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Uno de los problemas económicos básicos de los que ha de ocuparse la sociedad canaria en la actualidad es el de la correcta asignación de los recursos disponibles. Esta asignación se realiza a través del mecanismo de mercado, mecanismo que lleva inherentes una serie de imperfecciones, como son las conocidas como externalidades: bienes que carecen de precio por no tener un mercado en el que intercambiarse.
En esta situación se halla el Medio Ambiente, de cuyo valor -aunque indudable- el sistema de mercado no ofrece ninguna indicación. Debido a ello, muchos recursos naturales son considerados como gratuitos o de libre disposición, de manera que su uso y consumo no tiene ningún coste, con los riesgos de sobreexplotación que ello conlleva.
Los intentos por lograr una ponderación económica de los valores naturales de un territorio han experimentado un gran desarrollo a partir de la década de los 80, momento en que algunos países, como los EE.UU., comienzan a incorporarla sistemáticamente en los análisis Coste-Benerficio. En el caso de este país, incluso se exige dicha incorporación en toda la reglamentación medioambiental propuesta por la Administración pública. En otros países desarrollados, como el Reino Unido, Alemania u Holanda, también se ha comenzado a realizar esta integración. Inclusive la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Europeos) ha publicado en 1995 una guía práctica para la valoración económica ambiental.
Cada día es más frecuente encontrar en la bibliografía científica, en las conclusiones de los grupos de expertos de los organismos internacionales, y hasta en la jurisprudencia de los países desarrollados, referencias a la necesidad de integrar el valor del Medio Ambiente en los análisis Coste-Beneficio de los proyectos.
Incluso en el Principio 16 de la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el desarrollo puede encontrarse el siguiente literal: "las autoridades nacionales deberían procurar fomentar la internalización de los costes ambientales y el uso de instrumentos económicos...".
Es en este contexto en el que técnicos de la Viceconsejería de Medio Ambiente del Gobierno de Canarias y de la empresa pública GESPLÁN S.A. asisten al Congreso Nacional de Medio Ambiente, celebrado en Madrid en 1997. Durante el mismo se presentó, por parte de la empresa pública TRAGSATEC, una metodología de valoración económica de bienes naturales, aplicado en concreto a la valoración económica integral de los ecosistemas forestales de la comunidad de Madrid. En ese momento se iniciaron los contactos pertinentes para lograr una aplicación de esta metodología a los ecosistemas representados en la Red Canaria de Espacios Naturales Protegidos.
Ello responde al hecho de que en la actualidad las administraciones Públicas se enfrentan a una demanda de servicios creciente por parte de los ciudadanos; esta situación provoca una mayor competencia entre los proyectos, y de ahí, la importancia de la justificación económica de los mismos. Por ello se hace cada vez más necesario disponer de herramientas que permitan cuantificar la rentabilidad social de los ecosistemas y las actuaciones que en ellos se realizan como punto de partida de una asignación presupuestaria más eficiente. De hecho, ha sido la inexistencia de un precio de mercado para los bienes públicos la razón por la que, tradicionalmente, no se han incorporado a este tipo de análisis.
La importancia de estos métodos se maximizan en el caso de la Comunidad Autónoma de Canarias, que con unas 745.000 ha de superficie total, tiene unas 301.000 ha declaradas como superficie protegida, lo que supone aproximadamente el 40% de su superficie. Además, la población de Canarias está muy sensibilizada frente al valor de sus ecosistemas, hecho que debe servir para facilitar el planteamiento de un modelo que permita ponerlos de manifiesto mediante su valoración económica.
La principal utilidad de determinar el valor económico total de los ecosistemas es el poder cuantificar los medios económicos que deberían dedicarse a contrarrestar los daños ambientales producidos a ecosistemas sustituibles, por parte de proyectos de desarrollo regional. Si el trazado de una autovía o carretera, de una línea de tendido aéreo o de cualquier otra infraestructura dañ una cierta cantidad de un determinado ecosistema, el modelo ayuda a justificar el montante de la inversión que debiera dedicarse a mejora o ampliación del capital natural de la región para que este se mantenga constante.
Además, el desarrollo actual de los sistemas de información geográfica permite abordar la elaboración de un conjunto de cartografía que recoja los valores económicos de los diferentes aspectos de los ecosistemas.
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