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Revista de Medio Ambiente
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Guillermo Delgado Castro*
Jose Julián Naranjo**
*Museo de la Naturaleza y el Hombre. Organismo Autónomo de Museos y Centros.
**Centro de Planificación Ambiental de La Laguna. Tenerife.
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Medio Ambiente Canarias
Consejería de Política Territorial y Medio Ambiente
GOBIERNO DE CANARIAS
Año 2001
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Conservación de aves esteparias de Gran Canaria y Tenerife
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Los llanos semidesérticos de Canarias representan uno de los ecosistemas más singulares del Archipiélago y albergan una de las comunidades faunísticas mas interesantes de las islas: las aves esteparias.
Al igual que en otras muchas zonas geográficas, este medio tan peculiar ha experimentado un incesante proceso de transformación y reducción como consecuencia directa de las actividades humanas, entre las que destacan las grandes infraestructuras, la implantación de nuevas áreas agrícolas, etc., que han tenido como primer efecto arrastrar una parte importante de la ornitofauna hasta una situación casi crítica (1,2). En el caso concreto de Canarias, los principales factores han sido el desorbitado crecimiento de núcleos turísticos e infraestructuras asociadas (autopistas, campos de golf, etc) y una continua demanda de suelo para nuevas zonas industriales y urbanas.
Hasta la fecha, la avifauna esteparia de Canarias ha sido objeto de diversos estudios, muchos de los cuales han cristalizado en publicaciones científicas, tanto concernientes a status poblacionales y etología, como a caracterización y requerimientos de hábitat (3,4,5), como otras de corte mas divulgativo (6,7).
Especies como la hubara (Chlamydotis undulata) han acaparado buena parte de estos trabajos, de sobra justificados por su indudable interés biogeográfico y conservacionista, además de tratarse de una subespecie endémica canaria restringida actualmente a Fuerteventura, Lanzarote y La Graciosa, con una población estimada cercana a 600 ejemplares (7,8). También han aparecido trabajos recientes de índole más general sobre otras aves esteparias como el alcaraván (Burhinus oedicnemus), el corredor (Cursorius cursor), la terrera marismeña (Calandrella rufescens) o la ganga ortega (Pterocles orientalis), que han venido a confirmar la reducción generalizada que han sufrido especies con respecto a épocas anteriores (9,10), aspecto conocido gracias a la existencia de publicaciones previas.
Consciente de este problema, y de la notoria falta de información actualizada sobre estas especies en ciertas islas, la Viceconsejería de Medio Ambiente del Gobierno de Canarias contrató la realización de un estudio sobre la conservación de aves esteparias en Gran Canaria y Tenerife, que fue llevado a cabo durante 1998 y 1999 (11). Entre sus objetivos prioritarios se encontraba el estado de las poblaciones del alcaraván, el corredor, la terrera marismeña y el camachuelo trompetero (Rhodopechys githaginea). La elección de este marco de trabajo tan concreto estaba más que justificada ya que confluían varias circunstancias. Por una parte, el profundo grado de desconocimiento sobre el status y distribución actuales de esas aves y, en consecuencia, la importancia de Gran Canaria y Tenerife en el contexto global del Archipiélago, ya que todas las especies mencionadas habitan también en otras islas. Por otra parte, es en Gran Canaria y Tenerife donde se concentra el 85,8% de los habitantes de las islas y, por tanto, donde se preven, al margen de las ya existentes, futuras grandes obras de diversa índole con una incesante demanda de suelo, lo que genera un conflicto permanente para la supervivencia de muchos seres vivos, especialmente las aves.
Pero este estudio era, a la vez, necesario e innovador por otros motivos. Se planteó abordar no sólo aspectos biológicos, sino un contraste simultáneo con las distintas figuras de planeamiento territorial vigentes. En otras palabras, prever a corto y medio plazo la posible dinámica poblacional de esas aves en función de la previsible transformación del suelo sobre el que viven, un enfoque totalmente nuevo y de suma importancia para una futura gestión acorde con las necesidades reales.
