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Domingo-Luis Hernández, profesor de literatura española de la Universidad de La Laguna y coordinador de este congreso, analizó el papel que jugó la literatura en Gaceta de arte, dirigida por un Eduardo Westerdahl plenamente identificado con “la decisión, el arrojo, la valentía, la rebeldía, la claridad y la contundencia de su amigo y organizador del temario de literatura en la revista, Domingo Pérez Minik”. En los sucesivos números de Gaceta de arte el dúo se afana en probar “que están a la última (la “novelería” de que habló Domingo Pérez Minik, el signo de la frontera cultural), que saben lo que ocurre en el otro lugar y que están capacitados para decidir y oponerse a lo que deciden y se oponen aquí”. Todo eso les procura varias estrategias para “estar fuera del lugar y tener brazos que llegan a los centros donde la modernidad bulle”, mientras en su lugar de origen “son una fuerza con criterio y solvencia cuando eligen y cuando rechazan”. Hernández sostuvo que fue en el aspecto literario de la publicación donde se dieron “sus aciertos más absolutos”, aunque también los errores y excepciones a su proyecto. Entre estos, apuntó a la inclusión de un poema, en inglés, de Gertrude Stein —“un esnobismo”, dijo—, el abrir las puertas a textos “simplemente malos”, que “se daban de bruces con el espíritu de la revista”, como algunos de José María Luelmo, Julio Antonio de la Rosa o Carmen Conde. Por otro lado y por el contrario, en Gaceta de arte estuvieron presentes, “con constancia y regularidad —un emblema—, otros textos, significativos y acordes con su espíritu”, inevitablemente relacionados con los dos grandes nombres, Domingo Pérez Torres y Pedro García Cabrera, “ambos en directa relación con el surrealismo parisino”. La introducción de los poemas de Hans Arp, “uno de los momentos más sutiles de la revista”, se debieron “al tino, al compromiso dadaísta-surrealista y a la espléndida información de Domingo López Torres”. También abordó asuntos relativos a la importancia histórica de la revista de Westerdahl Jorge Aguiar, tercer ponente de la jornada, quien dijo que Gaceta de arte situó a la isla de Tenerife en un nuevo mapa, “el de los países con una misma preocupación espiritual”, algo que quedaba expuesto cuando en el número de su tercer aniversario, López Torres, en el artículo “André Breton y Tenerife” trataba las alusiones a la isla que el autor francés se reservaba en su poemario L'air de l’eau. Aguiar, cuya tesis doctoral estudia las ideas sobre el paisaje vertidas en la revista, sostuvo que ese nuevo mapa que proponía López Torres era, a la vez, una inscripción en un nuevo mundo, “el mundo como cultura”, y que fue sobre esa nueva y “original ordenación simbólica del universo” que se gestó el proyecto de Gaceta de arte. El mundo de entreguerras, “condicionado por los acontecimientos del momento”, había obligado a revisar la cosmovisión anterior y “la relación que el hombre establecía como individuo y como colectividad”. La naturaleza insular, según expuso, apareció bajo el prisma de la interpretación surreal, propiciadas, “en gran medida, por la acción de Gaceta de arte”. Antes de que en 1935 la delegación encabezada por André Breton pisara el suelo de la isla, “el pintor Óscar Domínguez ya había contribuido desde París, aportando al imaginario de sus correligionarios las estampas de sus playas de arena negra, de su flora exótica (“El Drago”), de sus volcanes (“Las mariposas perdidas en la montaña”), del pueblo primitivo (“Cueva de guanches”), lo que generaba en ellos el sueño de la isla, la invitación al viaje que motivó en Breton la obra L’air de l’eau”. La tercera ponente de esta quinta jornada del congreso Surrealismo Siglo 21, Lourdes Terrón Barbosa, basó su intervención en el detalle de los motivos que dieron origen al grupo belga Rupture, con el poeta Achille Chavée a la cabeza, quien obtuvo en la lectura de Breton la correspondencia estética con las ideas políticas que pregonaba. Activista del nacionalismo valón, el surrealismo fue para él “una verdadera revelación”, que ligaba al aspecto social e insurreccional de las huelgas y las protestas que por entonces encabezaba. “Chavée, si bien tenía los ojos puestos en París, vivió el surrealismo desde su provincia”, y reafirmó su credo de “poeta apasionado de la poesía”, por fuera de los estrechos límites que podían implicar la definición de una región “o de un movimiento literario”, dijo Terrón. La corta duración del grupo Rupture, unos cinco años, estuvo signada por los avatares políticos y por la conversión de Chavée al estalinismo, en 1937. Sus enfrentamientos con el grupo surrealista de Bruselas, que juzgaba intolerable su presencia en el contexto del movimiento y del colectivo de artistas de Hainaut, al que le llegaría su disolución junto con el estallido de la Segunda Guerra, lo que marcó también que Chavée no volviera a emprender ninguna actividad surrealista hasta después de la guerra, ya en 1947. (*) NOTAS: — Las sesiones del congreso se desarrollan en horario de tarde, por lo que esta comunicación tiene carácter de embargada hasta el término de la jornada Se enviarán fotos de los tres ponentes de hoy, a la hora de sus intervenciones. Para más información y/o solicitud de entrevistas: Bernardo Sagastume (Gabinete de Prensa), 661 733 012 (**) Lourdes Terrón Barbosa, cuya ponencia se esperaba para el próximo martes, 27, participó hoy, viernes, para reemplazar a Iris Zavala y a Amalia Rodríguez, que no pudieron viajar desde Barcelona. |
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