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BOC Nº 191. Lunes 27 de Septiembre de 2010 - 5402

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V. ANUNCIOS - Administración Local - Cabildo Insular de Lanzarote

5402 ANUNCIO de 16 de septiembre de 2010, por el que se hace pública la Resolución que incoa expediente de declaración de Bien de Interés Cultural, con categoría de Sitio Histórico, a favor de La Geria-Testeyna, términos municipales de Yaiza, Tías y Tinajo, y se somete a información pública.

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BOC-A-2010-191-5402. Firma electrónica-Descargar

La Sra. Consejera Delegada de Medio Ambiente, Caza y Patrimonio Histórico del Excmo. Cabildo de Lanzarote.

HACE SABER:

Que, con fecha 16 de octubre de 2009, la Presidencia de esta Corporación adoptó la Resolución nº 3329, por la que se procede a la incoación del expediente de declaración de Bien de Interés Cultural, con la categoría Sitio Histórico, a favor de La Geria-Testeyna, término municipal de Arrecife, Lanzarote, por lo que en virtud de la Ley 4/1999, de 13 de enero, por la que se modifica la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común, así como por la Ley 4/1999, de 15 de marzo, de Patrimonio Histórico de Canarias se procede a la publicación de la citada Resolución nº 3329.

RESOLUCIÓN

Vista la Propuesta formulada por el Servicio de Patrimonio Histórico de esta Corporación, sobre incoación de expediente de declaración de Bien de Interés Cultural, con la categoría de Sitio Histórico, a favor de La Geria-Testeyna, términos municipales de Yaiza, Tías y Tinajo.

Resultando: que, desde el punto de vista histórico, se trata de una catástrofe natural que sepulta valles fértiles agropecuarios y poblacionales, pero que de la misma manera posibilita una forma de responder al siniestro empleando para ello medios artesanales, el ingenio, la fuerza y voluntad humana. El depósito de grandes volúmenes de ceniza volcánica sepulta los antiguos suelos afectando a aldeas y viviendas aisladas, que algunas de ellas se remiten a la cultura indígena de los maxies.

Resultando: que, desde el punto de vista histórico, el espacio que se protege responde a un notable interés desde el punto de vista patrimonial y económico. Desde un concepto agrícola y paisajístico, se trata de la mejor representación de parras (Vistis vinífera) y frutales (higueras, perales, guayaberos, durazneros, etc.) que crecen en hoyos excavados en la ceniza volcánica, sistema de cultivo de presencia exclusiva en la isla de Lanzarote. Por otro lado se ha estudiado su contenido histórico a través de la arqueología, fuentes documentales y etnografía. Por ello presenta dos vertientes bien diferenciadas e interconectadas. Por un lado se trata de conservar y reconocer el valor histórico, arqueológico y etnográfico. Por otro, por su contenido agrario, como forma exclusiva a nivel mundial de rentabilizar la producción de suelos volcánicos de significativo espesor.

Resultando: que, desde el punto de vista histórico, La Geria-Testeyna y sus aledaños se convierten velozmente en la principal zona productora de vinos de Lanzarote, condición que perdura en la actualidad. Sin embargo, este espacio no es excepcional sólo desde el punto de vista productivo, ya que igualmente a ello contribuyen sus valores históricos en su vertiente arqueológica, etnográfica e histórica. Se trata de un espectacular paisaje creado por miles de hoyos excavados en la arena, labor llevada a cabo con escasas herramientas.

Resultando: que, desde el punto de vista histórico, el sistema de plantación descrito se asocia a unos bajos rendimientos por hectárea debido, entre otros factores, a amplios marcos de plantación utilizados que oscilan según la zona de cultivo entre 64 hoyos por hectárea en espacios donde el espesor de la capa de arena volcánica que cubre el suelo es mayor, y 500 hoyos por hectáreas en aquellas otras donde el grosor de esta capa resulta menor.

Resultando: que, desde el punto de vista histórico, el sistema de plantación descrito constituye un ejemplo de aprovechamiento agrícola en condiciones extremas.

Resultando: que, desde el punto de vista histórico, las áreas afectadas así como su entorno constituyen un paisaje agrícola de incuestionable belleza, como así lo percibe la población insular. Es relevante la enorme influencia que los volcanes han tenido en la población de Lanzarote después de las erupciones, conformando cultura. Este paisaje volcánico constituye una fuente inagotable de inspiración en la literatura, el cine, la pintura, la música.

Resultando: que, desde el punto de vista histórico, el sistema agrario que se plasma en este territorio no responde a marcos de cultivo regulares.

Resultando: que, desde el punto de vista histórico del pasado, en el sector centro-sur del territorio de La Geria-Testeina existen dos grandes áreas de cultivo en vegas que alcanzan relevancia, siendo consideradas de las más importantes de la Isla. En la actualidad, ambas conservan en su topónimo el término vega, Las Vegas, y la otra, emplazada hacia el este, La Vega de la Geria.

Resultando: que, desde el punto de vista histórico, la fertilidad de los suelos que rodean La Geria antes de las erupciones volcánicas motiva que gran parte de la propiedad se concentre en pocas manos, por lo general vinculadas al grupo de poder insular y, en particular, relacionadas con la iglesia. Las erupciones volcánicas suponen la pérdida de un substancial patrimonio inmobiliario y una de las vegas más ricas de Lanzarote, hecho que afecta a las personas propietarias que igualmente ostentan posesiones en esta zona.

Resultando: que, desde el punto de vista histórico-paisajístico, debido a la constancia con que los vientos del noreste azotan a la Isla, se fabrica un pequeño muro de piedra seca que ocupa la mitad del perímetro del hoyo en la parte expuesta al efecto del viento dominante, creando un paisaje propio. El término Geria, en principio topónimo, su significado se relaciona con la acepción de "protección". El lexema [GháRá(T)], además de otras significaciones, hace referencia a "protegerse u ocultarse detrás de algo", tanto de miradas, golpes o el viento, como se recoge específicamente en el diccionario tamajeq de Prasse, Alojaly y Mohamed (2003).

Resultando: que, desde el punto de vista histórico, resultan de interés los primeros mapas elaborados después de las erupciones, ya que representan de forma muy reducida, el área sumergida por los volcanes. Resalta el desconocimiento de ese nuevo territorio, inhóspito y difícil de transitar, que apenas se dibuja mientras se destaca la isla útil donde se ubican las aldeas, las zonas de cultivo, ganaderas, ermitas, castillos, caminos, etc. El primer mapa conocido inmediatamente posterior a los volcanes es el que plasma Antonio Riviére en 1741.

Resultando: que, desde el punto de vista histórico, las excepcionales cualidades que posee la arena volcánica para absorber y retener la humedad y el escaso espesor de éstas en amplias zonas del territorio, permite alcanzar la tierra madre a escasa profundidad, hace que la productividad y el rendimiento de los cultivos alcancen un éxito insospechado. Pese a la leyenda de que es el obispo Dávila y Cárdenas quién anima a los habitantes de la Isla a poner en cultivo las zonas cubiertas de arenas, existe un conocimiento anterior a las erupciones del S. XVIII, sobre las ventajas de los terrenos volcánicos, como se desprende de una cita de Leonardo Torriani para el norte de la Isla a finales del S. XVI. Antes de la visita del obispo a la Isla en 1733, la vecindad de Yuco y Tinguatón ponen en práctica el cultivo en los arenados recién formados.

Resultando: que, desde el punto de vista histórico, es revelador que a los pocos años de finalizada la actividad volcánica se pone en producción la zona de La Geria, especialmente para el cultivo de la vid, y a pesar de que existen áreas que presentan alta dificultad debido al espesor de arenas.

Resultando: que, desde el punto de vista histórico, además de las aldeas, asentamientos formados por grandes casas aisladas y acompañadas de infraestructura construida -corrales, pajeros, eras, aljibes, tahonas, etc.- existen numerosos cortijos asociados a grandes posesiones. Muchos son con posterioridad el origen de pequeñas aldeas, debido, entre otras cosas, al interés de la propiedad en asentar a la población jornalera con una finalidad de explotación agropecuaria, si bien es posible que dentro de sus linderos existan muestras de poblados indígenas abandonados, a juzgar por la toponimia de algunos de estos cortijos. Tal es el caso, a comienzos del S. XVII, del Cortijo de la Geria, entre otros.

Resultando: que, desde el punto de vista histórico, el proceso de antropización de este terreno se relaciona con el despegue económico de la zona, especialmente del área central de la Isla (Uga, La Geria, Testeina, Masdache, Tisalaya), tras la revolución sufrida por la agricultura debido a la fertilidad que producen las cenizas volcánicas. La pronta puesta en producción de las zonas cubiertas por las arenas volcánicas, forma parte de un ingenioso y colectivo invento que transforma la realidad física, y en gran medida, su devenir histórico. La producción de vinos y aguardientes hace que en poco más de cuarenta años se recupere y se doble la población salida de la Isla por las erupciones.

Resultando: que, desde el punto de vista histórico, La Geria participa del proceso de concentración poblacional que se produce en la segunda mitad del S. XVII y comienzos del XVIII, hacia la zona central de la isla, con un movimiento de redistribución de la población de los núcleos principales como la Villa hacia aldeas de nueva creación o hacia otras, antiguas, pero en proceso de expansión, un hecho que afecta a la población media y a grandes propietarios que, a pesar de poseer múltiples viviendas, incluidas sus casonas o casas-palacios en La Villa capital, viven de forma más o menos estable en alguna de las aldeas de la zona central de la Isla, como es el caso, entre otros, de Diego de Laguna con propiedades en La Villa, La Geria y el Cortijo de San José.

Resultando: que, desde el punto de vista arqueológico, la información etnoarqueológica señala la gran riqueza que esta área posee antes de las erupciones volcánicas, identificándose en su superficie piezas arqueológicas que pueden corresponder con la antigua aldea de La Geria. A partir de las prospecciones y excavaciones arqueológicas realizadas en Testeyna y Diama, se comprueba la fertilidad cultural de su suelo. Algunas de las áreas donde afloran estos suelos culturales, por lo general debido a extracciones de arenas volcánicas, se localizan en La Geria, al sur de Diama, en la parte norte de Guardilama, Los Caletones, en algunas zonas entre El Chupadero y Diama, Peña Palomas, Testeina, El Rincón, etc.

Resultando: que, desde el punto de vista arqueológico, entre las muestras localizadas pertenecientes al Cortijo de la Geria, se reconocen piezas de la cultura material de los antiguos maxies, permitiendo remontar la ocupación humana y la actividad agraria en esta zona a etapas anteriores a la Conquista normanda, acaecida en el mes de julio de 1402.

Resultando: que, desde el punto de vista arqueológico, la aldea de Peña Palomas linda con la zona de Las Vegas, localizándose en una amplia área de toda esta región central. Cuenta con una importante infraestructura hídrica, especialmente Las Vegas, Peña Palomas y La Geria, (maretas, aljibes, cisternas, etc.). Se distingue la Mareta de Quintana, ceñida entre estas dos últimas aldeas, así como numerosas fuentes, algunas de las cuales se pueden identificar en la actualidad dado su vigencia de uso.

Resultando: que, desde el punto de vista arqueológico, René Verneau visita la zona entusiasmado por las referencias facilitadas por las personas de la Isla acerca de vestigios indígenas. A juzgar por la descripción que realiza este científico, la zona objeto de su interés se ubica entre Masdache y La Geria. Igualmente cita el enclave de Peña Paloma donde visita algunos aljibes.

Resultando: que, desde el punto de vista arqueológico, existe un sector, afectado parcialmente por este expediente, de alta potencia arqueológica que se concreta en la región de Masdache-Testeina-Peña Palomas-La Geria y Uga. Se han encontrado materiales indígenas en suelos anteriores a las erupciones, dejados al descubierto por extracciones de arena en La Geria-Diama.

Resultando: que, desde el punto de vista arqueológico, fruto de esas transformaciones, y en lo que se refiere a elementos materiales, en el área antes citada, existen interesantes vestigios de lagares, como los de Diama, Testeina o Los Caletones. Resultan elocuentes algunas citas recogidas en documentos inmediatamente posteriores al final de las erupciones sobre la fábrica de lagares en esta zona, lo que nos atestigua la rápida expansión del cultivo de la vid.

Resultando: que, desde el punto de vista arqueológico, la existencia de edificaciones totalmente cubiertas y, por lo tanto, no perceptible en la superficie del terreno, se constata en la excavación de Diama-La Geria, ya que parte de los recintos localizados se encuentran totalmente sepultados. Se destaca este hecho porque hasta hace unas dos décadas permanecía cubierto por varios metros de arenas volcánicas, las cuales fueron extraídas por la propiedad.

Resultando: que, desde el punto de vista etnográfico, abunda la información oral tanto para El Taro como para La Geria. Igualmente existen testigos del paleopaisaje debido al comportamiento de las coladas. Tanto Diama como Testeina se trata pues de dos yacimientos excepcionales para poder aplicar planteamientos metodológicos referidos a la complementariedad de diferentes fuentes de conocimientos y la presencia de terrenos volcánicos susceptibles de ser excavados.

Resultando: que, desde el punto de vista etnográfico-histórico, con respecto a las erupciones y sus consecuencias como es la destrucción del Cortijo de La Geria, para acercarnos a la reutilización y puesta en producción de La Geria, Masdache, Testeina, Yuco, Tinguatón, etc., existe multitud de documentos que ofrecen un gran interés. En ocasiones aportan árboles genealógicos de las familias que viven en las aldeas desaparecidas por los volcanes.

Considerando: que, gran parte de La Geria-Testeina se encuentra afectado por el Decreto Legislativo 1/2000, de 8 de mayo, por el que se aprueba el Texto Refundido de Ordenación del Territorio de Canarias y de Espacios Naturales de Canarias.

Considerando: que, se trata de una Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).

Considerando: que, a tenor del informe-propuesta del Servicio de Patrimonio Histórico, La Geria-Testeina y su entorno de protección representan desde el punto de vista del Patrimonio Histórico un conjunto de elementos históricos, arqueológicos y etnográficos, de esta Comunidad e incluidos en los artículos 2 y 18.1 de la Ley 4/1999, de 15 de marzo, de Patrimonio Histórico de Canarias, que le hacen merecedor de protección al confluir en el mismo un conjunto de valores notorios del Patrimonio Histórico de esta Comunidad y reconocidos en el artículo 17.1 de la citada Ley.

Considerando: que, en virtud del artículo 20, apartado 1º y 2º de la citada Ley 4/1999, la incoación de Bien de Interés Cultural respecto a un bien inmueble determina la aplicación provisional del mismo régimen de protección previsto para los bienes declarados de Interés Cultural y su entorno, quedando suspendidas las correspondientes licencias municipales de parcelación, edificación o demolición de las zonas afectadas, así como de los efectos de las ya otorgadas. Las obras que razón de fuerza mayor hubieran de realizarse con carácter inaplazable en tales zonas, precisarán en todo caso autorización de este Cabildo.

Considerando: que, los artículos 11 y 18 de la Ley 16/1985, de 25 de junio, de Patrimonio Histórico Español, de aplicación supletoria, determinan que un bien de interés cultural inmueble es inseparable de su entorno, debiendo llevar consecuentemente aparejada la declaración del mismo la de su entorno de protección.