El trabajo de campo tuvo como primer objetivo conocer con la mayor precisión posible la distribución real de las aves. Para ello, se delimitaron unidades de muestreo de 2,5x2,5 kilómetros, tomando como sistema de referencia el de coordenadas UTM, que englobaran las áreas seleccionadas "a priori" como potencialmente más importantes para las aves. Todas las observaciones fueron georeferenciadas con precisión de 100 metros siguiendo la metodología empleada en los atlas ornitogeográficos. Gracias a este sistema, se confeccionaron las bases de datos con todos los contactos, a la vez que se pudieron elaborar mapas de distribución 1x1 kilómetros, como primer paso para delimitar con mayor exactitud las zonas más importantes.
A partir de estos datos, se estudiaron las características físicas (orografía, altitud, etc.) y biológicas (vegetación, usos y aprovechamientos, etc.) de los terrenos adyacentes a los puntos de observación con el objeto de delimitar las unidades de hábitat potencial de dichas especies. Estas unidades se caracterizan por ser homogéneas y por tanto pueden, en teoría albergar poblaciones de las especies estudiadas. En total, se delimitaron 33 grandes áreas, de las cuales 18 corresponden a Gran Canaria, y las 15 restantes a Tenerife, tal y como se recoge en los mapas 1 y 2. La superficie total abarcada por estas unidades fue de 45.141 hectáreas, de las cuales 71,8% corresponde a Gran Canaria, lo que le confiere a esta isla la mayor importancia, tanto desde el punto de vista del hábitat disponible como de la abundancia de las diferentes especies.
En definitiva, se puede concluir que el hábitat de las aves esteparias sólo representa el 20,8% de la superficie total de Gran Canaria y un 6,2% de la de Tenerife.
La realización de este trabajo ha permitido constatar la situación tan dispar por la que atraviesan las poblaciones de aves en las islas. También se ha podido comprobar que no todas las especies se reparten de manera uniforme en las distintas unidades consideradas (ver tablas I y II), apareciendo zonas más importantes desde el punto de vista numérico para unas u otras especies.
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Corredor (Cursorius cursor)
G. Delgado
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Mapa 1. Áreas de distribución potencial para aves esteparias en Gran Canaria
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Mapa 2. Áreas de distribución potencial para aves esteparias en Tenerife
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Situación actual en Gran Canaria
Gran Canaria ha demostrado ser todavía de gran importancia para la supervivencia del alcaraván, la terrera marismeña y el camachuelo trompetero, albergando el 87% de todas las aves detectadas en el presente estudio (mapa 3).
El corredor (Cursorius cursor), a pesar de haberse observado, parece ser un visitante regular en bajo número que ya no nidifica, seguramente debido al intenso grado de transformación de su hábitat natural, incompatible con sus estrictos requerimientos ecológicos. Los escasos datos recopilados se limitan a un grupo de nueve aves detectadas a principios de mayo de 1999 en Juncalillo del Sur, y otro de 5 ejemplares a finales de ese mismo mes en una zona muy cercana. Las últimas referencias documentadas se remontan a 1987 (12).
