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La portada de la Revista recoge una imagen especial, la del mítico
Drago, asociado a historias y leyendas, una especie emblemática de
Canarias que ha sido recogida en la Ley de los Símbolos de la Naturaleza
de Canarias, como símbolo vegetal de la isla de Tenerife y que ya cuenta
con dos especies en Canarias. El descubrimiento de esta segunda especie
en la isla de Gran Canaria, que ilustra la portada, enriquece el
patrimonio natural del Archipiélago y anima a profundizar el estudio de
las especies del género Dracaena, sus relaciones filogenéticas, biogeográficas
y hasta etnobotánicas. Esperamos en próximos números aportar más
información sobre las diferentes especies.
En este número recogemos
diferentes amenazas para la biodiversidad que suponen tanto la
introducción de vertebrados foráneos en los ecosistemas de las islas,
como las consecuencias de la eliminación de los depredadores foráneos en
los ecosistemas de las islas, como las consecuencias de la eliminación
de ,los depredadores naturales en el medio marino y su incidencia en
Canarias, aportándose soluciones a los problemas planteados.
Los primeros
datos que se hacen públicos oficialmente sobre las autorizaciones de
vertidos al mar, así como los primeros resultados positivos del
funcionamiento de los Brigadas Móviles Ambiental, a tan sólo unos años
de su creación, se incluyen también en los contenidos esenciales de la
Revista.
Nuevos métodos y técnicas de trabajo, nuevas herramientas en
fin, que permiten mejorar, agilizar u optimizar la planificación
ambiental y la valoración de impactos, se aportan en este número con el
ánimo de facilitar información técnica a los que trabajan en estas áreas
del Medio Ambiente.
Por primera vez se trata en esta Revista el
salvamento marítimo, en la sección de Protección Civil. En Normativa
Ambiental se hace un análisis del régimen jurídico de los suelos
contaminados, dentro de la nueva ley de Residuos, cuyo Título V atribuye
a las Comunidades Autónomas las competencias para declarar, delimitar y
hacer un inventario de los suelos contaminados. Esto implica asumir
nuevas competencias medioambientales y, por tanto, las responsabilidades
públicas que conllevan.
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