Considerando: que, el artículo 26.2 de la Ley de Patrimonio Histórico de Canarias define por entorno de protección, la zona periférica exterior y continúa de inmueble cuya delimitación se realiza a fin de prevenir, evitar o reducir un impacto negativo de obras, actividades o usos que repercutan en el bien a proteger, en su contemplación, estudio o apreciación de los valores del mismo.

Por lo expuesto, y en virtud de las competencias de incoación y tramitación que otorga a este Cabildo la Ley 4/1999, de 15 de marzo, de Patrimonio Histórico de Canarias en sus artículos 8.3.d) y 19.1, y conforme al artículo 34, apartado 1º, letra L de la Ley 7/1985, de 2 de abril, reguladora de las Bases de Régimen Local, modificada por la Ley 57/2003, de 16 de diciembre, de Medidas para la modernización del Gobierno Local,

R E S U E L V O:

Primero.- Incoar expediente de declaración del Bien de Interés Cultural, con la categoría de Sitio Histórico, a favor de La Geria-Testeyna, términos municipales de Yaiza, Tías y Tinajo, de conformidad con la motivación, descripción y delimitación literal y cartográfica que figura en la presente Resolución y en su anexo.

Segundo.- Abrir un período de información pública a fin de que las personas interesadas puedan presentar alegaciones a partir de su publicación en el Boletín Oficial de Canarias.

Tercero.- Continuar la tramitación del presente expediente de declaración de Bien de Interés Cultural de acuerdo con la legislación vigente.

Cuarto.- Hacer saber al Ayuntamiento de Yaiza, Tías y Tinajo que, según lo dispuesto en el artículo 55 de la Ley 4/1999, de 15 de marzo, de Patrimonio Histórico de Canarias, todas las obras que hubieran de realizarse en las zonas afectadas por la incoación precisarán, en todo caso, autorización del Cabildo de Lanzarote.

Quinto.- Notificar la presente Resolución a las personas interesadas y los Ayuntamientos de Yaiza, Tías y Tinajo.

Sexto.- Trasladar la presente Resolución a la Dirección General de Cooperación y Patrimonio Cultural de la Vicenconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, a fin de que sea tramitada la correspondiente anotación preventiva en el Registro General de Bienes de Interés Cultural.

Arrecife, a 16 de septiembre de 2010.- La Consejera Delegada de Medio Ambiente, Caza y Patrimonio Histórico, Plácida Guerra Cabrera.

A N E X O

El espacio que se protege responde a un notable interés desde el punto de vista patrimonial y económico, en su vertiente histórica y agraria. A la vez que es susceptible de investigarse empleando diversos métodos arqueológicos y sus ciencias afines, para que pase a ser conocido, valorado y querido por la población, contenidos a los que nunca se ha tenido acceso, lo es también desde un concepto agrícola y paisajístico, siendo la mejor representación de parras (Vistis vinífera) y frutales (higueras, perales, guayaberos, durazneros, etc.) que crecen en hoyos excavados en la ceniza volcánica, sistema de cultivo de presencia exclusiva en la isla de Lanzarote.

Esta peculiar forma de cultivo, cuya generalización insular se retrotrae a la segunda mitad del siglo XVIII, surge de la necesidad de realizar un aprovechamiento agrícola de una amplia zona de la Isla afectada por las erupciones volcánicas de Timanfaya (1730-1736), dentro de la cual se encuentran espacios conocidos como La Geria, Testeyna, Diama, y algo más alejado Juan Bello, entre otros.

Este expediente posee dos vertientes bien diferenciadas e interconectadas. Por un lado se trata de conservar y reconocer el valor patrimonial por su contenido cultural, en forma de yacimientos arqueológicos de la cultura indígena, o de muestras de ocupación correspondientes a fechas posteriores a la Conquista normanda, de los siglos XVI, XVII y XVIII. Por otro por su contenido agrario, como forma exclusiva a nivel mundial de rentabilizar la producción de suelos volcánicos de significativo espesor.

Una catástrofe natural que sepulta valles fértiles agropecuarios y habitacionales, pero que de la misma manera posibilita una forma de responder al siniestro empleando para ello medios artesanales, el ingenio, la fuerza y voluntad humana. El depósito de grandes volúmenes de ceniza volcánica sobre los antiguos suelos es una de las consecuencias físicas de este período eruptivo que los inutiliza, en un primer momento, para la producción agrícola.

Aunque se desconoce con certeza la forma en que surge el sistema de plantación en hoyos, quién lo idea y lo pone en práctica la primera vez, las motivaciones que le impulsan a ello, etc. lo cierto es que, pasado un corto período de tiempo, tras la finalización de los episodios eruptivos de Timanfaya, una amplia superficie de terreno cubierto por las cenizas volcánicas se encuentra ya plantado de parras.

Se desconoce si las primeras personas promotoras de este peculiar sistema de cultivo son conscientes, inicialmente, del beneficio que la capa de cenizas volcánicas otorga al cultivo de parras y frutales, desde el punto de vista de la conservación de la humedad.

Hasta estos últimos treinta años, Lanzarote no produjo vinos. En ese momento hizo erupción un volcán, que cubrió muchos campos con polvillo y pequeñas piedras pómez, que han mejorado el suelo hasta tal punto, que ahora hay viñas plantadas allí, que prosperan bien [...] (Glass, G. Descripción de las Islas Canarias. 1764. Traducida del inglés por Constantino Aznar. Instituto de Estudios Canarios. Santa Cruz de Tenerife. 1982).

[...] y después de los bolcanes que comr [...] cuasi la mitad de la isla en las tierras que arenó se an plantado y actualmente se plantan muchas viñas y árboles frutales de forma que se cojen considerables cosechas de mosto [...]

Libro de Acuerdos del Cabildo Antiguo. 4 de enero de 1769 (Gil González, J. Los Cultivos tradicionales de la Isla de Lanzarote. Los Granos: Diversidad y Ecología. Área de Presidencia. Servicio de Patrimonio Histórico. Cabildo Insular de Lanzarote. 2005).

La Geria y sus aledaños se convierten pronto en la principal zona productora de vinos de Lanzarote, condición que perdura en la actualidad. Sin embargo, este espacio no es excepcional sólo desde el punto de vista productivo, ya que igualmente a ello contribuyen sus valores históricos en su vertiente arqueológica, etnográfica e histórica. El espectacular paisaje creado por miles de hoyos excavados en la arena (Una de las denominaciones insulares que recibe la ceniza volcánica), labor llevada a cabo con escasas herramientas y con la ayuda de algún animal, conforma un referente histórico y actual.

Desarrollo agrario e histórico.

Tradicionalmente, la plantación de parras en los terrenos cubiertos por ceniza volcánica de forma natural se realiza en el interior de hoyos de forma cónica excavados en ese material. Este sistema de plantación tiene como fin el establecimiento del cultivo en el verdadero suelo que tras la erupción de Timanfaya queda enterrado bajo una gruesa capa de cenizas y que en la zona objeto de esta propuesta alcanza varios metros de altura.

La profundidad y el diámetro de los hoyos excavados varía en función del espesor de la capa de arena depositada sobre el antiguo suelo, siendo frecuente la existencia de hoyos con diámetros mayores a diez metros y profundidades de aproximadamente tres metros.

Debido a la constancia con que los vientos del noreste azotan a la Isla, es práctica común la fabricación de un pequeño muro de piedra seca de unos 15 ó 20 cm que ocupa aproximadamente la mitad del perímetro del hoyo en la parte expuesta al efecto del viento dominante. Este pequeño muro recibe el nombre de soco, por ello, llama la atención que la acepción que más encaja con esta modalidad de cultivo tan peculiar es la "protección". El lexema [GháRá(T)] posee varias significaciones más, pero fundamentalmente se refiere a "protegerse u ocultarse detrás de algo", tanto de miradas, golpes o el viento, por ejemplo, como se recoge específicamente en el diccionario tamajeq de Prasse, Alojaly y Mohamed (2003).

El sistema de plantación descrito se asocia a unos bajos rendimientos por hectárea debido, entre otros factores, a amplios marcos de plantación utilizados que oscilan según la zona de cultivo entre 64 hoyos por hectárea en espacios donde el espesor de la capa de arena volcánica que cubre el suelo es mayor, y 500 hoyos por hectáreas en aquellas otras donde el grosor de esta capa resulta menor.

Este sistema de cultivo lleva aparejado algunas labores particulares y diferenciadas a las que se realizan en otros parajes vitivinícolas, siendo, sin duda, la excava la que supone mayor dificultad cuando se afronta por el campesinado. La labor de excava consiste en extraer del interior del hoyo la arena que durante el año, por efecto del viento y del tránsito necesario para la realización del resto de operaciones de manipulación del cultivo -retirada de la hoja seca, poda, despampanado, tratamientos fitosanitarios, despuntes, vendimia, etc.- ha ido acumulándose en los alrededores de la planta. Si esta labor no se lleva a cabo periódicamente el aumento del espesor de la capa de arena en la base de la planta impide que las escasas lluvias que anualmente suceden en la Isla sean aprovechadas con eficacia. El sistema de plantación descrito constituye un ejemplo de aprovechamiento agrícola en condiciones extremas; además en este espacio se pueden constatar los diferentes efectos que el arenado natural tiene sobre el cultivo de parras, en especial ciertos aspectos concernientes al eficiente aprovechamiento de las escasas precipitaciones que anualmente acontecen en la zona estudiada y la conservación de la humedad del suelo.

En la Isla se emplea el término arena para denominar las cenizas volcánicas (piroclastos finos), en lugar de picón, de ahí el uso generalizado de las expresiones arenados o enarenados, especialmente para los fabricados de forma artificial para mejorar el rendimiento productivo de la agricultura. Consiste en cubrir un terreno, por lo general de suelos marrones, con una capa de arena volcánica, extraída de zonas con acumulación de lapillis de las erupciones del S. XVIII (en los alrededores de La Geria, en conos nuevos o en acumulación de cenizas junto a viejos cráteres interiores a esta zona, como La Montaña del Rodeo):

[...] esa arena que ustedes ven en el enarenado no es sino los siscajes del volcán, las cenizas estas negras [...] la Geria fue del volcán, los ciscajes, los ciscos, cenizas [...] [Juan Rivera (Tajaste. Tinajo. 83 años). Entrevista realizada el 12 de julio de 1985].

Si la arena es muy fina puede llamarse polvillo. El término, muy común y original de la Isla, rofe, hace referencia a arena de grano grueso, generalmente de color rojizo y formada en etapas no históricas, aunque se ha utilizado, también, para la preparación de terrenos de cultivo. Así cuando se habla de las zonas de extracción de este tipo de material, roferos, se alude a canteras en viejas montañas o zonas con acumulación de piroclastos de varios cientos de miles de años.

Las áreas afectadas por esta propuesta así como su entorno constituyen un paisaje agrícola de incuestionable belleza, como así lo percibe la población insular. Es relevante la enorme influencia que los volcanes han tenido en la población de Lanzarote después de las erupciones. Permanecen destellos lejanos de los sucesos ya que es ahora el territorio recién creado quien habla desde el presente, generando nuevos elementos conformadores de la cultura. Este paisaje volcánico constituye una fuente inagotable de inspiración en la literatura, el cine, la pintura, la música. Ha sido un hecho afortunado la inhospitalidad del territorio que ha frenado su ocupación pese a la creciente demanda que genera su contemplación y disfrute.

En los últimos años ha existido una corriente tendente a aumentar la productividad vitivinícola frente a aspectos de conservación paisajística y, por tanto, de mantenimiento de un importante recurso para la Isla. Así, se han llevado a cabo actuaciones agresivas tendentes a cambiar el sistema de cultivo tradicional de plantación de hoyos por la plantación en zanjas. Este nuevo sistema de cultivo se caracteriza por el uso de marcos de plantación regulares que nada tienen que ver con La Geria, Juan Bello y aledaños. Asimismo se aprovechan estas intervenciones para extraer arena volcánica de las parcelas.

Desde el punto de vista patrimonial resulta innecesario el aumento de productividad en el sector vitivinícola pues, tal y como anualmente acontece y así se refleja en la documentación existente, cuando existe una buena cosecha de uva en la Isla, el sector transformador, es decir, las bodegas de Lanzarote no pueden absorber la producción insular ni comercializarla con éxito.

Las macrointervenciones arquitectónicas e ingenieras en espacios que gozan de protección ambiental no resultan suficientes para controlar estas iniciativas a la vez que constituyen otra de las acciones que alteran estos espacios.

En el pasado del sector centro-sur del territorio de La Geria existen dos grandes áreas de cultivo en vegas que alcanzan relevancia, siendo consideradas de las más importantes de la Isla. En la actualidad, ambas conservan en su topónimo el término vega, Las Vegas, y la otra, emplazada hacia el este, La Vega de la Geria. La primera se sitúa entre las montañas de Diama, Peña Palomas, Los Caletones, Montaña Negra por el Norte, y Cerro Tegoyo y Gaida por el Sur:

Juan Perdomo Crespo obliga fanegada y media de tierra que tiene en los Masapeses de Peña Palomas que linda por una parte con camino real que ba de esta Villa para Rubicón [...] y la parte que le toca en un aljive en Las Vegas lindando con la mareta de Quintana como uno de sinco herederos [...] [A.H.P.L.P. P.N. Leg. 2801. Fol. 71. El término masapeses se refiere a un tipo de tierra rojiza y arcillosa, excelente para su uso agrario (Morera, 2001: 576)].

En determinada documentación se cita la Montaña de las Vegas, la cual no se ha podido identificar a partir de la toponimia actual, si bien es posible que se trate de Montaña Negra, al ser esta denominación posterior a los volcanes del S. XVIII y porque se registra como linde en un documento de final del S. XVIII, referido al Plan Beneficial de la Isla (Galante, F. 1991: 166). Igualmente esta zona se asocia a la antigua y destruida aldea de Guagaro, denominación a la que con frecuencia se le añade el término vega, resultando La Vega de Guagaro, en referencia a la aldea, relativamente importante entonces y destruida por los volcanes. Este núcleo de población pertenece a la jurisdicción de la destruida Ermita de Candelaria:

Se le ha pedido por parte de algunos vecinos de dicha isla, moradores que fueron de los lugares quemados con el bolcan que dizen Mancha Blanca, Rodeo, Chimanfaya, Conil, Guagaro y Mastache citio y lugar donde fabricar una capilla con la advocacion de Nuestra Señora de Candelaria (A.H.P.L.P. P.N. Leg. 2806. Fol. 215-218. Año: 1735).

La aldea y vega de Guágaro, a pesar de haber sido afectada de forma directa por las arenas volcánicas del S. XVIII, cubriendo toda su superficie original y gran parte de su infraestructura construida, continúa citándose y reconociéndose en la documentación histórica, como ocurre con las zonas afectadas por las emisiones de piroclastos (La Geria, Testeina, Peña Palomas, etc.), sobre todo por la continuidad de su explotación agrícola, aunque sustituido el antiguo cultivo por la vid.

