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Bienes de Interés Cultural



Iglesia de Nuestra Señora de La Concepción

Iglesia de Nuestra Señora de La Concepción

Isla: Tenerife

Municipio: Santa Cruz de Tenerife

Categoria: Monumento

Declaración: Decreto 2653/83, de 28 de julio de 1983

La Iglesia de la Concepción, ubicada en el ámbito urbano más antiguo de Santa Cruz, se configura como un templo de cinco naves, cuyas dimensiones actuales alcanza en la primera mitad del siglo XVIII tras sucesivas ampliaciones de su fábrica primitiva, cuya cronología se remonta al tránsito del siglo XV al XVI. La configuración definitiva de la iglesia es resultado de la construcción de las naves del Evangelio y de la Epístola en las décadas centrales del siglo XVII, separadas por columnas toscanas de fustes cilíndricos sobrepuestos por arcos de medio punto; así como de las respectivas laterales una centuria más tarde -en realidad constituyen capillas conectadas mediante arcos de medio punto-, finalizándose con la ampliación de la capilla mayor y la edificación de una nueva sacristía y de la capilla de Matías Rodríguez Carta, concluida en 1740. La actual capilla mayor es la tercera con que contó la iglesia, fruto de su ampliación en 1724 a partir de unas casas que existían por detrás de la parroquia, existiendo capillas adosadas a ella. En su techumbre intervino Bartolomé Álvarez Ferrer. Tiene mayor elevación que el resto del templo y su artesonado es de gran interés. El retablo, construido entre 1726 y 1731, fue dorado quince años más tarde. Su traza es de un solo cuerpo con tres calles y ático, aunque con mayor anchura y desarrollo en la central. Con cierta movilidad de planta, con una espléndida riqueza en su decoración, sus estípites están dotados de un primer capitel almohadillado sobre el que se colocó, sedente, un pequeño angelito. En su amplia hornacina principal se encuentra la imagen de la Patrona, obra del escultor orotavense Fernando Estévez. A los pies del templo se localizan las capillas del Ecce Horno o Señor de la Cañita y la de Ánimas. La primera fundada por el presbítero Mateo Fernández Vega, es un retablo con rinconada, siendo la de Ánimas similar en su traza. Las dos, al efectuarse la tribuna del coro, quedaron como sus apoyos laterales, unidas por un arco de cantería rebajado. El coro de la parroquia está en alto a los pies de la nave mayor. Se accede a él por el atrium o escalera de subida. Su tribuna ocupa los pies de las naves con su antepecho de balaustres. En la parte central se instaló el coro tallado por Guillermo Veraud. Las numerosas capillas del templo son representativas de la pujanza de su burguesía comercial ligada al tráfico indiano. Exponente de ella son las existentes en la nave lateral del lado del Evangelio, destacando la de San Francisco Javier, erigida por Bernardo Espinosa, con retablo de 1747 y con sacristía propia. Le sigue la de Santiago, en cuyo piso fue sepultado Antonio Gutiérrez, vencedor de Nelson. La tercera capilla fue levantada por el indiano Juan Rico de Moya en 1674 y dedicada a San Cayetano. Al quedar sin patrono fue dedicada a su propio santo por la cofradía de San José. A su lado se encuentra la capilla bautismal, con una vidriera del siglo XX colocada por Francisco Herraiz Malo. La pila bautismal, como las del agua bendita, es de mármol y de procedencia genovesa. Todas ellas fueron donadas en 1696-97 por Pascual Ferrera, el más significativo mercader indiano santacrucero de la segunda mitad del siglo XVII. En la nave lateral de la Epístola, la primera capilla está dedicada a la Virgen del Carmen. El retablo actual fue financiado por los hermanos Ignacio y Rodrigo Logman, enterrados en ella. El retablo (1724) es el primero fechado de Canarias en que hace su aparición el estípite en el primer cuerpo o cuerpo principal, coexistiendo con la columna salomónica. Completan ese lado la capilla de San Antonio de Padua, adquirida por el indiano Bartolomé Sánchez Carta, y hoy conocida por el nombre de Capilla del Rosario; la de San Juan Nepomuceno y la de San Pedro Papa. En esta última destaca la escultura de San Pedro Penitente relacionada con el círculo murciano de Salzillo. La capilla de Matías Rodríguez Carta se localiza en el tránsito hacia la sacristía mayor, al lado de la Epístola. De planta cuadrada y techo de madera de estilo barroco con linterna en lo alto, fue concluida en 1740. El retablo es obra de Guillermo Veraud y tallado en ricas maderas de cedro y barbuzano. Su traza es de un solo cuerpo con tres calles con columnas salomónicas que actúan como caras de una sección prismática abierta. Al situarse su escultura central a más alto nivel que las laterales se consigue un movimiento ascendente más efectista. Las calles coinciden con el octógono sobre el que se levanta como cubierta de la capilla una hermosa bóveda con trompas. Sus tres esculturas, San Matías, San Andrés y San Carlos Borromeo fueron importadas de Génova en 1737. Conjuntadas con un retablo, que por sus compases y movimientos se aproxima al rococó, armonizan con el dinamismo del conjunto. Por su técnica minuciosa y perfeccionista es una de las obras cumbres del barroco canario, hablándose de ella como una plegaria tallada en los ángeles, curvas y follajes que se contemplan a la luz cenital que se recibe de la bóveda octogonal. Su cupulín es muy similar al de los camarines mexicanos. La luz procedente de su linterna produce el efecto de una estructura telescópica que va reduciéndose hacia arriba. Se convierte de esa forma, aunque es tardío por la fecha de su realización, en el primer ensayo barroco canario que utiliza la luz como elemento arquitectónico. El exterior del templo es bastante sencillo, destacando por la escasez de vanos y los diferentes tipos de cubiertas de teja árabe, que cubren los módulos que integran el templo: a dos aguas en las naves y cuatro aguas en la capilla mayor y el cuerpo del atrio de la fachada principal. Pero será el atrium que preside la fachada, con su balcón de grandes proporciones y arcos de cantería rebajados -ejecutado en la segunda mitad del siglo XVIII- el que dé al imafronte de la parroquia uno de sus rasgos más característicos y singulares en el contexto de la arquitectura tradicional canaria. La torre-campanario, adosada al templo, está compuesta por cuatro módulos prismáticos, abiertos por varios huecos, constituyendo el módulo inferior un pórtico que da acceso al interior de la iglesia. La remata un tambor de planta octogonal y dos niveles, el segundo de los cuales es abierto por arcos de medio punto. Adosado al templo, la casa parroquial es una construcción de los primeros años del XX, mientras que la plaza de la iglesia no es propiamente tal, recibiendo por ello el nombre de "calle grande", para recalcar su anchura. En ella residieron algunas de las principales familias de la burguesía comercial, conservándose como vestigio de esas mansiones la de Matías Rodríguez Carta, incluida en la delimitación.
 

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