El alcaraván (Burhinus oedicnemus distinctus) es todavía una especie abundante y de amplia distribución en Gran Canaria, extendiéndose sobre una considerable franja del Norte y Este de la isla, desde los llanos costeros de Agaete y Sardina, hasta Juncalillo del Sur. Únicamente estuvo ausente en las Lomadas de La Garita, Teheral y, lógicamente, en los barrancos de Tasarte, Tasartico y Veneguera donde el hábitat no es el adecuado (ver tabla I). Aparece desde casi el nivel del mar (cota 20) hasta los 800 metros, en las cercanías de Pico Viento, con una mayor concentración de individuos por debajo de la cota 400. Aunque se reparten de manera bastante laxa, más de la mitad de las aves se concentran en tres grandes áreas, como son los Llanos de Viento-Las Moriscas en el Noroeste, plataformas costeras de La Goleta-Arinaga, así como en las laderas de La Pasadilla-El Goro. No obstante, también existen concentraciones puntuales en Llano Alegre y Pagador-San Andrés hasta Los Giles, así como en Lomo Cabezo (Telde) por el Oeste y Lomo de Silva por el Este, que se mantienen hasta el norte de Ingenio, conformando una de las mejores áreas de alcaravanes de toda la isla. Igual de relevantes son los lomos cercanos a Los Arenales, Cuatro Puertas y Ojos de Garza, así como en las inmediaciones de Agüimes, Aldea Blanca y Juan Grande. Sus efectivos actuales en Gran Canaria podrían estimarse en un mínimo de 250 parejas, cantidad de suma importancia si tenemos en cuenta que es actualmente la población más importante de esta subespecie endémica canaria, muy escasa y amenazada en las restantes islas donde también habita. Los cálculos más recientes sobre la situación de esta especie en Gran Canaria se remontan a 1993, y señalan la posible existencia de 50-70 parejas, en una franja muy fragmentada entre Las Palmas de Gran Canaria y Agaete (13), opinión concordante con la de otros autores, que señalan también su presencia en el sur de la isla (14,15).
La terrera marismeña (Calandrella rufescens) también mantiene en Gran Canaria buenos efectivos, aunque su patrón de distribución es algo diferente ya que ha demostrado ser la especie más restringida (sólo apareció en la mitad de las unidades) y claramente relegada a unas pocas áreas disyuntas. Los distintos registros obtenidos demuestran su preferencia casi total por los llanos de cotas inferiores a los 200 metros de los sectores centrooriental y sur de la isla, con una disminución progresiva hasta los 550 metros, y un pequeño número que aparece a partir de los 700 metros. En el Noroeste sólo se encuentran en los llanos Viento-Las Moriscas, y laderas del Espacio Protegido de Amagro, donde sus efectivos poblacionales son muy reducidos. No obstante, su interés radica en que se trata de un enclave aislado con respecto a las restantes poblaciones conocidas en la mitad oriental de la isla. Así, las terreras más cercanas se localizan en el Morro de Los Giles, a casi 18 kilómetros de distancia, pero en muy bajo número y separadas, a su vez, de los núcleos meridionales, el más cercano de los cuales aparece en Melenara y las laderas de La Pasadilla-El Goro. El elevado grado de transformación que soportan las planicies de Ingenio, y que incluyen el aumento de invernaderos y núcleos urbanos, parecen ser los responsables de la ausencia casi total de terreras en este municipio. Más al Sur, destacan La Goleta-Arinaga, aunque también se encontraron en Vecindario y Arguineguín-Maspalomas. Pero, sin lugar a dudas, las planicies que se extienden desde Aldea Blanca hasta el Espacio Protegido de Juncalillo del Sur (unidad número 3) se han consolidado como el sector más importante para la supervivencia de las terreras de toda la isla. Un 37% de todas las terreras contabilizadas para la isla se concentraron en esta amplia unidad, dominada por llanuras en las que aparecen comunidades de tipo ruderal-nitrófilo. Por autores anteriores sabemos que estas aves fueron más numerosas en los grandes llanos que se encuentran entre Telde y Arguineguín (16).
La situación actual del camachuelo trompetero (Rhodopechys githaginea) en Gran Canaria ha sido quizás uno de los resultados más sorprendentes del presente estudio. Este fringílido ha sido detectado de manera casi continua en las proximidades de Agaete (Amagro y Las Moriscas), La Aldea, los profundos barrancos de Tasarte, Tasartico y Veneguera, Arguineguín-Maspalomas, así como un enorme sector con laderas de pendiente moderada que engloba desde Juncalillo del Sur y las Lomadas de La Garita-Juan Grande. Más al Norte, se extiende por todas las unidades hasta El Goro (Telde). Destaca además el vacío total de observaciones en el Norte y Noreste, desde este último enclave hasta Agaete. En las lomadas entre Arguineguín-Maspalomas, Llanos de Juncalillo del Sur-Aldea Blanca y los barrancos ya mencionados, se concentran los mayores efectivos actuales que, en conjunto, supone cerca del 65% de todas las aves. De los 551 camachuelos contabilizados durante 1999, una fracción importante corresponde a juveniles detectados en bandos, debido precisamente a su carácter gregario en ciertas épocas del año, y a la considerable extensión de las áreas potencialmente utilizables por la especie, resulta del todo imposible poder ofrecer valores actuales sobre la magnitud de sus poblaciones, La única referencia histórica documentada que merece destacarse es la de David Bannerman (17) que, en 1911, los encontró en distintos puntos de la isla, pero sólo en gran número cerca de Las Palmas de Gran Canaria.