Guágaro constituye una de las áreas de mayor productividad agrícola, al conformarse fundamentalmente por suelos marrones degradados, que componen tierras de vega de significativo aprecio y valor. En este territorio se mencionan zonas de malpaís:

[...] venta de tierras labradías donde dicen Guagaro [...] linda con tierras y charco de Salvador Betancor, con malpaís de Guagaro [...] (A.H.P.L.P. P.N. Leg. 2797. Fol. 237 v 238. 6 de septiembre de 1718).

La otra zona agraria que destaca en esta comarca centro-sur es La Vega y el Cortijo de la Geria, siendo una de las más apreciadas de la Isla y constituida por el mismo tipo de suelo, aunque resulte más productiva al localizarse en una hondonada. En una venta que efectúa Marcos Verde y Justa Melián, y Diego Vázquez Botello y Margarita Ruiz al reverendo Luis de Bethencourt, vicario y beneficiado de Lanzarote en el año 1570, se hace una amplia descripción del Cortijo de la Geria y de su valioso patrimonio:

[...] conviene a saber nuestro asiento y Hacienda de La Geria tierras de la cerca adentro que están ya hechas el las por hacer, que lindan por una parte con tierras de Simón Luzardo, que fueron de su padre Luis Luzardo, e agora son de vos el dicho Luis de Bethencourt, e con cercados e tierras de Diego de Cabrera Leme e Juan Perdomo de Bethencourt, e con el camino Real que va a Rubicón, y para otra parte con tierras que fueron de Ruy Leme e Juan Gante e por los cuchillos de la Montaña que dicen La Geria, que es entre dicha Geria y ÀCocamar?. E por la banda de abaxo la Montaña que dicen el Chupadero de la Boca de la ÀCatoma? a dar al camino que va a Uga, aguas vertientes a la dicha Vega e tierras con sus cercas, casas e tahona, marital abierta e por abrir e cisterna que están dentro de las dichas tierras y cerca e un término de Teserage que a la dicha Hacienda pertenece y esta en ella encajonado que linda con el camino real y de allí a el camino que va de Uga hasta e a una Pileta de Tosca, e de allí a un cercado que esta en otro camino que viene de las casas de los Felipe de Uga; el camino en la mano hasta dar otra vez a la dicha cerca de la Geria, el cual camino se dice Corral de Jayas, que linda con el término de Juan Perdomo [...] en la Villa de Teguise [...] a 15 de diciembre 1570 (A.F.H.D. El Mayorazgo de Doña Sancha de Herrera. Hacienda de la Geria).

Existen otras descripciones del Cortijo y Hacienda de la Geria pertenecientes a los años inmediatamente posteriores a las erupciones, cuando cambian algunos de sus límites y una significativa parte de la toponimia que existe 160 años antes.

Del mismo modo se conserva abundante documentación sobre el largo pleito que existe entre las personas sucesoras de Diego Laguna, el que fuera vicario de la Isla y dueño del referido Cortijo [Concepción Rodríguez, J. (1995): El beneficiado Don Diego Laguna: su importancia para el Legado Cultural y Artístico en Canarias. IV Jornadas de Estudio sobre Lanzarote y Fuerteventura. Tomo II. Pág. 623. Arrecife]. El litigio lo emprende el marido de su sobrina Theodosio de Lara Ocampo y el Convento Dominico de Teguise (Quintana y De León, 2004a: 163. En este trabajo se recoge el dilatado pleito de las personas descendientes de Diego de Laguna con el Convento Dominico de la Villa. A.H.P.L.P. C.D. Leg. 47. Expte. 5. S/f.). En el inventario de bienes de Diego de Laguna se deja constar la riqueza agrícola de esta zona:

[...] especialmente en el Cortijo de la Geria, donde se registraba en el inventario de sus bienes la siembra de 20 fanegadas de trigo, 9 de sebada romana, 4,5 de centeno y 21 de cebada rabuda [...] (Quintana y De León, 2004a: 163).

La fertilidad de los suelos que rodean La Geria antes de las erupciones volcánicas motiva que gran parte de la propiedad se concentre en pocas manos, por lo general vinculadas al grupo de poder insular y, en particular, relacionadas con la iglesia, como es el caso del citado licenciado Diego de Laguna, que posee otros cortijos de los más fértiles de la Isla, como el del Boyajo y San José, además del de La Geria.

Las erupciones volcánicas suponen la pérdida de un substancial patrimonio inmobiliario y una de las vegas más ricas de Lanzarote, hecho que afecta a las personas propietarias que igualmente ostentan posesiones en esta zona, como lo demuestra el testamento de María de Castro:

[...] declaro dexar por mis bienes los siguientes. Primeramente lo que me toca en el pago de la Geria y Tinasoria por herencia de Cristobal de Castro mi padre que aunque lo más está perdido con las arenas ya en Tinasoria comienza a descubrirse algunas tierras en lo alto de las montañas (A.H.P.L.P. P.N. Leg. 2805. Fol. 63. Año: 1734).

El capitán Juan Cayetano Espino (A.H.P.L.P. PN. Leg. 2797. Fol. 152v-153v. Fecha: 3/5/18) es otra de las grandes personas propietarias de suelo en La Geria, siendo representante por esta aldea en las elecciones políticas de la Isla en 1729, con el cargo de Síndico Personero General (A.H.P.L.P. PN. Leg. 2808. Fol. 200-201v. Año: 1729).

La información etnoarqueológica (Ángel Figueroa. Diama. La Geria) señala la gran riqueza que esta área posee antes de las erupciones volcánicas, identificándose en su superficie piezas arqueológicas que pueden corresponder con la antigua aldea de La Geria:

[...] Ahí enfrente, donde está esa montañita de tierra sacando arena me encontré con este molino y con tiestos de barro y otras cosas que se las día al cura de Yaiza [...] había una jarra entera [...] [Ángel Figueroa (La Geria): Entrevista realizada en el año 1999, antes de los sondeos geofísicos en las tierras de su propiedad inmediatas a su vivienda, donde, posteriormente, se realizan excavaciones arqueológicas].

A partir de las prospecciones y excavaciones arqueológicas realizadas en Testeyna y Diama, se pudo comprobar la fertilidad de su suelo. En algunos sectores se observa un muestreo arqueológico debajo de las capas de cenizas volcánicas del S. XVIII insertado en terrenos marrones altamente aptos para la agricultura. Algunas de las áreas donde afloran estos suelos culturales, por lo general debido a extracciones de arenas volcánicas, se localizan en La Geria, al sur de Diama, en la parte norte de Guardilama, Los Caletones, en algunas zonas entre El Chupadero y Diama, Peña Palomas, Testeina, El Rincón, etc.

En el pasado siglo, el profesor Eduardo Hernández Pacheco, aporta una referencia de interés acerca de la identificación de estas tierras con motivo de unas extracciones para la construcción de un pozo:

Esto quiere decir que a los 20 metros de profundidad, existía en la base una capa de toba de lapilli de alguna antigua erupción, toba que persistió durante muchísimo tiempo sometida a la acción de los agentes de la intemperie por cuanto se constituyó en su superficie una espesa capa de tierra vegetal (Hernández, 2002: 82).

En efecto, algunos informantes de esta comarca, como M. Hernández, vecino de Tías, comentan -sin que conste comprobación- que debajo de las arenas volcánicas, se observan suelos marrones anteriores y, en ellos, las marcas de los surcos producidos por el arado precedentemente a las erupciones.

En la actualidad se puede detallar, siguiendo la tradición oral y especialmente la observación de campo, numerosas muestras arqueológicas pertenecientes a aljibes, muros y a un antiguo cementerio alojados debajo de las arenas volcánicas o bien aflorando en puntos sometidos a extracciones.

Entre las muestras localizadas pertenecientes al Cortijo de la Geria, se reconocen piezas de la cultura material de los antiguos maxies, permitiendo remontar la ocupación humana y la actividad agraria en esta zona a etapas anteriores a la Conquista normanda, acaecida en el mes de julio de 1402.

Existe una cantidad reveladora de citas acerca de los inmuebles afectados por los volcanes, pocos años después de ocasionarse las erupciones, en el intento de recuperar parte de esta zona como se hizo con la Ermita de la Caridad. Si bien el territorio, la infraestructura construida, asentamientos, etc. se relacionan entre sí, incumbe detallarlos ya que los aspectos como los bienes estratégicos (pastos, tierras de cultivo, agua, etc.), desempeñan un protagonismo básico, que no determinante, en la distribución espacial de la población y además, posibilita la aportación individualizada de una amplia información novedosa sobre un territorio hasta ahora desconocido.

Ésta va a ser una de las áreas principales del milagro económico de la isla, con la puesta en cultivo de los suelos cubiertos por las arenas volcánicas, si bien en determinados terrenos de La Geria, ello no ocurre en la totalidad de este término, no sucede hasta varias décadas después, según se desprende de algunos documentos pertenecientes al convento de los dominicos:

[...] y el de la Geria quedo arrasado de harena de forma que desde dicho año de treinta hasta el presente (1762) nada a frutificado ni lo hará sino a costa de un crecido caudal (A.H.N. C.D. Copia en el Archivo de Teguise. Fol. 19. Testificación de Jerónimo Coruxo, vecino de la Villa de Teguise).

El testimonio de los declarantes en la causa contra las personas herederas de Diego de Laguna por parte del convento de los dominicos de Teguise, señala que la limpieza de arenas de algunas zonas va a requerir un gran esfuerzo:

[...] y el de la Geria tan lleno de harenas que era preciso gastar un caudal mui crecido para coger en el algun fruto, pues le consta a el testigo que habiendo el catado la tierra en su presencia se halló paraje de ocho palmos de harena sobre la tierra y en otro se hiso oyo de catorce palmos y no se pudo descubrir tierra [...] (A.H.N. C.D. Copia en el Archivo de Teguise. Fol. 18v. Testificación de Silvestre Aparicio, vecino de la Villa).

Los efectos de las arenas en esta zona han sido recogidos y trasmitidos en la tradición oral. Juan Rivera, ya fallecido, vecino de Tajaste comenta que

[...] salió la lava aquella y arena, esa arena que ustedes ven en el enarenado no es sino los ciscajes del volcán, las cenizas estas negras [...] la Geria fue del volcán, los ciscajes, los ciscos, cenizas [...] [Juan Rivera (Tajaste-Tinajo, 83 años. Entrevista realizada el 12 de Julio de 1985)].

En el contexto de los primeros años en los que comienza esta zona a producir, y como reflejo de la importancia creciente que alcanza, fray Gregorio Fernández Méndez plantea construir un oratorio destinado a los oficios religiosos, dada la cantidad de mano de obra que ha llegado desde otros pueblos e islas para trabajar en el cultivo de la vid. Este proyecto de levantar en este lugar un edificio religioso fracasa, al construirse más tarde en Masdache [De León y Quintana (En prensa)].

La aldea de Peña Palomas linda con la zona de Las Vegas, localizándose en una amplia área de toda esta región central. Cuenta con una importante infraestructura hídrica, especialmente Las Vegas, Peña Palomas y La Geria (maretas, aljibes, cisternas, etc.). Se distingue la Mareta de Quintana, ceñida entre estas dos últimas aldeas, así como numerosas fuentes, algunas de las cuales se pueden identificar en la actualidad dada su vigencia de uso (Montaña Negra, Diama, etc.).

Las excavaciones arqueológicas desarrolladas en La Geria, muestran suelos marrones con presencia de pequeñas piedras redondeadas con incrustaciones de barro, que implica la existencia de un terreno afectado por escorrentías y depósitos de agua. Vinculado a ello se relaciona el topónimo Las Lagunetas, que ocupa el llano que se extiende entre La Geria y Peña Palomas. Del mismo modo en la tradición oral permanece la memoria sobre la afección a los recursos hídricos de esta zona y a las posibilidades de captación de agua que se dispone antes de las erupciones volcánicas:

Antes no había arena y había unos depósitos de agua especies de maretas tapados cuando había lluvia la tierra se llenaba y se usaba para los animales y luego de los volcanes se cubrió todo de arena y luego se plantaron viñas [...] [Manuel Hernández (Uga): Entrevista realizada, a los 86 años, en el verano de 1985].

Existen otras zonas situadas en las proximidades de Tegoyo y La Asomada, vinculadas a esta área, como la Vega de Chichirigauso (Chichinganso):

[...] la fanegada que tengo en Chichinganso, que la hube de Sebastián Rodríguez, y la media en la Caldera de la Asomada [...] (A.H.P.L.P. P.N. Leg. 2800. Fol. 198-202. Fecha: 7 octubre 1720).

Asimismo esta Vega se enlaza al pequeño asentamiento de Chichirigauso:

[...] un aljibe grande que fabricó en Chinchinganzo, una suerte de tierras contigua a dicho aljibe, hay un camino junto a dicho aljibe (A.H.P.L.P. P.N. Leg. 2800. Fol. 66v. Fecha: 9 agosto 1718).

Existen dudas razonables acerca de su localización, ya que en ocasiones se asocia a la Vega de Gauso (Ganso), encajada en la zona del Chupadero:

[...] camino que va a la Mareta del Llano al canto de lo Fragoso a lindar con el Término de Ganso cogiendo el camino que va a las Horquetas (A.H.P.L.P. P.N. Leg. 2797. Fol. 96v/87. Fecha: 23 marzo 1718).

Puede responder a dos denominaciones distintas, pudiéndose conjeturar que la ubicación de Gauso y Chichirigauso se halla entre Guagaro, La Asomada y Conil.

Vertiente histórica-arqueológica pormenorizada.

El antropólogo galo René Verneau visita la zona entusiasmado por las referencias facilitadas por las personas de la Isla acerca de vestigios indígenas. A juzgar por la descripción que realiza este científico, la zona objeto de su interés se ubica entre Masdache y La Geria, pudiendo tratarse del Taro, o bien del yacimiento dado a conocer por Juan Brito Martín (Juan Brito Martín, dio a conocer este yacimiento, exponiendo parte de los materiales arqueológicos localizados en él, en el Castillo de San Gabriel. Se pueden observar piezas cerámicas con los bordes calcinados, posiblemente por las lluvias de piroclastos) localizado en Testeina. El primer lugar citado resulta ser el más indicado ya que para desplazarse desde este punto a Peña Palomas ha de caminar varios kilómetros sobre lava, sin que advierta vegetación o cultivo alguno. En efecto, si se circula desde la vivienda de Antonio Díaz en dirección a Peña Palomas, haciendo escala en el Taro, es preciso desplazarse al norte de la montaña de Testeina sobre coladas. Se deduce pues, que al citar el lugar de la Jenia se confunde con el caserío de La Geria, cuya ubicación se halla a continuación de Peña Palomas y no antes.

[...] pues en ese lugar (La Jenia) pude examinar una magnífica casa honda, un horno de cerámica y aljibes, construcciones todas anteriores a la conquista (Verneau, R., 1981: 132).

