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Pedro Lezcano: poeta, impresor, pintor, ajedrecista, submarinista, micólogo o político. Destacó en todas estas vertientes con magisterio. Sin embargo, Pedro Lezcano tuvo un único destino, la poesía.. Ese destino supuso que renunciara a ser un “modelo” para sus hijos, a quienes dejó a cambio “[...] la herencia de mi frente, / un arca llena de interrogaciones” y se dedicara a cultivar poemas como rosas.

En sus últimos años con el grupo Mestisay fue musicada parte de su obra y fue a Cuba, a Argentina y otros lugares de América Latina. Él es uno de los poetas fundamentales del siglo XX en Canarias, su voz fue cívica, su voz fue política, su voz fue estética.

Sus versos todavía  siguen vigentes Su identificación con la naturaleza, su vena polifacética y creativa, su sintonía con la calle,  su noción de practicar una literatura arraigada y a la vez comprometida con su tiempo.

Nació en Madrid, pero desde los nueve años residió en Las Palmas de Gran Canaria. Estudio en el instituto Pérez Galdós y más tarde Filosofía y Letras en Madrid y La Laguna.

A pesar de la dispersión de su obra, su itinerario creativo desde los 40 hasta finales del siglo XX muestra la hondura de pensamiento y el compromiso social que influyó en poetas posteriores. La vertiente social, unida a su permanente compromiso político con Canarias, implica la publicación de composiciones populares, ejemplo de una voluntad arraigada a la identidad cultural canaria.

Poeta mayor, de la periferia, que no periférico. Un hombre que quiso ser sencillo y cuya poesía surge de manera natural. Pedro Lezcano defendía la idea de que la poesía había nacido para comunicar más allá de lo que podía aportar la forma.

El poeta se hace popular para que sus lectores comprendan, a través de la forma, las palabras que podrían cambiar el mundo, porque el mundo lo cambiamos todos a partir del canto común, de la identificación con los sueños de quienes cantan.

Escribe Antonio Becerra que “Las formas poéticas populares se prestan a ser cantadas y nos cuentan algo; nos ofrecen la posibilidad de mirar hacia lo que ocurre en el momento que se canta, como sucede, por ejemplo, con el romance (“Azul”, “Romance de la pena alegre”, “Romance de la paz condenada”, “Romance del Corredera”, “Al grupo Mestisay”), las seguidillas (“Seguidillas de domingo provincia no”) o las endechas (“Endecha de las dos islas”).

Las formas cultas, por su parte, parecen más destinadas a la reflexión de tipo moral o existencial y filosófico; nos enseñan algo, como sucede, por ejemplo, con los sonetos “Tus labios”, “Playa”, “A Ricardo Lezcano”. Lezcano hará uso de la silva (“El escultor de barro”, “Carta al extranjero”) y otras formas estróficas, además del verso libre”.”

Muchos de los poemas de Lezcano están hechos para ser recitados, como pasa con su “Consejo de paz” o “La maleta”, del que el propio poeta afirmaba:

[...] más que un poema, yo diría que “La maleta” es una especie de monólogo teatral que fue pensado para levantar al público de su butaca. Está hecho con un premeditado aire teatral, de manera que yo no lo estimo desde el punto de vista lingüístico. Me admira, más bien, el efecto que causa a millares de personas, el entusiasmo que provoca (Sánchez y Macho, 1984: 16).

La obra poética de Lezcano es producto de sus circunstancias históricas; refleja la necesidad de pronunciarse sobre los males que aquejaron, y aquejan, al ser humano en el convulso siglo XX y los inicios del siglo XXI.

El poeta vivió una guerra civil cuyas consecuencias marcaron la vida de todo un país y que condenó al exilio a muchas de sus voces; una dictadura, la de Franco, que amordazó a un pueblo y lo sumió en el silencio; una guerra mundial que mostró lo peor de la humanidad y el fracaso de la razón como vía de progreso; la polarización del mundo en dos bloques, la internacionalización de las guerras (Vietnam, Camboya...) y el poder de la industria armamentística; las utopías revolucionarias americanas; el fin de la dictadura y el inicio de la democracia; la posible militarización de las Islas, donde echó sus raíces, con la adhesión a la OTAN y la esperanza de una paz por la que luchó durante toda su vida.

Todas estas circunstancias están presentes en su poesía, que pasó del yo angustiado de sus primeros libros a un nosotros en el que incluyó a las gentes que quería y a los desheredados de la fortuna.

No obstante, considerar únicamente la poesía de Lezcano como una poesía de denuncia sería hacerle un flaco favor. La trayectoria del poeta es un proceso de maduración de la palabra; se trata del aprendizaje del oficio del poeta: primero se perfecciona formalmente; después al reflejar la angustia ante lo que acontece a su alrededor, su poesía se va desnudando y se convierte en una “poesía necesaria”. “Poesía necesaria” o “poesía herramienta” son los epítetos que Gabriel Celaya usó para definir la poesía social en “La poesía es un arma cargada de futuro” (1955). Así la obra de Lezcano se convierte en la expresión de quien tiene los pies en la tierra

La poesía, y así lo creía Lezcano, debía servir para cambiar el mundo o, al menos, para señalar qué había que cambiar. Mientras hubiera esclavitud, mentira y muerte, la poesía no podría ser neutral, afirmaba. Hay una expresión de Lezcano que define muy a las claras su anhelo: “Siento Comprometida la Poesía, en espera de la Poesía Prometida”

Comenta Antonio Becerra que,  “La maleta” fue un himno de Canarias del mismo modo que mucho antes lo había sido Canarias, el poema de Nicolás Estévanez. Como Estévanez, Lezcano hace un recorrido por la historia (contemporánea) de las Islas, marcada por la emigración y la pobreza, y señala el proceso de aculturación que se produce con la llegada del turismo de masas en la segunda mitad del siglo XX. Si en Canarias, Estévanez identifica la patria con un intangible (“mi patria es de un almendro / la dulce, fresca, inolvidable sombra”); Lezcano propone despojarse de la maleta, que simboliza la miseria, la sumisión, la conformidad como única manera de echar raíces.

Pedro Lezcano es el gran poeta de la sencillez, en la misma línea del caboverdiano Jorge Barbosa o el mexicano Jaime Sabines. Su habla es en apariencia simple, sonora, hecha para ser escuchada. Su mensaje es profundamente humano. Es muy probable que Pedro Lezcano se imaginara un mundo en el que muchos de sus poemas fueran leí dos solo como un vestigio de un pasado extinto, en el que era preciso luchar con versos para vivir y morir en paz.

 

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