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Camachuelo trompetero (Rhodopechys githaginea)
D. Trujillo
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Terrera marismeña (Calandrella rufescens)
D. Trujillo
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Alcaraván (Burhinus oedicnemus)
D. Trujillo
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Mapa 3. Distribución actual de las aves esteparias en Gran Canaria
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Situación actual de Tenerife
En Tenerife, todas estas especies atraviesan actualmente una situación mucho más precaria, tal es así que únicamente se han contabilizado 193 ejemplares de las distintas aves esteparias, lo que representa un 13% del total para ambas islas. Además, por regla general, las aves se distribuyen de forma muy dispersa (mapa 4), apareciendo únicamente entre 5 y 7 del total de las áreas delimitadas (ver tabla II). El corredor (Cursorius cursor) no fue detectado durante el período de estudio, lo que viene a ratificar su condición de visitante irregular pero en bajo número, a juzgar por los datos más recientes (18,19,20,21).
El alcaraván, a pesar de ser la especie más regular, ha resultado ser bastante escaso y parece haber sufrido un notable proceso de disminución tanto a nivel numérico como de rango de distribución. A grandes rasgos, Burhinus oedicnemus ocupa todavía un amplio sector que engloba desde el Barranco Erques (Guía de Isora) por el Oeste, hasta los Altos de Arico por el Sureste, aunque debe señalarse la existencia de varias zonas intermedias donde no se han detectaco aves, y la baja densidad demostrada en las áreas donde habita.
Destacan, por su relativa importancia, las áreas de la vertiente occidental de la isla, Gasparines-Iboybo (Tijoco Bajo), y Lomo del Camello, en Armeñime (Adeje), donde podría existir una quincena de parejas de forma muy repartida. Pero, sin lugar a dudas, los sectores de mayor relevancia son el Malpaís de La Rasca-El Fraile (zona Sur), con diez parejas, y las laderas de Granadilla-Arico. En este último se intercalan profundos barrancos con suaves lomadas que podrían albergar una docena de parejas.
En nuestra opinión, los efectivos actuales de alcaraván en la isla rondarían las 50-60 parejas. Analizando referencias anteriores, resulta patente que Burhinues oedicnemus ha desaparecido de toda la banda norte, donde en el pasado era conocido en diversos puntos, desde los llanos de Los Rodeos (La Laguna) hasta Buenavista (15,22,23,24,25). La única referencia reciente sobre sus status y distribución se debe a Martín (26) que estima la posible existencia de menos de 50 parejas relegadas al sur y suroeste de la isla.
La terrera marismeña atraviesa en Tenerife una situación actual que podríamos calificar de crítica, tanto por su escasísimo número, como por las contadas y reducidas zonas en las que habita. Se siguen manteniendo dos poblaciones claramente disyuntas representadas por sendas suespecies, una en el Norte (C.r. rufescens) y otra en el Sur (C.r. polatzeki). En el Norte, aparece vinculada a los llanos de medianías cercanos a Los Rodeos-La Esperanza (600-700 metros sobre el nivel del mar) donde sobrevive una población máxima de 15 parejas. En el Sur, las aves aparecen repartidas en tres subnúcleos. El más oriental comprende desde las Casas de Las Montañas hasta el Barranco de la Abejera (Granadilla), inmersa en los terrenos del futuro Polígono Industrial de Granadilla, donde apareció la mitad de los efectivos detectados en años anteriores. Otra pequeña población se reparte de forma muy laxa en las proximidades de El Médano, entre El Topo y Montaña Pelada, así como los terrenos de la propia pista del Aeropuerto Reina Sofía y, por último, otro en los llanos que se extienden entre Montaña Amarilla y la Urbanización El Guincho. En conjunto, las planicies meridionales podrían albergar 12-15 parejas.