El interés de esta citación, en la medida que identifica claramente una casa honda, término que recoge directamente de sus guías e informantes, es que registra vivo en la tradición oral el topónimo. Sin embargo, plantea dudas su reseña a aljibes, ya que no se ha documentado ninguna en las inmediaciones del Taro. No obstante, concurren referencias a construcciones visibles en este lugar hasta hace algunas décadas, hoy derruidas, por lo que no podemos descartar que exista algún aljibe enterrado o destruido. Similar comentario precisa el horno de cerámica. En los alrededores del Taro se halla una significativa cantidad de tramos de muros y paredes, entre los que destacan cantos de colores rojizos trabajados, pertenecientes a antiguas construcciones.

René Verneau consuma el camino de regreso directamente desde La Geria a la casa de Antonio Díaz, articulada al pie de Montaña Tersa, al sur de Masdache.

Probablemente toma la vieja vereda trazada inmediata a la citada montaña, por el norte de ésta. Efectivamente, si el regreso es por este trayecto encuentra, durante todo el camino cultivos de vid y no tiene que atravesar superficies de coladas, salvo un pequeño intervalo en Tegoyo.

El otro enclave que cita se corresponde con Peña Palomas, donde visita algunos aljibes. Por los datos que proporciona se sitúan al poniente de la Montaña de los Caletones, donde confluyen referencias a estructuras antepuestas al volcán y la cavidad que a continuación cita René Verneau:

En Peña Palomas los aljibes que querían mostrarme no eran verdaderamente obra de los antiguos insulares. Sus paredes cimentadas y el corte de las piedras indican un origen relativamente reciente. Pero al lado vi una cueva extraña que había servido antiguamente de vivienda y que hoy día aloja a un dromedario. Es una gigantesca gota de lava de cuatro metros de alto y 6,50 de diámetro [...] (Ídem).

Agustín de la Hoz en su libro Lanzarote, a pesar de que facilita muchas imprecisiones y emplea un estilo literario más que el estrictamente histórico, reseña muestras arqueológicas soterradas en las arenas volcánicas:

Más adelante se llega a la montaña Diana, y con las manos enterradas bajo la arena se puede obtener agua cristalina, procedente de un manantial sellado por estas ingentes masas de cenizas [...]. Al rededor existen otras innúmeras fuentes selladas, de puro vulcanismo, como la del Obispo Dávila y las otras del volcán de Guardilama (De la Hoz, A., 1960: 239).

A partir del año 1995 el investigador Julián Rodríguez Rodríguez facilita testimonios acerca de los aljibes y muros semienterrados en la zona de La Geria y Masdache (El Oratorio, el Taro, etc.).

Por otro lado, Juan Manuel Hernández Auta, da a conocer piezas arqueológicas de los maxies en la arena extraída de La Geria.

El hecho de que hoy la Ermita de la Caridad se encuentre descubierta permite pensar que, al menos aquellos edificios importantes, como pudieran ser determinadas viviendas, fueron objeto de una limpieza total. Esta posibilidad se contempla en 1734 al referirse a la posible recuperación de la ermita:

[...] las alajas i ornamento de desir missa que auia en la hermita de Nuestra Señora de la Caridad en el Cortijo de la Geria obligando sus bienes avidos y por aver de que en caso que sus tierras del Cortijo se buelban a cultivar i poner corriente la hermita para selebrar en ella bolbera a poner alli todas las alajas i ornamentos [...] (A.H.P.L.P. C.D. Expediente: 47-5. Folio: sin foliar. Testificación del Alférez Julio Perdomo sobre las tierras perdidas que pertenecían a Diego de Laguna, ex-vicario de la Isla en un pleito de sus herederos. 24 de enero de 1734).

Con respecto a las demás edificaciones que existen en La Geria, concurren documentos más explícitos que referencian la posibilidad de recuperarlas. Uno de ellos está fechado en 1731, poco después de ser sepultadas y en los primeros años de la actividad volcánica. Este texto aporta además una apreciable información para el conocimiento de la propia actividad volcánica, en referencia al comportamiento de las emisiones piroclásticas en los inicios de la emisión:

[...] Y el Cortijo de la Geria con sus casas y aguadas por lo presente está también perdido por el mucho cascaxo grueso y arena que le cayó y puede ser que con los tiempos y la aplicación de los dueños buelva otra ves a su ser quando no en todo en parte pues aplicandose su dueño se puede destupir algunos vasos y haserse avitables las casas destupiéndose la entrada de ellas [...] (A.H.P.L.P. C.D. Expediente: 47-5. S/f. Testificación del alférez Julio Perdomo).

En el Taro perdura otra construcción de notable importancia perteneciente a fechas posteriores a la actividad volcánica y de la que hasta hace algunas décadas se puede observar parte de sus paredes. En este enclave destacan claramente dos paredes que se adentran en el interior de una colada de las erupciones del S. XVIII, potencialmente del Volcán de las Nueces. En este lugar llama la atención que la lava se sitúa directamente sobre las paredes, sin que se observe la capa de cenizas -que en ocasiones es muy fina-, y que suele existir en gran parte de este territorio, y especialmente en este sector afectado, en varias ocasiones, por lluvias de piroclastos, especialmente si tenemos en cuenta la dirección de los vientos dominantes y la cercanía de los focos eruptivos, en este caso, del Volcán del Cuervo.

En esta amplia zona se hallan escasas muestras de viviendas anteriores a 1730, especialmente si tenemos en cuenta que allí se sitúan numerosas aldeas. No obstante, y sin descartar la posibilidad de que algunas fábricas permanezcan cubiertas en alguna parte de esta región, hay que tener en cuenta que las aldeas acomodadas en esta zona, si bien son numerosas, permanecen poco pobladas. La Geria, Masdache, Guagaro, Conil, Guatisea, Testeina, Macintafe, etc., pero de ellas destaca La Geria con 10 vecinos, Guagaro con 5, Conil con 17 (posiblemente afectada sólo en parte), Masintafe y Testeina con 3, mientras que Masdache y Guatisea documentan uno. Por ello, lo que fundamentalmente se enfatiza en este territorio es la fertilidad de sus vegas y no su infraestructura construida.

Un hecho que puede explicar la escasez de población en esta zona con respecto al área central, destruido por coladas, son las relaciones de producción existentes en el momento de las explosiones volcánicas, lo que va a reflejarse en la distribución de la propiedad. Aparenta existir una destacada concentración de grandes parcelas en manos de la Iglesia, efecto que se aprecia en la toponimia -Las Monjas, Montañeta de la Inquisición-. En la relación de grandes propiedades algunas corresponden a la institución religiosa -Diego de Laguna, el vicario Ambrosio de Ayala- e incluso familiares destacados del Condado de la Vega Grande de Guadalupe, emparentado con la saga de los Ayala Navarro (A.H.P.L.P. P.N. Leg. 2804. S/f. En este documento se cita al coronel Francisco de Amoreto y al capitán Cristóbal del Castillo Olivares, como dueños del Cortijo Testeina. D. Cristóbal del Castillo es yerno del que fuera Alcalde Mayor de la isla, el Capitán y Sargento Mayor don Felipe de Ayala y Navarro. Ver también: A.H.P.L.P. P.N. Leg. 2797. Folios 196/196v. Fecha: 20 de agosto de 1718).

Otra circunstancia que debe tenerse en cuenta es que los datos de población que facilita el Obispo Dávila se elaboran con anterioridad a consumar las erupciones. Por ello, vemos que algunas de las aldeas que se tratan como sepultadas por las arenas, como Iniguadén, parte de Masdache y Guatisea, posiblemente Masintafe y la propia Geria, son cubiertas por coladas con posterioridad. Esto explica que ciertos módulos constructivos existentes en esta zona, antes de los volcanes, desaparezcan debajo de las lavas sin dejar rastro en la superficie.

Por el momento, la arqueología parece verificar cierta agrupación de edificios, sobre todo aljibes, en las proximidades de la zona donde se sitúa la aldea de La Geria, es decir, al SE de Diama.

Con respecto al problema planteado, se puede suponer dos hechos:

- Por una parte, que muchas de las edificaciones, en estado ruinoso, sean derruidas y sus materiales utilizados para la construcción de paredes. Se observan en ciertos socos de parras, en toda esta región, el uso de piedras anteriores a los volcanes del S. XVIII, llegándose a emplear cantos trabajados, algunos de los cuales se hallan impregnados de cal.

- Tenemos en cuenta que muchos sectores donde hoy se observan piroclastos, se superponen a las coladas de algunos volcanes que entran en actividad algunos meses o años antes. Las constantes fases eruptivas y explosivas se ocultan en ocasiones debajo de la fisonomía del espacio construido por las erupciones, especialmente en su última fase.

Un hecho significativo es que al reconstruirse algunos de estos pueblos después de los volcanes se prefiere asentarse sobre las coladas recientes -lajiales-, antes que en zonas cubiertas por las arenas, que ofrecen mayores posibilidades económicas. Tal es el caso de Masdache, Uga o Tomaren.

Es posible que se optara por aprovechar los suelos cubiertos de arenas para su explotación agraria, especialmente para el cultivo de viñas y que en los suelos improductivos rehicieran sus viviendas. Es lógico suponer que el material de construcción empleado sea en gran medida obtenido de las viviendas afectadas por los lanzamientos geológicos.

En este sentido, un dato de mucho interés desde el punto de vista arqueológico es el de la localización de estos materiales en el yacimiento citado por René Verneau de las Casas Hondas de Masdache, en la trasera de la vivienda de Antonio Díaz. Se verifica la reutilización de este yacimiento desde la etapa indígena por la presencia de ciertos tipos de cerámicas posteriores a la Conquista (popular, a torno, del Mojón.) llegando hasta 1730, ya que, con posterioridad a esa fecha, este enclave pasa a desempeñar una función estrictamente económica (cultivo de parras), cuando antes constituye un asentamiento humano.

Este efecto, es aplicable a otros espacios de esta zona (El Rincón, La Geria, etc.), proporcionando una interesante referencia de cronología relativa referida a períodos posteriores a la Conquista. Empleando métodos estrictamente arqueológicos es posible proceder a la lectura de los perfiles dejados por las extracciones, donde se observan, en algunos niveles, suelos marrones originales. Este hecho es significativo en La Geria, próximo a la vivienda de Ángel Figueroa, en donde se identifican piezas de procedencia maxie [Buena parte del material arqueológico presente en esta zona es posterior a la conquista (cerámicas de importación y popular). No obstante, se localizan piezas de la cultura indígena]. Igualmente reúne excepcionales condiciones para formalizar estos estudios, Las Quemadas, colindante a Mancha Blanca. En este lugar afloran los suelos marrones originales, con material arqueológico claramente asociado a esta cultura indígena, debajo de un nivel de cenizas y coladas (zona mixta), del S. XVIII. También en Guardilama se reconocen, en un corte de varios metros de profundidad, un amplio horizonte de cenizas del S. XVIII, un nivel inferior de suelos marrones, y debajo otro horizonte de cenizas.

Existe un sector, afectado parcialmente por este expediente, de alta potencia arqueológica que se concreta en la región de Masdache-Testeina-Peña Palomas-La Geria y Uga. Los límites de esta amplia área se establece entre la aldea de Uga en la parte suroccidental y San Bartolomé-Guatisea en la parte oriental. Al sur, la delimita la amplia cadena montañosa que discurre desde Montaña Blanca hasta Montaña Casa, pasando por las montañas Tersa, Montaña Bermeja, Cerro Tegoyo, Gaida, Guardilama y Tinasoria; y hacia el norte, por todo el límite de las coladas que van desde Montaña Mesa hasta Mozaga, atravesando las montañas del Chupadero, Diama, Peña Palomas, Los Caletones, Montaña Negra y Montaña de Juan Bello.

Aquí igualmente se incluye, hacia el Norte, algunas zonas no cubiertas por coladas superficiales sino por arenas volcánicas, algunas de ellas citadas en la tradición oral por la presencia de muestras enterradas por piroclastos (El Rodeo, Chibusque, etc.). En algunos sectores de esta zona penetran coladas de los últimos períodos eruptivos, que se superponen a terrenos cubiertos por arenas (Masdache, Iniguadén, Tegoyo, Tomaren, Guatisea).

Se han encontrado materiales indígenas en suelos anteriores a las erupciones, dejados al descubierto por extracciones de arena en La Geria-Diama [Muchos de estos yacimientos se hallan recogidos en la Carta Arqueológica de Tinajo: De León Hernández, J., Tejera Tejera, M., Cabrera López, R., Ramón Fernández, A., Toribio Morales, D., Marrero Romero, R., Perera Betancort, M. A. y Duarte Guillén, C. (2004): La Carta Arqueológica de Tinajo. Conocimiento y gestión municipal del patrimonio arqueológico. XI Jornadas de Estudios sobre Fuerteventura y Lanzarote. Tomo II. Pág. 127. Puerto del Rosario]. Desde hace tiempo se conocen en Masdache y en Uga, manifestaciones arqueológicas de los Maxies, como las Casas Hondas citada por René Verneau en el pasado siglo XIX y material en superficie dado a conocer por José Manuel Hernández Auta y por Guillermo Rivero a comienzos de la década de los ochenta. Otros puntos de mucho interés, ya que presentan claros indicios de poseer estructuras y elementos arqueológicos enterrados, son las zonas, ya citadas, del Taro, El Rincón, Guardilama, los Caletones-Peña Palomas, etc.

De Peña Palomas nos interesan los yacimientos arqueológicos de naturaleza ergológica, la Montaña Diama en la que el Cabildo Insular ha llevado a cabo excavaciones arqueológicas y La Geria en la que se documentan diversas aljibes sepultados, la antigua aldea y la necrópolis de la cultura de los maxios.

La intensa actividad extractiva llevada a cabo en el área del yacimiento de la Geria-Montaña Diama, deja al descubierto los suelos marrones originales. De ellos Ángel Figueroa, vecino de La Geria, conserva piezas de molinos líticos, material cerámico, óseo, etc. Dada la importancia de este enclave y sus óptimas posibilidades, se llevan a cabo prospecciones geofísicas y una campaña de excavaciones arqueológicas.

En Diama y en La Geria afloran alineaciones superficiales de piedra así como material arqueológico sobre el terreno original, conformado por suelos marrones, al retirarse la arena volcánica. Por otro lado, en una serie de zanjas han aparecido piezas de cerámicas enteras, un molino circular, otras piezas líticas, etc. Los trabajos realizados en La Geria resultan más clarificadores, en la medida en que no existen estructuras que afloran en el terreno, salvo las distanciadas alineaciones a las que nos hemos referido. En este caso, los estudios geofísicos muestran alteraciones magnéticas bastante acusadas en los extremos de la cuadrícula, coincidiendo dichas alineaciones con la estructura que se exhumó en la intervención arqueológica.

Se conserva abundante documentación escrita anterior y coetánea a las erupciones de Timanfaya sobre las áreas en que se encuentran estas unidades arqueológicas. Si bien no se puede afirmar a qué tipo de módulo constructivo pertenecen los trazados arquitectónicos excavados, ni a qué sector de las edificaciones forman parte, o en qué fracción de alguna aldea se hallan (elementos de una casa, recintos aislados fuera de poblado, etc.), es factible encontrar alguna asociación con las citadas aldeas, tomando como base la información exhumada.

