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Sarane Alexandrian, a cargo de la Apertura del congreso Surrealismo Siglo
21, deseó que “las visiones que el surrealismo aportó
sobre el erotismo hayan servido para probar que la defensa de las libertades
privadas es igual de importante que la de las libertades públicas”
- Isabel Castells analizó el poema narrativo de Óscar Domínguez
Los dos que se cruzan, escrito cuando la influencia bretoniana ya se había
desvanecido y el lagunero “había sustituido al grupo parisino
por la influencia de Pablo Picasso”
La jornada de apertura del congreso Surrealismo Siglo 21,
que organiza el Gobierno de Canarias, a través de la Viceconsejería
de Cultura, y la Universidad de La Laguna, estuvo protagonizada por
las exposiciones de Cyril Brian Morris (C.B. Morris), que habló
sobre la inscripción de los artistas canarios en el movimiento;
Isabel Castells, que analizó el poema narrativo de Óscar
Domínguez Los dos que se cruzan,; y Sarane Alexandrian, quien
rescató la tarea de los artistas como Breton, Desnos y Duchamp
en favor del erotismo como actitud vital y ejercicio de la libertad
individual.
Alexandrian tituló su ponencia “El erotismo en el surrealismo”
(“L' Érotisme dans le surréalisme”) y puntualizó
que el amor glorificado por el surrealismo “tiene su origen
en el amor físico —con sus actos de posesión,
su multiplicidad de placeres, sus desviaciones y dificultades—,
más que en el sentimental e idealista, que no tiene en cuenta
la realidad de los cuerpos”.
El ensayista, novelista y crítico de arte francés recordó
el impacto que su viaje a las Islas tuvo en la obra de André
Breton, que tras visitar La Orotava, donde sintió que había
asisitido “a una visión del paraíso en la Tierra”,
dijo: “No dejaré nunca de adorar el amor carnal, su sombra
venenosa, su sombra mortal”.
El surrealismo ubica al erotismo en primer plano y lo vuelve “un
principio fundamental de su nueva moral de la libertad” y mostrará
que no es igual al amor ni a la sexualidad, sino “al punto en
común que los une, el que vuelve necesario uno de otro”,
según Alexandrian, que recordó a Robert Desnos, un poeta
que se valía de la “obscenidad, definida como todo aquello
que contradijera las costumbres y prejuicios acerca del amor y el
pudor”. Asimismo, señaló a Marcel Duchamp como
inaugurador de un principio “que será una constante en
el surrealismo, el de la libertad total de la mujer, que se revela
contra los prejuicios en su contra”.
El intelectual francés, para quien hablar hoy de este movimiento
“es hablar de una realidad aún viva”, terminó
su exposición con el deseo de que “las visiones que el
surrealismo aportó sobre el erotismo hayan servido para probar
que la defensa de las libertades privadas es igual de importante que
la de las libertades públicas”.
En la jornada inaugural, celebrada esta tarde en el Aulario de Guajara
de la Universidad de La Laguna —como todo el congreso, con excepción
del sábado y domingo próximos—, CB Morris se centró
en la manera en que los autores canarios se inscribieron en la urdimbre
del surrealismo con voz propia, y hasta hablaron de “sobrerrealidad”
y “superrealidad” antes de acuñar la palabra definitiva
que bautizó la obra de estos creadores.
“Los escritores canarios extendieron las fronteras del surrealismo
y enriquecieron no sólo al movimiento sino también a
la historia cultural de las Islas Canarias”, según Morris,
para quien en las Islas hubo escritores que “admiraban y absorbían
el ejemplo visual, textual y doctrinal” como devotos “y
no como acólitos”, como innovadores “y no como
imitadores”.
La obra de los isleños es fruto de “no abdicar de su
propia voz”, sostuvo este especialista estadounidense en vanguardias
y literatura española, “prueba tanto de su originalidad
como de homenaje a los autores y artistas que la fecundaron”.
Con su contribución, “se extendieron las fronteras del
movimiento”, algo que enriqueció también “la
propia historia cultural de las Islas Canarias”. Los escritores
que constituían el grupo de Gaceta de Arte “contribuyeron
al auge internacional del movimiento, creando un eje que conectaba
París, Praga y Santa Cruz de Tenerife”, concluyó.
La tercera de las ponencias fue la expuesta por Isabel Castells, que
trató a Óscar Domínguez como poeta, en su intervención
“Los dos que se cruzan. Óscar Domínguez y la escritura”,
en la que tomó el título de la obra en que “el
Drago de Canarias” se asomó a la aventura de escribir.
Domínguez como “ligazón, alianza y espiritual
simbiosis”, un puente que “situó a Canarias dentro
del mapa surrealista”, algo así como el “embajador
del surrealismo” en un Archipiélago que “ya mostraba
una especial sensibilidad hacia el movimiento presidido por Breton”,
según Castells.
El pintor canario escribió “Los dos que se cruzan”,
un poema narrativo, cuando la influencia bretoniana ya se había
desvanecido y el lagunero “había sustituido al grupo
parisino por la influencia de Pablo Picasso”. A pesar de ello,
Castells sostuvo que el texto puede inscribirse aún entre los
de signo surrealista, ya que “está presidido por el espíritu
subversivo y los principios que caracterizaron a un movimiento que
aún no había abandonado, al menos en la práctica
creativa, de un modo radical”.
Domínguez, sostuvo Castells, eligió el título
como consecuencia de ser parte de un motivo recurrente en su pintura:
“El de los dos personajes que se cruzan, simbolizando la contradicción
permanente de su personalidad (alegría-melancolía, ternura-agresividad)
y se encuentra, por ejemplo, en cuadros como “Deseo de verano”
y “El domingo ”.
Castells, que basó su conferencia en un análisis del
poema en clave surrealista y prefirió mantener al margen la
posible conexión del texto con la propia vida de Domínguez,
encuentra a “Los dos que se cruzan” como una obra “aparentemente
caótica e inconexo”, pero que por debajo subyace “una
estructura bastante reconocible, aunque está muy lejos de adecuarse
a las convenciones de un relato tradicional”.
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