La dinámica regresiva de este pequeño alaúdido es bien conocida gracias a la existencia de diversas publicaciones científicas. La más reciente (27), ya revela la extinción de las terreras en varias zonas de la isla, a la vez que establece unos efectivos inferiores a las 100 parejas. Analizando la información recogida en otras referencias anteriores, queda de manifiesto que estas aves llegaron a ser bastante comunes y estaban mejor distribuidas (28,29,30,31,32,33).
Los resultados obtenidos sobre el camachuelo trompetero (Rhodopechys githaginea) ponen de manifiesto que se trata de una especie seriamente amenazada en Tenerife, con sólo cuatro núcleos bastante separados y con efectivos muy diferentes, ligados a llanos cercanos a la costa. Por el Este, destaca una zona de casi 5 kilómetros entre la Punta de Abona y la Playa de Jaca (Laderas de Granadilla-Arico), donde este fringílido todavía resulta fácil de observar, con bandos de algo más de una veintena de aves. El otro sector esencial para los camachuelos se localiza en el extremo opuesto de su distribución en el Llano de las Mesas, distanciado a más de 25 kilómetros del anterior. Aquí se observan durante todo el año, con bandos de hasta 70 aves, que se desplazan hasta El Fraile y el Malpaís de La Rasca. En las zonas intermedias, concretamente en El Topo (El Médano) y cerca de la Urbanización El Guincho, su presencia es muy irregular y casi siempre aparecen en muy bajo número. El escaso interés que esta especie ha despertado entre los naturalistas que visitaron la isla no permite reconstruir con precisión su presencia en el pasado. No obstante, parece claro que se trataba de un fringílido ligado a las zonas más xéricas del Sur (al menos entre Los Cristianos y Adeje) (28,29,30,33). Los resultados recogidos por Martín (26) revelan que, hasta hace pocas décadas, Rhodopechys githaginea ocupaba una amplia franja costera que se extendía de forma continua desde Güímar, por el Este, hasta Playa San Juan (Guía de Isora), por el Oeste, con una pequeña población aislada en el extremo noroeste.
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Mapa 4. Distribución actual de las aves esteparias en Tenerife
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Hábitat
En lo que a necesidades de hábitats se refiere, el alcaraván parece ser la especie más versátil de las estudiadas, en consonancia con la amplia franja altitudinal en la que se ha comprobado su presencia (0-850 metros), y la enorme variabilidad que caracteriza sus lugares de reproducción, tanto en lo que se refiere a la tipología del sustrato, es decir, su carácter arenoso, terroso o pedregoso, la cobertura y altura del matorral, o la pendiente de la zona. Para su estudio, se han tenido en cuenta parcelas circulares de 25 metros de radio tomando como centro la posición del nido. Así, se han encontrado parejas nidificantes en llanos costeros donde la vegetación natural, dominada por matorral de Euphorbia balsamifera, Launaea arborescens, Plocama pendula, Schizogyne sericea, etc., bien era muy escasa o llegaba a ocupar hasta el 25% de la superficie estudiada, con una altura variable entre los 35 y 150 centímetros. Esto también se ha observado en los tipos de sustratos, especialmente en los de carácter terroso y pedregoso. En cotas más elevadas, los alcaravanes ocupan pastizales y zonas de cultivo de diversos cereales como el maíz. Esta especie manifiesta además un cierto grado de adaptación a la modificación del medio, como lo demuestra el hallazgo de nidos rodeados literalmente por invernaderos, en el interior de charcas de riego secas, o a escasos metros de zonas urbanizadas.