Existen referencias a algunas edificaciones y características del terreno anteriores a las erupciones, en las cercanías de las aldeas de Testeina y La Geria, que pueden estar relacionadas con los yacimientos referenciados. Igualmente concurren reseñas en las fuentes documentales a construcciones en La Geria, poco después de las emisiones volcánicas, que son de significativo valor para identificar, con mayor claridad, algunas de las edificaciones observables en el terreno, especialmente los aljibes.

Abunda la información oral tanto para El Taro como para La Geria. Francisco Rodríguez Cruz, vecino de Conil, aporta datos de interés acerca del Taro, si bien no lo relaciona con la antigua aldea de Testeina [Francisco Rodríguez Cruz (Conil). Entrevista realizada por Julián Rodríguez y José de Léon en 1998 en el Taro (Testeina)]. Sin embargo, Ángel Figueroa aporta que en una de sus escrituras de propiedad se menciona a que sus terrenos lindan con el antiguo pueblo de La Geria. Este hecho demuestra que el yacimiento excavado forma parte de la aldea de La Geria.

En ambos yacimientos se observa una alta diversidad de materiales volcánicos y de formaciones mixtas. Además de las zonas cubiertas de arenas, hecho que se constata para los dos yacimientos que nos ocupan, existe otro tipo de terreno de interés para futuras excavaciones que son las formaciones mixtas, con superposición de arenas y coladas, sobre todo si se trata de los bordes de estas últimas y, por lo tanto, con escasos metros de espesor.

En el Taro se observan áreas cubiertas por una alta potencia de arenas, como se demuestra en la excavación del citado taro y coladas superpuestas a ellas, si bien los muros poseen, en éstas, algunos problemas, al no observarse la presencia de arena entre éstos y las coladas, lo que lleva a deducir que las lavas se depositan directamente sobre las edificaciones.

En La Geria, al mismo tiempo de los terrenos cubiertos por significativo espesor de arena y los que permanecen en su fisonomía original, debido a extracciones, se puede observar unos pocos metros hacia el NE de éstos, potentes bordes de coladas que se superponen a niveles de arenas coetáneas a las zonas excavadas. Esta circunstancia alcanza un extraordinario interés, ya que en un futuro se pueden identificar unidades constructivas revestidas por arenas y coladas en el ámbito directo de la antigua aldea de La Geria. Por otro lado, facilita una valiosa información para determinar la dinámica y fases de las expulsiones.

Existen testigos del paleopaisaje debido al comportamiento de las coladas. Este aspecto es perceptible en la zona del Taro, al tratarse de un pequeño islote rodeado de coladas. Se observa claramente que debe tratarse de una elevación sobre el terreno original y las coladas tipo AA, a pesar de llevar una gran presión por el espesor de los materiales arrastrados, no pudo cubrir toda la superficie del terreno. Se observa igualmente una serie de entradas de las coladas, formando brazos de varias decenas de metros, alguno de las cuales puede explicarse por la aparición de un obstáculo que obliga a frenar a las lavas y a desbordarse lateralmente. Esto puede responder, atendiendo a lo apuntado por el vulcanólogo Ramón Ortiz, a la existencia de alguna edificación dispuesta en el borde de una colada terminal, con poca presión, lo que coincide con los muros analizados, ya que penetran debajo de las lavas, siendo lógico pensar en la coexistencia de otro muro perpendicular a éstos que cierra la probable arquitectura.

En la campaña de excavaciones no se pudo realizar catas en este sector, hecho que, por otro lado, presenta serias dificultadas técnicas, si bien es uno de los objetivos de próximas intervenciones. Para ello es preciso establecer una metodología propia para esta naturaleza de terrenos. Ambos yacimientos se sitúan en puntos óptimos para determinar posibles emisiones de cenizas de alguna hipotética erupción durante la etapa de vigencia de la cultura indígena. Esta posibilidad se basa en la sospecha de algunas personas vulcanólogas sobre la presumible existencia de emisiones durante el primer milenio de la era (A pesar de que algunos autores defienden esta hipótesis como Juan Carlos Carracedo, otros, como el geólogo Vicente Soler, la ponen en duda, al sostener la existencia de erupciones duraderas, pero muy espaciadas en el tiempo). De ser así, no resulta difícil comprobar tal supuesto con la excavación arqueológica en unos niveles de cierta potencia, donde se detecten materiales arqueológicos pertenecientes a la cultura autóctona de la isla por encima y por debajo de niveles de ceniza. Hay que tener en cuenta, que salvo períodos de tiempo muy concretos, y por lo general estacionales, los vientos dominantes de una erupción en el centro o noroeste de la Isla, arrastran los grandes depósitos de cenizas en la zona donde se hallan estos yacimientos.

Otro sitio de interés para determinar esta hipótesis lo constituye el yacimiento de las Casa Hondas de Masdache, por la presencia de abundante material arqueológico aborigen. No obstante, en las excavaciones llevadas a cabo no se identifican datos favorables a tal hipótesis. Sin embargo hay que advertir que debido al carácter aún limitado de estas campañas, estos resultados no son determinantes.

Las excavaciones de estos enclaves presentan altas posibilidades de analizar la evolución de la actividad volcánica en los cortes estratigráficos: centros eruptivos, características de los materiales emitidos, superposición de coladas y capas de piroclastos. Hay que tener en cuenta que las excavaciones arqueológicas en estos dos emplazamientos, sobre todo lo verificado para el Taro, ofrecen una información extraordinaria para determinar los diferentes episodios eruptivos, las características de éstos, el foco de emisión, el tipo de materiales emitidos, etc. Así se ha comprobado, en el corte de más de dos metros junto al taro, una cantidad significativa de niveles de ceniza de distinto grosor, coloración, etc.

Los niveles donde se depositan los piroclastos, sean suelos marrones, estructuras, etc., se ven afectados por las erupciones en una misma fecha, posiblemente entre septiembre y diciembre de 1730, estando en mayo de 1731 totalmente cubiertos por las cenizas:

[...] que el Cortijo de la Geria a resevido de nuevo pues a quedado inhabitable y perdido para siempre sin que se espere dara fruto ninguno ni se puedan baler de casas ni vasos de agua (A.H.P.L.P. C.D. Leg. 47: Fecha: 31 de Mayo de 1731. Se trata del pleito de Theodosio de Lara vecino del Puerto de la Orotava, sobre los bienes heredados de su mujer Antonia María de Ocampo y Bustamante sobrina de Diego Laguna, contra el convento de los padres dominicos de La Villa. Quintana y De León, 2004a: 163).

Ello posee alto interés para determinar la relación del material arqueológico excavado, sobre todo el de los niveles más superficiales y establecer paralelos entre las cerámicas de tipo doméstico, pautas alimenticias, objetos de importación, etc., en el primer tercio del S. XVIII. Se da por hecho que ambos enclaves arqueológico se abandonan, al menos temporalmente, a partir de las erupciones, ya que no se observan niveles estériles entre la superficie original y el material arqueológico o las estructuras arquitectónicas.

Se trata pues de dos yacimientos excepcionales para poder aplicar planteamientos metodológicos referidos a la complementariedad de diferentes fuentes de conocimientos y la presencia de terrenos volcánicos susceptibles de ser excavados (La excavación es autorizada por Resolución 33/00, de 10 de marzo, de la Viceconsejería de Cultura del Gobierno de Canarias y financiada por el Cabildo Insular de Lanzarote. se llevan a cabo entre abril-mayo del año 2000, bajo la codirección de José de León, Mª A. Perera, Rita Marrero, Carolina Batista y Saturnino Fuentes).

Debido a las particularidades de ambos enclaves, se han establecido criterios metodológicos específicos para cada uno de ellos. Así, en el Taro se excava una estructura de la que aflora una parte importante de la que interesa saber cómo se comporta interiormente y su perímetro exterior. En La Geria existe una serie de alineaciones escasamente perceptibles, material arqueológico en superficie insertado en un paquete de suelos marrones dejados al descubierto hace pocos años. En este caso se excava en las inmediaciones de las zanjas donde Ángel Figueroa, propietario de los terrenos, localiza material arqueológico en superficie.

La intervención en el Taro de Testeyna se precede a prospecciones geofísicas en los alrededores de dicho módulo arquitectónico. Se lleva a cabo una cuadriculación general de la zona previamente seleccionada sobre un eje de 25 m en dirección E-W y de 12 m en dirección N-S, quedando el taro inscrito en esta sectorización. La excavación se desarrolla en tres cuadrículas: 1.- cara norte y posterior del taro. 2.- cara sureste. 3.- interior de la estructura, dejando un testigo para futuras intervenciones y para poseer un perfil sobre el que realizar la lectura estratigráfica; y 4.- en la cara sureste, anexa a la cuadrícula 2. Las cuadrículas números 2 y 4 experimentan ampliaciones a medida que la dinámica lo requiere, ya que se trata de determinar, entre otras cosas, la morfología de la estructura y, sobre todo, de su fracción soterrada. Siguiendo este criterio, se decide realizar un sondeo de 1 x 1 m en el margen este de la cuadrícula número 1, para determinar la potencia del suelo arqueológicamente fértil, ya que empieza a mostrarse, a escasos centímetros, una acumulación uniforme de cenizas volcánicas de la erupción del S. XVIII. Se pudo determinar la presencia de reservas de cenizas de 4 m de espesor, hasta alcanzar la tierra bermeja que constituye el suelo original afectado por las explosiones. En este corte se dispone, sobre el citado suelo, un fragmento cerámico del denominado popular muy deteriorado, de difícil adscripción, así como una fracción de malacofauna.

Con respecto a la intervención arqueológica en Diama-La Geria, se establece la sectorización de la zona atendiendo a los resultados geofísicos y a la zanja profundizada por la propiedad, de 30 x 25 m, de los que se excavan tres cortes de 2 x 3 m y de uno de 3 x 0,75 m. Dichos cuadrículas se denominan A2, B2, B1 y C1 que sirve como referencia para futuras campañas.

En todas las cuadrículas se localiza cerámica popular y de importación, algunas de significativo tamaño susceptibles de reconstruirse. El corte A2 demuestra mayor concentración de material, a pesar de no excavarse en su totalidad, sólo un sector de 0,75 x 3 m. En él se identifica una alineación de piedras de doble hilada, el más próximo a la zona ya citada. Además de la cerámica, se extraen piezas óseas de ovicápridos, un aro de metal, piezas de mortero de color blanquecino junto a una de las hiladas de piedra, y la constatación de que se halla ante una serie de recintos de tendencia cuadrada y rectangular, la mayor parte de doble hilada, pero de los que sólo se conservan las primeras alineaciones.

Una de las características del sedimento, que oscila entre arcillas de color marrón oscuro y anaranjadas, es la existencia de elevada cantidad de pequeñas piedras esféricas formadas por granos gruesos de picón recubiertos de una capa de manganeso y hierro, a causa del contacto con depósitos temporales de aguas y limo. Este hecho es muy importante, ya que la zona se encaja entre las montañas de Diama y Guardilama, en el interior de un pequeño valle que, en períodos lluviosos forman los peculiares bebederos de la Isla. Hay que tener en cuenta que próximo a esta área, y antes de las erupciones, se localiza el topónimo Las Lagunetas [A.H.P.L.P. P.N. Leg. 2800. Fol. 66v. Fecha: 9 de agosto de 1718: Testamento de Juan de Betancort Clavijo, vecino de la Villa: [...] en la mareta de D. Pedro Sarmiento, montaña de Conil [...] y en las Lagunetas, [...] fabricó una mareta, con casa, era en Guagaro [...] tenía 30 reales comprados a los herederos de Juana de León en Guagaro, Tegoio y Conil [...] y otros 30 en el término de Casitas Blancas [...] un aljibe grande que fabricó en Chinchinganzo, una suerte de tierras contigua a dicho aljibe], por lo que se puede suponer que en períodos de lluvia se forman grandes charcos naturales en esta franja.

En relación al yacimiento del Taro, y como resultado provisional de la intervención arqueológica se comprueba la categoría de la estructura, con los resultados parciales de la cuadrícula número 1, al verificarse la tendencia circular del interior de la edificación y la presencia de una sucesión de alineaciones, también circulares, a modo de gradas o contrafuertes exteriores. En la cuadrícula 2 se observa la continuación, por la parte inhumada del recinto, de las paredes siguiendo la tendencia circular y, por lo tanto, el cierre del mismo por el lado SW. Se entiende que el taro debe construirse con anterioridad a las erupciones, sobre todo porque permanece parcialmente cubierto por cuatro metros de cenizas volcánicas, lo que se observa bien en su área SE.

Los resultados de estas excavaciones resultan provisionales, abriendo una serie de interrogantes e hipótesis para futuras campañas. En este sentido, se comprueba la existencia de varias unidades habitacionales pertenecientes a recintos domésticos -como lo atestigua la cerámica y los fragmentos de molinos-, siendo prematuro determinar la tipología, la funcionalidad y las dimensiones totales de dichos recintos. No cabe duda, que en la zona donde se establece la sectorización se observan otras alineaciones en superficie, con lo que se está ante varias fábricas, o los cimientos de éstas, relativamente concentradas en esta zona. Si bien en la superficie de la tierra bermeja sobre la que se excava, apenas sobresalen las alineaciones de piedras -las cuales forman parte de los cimientos-, no se puede olvidar que, desde la década de los treinta del S. XVIII, se deposita un nivel de cenizas volcánicas importante:

[...] pues le consta a el testigo que habiendo el catado la tierra en su presencia se halló paraje de ocho palmos de harena y en otro se hiso oyo de catorce palmos y no se pudo descubrir tierra (A.H.N. A.H.T.g. C.D. Expte.: 45-27).

Es posible, como apuntan ciertas citas, que queden al descubierto parte de las edificaciones que se abandonan. Al ponerse en cultivo estas áreas, antes que para la obra o reutilización de las viviendas, las piedras con las que se construyen las edificaciones anteriores, se emplean en los socos de las parras.

Por otro lado, es difícil identificar cómo son los indicios superficiales hasta hace unas décadas, ya que se extraen las arenas y piedras volcánicas, como las usadas de las paredes que afloran hasta hace pocos años. Presumiblemente en este sector una parte reveladora de las paredes que forman los socos -si bien permanecen algunos sin paredes- se emplean piedras de costa, como se observa en los terrenos próximos. Es por ello por lo que se estima que los vestigios excavados pertenecen a la aldea de La Geria, hecho a lo que hacen referencia las escrituras que pertenecen a Ángel Figueroa, así como la tradición oral transmitida por su familia.

Resulta revelador el tipo de terreno documentado en el subsuelo, al albergar grandes bebederos, charcos o maretas hasta donde se canaliza el agua de lluvia procedente de las elevaciones próximas. Este hecho no resulta compatible con la presencia de viviendas en esta misma área, como lo demuestra la alta cantidad de material arqueológico de tipo doméstico asociado a las unidades excavadas. Sin embargo es preciso realizar un estudio más minucioso para localizar elementos orográficos mínimos que puedan acoger una vivienda en medio de la llanura.

