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Agenda cultural

Diciembre 2017
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Hay personas que forman parte indisociable de un paisaje y de un paisanaje, de una ciudad o de una isla. Eso sucede con Arturo Maccanti (1934-2014), uno de los mayores poetas que han dado estas Islas tan prolíficas en el ámbito de la poesía, y que recientemente nos abandonó. Su nombre evoca La Laguna o, mejor dicho, Guerea, su Guerea, el espacio de una experiencia poética compartida, y recibida siempre con alegría, por sus lectores, entre los que se encontraban quienes, como él, hicieron de la poesía su vida.
La Laguna, en la poesía de Arturo Maccanti, acabó convertida en espacio literario, de igual manera que otros convirtieron ciudades, como el Madrid de Galdós o Las Palmas de Gran Canaria de Tomás
Morales. También las islas fueron escritas por nuestros poetas, como le sucedió a Lanzarote de Agustín Espinosa, Fuerteventura del «canario» Miguel de Unamuno, Tenerife de Pedro García Cabrera, La Palma de Juan Bautista Poggio Monteverde) o La Gomera de Félix Casanova de Ayala, por citar algunos ejemplos conocidos. Esta biblioteca improvisada podría, qué duda cabe, ampliarse con otros muchos nombres que forman parte de nuestra literatura.
La elección de Arturo Maccanti como figura del Día de las Letras Canarias, como hace más de una década como Premio Canarias de Literatura, viene a subrayar la importancia que tiene la poesía como elemento configurador de los espacios que habitamos. Sin la poesía los lugares pueden desaparecer, porque carecen de alma. Por eso las Islas necesitan de poetas y, afortunadamente, los han tenido. Canarias se reconoce en la obra de Maccanti como en la de tantos otros que han dado forma a nuestra memoria. Conmemorar su obra es tomar conciencia de nuestro papel en el mundo.

Inés Nieves Rojas de León
Consejera de Cultura, Deportes, Políticas Sociales y Vivienda
Gobierno de Canarias


Decir algo de Arturo Maccanti, de manera distanciada, me resulta casi imposible pues con él compartí, con el hombre y con el poeta, inolvidables experiencias, todas relacionadas, directa o indirectamente, con los nobles y bellos ejercicios de la amistad y la palabra creadora. Fue en el Ateneo lagunero, lugar entrañable donde, afortunadamente, se siguen amparando en libertad las prácticas de la creación artística y del pensamiento.
El reconocimiento de su figura literaria le vino muy pronto, unánimemente, y cada libro fue haciéndolo merecedor de un lugar privilegiado dentro de la literatura canaria, que no se entiende sin él. La condición de poeta clásico de Arturo Maccanti, que desde los inicios de su escritura le otorgaron poetas como Manuel González Sosa o Carlos Pinto Grote, con quienes tanto compartió, nos indica que sus textos eran los mejores para mirar la realidad desde una sensibilidad que es genuina. Acudimos a los poemas de Maccanti como quien acude a aquellos poemas de los grandes poetas, como quien visita a sus seres queridos y con ellos recuerda tantas cosas. Arturo Maccanti nos muestra las posibilidades que tiene la literatura de mirar sencillamente la vida, con algo de tristeza, es cierto, como quien mira hacia atrás el camino recorrido. La lección de Maccanti es la lección de la vida en la isla. Los rumores de las olas que golpean la orilla, el paisaje sobrecogedor, las ciudades que, en ocasiones, parecen dormitar (como su Guerea) y encuentran siempre a alguien que permanece despierto, atento a la respiración y al tiempo de la isla.
Los poetas que, como Arturo Maccanti, nos hacen vibrar son los que necesitamos. Leer a Maccanti es leer a todos los clásicos que, junto a él, dan cuenta de esta realidad y de nuestros sueños y anhelos.

Aurelio González González
Director General de Cooperación y Patrimonio Cultural
Gobierno de Canarias

 

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