Las poblaciones actuales de terreras marismeñas se concentran en cotas bajas, ocupando llanuras semidesérticas de pendiente casi nula, o laderas muy suaves, con sustrato dominante de tipo arenoso-pedregoso o terroso-pedregoso, en los que la vegetación consiste en comunidades de tipo ruderal-nitrófilo, destacando Patellifolia patellaris, Chenopodium sp., Mesembryanthemum spp. o Aizoon canariense. En algunos puntos, en cambio, la vegetación es casi nula, dominada por distintas herbáceas como Hyparrhenia hirta, mientras que en otros existen pequeños rodales con matorral arbustivo de cierta densidad formado por Euphorbia regis-jubae, E. balsamífera o Launaea arborescens. En zonas próximas a la costa aparecen plantas halófilas y halo-psamófilas como Suaeda vera, Tamarix canariensis o Zygophyllum fontanesii. En muchos casos, el origen de estos suelos se debe al abandono de antiguos cultivos de tomates a cielo abierto que, con el paso del tiempo, adquieren una estructura de "llano" de sustrato terroso, condiciones idóneas para la nidificación de terreras y otras aves esteparias. Una pequeña parte de las poblaciones habitan en regiones húmedas de medianías sometidas a diversos aprovechamientos agrícolas. Los cultivos más importantes son los cereales, como Triticum aestivum, Zea mays, Horodeum vulgare, Lupinues albus; solanáceas como las papas (Solanum tuberosum); y diversos terófitos como Raphanues rapphanistrum, Spergula arvensis, etc.
La mayor parte de las observaciones de camachuelos trompeteros se produjeron en llanos terrosos o terroso-pedregosos, de tipo natural originados por el abandono de antiguas zonas de cultivo, algo muy similar a lo sucedido con las terreras marismeñas. Aquí, el crecimiento de plantas anuales y caméfitos es muy dispar, dependiento tanto de la frecuencia e intensidad de las lluvias como del tipo de suelo. Los camachuelos son capaces de aprovechar los escasos recursos existentes, a veces limitados a semillas que encuentran entre Mesembryanthemum spp. y Aizoon spp. totalmente secos. También hemos registrado aves muy ligadas a llalnos con vegetación xérica y halófila, con abundancia de nitrófilos como Patellifolia patellaria, Chenopodium murale, y diversos caméfitos como Atriplex semibaccata y Fagonia cretica. Los barrancos de Tasarte, Tasartico y Veneguera, donde se contabiliza casi el 20% de todas las aves de Gran Canaria, combinan áreas naturales de cardonal-tabaibal, en las partes más altas de sus laderas, con terrazas de cultivos, en las partes más bajas y cauces.
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Los lomos de Gáldar - Agaetemantiene las mejores poblaciones de terreras marismeñas del norte de Gran Canaria.
R. Barone
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Cardonal-tabaibal del Barranco de Tasartico, área de gran interés para el camachuelo trompetero.
R. Barone
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Llanos de El Goro (Telde). Antiguas zonas de cultivos a cielo abierto muy adecuadas para la terrera marismeña y el camachuelo trompetero.
R. Barone
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Las aves y el planeamiento territorial
Una vez que sabemos dónde y en qué número se encuentran las diferentes especies, y con el objeto de implementar estrategias de actuación eficaces para su conservación, debemos analizar cuáles son sus amenazas y en qué medida se verá transformado su hábitat a corto y medio plazo como consecuencia del desarrollo económico de las islas.
Este último aspecto se realizó estudiando los diferentes Planes de Ordenación Territorial, definidos como instrumentos administrativos que asignan uso y actividades al suelo en un período de vigencia determinado y que, en el caso de Canarias, incluyen principalmente los Planes Insulares de Ordenación y los Planes Urbanísticos Municipales, así como los de planificación de los Espacios Naturales Protegidos. Respecto al primero, algunas de sus determinaciones afectarán a determinadas áreas con presencia de estas especies. Así el PIO de Tenerife, a través de sus Operaciones Singulares Estructurantes como el Polígono de Granadilla, Aeropuerto Reina Sofía, Complejo de Residuos de Arico y Complejo Turístico de Rasca, transformarán de forma irreversible una parte importante de los hábitats utilizados por aves esteparias. Lo mismo ocurre con el PIO de Gran Canaria, a través de la designación de Zonas Turísticas Litorales.