Es importante desarrollar tareas de limpieza para documentar ciertos perfiles con el fin de identificar muestras de actividad humana, de fauna o flora afectadas por las cenizas. Existe una cita contemporánea a las erupciones referida a la muerte de la mayor parte de los animales en la zona de La Geria y alrededores:

Es el caso, que en un pueblecillo llamado La Jeria, dicen y es muy cierto, echa tan mal olfato la tierra en partes, que los animales se caen muertos, y las aves. Pasando onze reses bacunas por este lugar, todas onze, dicen, cayeron muertas: lo mismo ha sucedido con otras de la misma especie con jumentos, perros, gatos, y gallinas [...] (Romero, C. 1991: 43).

Si bien la causa de la muerte responde a la inhalación de gases tóxicos emitidos por los volcanes, cabe suponer que luego son cubiertos por nuevas emisiones de piroclastos. En esa fecha, finales de 1730, estas áreas se hallan abandonadas, por lo que no es posible la retirada de estos animales, algunos de gran porte, como vacas y camellos, a pesar de la amenaza de posibles epidemias [Sobre la posibilidad de epidemias por la muerte de los animales, continúa el relato citado anteriormente: [...] de que infieren que las lluvias, vaporizando la tierra, se puede levantar alguna epidemia. Romero, C. 1991: 43].

Es necesario el análisis de determinados suelos, sobre todo de aquellos que presentan mejores condiciones para el cultivo. Existen áreas de suelos marrones de muy buena calidad que han quedado en la superficie, una vez extraída la capa de arena volcánica superpuesta como sucede en La Geria. Se recuerdan las referencias orales acerca de antiguos terrenos de cultivo aparecidos retirando las arenas volcánicas, donde se observan los surcos consumados inmediatamente antes de las expulsiones volcánicas. Observando algunos sectores de La Geria, se puede comprobar surcos sobre el terreno original, aunque es igualmente posible que además de las marcas de arado permanezcan huellas producidas por la pala mecánica en las tareas de limpieza del terreno.

A partir del desarrollo de las coladas de las erupciones del S. XVIII y con el apoyo de determinados documentos anteriores y coetáneos a los volcanes, se puede asegurar que en la zona central de la Isla existe una serie de grandes valles y llanuras, cercadas por varias alineaciones montañosas. Uno de estos sectores lo constituye el valle de La Geria, La Vega de Guagaro y las de Testeina y Masdache. Es identificable la acumulación de piroclastos en algunos sectores del área central de Lanzarote, de ahí la selección de la excavación arqueológica de La Geria y El Taro. El hecho de no alcanzar niveles muy profundos en los cortes acometidos en la primera campaña arqueológica, resulta insuficiente para determinar la existencia de cenizas asociadas a elementos arqueológicos de la población Maxie.

Miembros de la familia del Castillo (Condado de la Vega Grande de Guadalupe), de Gran Canaria, poseen tierras en la zona de Testeina-Masdache, que quedan sepultadas por los volcanes del S. XVIII [A.H.P.L.P P.N. Leg. 2804. S/f.: En este documento se cita al coronel Francisco de Amoreto y al capitán Cristóbal del Castillo, vecinos de Canarias (Gran Canaria) como dueños del Cortijo de Testeina]. También en el archivo privado de la familia Fajardo Espínola de La Laguna existen documentos de interés acerca de las propiedades afectadas por las erupciones y, sobre todo, de los primeros años después de finalizar, especialmente en el área de La Geria. Probablemente la familia Fajardo desciende de los hermanos Domingo Hernández Fajardo, vecino de la sepultada aldea de Testeina, y de Juan Hernández Fajardo, de La Geria y hermano del anterior (Estos dos personajes llegan a la Isla a comienzos del S. XVIII procedentes de Tenerife, instaurando, a partir de las erupciones, una de las sagas familiares más importantes de Lanzarote hasta la actualidad). El propio escribano Nicolás Clavijo, padre de Clavijo y Fajardo, es yerno de Domingo Hernández Fajardo y, por lo tanto, conocedor de muchos de los terrenos que él protocolariza y que se destruyen por las arenas y coladas.

A los legajos que existen en el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas, se le suman otros llegados hace escaso tiempo depositados en el Archivo Histórico de Teguise, donde se localiza información de interés del momento de las erupciones y de los años posteriores, existiendo algunos manuscritos valiosos para reconstruir el proceso de expansión económica de La Geria, como se deduce del testamento fechado el 10 de julio de 1734, de María de Castro viuda del teniente capitán Félix de Bethencur de Ayala, vecina de La Geria:

[...] Lo que le toca en el pago de la Geria y Tinasoria por herencia de Cristóbal de Castro mi padre que aunque las más están perdidas por las arenas ya en Tinasoria comienzan a descubrirlas algunas tierras en lo alto de la montaña (A.H.Tg. C.D. Leg. 42/27. 1793. Se hace referencia a un testamento de 1734).

Con respecto a las erupciones y sus consecuencias como es la destrucción del Cortijo de La Geria, para acercarnos a la reutilización y puesta en producción de La Geria, Masdache, Testeina, Yuco, Tinguatón, etc., estos documentos ofrecen un gran interés. En ocasiones aportan árboles genealógicos de las familias que viven en las aldeas desaparecidas por los volcanes, como la de las personas herederas de Ana Viciosa.

En estos legajos igualmente existe información acerca de las zonas y topónimos de interés. Las actas del Cabildo de Lanzarote entre 1705 y 1725 contienen igualmente referencias sobre el Mayorazgo de La Geria que posee topónimos de interés del S. XVI, partición de términos parroquiales, entre otros datos. La mayor parte de la documentación de interés del archivo de la familia Fajardo Spínola se relaciona con la zona de La Geria. De ella destaca un documento relativo a la necesidad de levantar una ermita y oratorio en La Geria,

[...] por la mucha gente que había [...]

Mucha población inmigrante de La Palma, con la expansión del cultivo de la vid, gracias a las arenas volcánicas, y ante la necesidad de cumplir las necesidades religiosas.

Probablemente la familia Fajardo desciende de los hermanos Juan Hernández Fajardo, vecino de La Geria y de Domingo Hernández Fajardo, vecino de Testeina. Ambos proceden de Tenerife y llegan a poseer muchas propiedades en la zona, concretamente en La Geria, La Vega, Testeina o Masdache. La hija de Domingo Hernández Fajardo, Susana, contrae matrimonio con el escribano Nicolás Clavijo y posiblemente son los padres del célebre personaje Clavijo y Fajardo, ilustrado canario en las cortes europeas.

Resultan de interés los primeros mapas elaborados después de las erupciones, ya que representan de forma muy reducida, el área sumergida por los volcanes. Resalta el desconocimiento de ese nuevo territorio, inhóspito y difícil de transitar, que apenas se dibuja mientras se destaca la isla útil donde se ubican las aldeas, las zonas de cultivo, ganaderas, ermitas, castillos, caminos, etc. El primer mapa conocido inmediatamente posterior a los volcanes es el que plasma Antonio Riviére en 1741 [Tous Meliá, J. (1997): Descripción Geográfica de las Islas Canarias (1740-1743) de Don Antonio Riviére. Museo Militar Regional de Canarias. Pág. 198. Santa Cruz de Tenerife].

El proceso de antropización de este terreno se relaciona con el despegue económico de la zona, especialmente del área central de la Isla (Uga, La Geria, Testeina, Masdache, Tisalaya), tras la revolución sufrida por la agricultura debido a la fertilidad que producen las cenizas volcánicas. La pronta puesta en producción de las zonas cubiertas por las arenas volcánicas, forma parte de un ingenioso y colectivo invento que transforma la realidad física, y en gran medida, su devenir histórico. La producción de vinos y aguardientes hace que en poco más de cuarenta años se recupere y se doble la población salida de la Isla por las erupciones.

Fruto de esas transformaciones, y en lo que se refiere a elementos materiales, en el área antes citada, existen interesantes vestigios de lagares, como los de Diama, Testeina o Los Caletones. Resultan elocuentes algunas citas recogidas en documentos inmediatamente posteriores al final de las erupciones sobre la fábrica de lagares en esta zona, lo que nos atestigua la rápida expansión del cultivo de la vid. Entre estas citas cabe mencionar la que tiene como testigo al cura de Yaiza Andrés Lorenzo Curbelo que en esta fecha, 1740, es párroco de Haría, pese a lo cual sigue adquiriendo y concentrando propiedades en la comarca de Yaiza:

Yten declaro que en dicho lugar de Yaiza he fabricado una viña [...] y dentro de su territorio compré hende dos fanegadas y nuebe almudes de tierra poco más o menos con dos aljibes, una casa, bodega y lagar [...] por ante Nicolás Clavijo en siete de septiembre del año de setecientos y cuarenta (A.H.P.L.P. P.N. Leg. 2839. Fol. 18v. Fecha: 3 de febrero de 1668. Testamento de Andrés Lorenzo Curbelo).

Este despegue económico incide paulatinamente en la aparición de una infraestructura material que si bien no es abundante desde el punto de vista cuantitativo -se trata de una zona relativamente despoblada- si lo es cualitativamente ya que va a vincularse a ricos cortijos, algunos anteriores a las erupciones, pese a que su paisaje se transforma profundamente. Al poco tiempo de concluir las erupciones comienzan a fabricarse casonas, con sus aljibes, maretas, acogidas, algunas aún en pie y otras en ruinas. Relacionado con este despegue económico y, en parte, demográfico -especialmente braceros temporales- se crea un Oratorio en Masdache -hoy en ruinas- y a las pocas décadas el de La Magdalena, en Conil.

Testigos de estos hechos resultan los numerosos conocimientos vivos en estos territorios, técnicas y sistemas de cultivo, formas constructivas, etc.

Esta transformación comienza rápidamente como así se deriva de los documentos elaborados mientras existe actividad volcánica (1734-35) en los que se hace referencia a la limpieza de zonas cubiertas por los piroclastos para su puesta en producción.

El territorio estudiado se encuentra, por lo general, cubierto de arenas y en él se anotan bastantes topónimos posteriores a las erupciones que tienen que ver con evidencias materiales, en pie o en ruinas, relacionados con la nueva reubicación de los asentamientos y, en algunos casos, de la infraestructura construida como El Oratorio, historiado a construcción religiosa; El Taro con elementos constructivos anteriores a los volcanes; El Cementerio emplazado en La Geria, en la base de la ladera sur de la Montaña de Diama. Atendiendo a la documentación oral de varias personas vecinas de la zona, como Pilar Barrera González [Pilar Barrera Delgado (La Geria). Entrevistas realizadas en 1985, durante el trabajo de investigación trabajo sobre la reconstrucción histórica de las zonas cubiertas por las erupciones volcánicas del s. XVIII] llegan a ver este terreno tapiado. Hoy se observa fragmentos de cerámicas en superficie, así como aljibes sepultados total o parcialmente.

Al poco tiempo de concluirse las emisiones de materiales se trazan nuevos caminos por la basta franja de arenas recién creadas entre Masdache, Testeina, La Geria y Uga, la cual vive un proceso importante de despegue económico gracias, sobre todo, al cultivos de la vid, así como por terrenos intransitables, cubiertos por coladas de tipo AA. Parte de esas vías responden a la necesidad de acceder a algunos islotes cuya propiedad puede ser reconocida después del proceso eruptivo y se plantan árboles frutales, se hacen refugio de pastores, zonas de pastos, por donde se va a pescar, mariscar, cazar pardelas o conducen a algunas fuentes:

[...] ya cuando yo tuve conocimiento lo que había en el volcán eran casitas que hacían gente pobre [...], vivían bajo techo dentro del volcán, hacían una vereda [...] [Manuel Hernández (Uga. 96 años): Entrevista realizada en el verano de 1995].

René Verneau a fines del S. XIX, escribe:

Tuvimos que recorrer varios kilómetros sobre corrientes de lava y así es como pude apreciar el valor de los pequeños caballos de Lanzarote. Sin herraduras, o a lo sumo con las patas delanteras herradas, brincan sobre montones de bloques de una superficie tan áspera que harían trizas, al cabo de algunas horas, los zapatos más sólidos (Verneau, R. 1981: 132).

Se conservan algunos caminos entre Diama y los Miraderos por las Peñas de Santa Catalina.

Las excepcionales cualidades que posee la arena volcánica para absorber y retener la humedad y el escaso espesor de éstas en amplias zonas del territorio, permite alcanzar la tierra madre a escasa profundidad, hace que la productividad y el rendimiento de los cultivos alcancen un éxito insospechado. Pese a la leyenda de que es el obispo Dávila y Cárdenas quién anima a los habitantes de la Isla a poner en cultivo las zonas cubiertas de arenas, existe un conocimiento anterior a las erupciones del S. XVIII, sobre las ventajas de los terrenos volcánicos, como se desprende de una cita de Leonardo Torriani para el norte de la Isla a finales del S. XVI. Antes de la visita del obispo a la Isla en 1733, la vecindad de Yuco y Tinguatón ponen en práctica el cultivo en los arenados recién formados y solicitan

[...] el que se panifiquen porque por la frescura de la arena pueden dar buenas cosechas (De León y Quintana, 1999: 134).

La extensión del cultivo de la vid impulsa la rica zona de La Geria, denominada así porque responde a la existencia de una aldea del mismo nombre en esa área que cubre las erupciones y por coexistir un importante cortijo propiedad del que fuera vicario de la isla Diego de Laguna, cuya herencia motiva un largo conflicto después de las erupciones, que ya se ha mencionado, entre las personas herederas, encabezadas por el capitán Luis Teodosio de Lara y Ocampo, vecino del Puerto de la Cruz, y el convento de los Dominicos (A.H.P.L.P. C.D. Expte. 47-5. S/f). Este conflicto no limita la expansión económica de esta área, ni la creación de una nueva infraestructura vinculada a dicho crecimiento.

Resulta revelador que a los pocos años de finalizada la actividad volcánica se pone en producción la zona de La Geria, especialmente para el cultivo de la vid, y a pesar de que existen áreas que presentan alta dificultad debido al espesor de arenas:

[...] y el de la Geria tan lleno de harenas que era preciso gastar un caudal mui crecido para coger algún fruto, pues le consta a el testigo que habiendo el catado la tierra en su presencia se halló paraje de ocho palmos de harena y en otro se hiso oyo de catorce palmos y no se pudo descubrir tierra (A.H.P.L.P. C.D. Expte. 45-27).

Aunque existen citas que hablan de la limpieza de arenas de algunas casas para su reutilización, por lo general se abandonan (y apreciaron los vestixios de unas casas y un taro todo raso de harena [...] [A.H.P.L.P. C.D. Expte. 47-5. S/f. Quintana A.. y De León, J. (2004a): La gran propiedad agrícola en Lanzarote durante el antiguo régimen: algunas consideraciones tras la erupción de Chimanfaya (1730-1736). XI Jornadas de Estudio sobre Fuerteventura y Lanzarote. Tomo I. Ed. Servicios de Publicaciones de los Cabildos de Fuerteventura y Lanzarote. Pág. 163. Puerto del Rosario]),

o se utilizan sus piedras para la fabricación de los socos para las parras, como se puede observar en los fabricados con piedras de costa.

El estudio del territorio posterior a las erupciones volcánicas facilita pautas para reconstruir el terreno preexistente -viejos malpaíses, suelos marrones, etc.- y parte de la cultura material que existe en él, como los vestigios de antiguas construcciones, como se puede observar en la cita anterior, en los resultados de las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en el Taro-Testeina y en La Geria-Diama y en la cantidad de materiales de construcción antiguos diseminados en algunas zonas de este territorio.

