Gestión de residuos

Toda gestión de residuos se debe de inspirar en unos principios básicos, que son la prevención (minimizando su producción y su peligrosidad), la preparación para la reutilización, el reciclado, otros tipos de valorización y como último recurso, la eliminación, y siempre sin perder de vista el principio legal de que “quien contamina, paga”.

La correcta separación en origen hace más eficiente su posterior gestión maximizando los porcentajes de valorización. Según las categorías de los diferentes tipos de residuos, éstos deberán ser tratados de forma diferenciada.

La gestión de residuos se efectuará a través de unos operadores que previamente han debido de comunicar o solicitar autorización para realizar dicha función.

Uno de los objetivos de la Ley 22/2011 es la simplificación en sus cargas administrativas de los requisitos legales que afectan a la producción y gestión de los residuos, enmarcado todo ello en un proceso de sustitución de la supervisión previa de la administración, por un control a posteriori, de tal manera que no se ralentice el inicio de las actividades económicas. Esta forma de proceder no debe de suponer una pérdida de control por parte de la administración, sino un cambio en el momento en el que éste se lleva a cabo.