Si bien las determinaciones de los Planes Insulares son importantes de cara a establecer el futuro del hábitat de las especies, más aún lo es el planeamiento municipal. Las normas subsidiarias y los planes generales, además de contener las determinaciones de los PIO, distribuyen en el territorio una serie de usos que, según su naturaleza, serán más o menos perjudiciales para la conservación de las especies. En las próximas líneas, se analiza el planeamiento vigente en cada una de las islas y se realiza una valoración de sus posibles afecciones a las áreas y especies objeto de estudio.
Tal y como se indicó en los párrafos anteriores, la isla de Gran Canaria mantiene un mejor estado de conservación en lo que a comunidades esteparias se refiere, pues no sólo presenta una mayor superficie de hábitat adecuado para estas aves (71,8%), sino que en ella se encontró una mayor población de las diferentes especies (87%). Por el contrario, en Tenerife no sólo las poblaciones y el hábitat son más reducidos sino que la probabilidad de su transformación a corto plazo es mucho mayor. Al menos, esto es lo que sugiere el análisis de los diferentes instrumentos de ordenación territorial, los cuales nos indican que el 62,3% de la superficie del hábitat se verá sometida en esta isla a diferentes procesos de transformación del suelo (urbanos, agrícolas, etc.) (ver tabla III) por lo que, de no tomarse medidas urgentes, se convertirán en lugares no adecuados para estas aves. La supervivencia de estas especies en Tenerife está, por tanto, más comprometida que en Gran Canaria, donde existe una mayor abundancia de aves, una mayor superficie y una menor ocupación previsible del suelo (40,6%) (ver tabla IV).
Considerando ambas islas, los procesos transformadores del suelo se originarán mayoritariamente como consecuencia de la construcción de nuevas urbanizaciones, polígonos industriales y equipamientos e instalaciones (32,58%), así como del desarrollo de la agricultura intensiva (40,4%) que se implantarán a lo largo de la franja costera de las islas. Este espacio insular coincide con los mejores hábitats actuales para el conjunto de las aves esteparias, si bien es cierto que algunos sectores se verán más perjudicados que otros teniendo diferentes impacto en las poblaciones que allí habitan. De ejecutarse todas las previsiones recogidas en los planeamientos de la isla de Gran Canaria, la especie más vulnerable será la terrera marismeña ya que se estima que afectará en torno al 60% de las aves observadas en el estudio. Para el alcaraván y camachuelo trompetero, los cálculos son inferiores ya que se verá amenazado un tercio de sus poblaciones. La transformación del hábitat será total en Vecindario y Melenara, en la costa oriental de la isla, así como en el espacio comprendido entre Sardina y El Agujero, y entre Gáldar y Santa María de Guía en la vertiente septentrional.
En otras unidades, como Arguineguín-Maspalomas, Juncalillo del Sur-Aldea Blanca, Los Giles y Perdigón-Bañaderos, la modificación del suelo o también será importante (70% del hábitat), mientras que, en el polo opuesto, se encuentran las unidades que se extienden por las cotas más altas como La Garita-Juan Grande, Teheral-Masaciega, Altos de Arucas y Viento-Las Moriscas. Los suelos de estos espacios han sido destinados por el planeamiento municipal a la preservación de los valores naturales, al menos en un 70% de su superficie. Desafortunadamente, estas unidades revisten, por regla general, escasa importancia actual para las aves esteparias en el contexto insular.