Dentro de las edificaciones anteriores a los volcanes y utilizadas con posterioridad, cabe mencionar la Ermita de la Caridad en esta zona de La Geria. Pronto se retira la arena y se abre al culto, pese a que resulta inutilizada durante algunos años y se sacan sus imágenes y elementos de adorno. La importancia del cultivo de la vid va a repercutir en un destacado despegue económico y ayuda, junto a la explotación de la barrilla, a impulsar aldeas recién creadas.

Debido a este auge se plantea la construcción de otra ermita u oratorio en esta zona promovida por el religioso de La Villa de Teguise fray Gregorio Fernández Méndez. A pesar de comprar los materiales y de disponer de los terrenos no culmina este proyecto, construyéndose definitivamente en Masdache en la década de los cincuenta del S. XVIII, en honor de Nuestra Señora de Gracia por mediación del coronel de Fuerteventura, Melchor de Cabrera Betancourt (A.H.T.g. C.D. Cuaderno de Licencias, etc. Sección Clero. Nº 2603 del A.H.N. De León Hernández, J. y Quintana Andrés, P.: La erupción de Chimanfaya y su impacto socioideológico: El convento de San Juan de Dios, el grupo de poder y los oratorios de Masdache-La Geria. Jornadas de Estudio de Lanzarote y Fuerteventura. Septiembre de 2005. Pendiente de publicación).

La importancia de la producción de vinos en esta zonas, que llega a ser muy apreciado en diversos mercados europeos, hace que se construyan numerosos lagares como los que fabrica el propio sacerdote Andrés Lorenzo Curbelo en Uga, o los que aún se observa en ruinas en Los Caletones, Diama, y junto a una vivienda entre Testeina y Conil, donde se puede observar los restos de la viga del lagar. Otra de las construcciones existente en esta zona, hoy abandonada, es el Taro al norte de la Montaña de Testeina que ya se ha estudiado. En este lugar existe una construcción semiabovedada relacionada con los característicos taros, muy comunes antes de los volcanes, y que se trata de una construcción circular, de techo en forma de falsa bóveda que recuerda constructivamente a las exclusivas casas hondas de los maxies.

De este enclave existe una atractiva información del vecino de Conil, ya fallecido, Francisco Rodríguez Cruz, que habla de un antiguo edificio religioso, con vigas entre las lavas, etc.:

[...] yo legué a ver restos de un edificio aquí, que era como una iglesia [...] sacamos vigas de madera de él [...] más allá contra el volcán, se hizo un pozo de piedras que es posterior a los muros que tapó el volcán [...] [Francisco Rodríguez Cruz (Conil): Entrevista realizada con Julián Rodríguez en el año 1988 en el Taro (Testeina)].

Otro elemento característico son los chabocos (oquedades que llegan a tener varios metros de profundidad entre las lavas) utilizados para plantar árboles frutales, especialmente higueras. Además de la zona de Testeina abundan en los lajiales.

La mayor parte de los topónimos que perviven de la etapa anterior a las erupciones coinciden con las montañas que no se ven afectadas, o bien que se cubren por las arenas volcánicas. Algunas de estas elevaciones, las que tienen escaso aporte de piroclastos, se descubren algunos años después, como se desprende de distintos documentos. Se observa cómo se realiza esta apreciación desde 1734, es decir antes de que finalizar las erupciones:

Primeramente lo que me toca en el pago de la Geria y Tinasoria por herencia de Cristobal de Castro mi padre que aunque lo más está perdido con las arenas ya en Tinasoria comienza a descubrirse algunas tierras en lo alto de las montañas (A.H.P.L.P. P.N. Leg. 2805. Testamento de Maria de Castro, viuda del teniente capitán Félix de Betancor Ayala. Año: 1734).

El único caso conocido de una montaña -bastante destacada en el territorio- que ha cambiado su nombre anterior es el de Montaña Negra, junto a la actual carretera de La Geria. Se entiende que tal denominación procede de los años en los que se suceden los arrojos volcánicos, o al menos de los primeros años posteriores a este hecho, ya que antes de los volcanes esta montaña no se cubriría de piroclastos, por lo que no sería de color negro. Se sabe el nombre de ciertas montañas antes de 1730 que no se ha podido reconocer en el paisaje actual. La Montaña de las Vegas puede corresponderse a Montaña Negra, al estar cerca de Las Vegas (Vegas de Guagaro). En el documento del Plan Beneficial del Obispo Tavira en el año 1795 se cita como límite entre las parroquias de Yaiza y Tinajo la Montaña de las Vegas, coincidiendo con la actual Montaña Negra (Galante F., 1991: 166).

En las zonas cubiertas por arenas sobreviven topónimos asociados a viejas montañas que, en ocasiones, se extienden al territorio próximo a éstas, como en los casos de Peña Palomas, Guatisea, Diama, etc.; por otro lado, sectores del paisaje se vinculan a antiguas aldeas que quedan sepultadas total o parcialmente por los procesos eruptivos. De ellos cabe citar La Geria, donde pervive también la antigua ermita y el topónimo de La Caridad así como los citados de Peña Palomas, El Chupadero, Testeina o Iniguadén, entre otros. Igualmente han subsistido otros topónimos anteriores vinculados a distintos elementos del paisaje preexistente, como el Barranco del Obispo, El Grifo, La Florida, Tomaren, etc. La Geria resulta ser un topónimo anterior a la conquista de la Isla que igualmente se documenta a lo largo del S. XVI, junto a Iniguadén, Tenésar o Uga.

Además de las aldeas, asentamientos formados por grandes casas aisladas y acompañadas de infraestructura construida -corrales, pajeros, eras, aljibes, tahonas, etc.- existen numerosos cortijos asociados a grandes posesiones. Muchos son con posterioridad el origen de pequeñas aldeas, debido, entre otras cosas, al interés de la propiedad en asentar a la población jornalera con una finalidad de explotación agropecuaria, si bien es posible que dentro de sus linderos existan muestras de poblados indígenas abandonados, a juzgar por la toponimia de algunos de estos cortijos. Tal es el caso, a comienzos del S. XVII, del Cortijo de la Geria, entre otros. Éste es uno de los más apreciados de la isla de Lanzarote, resultante de una venta que lleva a cabo Marcos Verde y Justa Melián y Diego Vázquez Botello y Margarita Ruiz al reverendo Luis de Bethencourt vicario y beneficiado de Lanzarote, en el año 1570, como ya se ha adelantado.

Existe el término Chupadero relacionado con los lugares de captación y retención de agua que se localiza en varios puntos de la Isla. El caso más significativo es el de la antigua aldea y Montaña del Chupadero, en la zona afectada por las erupciones. Esta montaña pervive con el mismo nombre cerca de La Geria. La aldea primitiva queda sepultada por el proceso eruptivo. En ocasiones se utiliza este término para referirse a una cualidad del terreno inmediato a una montaña:

Los Chupaderos de la Montaña, cerca de Tinasoria.

La existencia de edificaciones totalmente cubiertas y, por lo tanto, no perceptible en la superficie del terreno, se constata en la excavación de Diama-La Geria, ya que parte de los recintos localizados se encuentran totalmente sepultados. Se destaca este hecho porque hasta hace unas dos décadas permanecía cubierto por varios metros de arenas volcánicas, las cuales fueron extraídas por la propiedad.

Existe un documento fechado en el año 1571, referente al Mayorazgo de Doña Sancha de Herrera, con relación al Cortijo de la Geria, que hace mención a términos, casas, maretas, cercas, caminos, etc. en la zona luego cubierta por los volcanes:

[...] a dar al camino que va a Uga, aguas vertientes a la dicha Vega e tierras con su cerca, casas e tahona, mareta abierta e por abrir e cisterna que estan dentro de dichas tierras y cerca e un término de Teserage [...] a una Pileta de Tosca, e de alli a un cercado que esta en otro camino que viene de las casas de los Felipe de Uga [...] [A.F.H.D.: El Mayorazgo de Doña Sancha de Herrera (Hacienda de la Geria). Escribano: Rodrigo de Acevedo. En la Villa de Teguise a 15 de Diciembre de 1571].

Existe la idea de que se produce un progresivo proceso de antropización del centro de la isla en detrimento de las zonas periféricas, posiblemente a medida que va avanzando su creciente especialización cerealística. Este hecho se corrobora por el mapa de Leonardo Torriani, donde destaca algunas aldeas en esta zona a finales del S. XVI, como Mazo y Tenemosana, que pronto pierden peso específico a favor de otras como Chimanfaya, Chupadero, Mancha Blanca, Santa Catalina y Tíngafa, que crecen de manera notable a lo largo del S. XVII.

A comienzos de este siglo es cuando comienza el despegue de ciertas aldeas que adquieren renombre a finales de dicha centuria como es el caso de Chimanfaya (con las personas herederas, entre otras, de Marcial Martín), Santa Catalina, etc. En este proceso, se multiplica la infraestructura construida en la zona, levantándose, a lo largo del S. XVII edificios tan importantes como las ermitas de Santa Catalina, San Juan Evangelista, Nuestra Señora de Candelaria y, a fines de siglo, la de La Geria. Del mismo modo se levantarán gran cantidad de casas, maretas, aljibes, corrales, etc.

La Geria participa del proceso de concentración poblacional que se produce en la segunda mitad del S. XVII y comienzos del XVIII, hacia la zona central de la isla, con un movimiento de redistribución de la población de los núcleos principales como la Villa hacia aldeas de nueva creación o hacia otras, antiguas, pero en proceso de expansión, un hecho que afecta a la población media y a grandes propietarios que, a pesar de poseer múltiples viviendas, incluidas sus casonas o casas-palacios en La Villa capital, viven de forma más o menos estable en alguna de las aldeas de la zona central de la Isla, como es el caso, entre otros, de Diego de Laguna con propiedades en La Villa, La Geria y el Cortijo de San José.

La información que podemos obtener de esta aldea y su evolución a lo largo del S. XVII, se realiza de forma aproximada, según la recurrencia de su aparición en diferentes tipos de documentos, sobre todo en los protocolos notariales, especialmente referido a compra y venta de inmuebles o en testamentos que hacen, en ocasiones, una relación detallada de elementos constructivos en estos núcleos de población y que, a partir de la especialización de esos bienes, sus precios, etc. nos dan una idea aproximada de su importancia.

En ocasiones, la importancia de las aldeas no es tanto por la cantidad de población y el número de viviendas, sino por la relevancia y valor de las tierras contiguas y de la categoría social, económica o política de sus moradoras, como es el caso del Cortijo de la Geria, entre otros.

Pequeños pagos como El Chupadero son lugares importantes por ser cruce de caminos.

Los datos que poseemos para acercarnos al conocimiento de estas aldeas en el momento de la erupciones, los podemos obtener por referencias directas a las mismas, a su situación aproximada y número de habitantes, a partir de algunos censos que se hacen sobre población de la Isla o, concretamente, sobre las aldeas afectadas por las erupciones. Igualmente se pueden derivar de evidencias indirectas, sobre todo cualitativas, encontradas en las fuentes escritas de la época, como los Protocolos Notariales, Conventos Desamortizados, Libros Parroquiales, etc. A estas fuentes hay que añadirle las últimas investigaciones que llevan a cabo sobre la historia insular, que, aunque referidas a aspectos globales, aportan información del área que nos interesa, aunque, por lo general, sin una ubicación espacial precisa de las aldeas.

Para tener una idea de la importancia relativa de estas aldeas en la sociedad de Lanzarote, se sabe que pocos meses antes de las erupciones, existe un documento de 1729, en que se hace mención a representantes de los vecindad de la isla para la elección de Síndico Personero General, y donde se refleja la relación de aldeas y pagos que participan, un total de 25. Peña Paloma y La Geria aportan un representante cada una, frente a Mancha Blanca que lo hace con cuatro.

De La Geria se reconoce una Geria Alta, o Testeina, que se menciona las casas de Testeina de Arriba, las cuales se destruyen parcialmente en los inicios de las erupciones.

La ermita de la Caridad en La Geria se funda en 1706 a petición del que fuera vicario de la isla, el beneficiado Diego Laguna Ayala, haciendo referencia a una licencia que tiene su abuelo el capitán Juan de Betancurt, para fabricar:

[...] en el cortixo de la Geria una hermita a Nuestra Señora de la Caridad [...] (Quintana y Perera, 2003: 86. Ver también: Concepción, 1995: 623).

Según la documentación referente al inicio de las erupciones volcánicas, la ermita se ve seriamente afectada por la lluvia de piroclastos producida por el volcán del Cuervo o de las Lapas. En este sentido observamos cómo se refiere al lugar de La Geria, sin mencionar la ermita, el Ayuntamiento de la Isla, en su primera carta del 17 de octubre de 1730:

Las casas quasi tapiadas, los paxeros trabaxosos; el qual estrago también se toca en la Jeria Baja [...]. (Romero, C. 1991a: 28).

En cualquier caso esta zona debe de estar deshabitada desde el inicio de las erupciones, debido a las adversas circunstancias en que se encuentra, como se refiere en una Carta del Alcalde Mayor de la isla del 30 de Noviembre de 1730:

Es el caso, que en un pueblecillo, que llaman La Jeria, dicen y es mui cierto, echa tan mal olfato la tierra en partes, que los animales se caen muertos, y las aves [...] de que infieren que con las lluvias, vaporizando la tierra, se puede levantar alguna epidemia (Romero, C. 1991a: 43).

En este sentido, sabemos que:

[...] el 30 de octubre de 1730, el Beneficiado y Vicario de la isla Ambrosio Cayetano de Ayala y Navarro, manda suspender las misas impuestas por Diego de Laguna todos los domingos a celebrar en la ermita de Nuestra Señora de la Caridad, por el deterioro que sufre el edificio y por la destrucción del Cortijo de la Geria, de donde rentaba la ermita [...] [A.H.P.L.P. C.D. Leg. 47. Expte. 5. S/f. Ver el trabajo de Quintana Andrés, P. y De León Hernández, J. (2004a): La gran propiedad agrícola en Lanzarote durante el Antiguo Régimen: algunas consideraciones tras las erupciones volcánicas del s. XVIII (1730-1736). En este trabajo se recoge el dilatado pleito de los descendientes de Diego de Laguna con el convento dominico de La Villa].

En la descripción que realiza el Obispo Dávila en sus Sinodales, a comienzos del año 1733, se comenta que la Ermita de la Caridad está tupida de arena (Caballero, 1991: 38). En estos años no se abre al culto y asistencia del vecindario:

[...] por el notable daño que a rezivido, como por hallarse en despoblado, vien lexos de vecindad (A.H.P.L.P. C.D. Leg. 47. Expte. 5. S/f. Quintana y De León, 2004a).

A esta ermita le afecta el inicio de la actividad volcánica ya que las lluvias de piroclastos alcanzan a la comarca de La Geria en los primeros meses de las erupciones:

[...] Y el Cortijo de la Geria con sus maretas, corrales, era, corral de paxeros y lo demás a el adjasente esta mui perdido con el mucho cascaxo y arena que le a caido pues hasta la hermita y casas estan cuasi entullidas de cascaxo y arena y por lo presente no se puede fabricar en dicho Cortixo nada ni avitar en las casas [...] (A.H.P.L.P. C.D. Leg. 45. Expte. 5. S/f).

