línea de costa y aprovechando los sustratos de arenisca aparecen distintas agrupaciones de "pozas y pocetas" artificiales, realizadas mediante el rebaje natural del sustrato más blando para conformar espacios de diseño rectangular o circular que, en ocasiones, van asociados a canales que las interconectan o desaguan. Su función ha sido atribuida a la explotación de recursos marinos, extracción de sal y elaboración de barrilla o gofio de vidrio. No obstante, no debe descartarse para ellas una posible filiación anterior. Se documentan cuatro grupos de pocetas, localizados en Punta de la Rasca, norte de Punta de El Caballo, al pie del Faro de Rasca y en la playa del Faro. Estos usos afectaron también a las formaciones naturales de las zonas de bajíos y charcos supralitorales, charcos primarios empleados como calentadores en la producción de sal, con lo que esta zona de costa cobra un valor patrimonial natural añadido. La actividad agrícola ha propiciado la pervivencia de numerosas estructuras asociadas, entre las que destacan, además de los antiguos bancales, la red de atarjeas, en cuya construcción se empleó materia prima del entorno; así como las diversas maretas naturales, algunas de las cuales cuentan con muros que facilitan la contención del agua. Por último, han de ser señaladas las edificaciones asociadas al antiguo Faro de Rasca, finalizado hacia 1898 ó 1899 y los restos de un horno de cal, situado en sus proximidades levantado para suministrar el material constructivo de los anteriores. La tipología del edificio del faro es de planta rectangular, realizada en mampostería y con adornos de sillería en las esquinas y una torre, que apenas rebasa la azotea. Toda la zona litoral se halla recorrida por un sendero, interrumpido a veces en cortos tramos, del que parten ramales que conectan las construcciones y bajío costeros. El espacio acoge la totalidad de los yacimientos arqueológicos existentes en el ámbito del Malpaís de Rasca, entendidos como vestigios materiales de actividades humanas pretéritas e incluyendo, por tanto, restos prehistóricos e históricos, así como aquellas estructuras que han experimentado un proceso de reutilización continuado desde épocas anteriores a la conquista. El límite mantiene una zona de protección en torno a los yacimientos y principales manifestaciones culturales documentadas en Rasca, a la vez que acoge un espacio geográfico que no ha sufrido una degradación demasiado intensa, de manera que las alteraciones antrópicas existentes han sido fruto de las actividades tradicionales desarrolladas en la zona y poseen un importante valor arqueológico, histórico, cultural, etnográfico y patrimonial, cuya protección y conservación se persigue con la declaración de Bien de Interés Cultural. El ámbito de protección se encuentra ubicado en el extremo más meridional de la isla de Tenerife, correspondiente al amplio espacio ocupado por las coladas de lava de la Serie IV emitidas por los diversos aparatos volcánicos de la zona: Montaña Gorda, Montaña La Caraba y Montaña Pardela. La superficie cuyos valores culturales pretenden protegerse con esta declaración de Bien de Interés Cultural coincide parcialmente con la Reserva Natural Especial del Malpaís de la Rasca, declarada por la Ley 12/1994, de Espacios Naturales de Canarias.