En la isla de Tenerife, la ocupación de todo el suelo previsto por el planeamiento podrá originar la pérdida del hábitat del 53,1% de todos los alcaravanes observados durante el estudio y del 12,1% de las terreras marismeñas. Los sectores del territorio donde tendrían mayor impacto estas previsiones se corresponden con los pocos suelos aún útiles para estas especies en el municipio de Adeje (Gasparianes-Iboybo, Llano del Camello y Finca Entrecanales), así como Chuchurumbache y los Llanos del Aeropuerto de Tenerife Sur. En estas áreas, la transformación del suelo será total, mientras que el resto sufrirá una variación de su hábitat que oscila entre el 50 y el 70% de su superficie, afectando a diversas poblaciones de alcaravanes. Por el contrario, en los llanos de Los Rodeos, el mantenimiento del uso actual como es la agricultura tradicional (según se determina en el planeamiento municipal vigente de los municipios implicados), podría asegurar la conservación de la escasa población de terreras que aquí habitan. No obstante, las formas de manejo de los cultivos, con sistemas de rotación, favorecerían la recuperación de esta especie. De la misma manera, el alto porcentaje de suelos destinados a la conservación de los valores naturales en el Llano de Las Mesas y el malpaís comprendido entre Montaña Amarilla y la Urbanización El Guincho garantizan, al menos desde la perspectiva territorial de este estudio, la conservación del hábitat de una buena parte de las poblaciones de camachuelos trompeteros de la isla y, en menor medida, de varias parejas de alcaravanes.
Por último, y en lo que a la presencia de Espacios Naturales Protegidos se refiere, debemos indicar que los niveles de protección territorial que aportan son escasos ya que las áreas de distribución de las especies apenas coinciden, y en la mayor parte de los casos aún no han sido redactados sus instrumentos de planificación.
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Los extensos llanos de Arico (Tenerife) albergan una población muy dispersa de alcaravanes por el avance de monocultivos.
G. Delgado
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La proliferación de cultivos bajo invernaderos representa una seria amenaza para las aves esteparias.
G. Delgado
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En los llanos cercanos a Juncalillo del Sur, de gran importancia actual para aves esteparias en el sur de Gran Canaria, se prevé una transformación a gran escala del suelo.
R. Barone
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Tabla I. Número de aves esteparias detectadas en 1999 en las distintas áreas de distribución de Gran Canaria. Entre paréntesis se indica el porcentaje sobre el total de cada especie.
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Tabla II. Número de aves esteparias detectadas en 1999 en las distintas áreas de distribución deTenerife. Entre paréntesis se indica porcentaje sobre el total de cada especie.
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Tabla III. Clasificación del suelo en las diferentes áreas de distribución potencial de las aves esteparias en Tenerife. Las cifras se expresan en porcentajes
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Tabla IV. Clasificación del suelo en las diferentes áreas de distribución potencial de las aves esteparias en Gran Canaria. Las cifras se expresan en porcentajes
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Estrategia propuesta
El análisis de las previsiones de futuro de las áreas donde actualmente aún sobreviven estas especies amenazadas permitirá a la Viceconsejería de Medio Ambiente diseñar directrices de conservación adecuadas. Además de estas estrategias generales, sería necesario abordar una serie de medidas más urgentes en la isla de Tenerife, donde la situación es más alarmante. Evidentemente, las más eficaces pasarían por la adquisición de determinados terrenos con el objeto de frenar su ocupación o deterioro, acción que entendemos complicada habida cuenta del precio, estructura de la propiedad, etc., del suelo en nuestra Comunidad Autónoma.
La reciente aprobación de la moratoria turística por el Gobierno de Canarias por medio de la cual se frena temporalmente la edificación del suelo urbanizable-turístico en el ámbito del Archipiélago es de notable interés de cara a la modificación del destino del suelo en determinadas áreas de interés para las aves esteparias.
Además de acciones concretas, como la instalación de bebederos, adecuación de cultivos, limitación de actividades cinegéticas y de uso público, se hace necesario instar a los ayuntamientos implicados a que asuman la necesidad de modificar sus planeamientos en algunos de los enclaves ya señalados, clasificando sus suelos dentro del grupo de los de protección ambiental. Actualmente, se brinda una oportunidad única al encontrarse la mayor parte de los municipios adaptando sus planeamientos al nuevo Texto Refundido de las Leyes de Ordenación del Territorio y Espacios Naturales de Canarias, lo que facilitaría la incorporación de dichas propuestas.
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Fichas Especies
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