Antes de que finalice la actividad volcánica, se plantea la posibilidad de limpiarla de las arenas, como se desprende de la siguiente cita:

[...] las alajas i ornamento de desir missa que auia en la hermita de Nuestra Señora de la Caridad en el Cortijo de la Geria obligando sus bienes avidos y por aver de que en caso que sus tierras del Cortijo se buelban a cultivar i poner corriente la hermita para selebrar en ella [...] bolbera a poner alli todas las alajas i ornamentos [...] (A.H.P.L.P. C.D. Leg. 45. Expte. 5. S/f).

En esta cita se advierte el cuidado en salvar los bienes muebles que se conservan en su interior y la intención de recuperarla.

Hay que tener en cuenta, que a los pocos años esta zona adquiere una enorme importancia económica con el cultivo de sus tierras arenadas, lo que conlleva la necesidad de recuperar la Ermita de la Caridad e impulsar la creación de otros recintos religiosos para atender las necesidades de la creciente población atraída por la expansión económica del vino, mucha de la cual es de otras islas (A.F.F.S. Se agradece la colaboración de Francisco Fajardo Spínola, quien facilita algunos documentos familiares del S. XVIII, en uno de los cuales se plantea la necesidad de edificar un recinto religioso para atender la demanda del creciente número de braceros que trabajan en la zona de La Geria. Se ignora si esa referencia coincide con la construcción del Oratorio de Masdache al intentarse su construcción en La Geria).

Es muy posible que alrededor de este templo permanezcan enterrados una serie de elementos. Aunque nunca se han llevado a cabo excavaciones arqueológicas en este lugar, si se han efectuado a escasa distancia, dentro de lo que tiene que ser el Cortijo de la Geria, identificándose los cimientos de varias construcciones enterradas. Se sabe la existencia de algunos aljibes que permanecen un tiempo cubiertos de arena y se someten a su limpieza, los cuales pueden verse en la falda norte de la Montaña de Guardilama, cerca de La Geria, y en este mismo enclave, en la base sur de la Montaña de Diama, etc.

Es posible localizar y excavar algunos de estas muestras, ya que se posee un lapsus de tiempo de 270 años, en los que no han sufrido alteraciones.

Es posible encontrar pisos de ocupación abandonados en aquella fecha sin aportes culturales exteriores. Los depósitos piroclásticos que cubren estas zonas sufren escasas alteraciones, salvo en los puntos donde se planta la cepa que alcanza la tierra madre. El continuo trabajo de limpieza es muy superficial alrededor del cultivo, no alterando al subsuelo, al no tener que emplear el arado. En las zonas abandonadas apenas se percibe una ligera película de sedimentos -polvo y tierra en suspensión-. Estas circunstancias son importantes en la Isla, donde han sido reutilizados gran parte de los asentamientos hasta hace escasas décadas.

Se ha comentado la referencia a la existencia de oratorios en esta zona y a la voluntad de edificar nuevos recintos religiosos, si bien por la documentación disponible, la mayor parte de esos intentos, e incluso la construcción del Oratorio de Masdache se fechan con posterioridad a las erupciones. En este sentido, el significado de estas iniciativas implica un contexto histórico claramente posterior a las erupciones y, en gran medida, diferente al existente antes de los volcanes, siendo la promoción y construcción de nuevos edificios religiosos una consecuencia directa de las mismas explosiones, en la medida en que se habla de la transformación radical de un territorio, de sus actividades económicas, con una profunda reorganización poblacional y de poder. En algunos documentos recogidos en la Sección de Conventos Desamortizados, relacionados con el Pleito de las personas herederas de Diego de Laguna (A.H.N. C.D. Leg. 42/27. S/f. Año: 1764. Copia AHT) y en otros escritos en poder de la familia Fajardo Spínola (A.F.F.S. La Laguna), se menciona la necesidad de levantar un oratorio en La Geria, como ya hemos señalado, debido al crecimiento de la población en esta zona y a la necesidad de cubrir sus necesidades religiosas. A pesar de que se trata de elementos construidos con posterioridad a las erupciones, parece importante, como evidencias arqueológicas sobre este territorio, aportar notas sobre el de Masdache y sobre otras posibles construcciones similares, con el fin de alcanzar una visión global de una parte significativa del territorio sepultado. De este modo la concepción de esta propuesta se vincula al largo pleito de las personas herederas de Diego de Laguna, encabezada por el matrimonio Antonia María Pereira de Ocampo -heredera del religioso-, y su marido el capitán Luis Teodosio de Lara, vecinos de La Orotava (Quintana y De León, 2004a: 1163. También ver: De León Hernández, J. y Quintana Andrés, P.: La erupción de Chimanfaya y su impacto socioideológico: el Convento de San Juan de Dios, el grupo de poder y los oratorios de Masdache-la Geria. Ponencia presentada a las Jornadas de Estudio de Lanzarote y Fuerteventura, del año 2005. Pendiente de publicación). Según esta documentación, se plantea la posibilidad de construir un Oratorio en unas tierras otorgadas para:

[...] la donación a Nuestra Señora de Gracia de 10 fanegadas de tierra en donde llaman La Geria con la condición de que se había de hacer El Oratorio [...] (A.H.N. C.D. Leg. 42/27. Año: 1764. Copia en el A.H.T.).

En esta documentación se recoge que, a los pocos años de concluidas las erupciones, el reverendo fray Gregorio Fernández Méndez, plantea la posibilidad de construir el Oratorio en las referidas tierras de La Geria. Este religioso llega incluso a:

[...] sacar piedras y material para la construcción de la obra [...] (A.H.N.. C.D. Leg. 42/27. Año: 1764. Copia en el A.H.T.).

Edificación ésta que, como se ha reiterado no llega a realizarse en La Geria.

Aún así funciona en la primera mitad del S. XIX, al ser citado por Pascual Madoz en 1852:

[...] un oratorio público que fue de los Dominicos y ahora es de la nación en Masdache (Madoz, P.1845-1850).

Aunque se trata de una información menos precisa y contrastada, se recuerda la referencia apalabrada del vecino de Conil, Francisco Rodríguez Cruz. Evidentemente existen muestras del referido Taro, sometido a investigación arqueológica directa, así de otras construcciones que parecen enterradas, una de las cuales penetra en la colada, formando dos paredes paralelas, que bien pueden pertenecer a alguna edificación. En este lugar se han realizado, igualmente, prospecciones geofísicas y se localiza significativa cantidad de material arqueológico en superficie, sobre todo posterior a la Conquista y, al menos la mayoría, anterior al proceso volcánico. En este sentido, en un pequeño corte abierto junto al Taro, se muestrean fragmentos cerámicos de factura popular a unos dos metros de profundidad, sepultado por las cenizas de los volcanes del S. XVIII. Si bien, es en este lugar donde el informante de Conil habla de la existencia de un recinto religioso, no se ha podido contrastar tal afirmación.

Contenido territorial.

De la zona afectada por las erupciones de Timanfaya, existen muchos núcleos interesantes desde el punto de vista patrimonial que merecen iniciar un expediente de Bien de Interés Cultural. De todos ellos, hemos establecido como prioritario la zona de La Geria, que afecta, a grandes rasgos, a las áreas del Chupadero, Tinasoria, Guardilama, Gaida, Testeyna, Montaña Negra y Diama. Ello es así porque en esta zona confluyen valores históricos que se pormenorizan en arqueológicos, etnográficos, agrarios y paisajísticos fundamentalmente.

Es difícil proponer una categoría de protección para un área vasta, cuyos valores, en cierta medida, se encuentran sepultados y donde gana peso la vertiente paisajística dado el alto valor que adquiere la superficie terrestre se encuentre o no intervenida por la acción humana.

De todas las categorías posibles y dado que cada expediente propuesto responde a sólo una de ellas, se opta por la de Sitio Histórico. Es verdad que dentro de ésta se disipa el contenido arqueológico frente al paleontológico, pero de dará protagonismo al fenómeno histórico de las erupciones volcánicas, como hecho relevante que posibilita y marca de forma determinante los contenidos -sepultados o en superficie- de este espacio.

Criterios de delimitación del bien y de su entorno de protección.

Criterios de delimitación del bien.

Para delimitar este Bien hemos tenido en cuenta sus valores históricos en el más amplio sentido del concepto ya sean los conocidos como otros que, aunque presentes, se ignora su exacta ubicación. No obstante, para este último caso hemos garantizado su inclusión en los límites del bien. Igualmente tomamos en consideración los yacimientos y las referencias arqueológicas constatadas por llevar a cabo en ellos intervenciones arqueológicas directas.

Otra consideración que ha motivado los límites escogidos son los valores etnobotánicos y agrícolas y los espacios que cuentan con una relevante intervención humana para conseguir un suelo productivo.

Es necesario garantizar la correcta conservación del bien, evitando las intervenciones humanas que conlleven edificaciones, primando el mantenimiento del espacio agreste y árido sin intervenir. Igualmente se establece la medida y la configuración tradicional del suelo agrícola no permitiendo su mecanización por resultar contraria a la creación y consolidación de los valores que ahora se protegen.

Criterios de delimitación del entorno de protección.

Se delimita un Sitio Histórico caracterizado por un paisaje humanizado excepcional, donde la arqueología, etnografía, volcanología y la historia tienen su protagonismo. Por ello no se puede barajar similares criterios para establecer el entorno de protección de un bien perteneciente al patrimonio edilicio, sino que el entorno de protección de este bien se caracteriza por presentar los mismos valores que el bien, aunque de manera más relajada. El entorno de protección establecido sirve del mismo modo como mecanismo que posibilita la concepción de un ente, del bien no aislado del territorio. Se trata de un territorio estructurado por la intervención humana y la catástrofe natural que lo origina, que continúa en el paisaje, prolongándose en él, aunque para este espacio no conocemos relevancias históricas al no manifestarse física ni documentalmente. El bien es un espacio natural con improntas culturales con relevancia histórica, rodeado por otro territorio natural que lo envuelve, protegiéndolo y permitiendo su correcta lectura y valoración para su entendimiento. Ello sucede porque en este espacio que configura el entorno de protección se rige por unos principios y presupuestos jurídicos que regulan la acción que se proyecte llevar a cabo en este ámbito. Igualmente este territorio circundante le proporciona protección ambiental a un Bien de Interés Cultural eminentemente ambiental, en el que igualmente operan condiciones que se han de tener en cuenta cuando se intervenga, como es la incidencia de la actuación en el propio medio natural que ha de permitir la comprensión del espacio fuertemente protegido, la volumetría que ha de estar en consonancia con los modelos tradicionales que se constatan en este territorio o similares; la altura, igualmente muy restringida a las tipologías tradicionales y todas aquellas características arquitectónicas y de sus elementos propios que deben respetarse para que no distorsione la lectura del bien. El espacio circundante del bien, esto es, el entorno de protección, debe de seguir manteniendo una estrecha relación histórica y una vinculación sana y en consonancia con los valores del bien, de ahí que las intervenciones en este espacio gocen de un régimen especial para que no pueda alterar su correcto entendimiento. Ello se garantiza con una perfecta conexión y relación del bien con su entorno entre los cuales no debe existir ruptura. Para ello es necesario garantizar el mantenimiento de la dimensión perceptiva visual desde el bien y hacia él.

Así, para comprender la verdadera dimensión del bien en su medio insular es necesario que el entorno de protección no suponga una ruptura con el B.I.C. sino que manifieste su continuidad cultural, ambiental, arquitectónica, arqueológica, paisajística, etc. conjuntamente con él. Este espacio natural no es ajeno al propio bien sino que, por el contrario, en él se manifiestan también los valores reseñados para el B.I.C. aunque con otros baremos, es decir el entorno natural o la naturaleza del entorno se consideran ámbito del patrimonio histórico al ser una simbiosis de naturaleza e intervención humana para explotar este medio. En este caso el entorno de protección establecido es el que garantizará el entendimiento del bien, la protección visual desde el monumento, la continuidad del espacio natural, etc. Ello va parejo a la necesidad de que las nuevas edificaciones y en general todas las intervenciones que se proyecten en el entorno se limiten a la salvaguarda del Bien, ya sea prohibiendo nuevas intervenciones, como son las extracciones, edificaciones relevantes en volumen, limitando las edificaciones -desde el punto de vista formal, fisonómico, volumétrico, de carácter y estilístico-, para que se manifieste en toda su dimensión el espacio volcánico y con él la agricultura tradicional con los socos adaptados al terreno, las estrechas servidumbres y espacios para que la práctica agraria sea posible utilizándose para ello las técnicas y aperos tradicionales en los que la mecanización del trabajo permanece ausente, etc. Igualmente hay que garantizar que nada distorsione el ambiente tradicional, el equilibrio de su composición y la relación cultural y física que mantiene este espacio circundante con el bien. Desde el punto de vista agrícola es necesario mantener las especies tradicionales de vides, higueras, perales, morales, etc. Igualmente se precisa garantizar la conservación en buen estado de la atmósfera, que permanezca saludable, sin contaminar y libre de sonidos y ruidos, vibraciones, olores, polvo y el paisaje en el que permanezca ausente el cableado de cualquier tipo y servicio, sea eléctrico, telefónico, antenas de televisión o de otro tipo, signos publicitarios de cualquier índole, etc.

Cualquier intervención en este espacio ha de ser medido, imposibilitándose los procesos constructivos incontrolados o aquellas otras intervenciones que destruyan o aminoren el marco ambiental, las perspectivas visuales y el contenido cultural y natural del entorno. Se trata pues de que el entorno de protección proteja al bien, independientemente de que en este caso se trata de idéntica naturaleza natural con intervenciones humanas inseparable de la historia del territorio afectado por los límites del Bien.

Nos encontramos con un Bien con un entorno de protección que constituye un patrimonio universal irremplazable, en el que se manifiesta la vivencia de un pueblo que convivió de manera pacífica con una prolongada erupción volcánica y a la que su supo sacar rentabilidad cultural y económica.

El carácter del entorno de protección -inseparable del Bien- es el de tutela, de protección de un Bien de Interés Cultural de naturaleza histórica, por lo que prima a su carácter ambiental o natural. Resulta, por ello importante la protección de cuantos accidentes geográficos, orográficos y parajes naturales que se inserten en el entorno de protección de La Geria. Ello es así en cuanto intervienen para el entendimiento, apreciación, estudio, contemplación, etc. del Bien.

La relación de este entorno con el Bien de Interés Cultural a partir de la inseparable conexión existente entre ambas unidades y reconocida por la Ley no se entiende sólo como una franja o espacio en el que se evitan intervenciones nocivas para el propio Bien que distorsione su entendimiento o mínimamente lo altere, sino también como un espacio con valor para proteger en si mismo, igualmente de una naturaleza de tipo cultural y medioambiental. Nos encontramos pues ante dos espacios íntimamente ligados con similares valores aunque con diferente concepción administrativa.

Ver anexo en las páginas 25057-25063 del documento Descargar

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